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Michael Jackson: Un análisis que cambiará tu perspectiva sobre él.

A los 5 años, Michael Jackson dejó de ser un niño para convertirse en un proyecto de éxito. El mundo ganó una estrella, pero él perdió el derecho a existir como ser humano. Hoy no vamos a analizar a Michael Jackson como ese artista raro o excéntrico lleno de polémicas. Este vídeo va de algo mucho más profundo.

 Vamos a entender a Michael como el resultado de una presión familiar e industrial que lo moldeó a base de golpes físicos y emocionales. Su vida fue el escenario de una batalla entre dos fuerzas psíquicas opuestas. F un lado, un ser grandioso, excepcional, potente, capaz de hipnotizar a estallos enteros, pero por otro selfie infantil avergozado, dependiente, que nunca llegó a constituirse del todo porque le robaron el derecho a la infancia.

Michael aprendió que para ser querido tenía que dejar de ser un niño, pero además tenía que ser perfecto y pasó el resto de su vida intentando recuperar esa niñez perdida mientras se hundía en una espiral destructiva buscando una perfección inalcanzable. Quédate hasta el final de este vídeo porque vas a aprender como el trauma relacional y como la explotación familiar y una vergüenza corporal muy profunda terminaron de disolver su identidad.

 Y aunque su historia sea extrema, tenemos mucho que aprender para nuestras propias vidas. Sobre las máscaras que todos nos ponemos para ser aceptados, sobre el precio que pagamos cuando nuestro valor depende de lo que hacemos y no de lo que somos y sobre el poder que tiene la infancia para construir nuestra personalidad.

 Yo soy Nicolása, soy psicóloga. Suscríbete si quieres ver más análisis psicológicos. Michael nació en Gary, Indiana, una zona empobrecida y con pocas oportunidades. En su casa, con tan solo dos habitaciones, vivían acinados Michael, sus padres y sus ocho hermanos. Pero su padre tenía claro que saldrían de esa situación gracias al talento musical de sus hijos, fuera cual fuera el precio a pagar.

 Pues no solo era muy estricto y muy exigente con sus hijos, sino que son públicamente conocidos los abusos verbales, emocionales y físicos que aplicaba. Too much. El propio Michael contaba que su padre se sentaba con un cinturón mientras les hacía ensayar, dispuesto a corregir con total contundencia el más mínimo fallo. Tal era su tiranía que ya siendo un adulto y siendo una superestrella con gran fama, poder y dinero, Michael seguía sintiendo miedo de su padre e incluso ganas de vomitar o desmayos cuando estaba delante de él.

Podría contarte más detalles de su infancia y de su biografía, pero estamos aquí no tanto para narrar hechos, sino para hablar de cómo todo esto impactó en Michael Jackson a nivel psicológico. Sabemos que la autoestima se forma de una manera relacional. No es algo individual que tú construyas a solas. Tú te ves a través de los ojos que te han mirado y aprendes a relacionarte y a presentarte ante el mundo en función de lo que has aprendido que funciona.

 Y lo que Michael probablemente aprendió es que para ser querido tenía que gustar, tenía que agradar y tenía que ser perfecto. Porque si fallas, si cometes un error, si tienes algún defecto, alguna imperfección, vas a ser rechazado e incluso brutalmente castigado. De alguna manera se forma una configuración para buscar constantemente la aprobación de esa mirada que observa, que analiza, que juzga, que critica.

 Una mirada para la que nunca es suficiente. Da igual lo magnífico y perfecto que seas. Todo esto marcara profundamente la forma de relacionarse de Michael, tanto con las demás personas como consigo mismo. Algo que trasladó también a la relación con su cuerpo, con su imagen y a la relación con la fama y el público. Pero antes de llegar al aspecto físico, a las polémicas y a la fama, tenemos que entender cuál es la herida original, esa infancia convertida en rendimiento, en producto.

 Aunque Joseph, su padre era fuente de daño, de odio y de dolor, al mismo tiempo era un objeto amado. Y es que Michael, al igual que el resto de la familia, amaba y al mismo tiempo odiaba a Joseph, algo que sucede en muchos hijos de padres abusivos y negligentes. Y es que cuando la persona que necesitas para sobrevivir es la misma que te pone en amenaza, cuando la persona que más tiene que quererte y que cuidarte es al mismo tiempo la que más te destruye, se construye un modelo relacional desorganizado e inseguro.

 No puedes acercarte del todo porque acercarte implica peligro, pero tampoco puedes alejarte porque dependes de esa figura para existir y porque en el fondo anhelas conseguir su amor y su aprobación. Si te fijas, esto es algo que puede leerse ya en la vida relación a la adulta de Michael. Él anhelaba profundamente tener vínculos, relacionarse, amar y ser amado, pero al mismo tiempo sentía que no podía confiar en las personas.

 Se encerraba en sí mismo y prefería relacionarse con niños y con animales, lo cual se vio fuertemente reforzado por las traiciones, intereses y relaciones de explotación que vivió. El talento de los hermanos Jackson junto a la hiperexigencia del padre y también el trabajo duro finalmente dieron sus frutos.

 El grupo tuvo un gran éxito y la promesa de salir de Gary se cumplió, pero se cumplió a un alto precio. Michael no solo sufrió los castigos y la exigencia de la perfección paterna, sino que pasó toda su infancia siendo esa gallina de los huevos de oro. Su papel en el éxito de los Jackson era determinante gracias a su magnífica voz, su carisma, sus bailes y eso hizo que directamente se perdiera su infancia.

 No había espacio para la diversión, para la inmadurez, para el juego, para la fantasía. Todo era ensayar, trabajar, producir y constantemente ser aún mejor. Estuvo además expuesto muy pronto ambientes nocturnos y sexualizados propios del mundo adulto para los que un niño no tiene recursos psíquicos suficientes.

Para hacerte una idea de cómo fue la no infancia de Michael, a la edad de 14 años ya había grabado 11 discos. 11. Mientras que otros niños estaban aprendiendo a relacionarse, a hacer el tonto, a hacer el ridículo, a reírse, a descubrir quiénes eran y qué querían. Michael jamás pudo preguntarse qué quería o quién quería ser.

 Directamente se le adjudicó un rol, una obligación, un papel, una responsabilidad y una presión. Y esto marca por completo la identidad, porque el niño que no se siente valioso por existir, sino que se siente valorado por lo que genera aplauso, dinero, orgullo familiar, reconocimiento público, pues su autoestima y su existencia, su vida quedan subordinadas al puro rendimiento.

 No existe un yo humano, un yo personal con sus deseos. Solo existo en el escenario. El propio Michael, de hecho, contaba en entrevistas que él solamente se sentía el mismo y feliz cuando estaba encima del escenario y que en cuanto bajaba de ahí se sentía solo y miserable. Y es que cuando el entorno exige al niño que suprima sus necesidades para encajar en una expectativa, ese niño lo que hace es construir una identidad de cara al exterior que funciona, que da lo que se pide de él, que le permite sobrevivir, funcionar, por la que parcialmente se

siente valorado y querido, pero en el fondo su yo real queda enterrado y la persona ya no sabe cómo funcionar, cómo ser desde otro lugar. En el escenario a Michael se le veía integrado. Su cuerpo obedecía la perfección. La mirada de los demás lo admiraban. Su yo se sentía potente.

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