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Juan Gabriel: Lo que su Hijo Alberto Aguilera Revela y Nadie Esperaba

Todo eso cayó en manos de una sola persona. Pero el hijo mayor, el primero que Juan Gabriel adoptó, el que sacó de un orfanato con sus propias manos, fue borrado del testamento como si nunca hubiera existido. Y él tiene algo que decir. El martes 23 de agosto de 2016, 5 días antes de su muerte, Juan Gabriel subió al escenario del Foro Sol en la Ciudad de México.

era parte de su gira, vestido de Eternity. Cantó durante casi 3 horas, saltó, bailó, se arrodilló ante su público como siempre lo hacía. Nadie en ese estadio, ni sus músicos, ni sus asistentes, ni los 100,000 fanáticos que lo ovacionaron, notó que algo estaba mal, pero algo sí estaba mal. Según los reportes que emergieron después, Juan Gabriel venía arrastrando problemas cardíacos desde hacía tiempo.

Hipertensión, diabetes, un historial de neumonía. Su cuerpo llevaba años acumulando deudas que ningún médico podía cobrar de golpe. Las personas que lo conocían de cerca describen a un hombre que dormía poco, comía mal y que después de cada concierto, en lugar de descansar, se quedaba despierto componiendo, tomando decisiones, resolviendo asuntos que cualquier otro habría delegado.

Era como si el cuerpo fuera un instrumento más al que simplemente le exigía más notas de las que podía dar, pero él no paraba. No podía parar o no quería. El domingo 28 de agosto en su departamento rentado en Santa Mónica se sintió mal. Sus asistentes Sony Magaña, Isaac Martínez y Gilberto Andrade estaban con él desde días antes.

Magaña y Martínez lo auxiliaron primero. Andrade llamó al 911. Los bomberos de Santa Mónica llegaron minutos después y lo encontraron con signos vitales débiles, respiración irregular, pulso casi imperceptible. Intentaron reanimación cardiopulmonar, intentaron desfibrilación. A las 11:50 de la mañana fue declarado muerto. Causa oficial: enfermedad cardiovascular arteriosclerótica.

Un padecimiento que bloquea las arterias lentamente, silencioso, acumulativo. El certificado de defunción emitido por el Departamento de Salud Pública de Los Ángeles existe. Es un documento real. Pero en las horas que siguieron ocurrió algo que nadie esperaba. El cuerpo fue cremado de forma inmediata, sin velorio público, sin que se mostrara el cuerpo, sin autopsia.

La familia citó la voluntad del propio Juan Gabriel como justificación y eso para millones de fanáticos que lo amaban fue suficiente, pero para uno de sus hijos no lo fue. Alberto Aguilera Junior, el primero que Juan Gabriel adoptó, el que llevaba su nombre desde niño, declaró públicamente que puso en duda que el cuerpo siquiera hubiera sido cremado.

Su única petición a sus hermanos fue simple y desesperada. “Díganme, ¿dónde está mi papá?” Nadie le respondió. Y esa pregunta sin respuesta fue la primera grieta, pequeña al principio, casi invisible. Pero las grietas pequeñas, cuando hay 200 millones de dólares detrás, no se quedan pequeñas por mucho tiempo. Para entender lo que Alberto Aguilera Junior reveló, hay que entender primero quién es Alberto Aguilera Junior.

En 1987, Juan Gabriel fundó el orfanato SEMJSE en Ciudad Juárez, Chihuahua. Era una de sus causas más cercanas. una forma de devolver algo de lo que él mismo no tuvo de niño, porque Juan Gabriel también creció en la pobreza, también conoció el abandono, también supo lo que era no tener un padre ni una madre que respondieran por ti.

El propio Juan Gabriel habló de su infancia en escasas entrevistas. Fue el menor de 10 hijos. Su familia fue separada cuando era un niño pequeño. Pasó años en un internado en Monterrey, lejos de su madre. Esa herida no se cerró nunca. Y cuando el éxito llegó, cuando querida vendió 16 millones de discos en 1984 y lo convirtió en el artista más vendido de México, una de las primeras cosas que hizo fue crear un espacio para que otros niños no vivieran lo que él había vivido.

De ese orfanato sacó a un niño de 12 años, lo llevó a su casa, le dio su nombre, Alberto Aguilera. Y durante años ese niño fue presentado ante el mundo como su hijo mayor. Pero hay un detalle que cambió todo. Juan Gabriel nunca formalizó la adopción. No hay acta, no hay registro, no hay papel firmado ante ningún juez que diga que Alberto Aguilera Junior era legalmente su hijo.

Juan Gabriel lo cuidó, lo crió, lo presentó como suyo, pero nunca lo hizo oficial. Y esa omisión, que pudo haber sido un descuido o pudo haber sido una decisión deliberada, se convirtió décadas después en el argumento que usó el abogado de la familia para sacarlo del testamento de un plumazo. “Él no es hijo del cantante”, dijo el abogado Guillermo Pous ante las cámaras de El Gordo y La Flaca.

“Tendría que presentar pruebas legales si quisiera pelear por la herencia.” Con 12 palabras, borraron 20 años de historia, pero Alberto Junior no desapareció en silencio. En septiembre de 2018 llegó ante las cámaras en un estado que nadie esperaba. Se veía destruido. Confesó que sentía que su vida ya no tenía sentido. El día anterior, su pareja había terminado la relación.

Llevaba años batallando con el alcoholismo y dijo algo que ningún periodista olvidó. Mi relación con Juan Gabriel fue horrible, horrible. Era malo. Cinco palabras del hijo mayor sobre el hombre que México idolatra. Eso no es lo que se esperaba escuchar. Por eso quedó enterrado en el ruido del espectáculo. Pero esas cinco palabras abren una puerta que nadie quería abrir.

¿Qué pasó entre Juan Gabriel y su primer hijo adoptado? La historia, cuando se conoce completa, es más oscura de lo que parece. Alberto Junior creció bajo el mismo techo que el hombre más famoso de México, pero también creció viendo cosas que los demás no ven. Las decisiones internas de una familia que vivía entre lujosas mansiones y conflictos sin resolver, la presión de cargar con el apellido sin tener los derechos que ese apellido implicaba y la distancia que fue creciendo entre padre e hijo a medida que los escándalos de la juventud

de Alberto se acumulaban. posesión de marihuana, uso de arma de fuego, intoxicación en vía pública, obstrucción a la justicia, violencia doméstica. Una lista que Juan Gabriel vio crecer con vergüenza y eventualmente con la decisión de alejarse. Pero lo que terminó de romper todo no fue ninguno de esos cargos.

En 2012, Héctor Alberto Aguilera, el hijo de Alberto Junior, el nieto de Juan Gabriel, murió de una sobredosis de drogas. Tenía 23 años. Y Juan Gabriel, que tenía con ese nieto una relación cercana, una relación que sus cercanos describen como genuinamente amorosa, cerró la puerta con Alberto Junior para siempre. No hubo reconciliación, no hubo despedida.

Y cuando Juan Gabriel murió 4 años después, Alberto Junior quedó afuera del testamento sin reconocimiento, sin dinero, sin siquiera saber, según sus propias palabras, dónde estaban los restos de su padre. Pero la historia de esta familia no termina aquí, porque mientras Alberto Junior caía, alguien más estaba construyendo su posición desde adentro.

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