en circunstancias que el ejército mexicano nunca [música] investigó y que la Procuraduría de Justicia ordenó que no se profundizaran. [música] El hombre que encuentra el cuerpo se llama Luis Martínez de Anda. Era su chóer. Y en unas horas, cuando los abogados abran el [música] testamento, el mundo se enterará de que ese chóer, [música] el hijo del jardinero de un amigo, es el heredero universal de todo lo que María Félix acumuló en 88 años de vida.
La casa de Polanco, la mansión de Cuernavaca, conocida como la casa de las tortugas, el departamento de París, [música] las joyas de cartier que no vendió en subastas, las obras de arte, los millones de dólares en cuentas bancarias, todo para él. [música] Ni un solo peso para su familia, ni un solo peso para los hermanos que le sobrevivían, ni un solo peso para las sobrinas, los sobrinos.

o los primos que llevaban su apellido. 4 días después del funeral, [música] su hermano menor, Benjamín Félix Hüereña, se presenta ante las autoridades y exige que abran la [música] tumba de María. Dice que su hermana fue asesinada. Dice que no existe ningún testamento legítimo. Dice que hay irregularidades graves en la forma en que la enterraron, en la rapidez con que se hicieron los trámites, [resoplido] en la manera en que Martínez de Anda tomó posesión de los bienes antes [música] de que la familia pudiera reaccionar.
La policía abre la tumba en el panteón francés de San Joaquín. examinan el cadáver y una semana más tarde el resultado oficial es contundente. María Félix murió sin señales de muerte [música] violenta, muerte natural mientras dormía. Benjamín retira la denuncia, [música] dice que lo pensó mejor. dice que hizo una profunda reflexión donde renuncia a cualquier derecho sobre la herencia, pero su desconfianza nunca desaparece del todo.
Y la pregunta [música] que toda la prensa mexicana se hizo en esos días es la misma que tú te estás haciendo ahora. ¿Cómo es posible que la mujer más famosa de México, la actriz que protagonizó 47 películas, la diva que cenó con presidentes y fue pintada por Diego Rivera, [música] la mujer que fue amada por Agustín Lara y Jorge Negrete y Alexander Berger, la mujer que se casó cinco veces con los hombres más poderosos de su generación, [carraspeo] haya terminado completamente sola [música] en una cama vacía con un chóer como
única compañía y como único heredero. La respuesta a esa pregunta no está en los últimos años de su vida, está [música] en los primeros. Está en una noche de diciembre de 1937. [música] Está en un cuartel militar vacío. Está en un muchacho de 24 años con ojos color de gato y un balazo en el pecho. [música] Está en el primer amor de María Félix, que fue también el más prohibido, el más dolor y el que la [música] marcó para siempre.
Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre María Félix. Cuatro cosas que las revistas de la época no publicaron, que los programas de chismes no se atrevieron a investigar y que ella misma [música] se llevó casi completas a la tumba. Primero, lo que realmente pasó la [música] noche del 26 de diciembre de 1937, cuando su hermano José Pablo [música] apareció muerto en el colegio militar de Popotla.
Y por qué María insistió [música] hasta su último día en que no fue suicidio, sino asesinato y lo que una investigadora [música] descubrió 80 años después que le dio la razón. Segundo, la noche [música] en que Agustín Lara, hombre, el hombre que le compuso María Bonita, [música] entró a su camerino con un arma y le disparó.
y lo que ella hizo después que ningún medio publicó en su momento. [música] Tercero, el pacto que se rompió entre María y su único hijo Enrique [música] cuando ella lo mandó a un internado en Canadá siendo niño. La verdad sobre su orientación sexual [música] que ella siempre supo y nunca condenó y la frase que él dijo dos años antes de morir que resultó ser una profecía devastadora.
Y cuarto, la razón real por la que dejó toda su fortuna a Luis Martínez de Anda y no a su propia sangre, y lo que su hermano Benjamín [música] encontró cuando exigió que abrieran esa tumba. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera, necesitas conocer el mundo que construyó a esta mujer.
Porque esta historia no empieza [música] el día que todo se derrumbó o empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión. ¿Tú recuerdas lo que era prender la televisión en los años 70 u 80 [música] y ver a esas mujeres? Silvia Pinal, Dolores del Río, María Félix, mujeres que llenaban la pantalla con una presencia que las actrices de hoy no tienen.
Mujeres que no necesitaban efectos especiales ni filtros de celular, que con una mirada te decían más que un monólogo entero. [música] Esas mujeres no nacieron de la nada. Las creó un sistema, el sistema del cine de oro mexicano. Hay que hablar de lo que era ese cine en los años 40 y 50. No era una industria pequeña, era un imperio, la fábrica de sueños más grande de América Latina.
En esos años, las películas mexicanas se veían en todo el continente, en las salas de Buenos Aires, de Bogotá, de La [música] Habana, de Lima, a de Los Ángeles. México producía más películas que cualquier otro país de habla hispana, [música] más que España, más que Argentina. Y el sistema que las producía funcionaba con una lógica [música] implacable.
Las estrellas no eran personas, eran [música] productos. Las productoras las descubrían, les inventaban un nombre artístico si el suyo no sonaba bien. [música] Les asignaban un tipo de personaje que debían repetir película [música] tras película. Les controlaban con quién se dejaban ver en público, [música] con quién se casaban, qué declaraban a la prensa y [música] qué callaban.
Un contrato de exclusividad con una productora significaba que tú no existías fuera de esa productora. Tu imagen [música] era de ellos, tu nombre era de ellos. Si intentabas irte, te vetaban. Ningún director te llamaba, ninguna revista te mencionaba. Desaparecías de la noche a la mañana como si nunca hubieras existido.
Era como la tienda de raya de las haciendas, pero con reflectores y alfombras rojas. Tú trabajabas, ellos decidían cuánto valías y si no estabas de acuerdo, la puerta estaba abierta. Pero afuera no había nada. En ese sistema nació la estrella más grande que dio México. Pero antes de ser estrella, antes de ser la doña, antes de ser el mito, fue una niña de un pueblo [música] de Sonora llamado Álamos.
Una niña con 11 hermanos, un padre militar que gobernaba la casa como si fuera un cuartel y una madre que vivía aterrorizada de que los vecinos hablaran mal de su familia. María de los Ángeles, Félix Hüereña, nació el 8 de abril de 1914, [música] aunque ella diría durante toda su vida [música] que nació en 1920 o 1922.
Se rasuró entre 6 y 8 años de edad para la prensa y ese secreto [música] lo guardó con puño de hierro. Cuando el periodista y escritor Paco Ignacio Taibo, [música] padre del novelista Paco Ignacio Taibo I, encontró su acta de nacimiento real en el registro civil de Álamos [música] y la publicó en su biografía de 1986.
María le retiró el habla para siempre. 25 años de amistad destruidos por una fecha de nacimiento. El propio hijo de María, Enrique Álvarez Félix, dijo [música] después que ese libro era la valoración más justa que se ha hecho de la vida y carrera de su madre, pero María nunca lo perdonó. Eso te dice todo lo que necesitas saber sobre el valor que esta mujer le daba al control de su propia historia.
Nadie decidía que se sabía de ella. [carraspeo] nadie. Pero hay algo más importante que su fecha de nacimiento, algo que ella sí decidió contar con sus propias palabras o en la autobiografía que dictó a Enrique Crauce en 1994 [música] titulada Todas mis guerras. Y lo que contó ahí es lo que explica todo lo que vino después.
Porque entre [música] todos sus hermanos, 11 en total, Josefina, María de la Paz, Pablo, [música] Bernardo, Miguel, Mercedes, Fernando, María Eugenia, Ricardo, [música] Benjamín y Ana María del Sacramento. Hubo uno que fue diferente, se llamaba José Pablo. Y lo que María sintió por él [música] no se puede explicar con las palabras que se usan para describir el cariño entre hermanos.
Le decían el gato porque tenía los ojos muy claros, casi amarillos. [música] Era, según las propias palabras de María, un dios de guapo, moreno [música] con el pelo rubio veteado por el sol y un lunar junto a la boca, idéntico [música] al de ella. cantaba y toaba la guitarra como los mismísimos ángeles. Con él, [música] dijo María, donde despertó en mí la adolescencia, una flor que se abre [música] y donde el afecto brota del modo más natural.
Permanecer junto a mi hermano me parecía lo [música] más natural del mundo. No podía estar mucho tiempo cerca de él, sentarme en sus piernas [música] o treparme a su espalda. Porque mi madre se ponía furiosa. Los juegos que habían sido naturales en nuestra niñez ya no le gustaban. [música] Ella misma lo llamó un incesto blanco, una conexión que desafiaba todo lo que la sociedad de Álamos, Sonora en los años 20 consideraba aceptable.
Recuerda esa frase, le decían el gato porque tenía los ojos muy claros, [música] casi amarillos. Esa frase va a volver y cada vez que vuelva va a pesar más. Lo que hizo la madre de María cuando descubrió lo que estaba pasando entre sus dos hijos [música] fue lo que cualquier madre de un pueblo de Sonora en 1929 [música] habría hecho.
Separar, arrancar al varón de la casa, [música] mandarlo lo más lejos posible. Y el lugar más lejos y más disciplinado que existía para un joven en el México de esa época era el Colegio Militar. Así que José Pablo Félix Hüereña, el muchacho de ojos de gato y guitarra de ángel, fue sacado de álamos y enviado a la ciudad de México, al colegio militar de Popotla.
María [música] tenía 15 años, Pablo tenía 17. La separación fue un desgarro. Ella nunca perdonó a sus padres esa decisión. Y lo que le pasó [música] a Pablo dentro de ese colegio marcó el destino de María de una forma que ninguna película, ninguna [música] canción y ningún hombre pudieron borrar jamás.
O la última vez que María vio a su hermano con vida fue durante [música] una visita que él hizo de la Ciudad de México a Álamos. Ya [música] vestía uniforme de cadete, ya era otro hombre, al menos por fuera. Y María, [música] al verlo de militar pensó algo que después repetiría muchas veces [música] a lo largo de sus 88 años de vida. Lo dijo a Enrique Krause con una claridad que corta como un cuchillo.
Al verlo de militar, pensé en buscarme un muchacho como él, que tuviera su piel y sus ojos, pero que no fuera mi hermano. Era una tontería, [música] porque el perfume del incesto no lo tiene otro amor. El perfume del incesto no lo tiene otro amor. Esa es una de las frases más reveladoras que una mujer pública ha dicho jamás en México.
Y María la dijo a los 80 años con la cámara encendida sin bajar la mirada, porque para entonces [música] ya no le importaba lo que el mundo pensara. Lo único que le importaba [música] era que la verdad quedara dicha. ¿Sabes lo que es perder a la persona que más quisiste [música] en la vida antes de que la vida siquiera empezara? ¿Sabes lo que es cargar con un amor que [música] nunca pudo ser? Que el mundo condena, que tu propia familia castigó y aún así sentir que nada de lo que vino después se comparó.
[música] María lo supo a los 23 años porque el 26 de diciembre [música] de 1937, en plena Navidad, cuando el Colegio Militar de Popotla estaba prácticamente vacío porque los cadetes habían salido de vacaciones, el cuerpo [música] de José Pablo Félix Hüereña apareció en el depósito del escuadrón de cadetes. Un lugar [música] poco transitado, un lugar donde nadie va durante las vacaciones, a menos que tenga una razón muy específica para ir.
To Pablo tenía 24 años, tenía un golpe en el ojo, tenía un balazo en el pecho. La versión oficial [música] apareció al día siguiente en el periódico Excelsior. Se privó de la vida el cadete [música] Pefélix Hüereñas. No dejó ninguna carta. por lo que el móvil que lo impulsó a matarse está en el misterio.
[música] Algunos compañeros dicen que aunque se le veía con mujeres, sabían bien que de ninguna de ellas estaba enamorado. [música] El periódico incluso le cambió la edad. Decía que tenía 21 [música] años cuando en realidad tenía 24. daba más detalles que el propio forense, como si alguien le hubiera dictado la nota.
Y durante las siguientes seis décadas, [música] esa fue la historia oficial. Suicidio, depresión, un joven que no pudo con la disciplina [música] militar. Caso cerrado. El cadáver fue sacado del colegio esa misma noche, llevado al [música] hospital militar o y de ahí enterrado directamente en una fosa del panteón Sanctorum, un cementerio del gobierno lejos de la familia.
No hubo autopsia, no hubo investigación, no hubo justicia. María nunca lo creyó. Desde el primer día dijo que a su hermano lo habían matado, pero nadie le hizo caso. Era una joven divorciada de 23 años, [música] sin dinero, sin poder, sin nombre. ¿Quién iba a escucharla contra el ejército mexicano? Guarda este nombre, [música] Marta Zamora.
Guarda esta fecha, 26 de diciembre de 1937. y guarda este dato que duele especialmente. [música] María enterró a sus padres en el panteón francés de San Joaquín. Enterró a su hijo Enrique ahí mismo. Ella misma está enterrada ahí. Pero Pablo no. Pablo está en una fosa anónima del gobierno [música] donde el ejército lo mandó a enterrar la noche que murió.
Como si quisieran que desapareciera lo más rápido posible. Y [música] Marta Zamora 80 años después escribió algo que no se puede leer sin que se te encoja el pecho. Aunque María declaraba no haber dejado de pensar nunca en su hermano, aparentemente no visitó su tumba porque probablemente no sabía dónde estaba.
Esto que te acabo de contar parece un detalle menor. No lo es. [música] Ya vas a ver por qué. María Félix se quedó rota por dentro. Cayó en lo que ella misma describió como la primera depresión profunda de su vida. Sin Pablo, dijo, “todo se me nubló.” Pero ya estaba casada, [música] ya tenía un hijo pequeño. Y el hombre con el que compartía la vida no era precisamente un consuelo, era otra jaula.
Para cuando Pablo murió, María ya llevaba 6 años casada con su primer esposo, Enrique [música] Álvarez a la Torre, un empresario jalisciense. Se había casado con él en 1931 [música] a los 17 años, no por amor, por escape. Lo dijo ella misma con una honestidad brutal. Lo utilicé como un medio de liberación. No podía [música] imaginarme que al casarme con él solo pasaría de una cárcel a otra.
La cárcel de su padre militar fue reemplazada por la cárcel de un marido [música] celoso, controlador y violento. Según el libro María Félix, Todas mis guerras de Enrique Crauce, Álvarez a la Torre, la maltrataba en la intimidad [música] durante la luna de miel. Sus celos eran incontrolables. No quería [música] dejarla salir a la calle por temor a que otros hombres la cortejaran.
Evitaba que tuviera [música] contacto visual con otros varones. María describió su noche de bodas como una experiencia traumática. Dijo que llegó al tálamo virgen como un botón y sintió el desfloramiento como una agresión tremenda. Es como si la traspasaran con un puñal, que a Enrique le costó dos semanas porque ella saltaba de la cama [música] cada vez que él intentaba tocarla.
Quizá tú conoces esa historia, no la de María, la tuya, o la de tu madre o la de tu abuela. La historia de una mujer que se casó joven para escapar de su casa y descubrió que el matrimonio era otra forma de encierro. Esa historia se repitió millones de veces en México, en toda América Latina durante generaciones enteras.
Lo que hizo María diferente fue que ella encontró la puerta [música] de salida, pero el precio que pagó fue enorme. De ese matrimonio nació su único hijo, Enrique Álvarez Félix, el 5 de abril de 1934, [música] dos días antes de que María cumpliera 20 años. Fue un parto gemelar, pero solo sobrevivió uno de los bebés.
Durante los primeros años de vida de Enrique, comaría fue lo que la sociedad esperaba. Una [música] esposa encerrada en una casa de Guadalajara, cocinando, limpiando, criando a un niño, aguantando a un marido que la vigilaba como si fuera una prisionera. Pero entonces [música] descubrió que su esposo tenía gonorrea, una enfermedad venérea que demostraba que él, [música] que la encerraba por celos, estaba teniendo relaciones con otras mujeres.
Desde ese momento, María no le permitió volver a tocarla y comenzó una relación con su vecino, [música] Francisco Vázquez Cuellar. Era su primer acto de rebeldía consciente dentro del matrimonio. El divorcio llegó en 1938 [música] y entonces ocurrió algo que ninguna madre olvida. [música] El exsuegro, el padre de Enrique Álvarez a la Torre, llegó a la Ciudad de México, se llevó al niño a Guadalajara [música] y se negó a devolvérselo.
Le arrebataron a su hijo, así, [música] sin más, sin juicio, sin acuerdo. Un hombre con poder económico [música] que decide que el niño se queda con la familia paterna. María no tenía dinero, [música] no tenía influencias, no tenía cómo luchar. Juró que algún día tendría más poder que ese hombre y que recuperaría a Enrique.
Esa promesa tardó años en cumplirse, pero cuando [música] se cumplió, vino con una factura que María pagaría durante el resto de su vida. El cine llegó a ella casi por accidente. [música] Caminaba cerca del zócalo de la Ciudad de México cuando el director e ingeniero Fernando Palacios la vio [música] y quedó deslumbrado por su presencia.
Le propuso hacer pruebas para el cine. [música] Gabriel Figueroa, el fotógrafo más importante de la época, le hizo las primeras pruebas de fotogenia en formato de 35 mm. Le ofrecieron nombres artísticos. Diana del Mar, Marcia Maris. Ella los rechazó sin pensarlo. ¿Sería María Félix o no sería nada? Su debut [música] fue El Peñón de las Ánimas en 1942.
Su coprotagonista [música] Jorge Negrete se odiaron durante todo el rodaje. Ella era una desconocida sin formación actoral. [música] Él era el charro cantor, la estrella más grande de México. Las humillaciones y la rivalidad fueron constantes. Nadie habría apostado un [música] peso a que 10 años después se casarían en lo que la prensa llamó la boda del siglo.
[música] Después de El Peñón de las Ánimas vinieron María Eugenia, la China poblana y El Golpe definitivo. Doña Bárbara en 1943, basada en la novela del venezolano Rómulo Gallegos. Esa película le dio a María el personaje que la definiría para siempre. [música] Una mujer despiadada, hermosa, que dominaba a los hombres y destruía a quien se cruzara en su camino, la doña.
[música] A partir de ese momento, María Félix dejó de ser una actriz. [música] se convirtió en un mito viviente y el mito necesitaba mantenerse a cualquier costo. La fama le dio lo que necesitaba para cumplir su promesa, dinero y poder. En 1946, ayudada por Agustín Lara, su [música] esposo de entonces, María viajó a Guadalajara.
Fue a la casa de la abuela paterna, [música] donde vivía el pequeño Enrique y se lo llevó. Lo sacó de ahí. Enrique lo contó décadas después en el show de Cristina con total claridad. Fue [música] y me raptó literalmente. Llegó, me metió a un coche y me trajo. Recuperó a su hijo. Pero lo que vino después es lo que nadie cuenta, [música] porque María ya no era una madre de pueblo, era María Félix.
Y ser María [música] Félix significaba filmar películas en España, en Francia, en Argentina. [música] significaba vivir en hoteles, en sets, en camerinos. El cine de oro no tenía espacio para una diva con un niño en brazos. Así que María hizo lo que muchas mujeres de poder de su generación hicieron.
mandó a su hijo lejos, primero a un internado [música] en Canadá, después a Londres, después a París. Enrique Álvarez Félix creció en internados de tres continentes, [música] viendo a su madre en las marquesinas de los cines, pero sin poder abrazarla, porque ella siempre estaba filmando en otro país. [resoplido] Y aquí está la trampa mortal del sistema del espectáculo.
El cine de oro necesitaba que María fuera invencible. Necesitaba a la doña, [música] la mujer que no se dobla ante nadie, que domina a los hombres con una mirada, que entra a un salón y todos se callan. Esa imagen vendía boletos. Esa imagen llenaba salas de cine desde Monterrey hasta Buenos Aires.
Esa imagen generaba millones de pesos. Pero para mantenerla, Paría tenía que sacrificar algo que nadie veía, su humanidad. Porque una diosa no tiene debilidades. Una diosa no llora en público. Una diosa no dice que extraña a su hijo, que duerme solo en un internado del otro lado del océano. Una diosa no confiesa que cada vez que un hombre la mira, [música] ella busca en esos ojos los ojos claros, casi amarillos, de un hermano que ya no existe.
Recuerda [música] eso le decían el gato. Y María buscó esos ojos de gato durante toda [música] su vida en cada hombre que se cruzó en su camino y nunca jamás los encontró. Aquí viene lo primero que te prometí. [música] Durante seis décadas, la historia oficial fue que José Pablo Félix Hereña se suicidó en el colegio militar de Popotla la noche del 26 de diciembre [música] de 1937.
Se disparó en la 100, decía la versión depresión. Un joven que no aguantó la vida militar. Eso publicó el Excelor. Eso repitieron los biógrafos. Eso [música] contó Sergio Almazán en su novela biográfica Acuérdate María de 2014. Todo el mundo creyó esa versión. Todo el mundo menos una persona. [música] María.
Ella siempre dijo que lo mataron y [música] 80 años después la escritora Marta Zamora le dio la razón. Zamora [música] investigó durante 11 meses para su libro Heridas, amores de Diego Rivera. Fue a buscar lo más básico, [música] lo que nadie en 60 años se había molestado en buscar. [música] El acta de defunción de José Pablo Félix Cuereña.
Y cuando la encontró, el castillo de [música] mentiras se derrumbó. El acta dice: cadete del Colegio Militar [música] de 24 años, muerto el 26 de diciembre [música] de 1937 por herida de proyectil de arma de fuego. Operó hay algo que el acta no especifica, ¿dónde recibió el disparo? Y como señala Zamora, si la herida hubiera sido en la sien, como decía la versión del Excelor, así se hubiera escrito.
El acta era deliberadamente vaga, pero Zamora encontró algo más, el informe forense. Y lo que ese informe revela [música] es devastador. Pablo no tenía una bala en la 100, tenía un balazo en el pecho a corta distancia, a quemarropa y un golpe en el ojo. El médico forense que examinó el cuerpo clasificó la muerte con una palabra que no deja lugar a dudas, homicidio.
Esa palabra aparece en el informe forense, homicidio. Pero fue omitida del acta de defunción. [música] Alguien tomó la decisión de que esa palabra no llegara al documento oficial. ¿Entiendes [música] lo que eso significa? Alguien que Pablo conocía, porque el disparo [música] fue a corta distancia de lo que, según Zamora, induce a asumir que el agresor [música] era una persona conocida de la víctima.
le pegó en el ojo y le disparó al pecho en un [música] cuartel militar vacío durante las vacaciones de Navidad sin testigos y después [música] alguien con poder suficiente se aseguró de que no se hiciera autopsia, de que el cuerpo se sacara del colegio esa misma noche, de que lo llevaran al hospital militar y de ahí directamente a una fosa del gobierno en el panteón Sanctorum, lejos de su familia.
De que el Excelsior publicara una versión fabricada que daba más detalles que el propio forense, de que la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal [música] ordenara que el caso no se profundizara. [música] Las fotografías del levantamiento del cadáver no están en el expediente. No se hizo examen de pólvora en las manos de Pablo.
[música] No se investigó la trayectoria de la bala ni su calibre. No se determinó [música] si el cuerpo fue movido de lugar. Nada. Todo fue borrado con la eficiencia de una institución que sabe exactamente [música] cómo hacer desaparecer la verdad. Y el ejército mexicano, [música] cuando Marta Zamora solicitó información décadas después a través de mecanismos de transparencia, [música] respondió que no podían proporcionar esa información.
80 [música] años después siguen guardando el secreto. María tenía 23 años cuando asesinaron a Pablo. [música] Ya estaba casada con un hombre que la maltrataba. Ya tenía un hijo de 3 años que pronto le [música] arrebatarían. Y el único ser humano en el mundo que la había amado, sin intentar poseerla, sin intentar encerrarla, sin pedirle nada a cambio, estaba [música] muerto, enterrado en una fosa anónima [música] a con un balazo en el pecho que el gobierno convirtió en suicidio.
Esa es la mujer que entró al cine un año [música] después. Esa es la mujer que se inventó a sí misma como una fortaleza de acero y diamantes. Esa es la mujer que decidió que nunca más nadie la vería débil, porque la última vez que fue vulnerable [música] le arrancaron al hermano de la vida y lo metieron bajo tierra como si [música] fuera basura.
Después del divorcio, después de perder a Pablo, después [música] de que le quitaran a su hijo, María se lanzó al cine como quien se lanza al vacío, esperando que algo la sostenga. Y el cine la sostuvo. En apenas unos años [música] era la actriz más cotizada de México. Su belleza era tan impactante que paralizaba los sets de filmación.
Jan C, que la conoció en España, dijo: “María, esa mujer tan hermosa que hace [música] daño. La poetisa Pita Amor, al verla caminar por la calle, co le dedicó unos versos. Ayer [música] te vi rodeada por la tarde. Ibas como un cuchillo desafiando el aire. [música] Esas no son palabras que se usan para describir a una actriz.
Son palabras que se usan para describir [música] una fuerza de la naturaleza. Y entonces apareció Agustín Lara, el flaco de oro, el poeta [música] del piano, el hombre que había convertido los burdeles de Veracruz en las canciones más hermosas de América Latina. [música] María lo había escuchado por radio en Guadalajara cuando todavía era una esposa encerrada y les decía a sus hermanas, “Con ese hombre me voy a casar.
” El primer encuentro en persona fue memorable. Él estaba en una cabina telefónica del bar California de Paseo de la Reforma. Tardaba en salir. [música] Ella golpeó el vidrio impaciente. Él le preguntó, “¿Y usted quién es? Ella respondió, “¿Y a usted qué le importa?” Así empezó todo. A después [música] fue Tito Novaro quien los presentó formalmente en el estreno de doña Bárbara.
[música] La atracción fue inmediata. Empezaron a frecuentar juntos los sitios más emblemáticos de la noche mexicana, el Ciros, el Salón México, [música] el Leda, el Esmirna. La prensa los seguía a todas partes. Eran la pareja del momento, la mujer más bella de México con el compositor más genial. Se casaron el 24 de diciembre de 1945.
La luna de miel fue en Acapulco y fue en esa playa donde Agustín Lara compuso la canción [música] que perseguiría a María el resto de su vida. María bonita. Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches. María bonita, María del Alma. Tú conoces esa canción, la has cantado, [música] la has escuchado en bodas, en fiestas, en serenatas.
Es una de las canciones más hermosas que se han escrito en lengua española. [música] O pero lo que esa canción no te dice es que el hombre que la escribió [música] intentó destruir a la mujer que la inspiró. Agustín Lara era 17 años mayor que María. Era un genio, pero era también un hombre profundamente inseguro, [música] enfermizamente celoso y, según todos los testimonios disponibles, capaz de una violencia que contradecía cada verso romántico que escribió.
María Félix, a esas alturas era la mujer más deseada de México. Los hombres la seguían por la calle. Los regalos llegaban a diario, las invitaciones no paraban. [música] Ella no veía nada malo. Él veía traición en cada mirada ajena. Los celos de Lara eran [música] legendarios. María contó en una entrevista con Verónica Castro y Abraham Zabludowski un episodio que revela todo.
Un [música] día, Agustín le mandó poner un producto en la cara que le dejó las facciones hinchadas, [música] deformadas. Lo hizo para que dejara de ser hermosa, para que los hombres dejaran de mirarla. [música] El autor de María Bonita intentando destruir la belleza de la mujer que la inspiró.
La paradoja más cruel [música] que puedas imaginar. Pero hubo algo peor, algo que ocurrió durante la luna de miel en Acapulco, [música] que María contó como el momento exacto en que comprendió con quién se había casado. Estaban descansando sobre la arena cuando [música] vieron una lagartija. A ella le pareció bonita. Agustín la tomó. Ella le pidió que no le hiciera daño.
Él la aplastó contra las rocas delante de sus ojos. la mató sin pestañear. Y María pensó en ese instante, “Si las cosas se salen de [música] control, este hombre puede hacer lo mismo conmigo. Aquí viene lo segundo que te prometí. [música] Quizá tú también has conocido a un hombre así, un hombre [música] que en público era brillante, [carraspeo] encantador, admirado por todos y que en privado era otra persona.
Quizá tú también sabes lo que es vivir con alguien cuyo amor se parece más a una cadena que a un abrazo. Quizá tú también reconoces ese miedo silencioso que no se puede contar. [música] Porque nadie te creería, porque él es tan encantador en público que si tú hablas la loca eres tú. Lo que vas a escuchar ahora le pasó a la mujer más famosa de México.
Y si le pasó [música] a ella, imagínate lo que les pasaba a las que no tenían ni su fama ni su dinero para escapar. Según los testimonios recogidos por la prensa de la época y por los biógrafos de ambos, hubo un día en que María estaba filmando escenas de río escondido, la película de Emilio el Indio Fernández. Agustín Lara llegó al set.
[música] Estaba fuera de sí por los celos. Entró al camerino donde María se estaba preparando. [música] Ella estaba de espaldas. Él llevaba un arma y disparó. La bala le rozó la nuca. No la mató. Falló por centímetros, pero la intención de matar estaba ahí. El hombre que le dedicó humo en los ojos y cuando vuelvas, además de María Bonita, le apuntó a la cabeza [música] y jaló el gatillo.
María sobrevivió y en lugar de denunciarlo públicamente, [música] porque en ese México de los años 40, una mujer que denunciaba a su esposo [música] era una mujer problemática, no una víctima. eligió la estrategia de la supervivencia silenciosa, buscar la forma de irse. La salida fue Europa. María aceptó [música] un contrato del empresario español Cesario González para filmar en España.
Le dijo a [música] Agustín que se quería quedar en Madrid. Sabía que él no querría vivir allá. [música] Era su forma de escapar sin enfrentamiento directo. El matrimonio duró menos de dos años. El divorcio se formalizó en 1948 y cuando la prensa le preguntó por qué se divorciaba, María respondió con una frase que encerraba décadas de [música] dolor.
¿Quieren saber por qué nos divorciamos? Es igual un motivo que otro cualquiera. ¿No implica acaso toda separación amorosa un [música] principio de cansancio? No puede señalarse como causa concreta el mutuo aburrimiento y sobre todo, ¿por qué debo [música] externar el motivo de mi determinación cuando por ser tan íntimo debe considerarse sagrado? Cansancio.
Así llamó María a los disparos, [música] los golpes y las humillaciones. Cansancio. Porque en 1948 [música] una mujer mexicana no tenía las palabras ni el espacio social para llamarlo por su nombre. Lara aceptó el divorcio con una frase que sonaba generosa. La resolución está tomada y yo como caballero [música] espero que María haga la demanda de divorcio para aceptarla sin condiciones.
Ojalá que con esto la dejen en paz y ella pueda resolver su vida como quiera. Caballero. Así se describió el hombre que le había disparado en un [música] camerino. Y María salió de ese matrimonio con una canción que la perseguiría para siempre. María bonita, que la gente le ponía en todas partes y que le impedía olvidar a Lara y con la certeza [música] de algo que ya sabía desde que le mataron a Pablo.
Los hombres que decían amarla [música] intentaban poseerla y los que no podían poseerla intentaban destruirla. Le decían el gato porque tenía los ojos muy claros, [música] casi amarillos. Pablo nunca intentó ni una cosa ni la otra. Por eso ella nunca dejó de buscarlo. En Europa, [música] María se convirtió en una estrella internacional. Filmó en España [música] Mare en Nostrum, una mujer cualquiera, la corona negra.
En Francia, [música] la bella Otero French Kang K Kang de Jean Renoir. Y fue la cuarta [música] actriz más fotografiada del mundo después de Marilyn Monro, Sofía Loren y Marlene Dietrich. se codeó con la élite artística e intelectual de París. Jin Cowu, [música] secretario de redacción de Jean Paul Sartre, tuvo un romance con ella y escribió: [música] “María Félix es un arcoiris que tiene los colores más raros y sutiles.
Es única, es una mujer [música] y al mismo tiempo es todo.” Pero el romance más intenso de María en Europa [música] no fue con un escritor, fue con una mujer. A través de la pintora Leonor Fini, María conoció en París a Susan Bolé, conocida como Fred, que dirigía el cabaret Le Carrols. Lo que comenzó fue un romance lésbico [música] que Finnie inmortalizó en un cuadro, una planta con dos flores, una con el rostro de María [música] y otra con el de Frede.
Fue una relación apasionada y posesiva. Fred seguía a María sus filmaciones en Buenos Aires y Sao Paulo, pero la relación se interrumpió cuando apareció Jorge Negrete. Negrete, el charro cantor, el hombre que la odió en [música] 1942 y que la amó en 1952. Se casaron el 18 de octubre de ese año [música] en la finca Catipoato de Tlalpán, la boda del siglo, transmitida por radio a toda América Latina.
400 o 500 invitados. Frida [música] Calo, Diego Rivera, Dolores Olmedo, Salvador Novo, el Indio Fernández, Barbacoa, Carnitas, Mole. Por un instante parecía que María había encontrado al hombre que estaba a su altura. Negrete le regaló un collar de esmeraldas valuado en 300,000 pesos. Recuerda ese collar, va a envenenar todo. El matrimonio duró 11 meses.
11 meses porque Jorge Negrete tenía cirrosis hepática. El 5 de diciembre de 1953, en un hospital de Los Ángeles, su cuerpo no resistió más. Cuando María llegó, Negrete estaba en coma, los ojos amarillentos. Ella le dijo, “Negro, aquí estoy.” Él abrió los ojos, la miró y los volvió a cerrar.
Fueron las últimas personas que se vieron. María no se movió de su lado hasta que murió. Cuando Negrete murió, [música] salió a la luz que el collar de esmeraldas no estaba pagado. Lo había comprado a plazos. La familia Negrete, [música] que nunca aceptó a María, exigió que lo devolviera. El joyero exigió el pago y María, fiel a su carácter, lució el collar durante el funeral [música] y se negó a devolverlo.
Se le atribuye una frase que resume su temple. ¿Quién le encargó el collar? Jorge o yo? Pues cóbreselo al muerto, lo caído, caído está. El pleito llegó al Tribunal Supremo. [música] A María pagó 500,000 pesos para crear un fideicomiso para Diana Negrete, la hija del primer matrimonio de Jorge antes que ceder la joya.
Y después [música] fue a Cartier y encargó una gargantilla nueva, dos cocodrilos, uno de diamantes amarillos [música] y otro de esmeraldas. De ella para ella, para que nadie le discutiera la propiedad. Si estás escuchando esta historia y sientes que te está [música] importando, si sientes que esta mujer te está doliendo o te está enfureciendo o las dos cosas al mismo tiempo, [música] entonces este canal es para ti.
Aquí no contamos chismes, contamos la verdad que la industria del espectáculo [música] nunca quiso que supieras. Las historias detrás del glamur, las vidas detrás de las pantallas. [música] Si quieres ser parte de esta comunidad que no permite que estas verdades se olviden, suscríbete, [música] dale a la campanita y déjame en los comentarios tu primer recuerdo de María [música] Félix.
Después de la muerte de Negrete, María regresó a Europa y en París retomó brevemente su relación con Frede. Pero [música] esta vez el romance terminó de la peor manera posible. En 1954 se separaron violentamente y el asunto acabó en los tribunales. María acusó a Fred de haberle robado las joyas que le había regalado.
Demandó su devolución, pero perdió. Fred fue absuelta y se quedó con las joyas. Y María, herida en el orgullo, hizo algo que dice más que cualquier sentencia. Le pidió a Leonor Fini [música] que modificara el cuadro de las dos flores para borrar el rostro de Frede. Fin lo hizo. Donde antes estaba la cara de la mujer que María amó, apareció un rostro anónimo, sin identidad.
A María borró a Fred de la pintura, [música] igual que el ejército, borró a Pablo de la investigación. Cuando algo dolía demasiado, la solución era eliminarlo del registro visible. Pero hubo otro escándalo que sacudió a María Félix y que rara vez se cuenta completo. En 1949, [música] el cuerpo de Rebeca Uribe, secretaria personal de la doña, fue encontrado sin vida en una habitación del motel Tony [música] Scort, de Paseo de la Reforma.
Uribe era una poetisa y escritora reconocida en la sociedad de su tiempo que trabajaba con María por la admiración que sentía hacia ella. Cuando la encontraron, [música] estaba desnuda con una jeringa a su lado y entre sus pertenencias había una fotografía [música] de María Félix. La autopsia oficial determinó que murió por sobredosis de cocaína.
Pero los testigos del motel declararon que Rebeca había llegado con una amiga muy alta [música] que llevaba un gran abrigo de pieles y que a las 7 de la mañana esa amiga salió en su coche y dejó a Rebeca agonizando. La prensa se lanzó sobre la historia como buitres. Los titulares fueron brutales.
¿Quién mató a Rebeca Auribe? María Félix [música] es una asesina. Los rumores de que entre ambas mujeres había una relación amorosa se multiplicaron. [música] Nunca se probó nada. Nunca se acusó formalmente a María, pero el escándalo persiguió durante años y lo que más le dolió, según los testimonios de Luis Martínez de Anda, no fueron los titulares.
Fue la reacción de su hijo [música] Enrique, que entonces era un niño, y que se asustó al escuchar que su madre era acusada de asesina. María decidió irse a España a filmar. La prensa [música] dijo que huía del escándalo. Ella dijo que se iba a trabajar. En 1955, María conoció en una fiesta de la embajada francesa en México a un hombre que cambiaría [música] su vida.
Alexander Berger, un banquero y empresario francés de origen rumano. Se habían visto brevemente antes, cuando ambos estaban casados, pero no había pasado nada. Ahora él estaba divorciado y ella era viuda. Se reencontraron en París en 1955 [música] en un bar de Marlene Ditrich llamado Siluetas. Se casaron el 20 de diciembre de 1956 en las afueras de París y lo que vino después [música] fueron los 18 años más estables, más sofisticados y más tranquilos de la vida de María Félix.
Berger no era celoso como Lara, no era temperamental como Negrete. Era un hombre cosmopolita, firme, que trataba a María como igual. Con él, María perfeccionó su gusto por las joyas, desarrolló habilidades empresariales, se convirtió en una mujer de mundo en el sentido más completo de la palabra. [música] Fue durante estos años que encargó a Cartier sus piezas más icónicas.
El collar [música] de serpiente de diamantes, los cocodrilos, la pantera, pero ni siquiera la estabilidad con Berger pudo proteger a María de los fantasmas. Su hijo Enrique, que había crecido en internados, [música] tuvo un periodo de rebeldía violenta contra su madre. Según los testimonios recogidos por Marta de Baile, [música] Enrique le quemó el departamento de París.
Provocó rupturas. Berger, para poner distancia, [música] le compró un departamento en Polanco. La relación entre madre e hijo fue una montaña rusa de acercamientos y alejamientos que duró décadas. Y en medio [música] de todo eso y había un secreto que toda la prensa insinuaba, pero que nadie se atrevía a nombrar directamente.
Aquí viene lo tercero que te prometí. Quizá tú también conoces lo que es amar a un hijo con toda el alma y al mismo tiempo [música] sentir que le has fallado. Quizá tú también sabes lo que es descubrir que tu hijo carga con un dolor que tú no puedes [música] quitarle. que el mundo lo juzga por algo que no eligió y que tú, que eres [música] su madre, que darías la vida por él, no puedes protegerlo de eso.
Quizá tú también has vivido esa impotencia. Lo que vas a escuchar ahora [música] es la historia de una madre que construyó la fortaleza más grande del [música] espectáculo mexicano y que no pudo construir un refugio para su propio hijo. Enrique Álvarez Félix estudió ciencias políticas en la UNAM. Se graduó como diplomático.
Tenía un futuro asegurado fuera del espectáculo. [música] Operó 4 meses después de recibirse hizo lo que su madre más temía. decidió ser actor. María no estaba de acuerdo. [música] Según varias fuentes, hubo un distanciamiento, pero al final cedió. Fueron Ernesto Alonso y Jacqueline Andere quienes lo apoyaron.
Su debut en cine fue bajo la dirección de Luis Buñuel en Simón del Desierto. Y en televisión, Enrique se convirtió en uno de los actores más queridos de su generación. Colorina [música] junto a Lucía Méndez. de pura sangre, Rina con Ofelia Medina. Tenía [música] porte, elegancia, una presencia heredada de su madre que llenaba la pantalla.
Pero a lo largo de toda su carrera, los rumores sobre su orientación sexual no pararon. Los periodistas lo acosaban, los tabloides insinuaban. En una época donde la homosexualidad era un estigma que podía destruir una carrera, Enrique vivió bajo una presión constante. [música] En el show de Cristina, dos años antes de morir, declaró públicamente, “No soy un desviado.
” Pero las personas [música] cercanas a él contaron otra historia. Su media hermana Cecilia Álvarez Salas [música] dijo que nunca quiso casarse porque tenía pavor de repetir la historia de sus padres. Chulisa, una de sus compañeras más cercanas, [música] confirmó que ella conocía bien sus preferencias y que nunca se ocultaron nada.
[música] Ofelia Medina contó que Enrique le propuso matrimonio después de filmar Rina, pero ella no aceptó porque no creía en esa institución. Los periódicos llegaron a publicar [música] que había muerto de sida cuando en realidad se había tomado un descanso en Nueva York. tuvo que regresar a México específicamente [música] para demostrar que seguía vivo.
Y María, hay un testimonio que cierra este tema [música] de forma definitiva. O el periodista Edmundo Cázares se encontró con María en un teatro y mencionó el tema de Enrique. María, [música] sin titubeos, le respondió, “¿Qué no sabe que yo siempre respeté la preferencia sexual de mi hijo? Siempre lo supo, nunca lo rechazó, pero tampoco pudo protegerlo del mundo.
[música] Y eso para una mujer que construyó toda su identidad sobre la idea de ser invencible era la derrota más dolorosa. En 1994, [música] dos años antes de su muerte, Enrique dio una entrevista a César Costa que contiene la frase más profética y más devastadora de toda esta historia. [música] dijo hablando de su madre.
Somos Aries los dos, chocamos mucho, mucha discusión, pero hay un respeto muy grande. Sobre todo ya si nos ponen en el borde, yo siempre cedo, es mi madre y yo [música] ante ella lo que quiera. Yo sin ella no puedo vivir. Yo sin ella no puedo vivir. Dos años después, Enrique murió y María tuvo que vivir sin él durante 6 años más.
La profecía funcionó al revés. No fue que él no pudiera vivir sin ella, fue que ella tuvo que sobrevivir sin él. Y según todos los que la conocieron de cerca, [música] eso fue lo que la terminó de romper por dentro. La madrugada del 24 de mayo de 1996, Enrique Álvarez Félix acababa de terminar de grabar Marisol, [música] su última telenovela.
Se había tomado unos días de descanso en su departamento de Polanco. En algún momento de la noche [música] sintió una molestia en la garganta. Llamó a su médico por teléfono. El médico [música] lo escuchó quedarse sin aire mientras hablaban. envió una ambulancia, pero cuando llegaron Enrique [música] ya había muerto.
Infarto fulminante al miocardio, 62 años [música] y en un detalle que parece sacado de una película de terror. En Marisol, su personaje también moría de un paro cardíaco. [música] La ficción escribiendo el final de la realidad. María estaba en París cuando Ernesto Alonso, amigo de toda la vida y vecino de Enrique, la llamó para darle la noticia.
voló a México al día siguiente. Llegó a la capilla número 10 [música] de Galloso Sullivan, vestida de negro riguroso con lentes oscuros, con el temple que el mundo esperaba de la doña. Juan Gabriel, Carlos Piñar, Liliana Abud, [música] Blanca Guerra, Jacqueline Ander la acompañaron. Miles de fans hicieron fila [música] afuera sin lograr entrar al velatorio privado.
María dijo a la prensa, “El dolor por la muerte de mi hijo es grande, pero solo [música] el tiempo me ayudará a superarlo.” Enrique fue un buen actor y un buen [música] muchacho. Luis Martínez de Anda, a que para entonces ya era su asistente personal, [música] contó después algo que revela el tamaño real. Le preguntó a María cómo se sentía [música] y ella respondió, eso no se supera.
Nunca [música] esperas ni deseas que un hijo se vaya primero que tú. No lo superas, pero hay que seguir viviendo. Y confesó algo más. En varias ocasiones intentó ir al [música] panteón a visitar la tumba de Enrique, pero siempre que estaba a punto de entrar se arrepentía. [música] No lo iba a soportar, decía la mujer que enfrentó a Agustín Lara Armado, [música] que retó a la familia Negrete en los tribunales, que nunca bajó la mirada ante nadie en 88 años de vida, no tuvo la fuerza de entrar al lugar donde descansaba su hijo, porque hay dolores
que ni siquiera la doña podía soportar, le decían el gato porque tenía los ojos muy claros, casi amarillos. [música] Primero le arrancaron a Pablo, [música] después se fue Enrique, los dos únicos seres humanos que la amaron sin pedirle nada, sin intentar poseerla, sin querer ser María Félix, sino simplemente estar con María.
Y los dos se fueron antes que ella y María se quedó en una casa enorme de polanco, rodeada de cuadros y de joyas y de recuerdos, [música] sin nadie que la conociera de verdad. Nadie, excepto un hombre. Luis Martínez de Anda, el hijo del jardinero de Ernesto Alonso, un joven que llegó a la casa de María como chóer por recomendación de [música] Alonso, que empezó puliendo la plata durante los viajes de La Doña [música] a París, que después se convirtió en su asistente personal, que se [música] mudó permanentemente a la casa de Polanco después de la muerte de Enrique y que
estuvo con ella todos los días [música] durante los últimos 6 años de su vida. Era él quien la acompañaba a las pocas apariciones [música] públicas que hacía. Era él quien administraba la casa. Era él [música] quien estaba ahí cuando se apagaban las luces y Polanco se quedaba en silencio. Y María [música] era solo una mujer de 80 y tantos años sentada en una sala llena de fantasmas.
[música] Aquí viene lo cuarto y último que te prometí. Cuando María murió el 8 de abril de 2002, el mismo día que nació, [música] como si la vida le hubiera escrito un guion perfecto, su abogado, Francisco Javier Mondragón Alarcón informó lo que nadie esperaba. El heredero universal de toda la [música] fortuna de María Félix era Luis Martínez de Anda, todo.
La [música] casa de Polanco, que después sería demolida y en su lugar se construiría un edificio de departamentos. La mansión [música] de Cuernavaca, la casa de las tortugas en la avenida Palmira, el [música] departamento de París o las obras de arte que aún conservaba, las joyas que no había vendido ya en subastas de Cristis en Suiza, el dinero en cuentas bancarias, [música] una fortuna estimada en 5 millones de dólares, 100 millones de pesos de la época.
Todo para el chóer, nada para la familia Félix. Benjamín, el hermano menor, fue el primero en reaccionar. Dijo que la habían matado, que no existía testamento, que había irregularidades en todo. Su primo José Félix Valderrama lo respaldó ante la prensa. Exigieron la exhumación. La policía abrió la tumba. Examinaron el cuerpo de María.
El resultado, muerte [música] natural, sin señales de violencia. Benjamín retiró la denuncia. Dijo que hizo una profunda reflexión. Renunció a cualquier derecho, pero la sombra de la sospecha nunca se disipó del todo. Y Martínez [música] de Anda tomó posesión de la herencia. vendió propiedades o y durante años fue la voz autorizada para hablar de María Félix a través del canal [música] María Félix Vlogs.
¿Quieres saber por qué creo que María le dejó todo al chóer? Escucha [música] bien, piensa en la vida que vivió esta mujer. A los 15 años le arrancaron al hermano que amaba. A los 17 la casaron con un hombre violento [música] que le contagió una enfermedad venérea. A los 23 le asesinaron a Pablo [música] y nadie investigó.
Le quitaron a su hijo, lo recuperó y lo mandó lejos para poder trabajar. Agustín Lara le disparó en un camerino. Jorge Negrete murió a los 11 meses de casados. La familia Negrete la demandó por un collar. Fred la demandó por unas joyas. La prensa la acusó de asesinar a su secretaria. Alexander Berger murió en 1974 [música] después de 18 años juntos.
Enrique murió de un infarto sin que ella pudiera despedirse. Su familia siempre quiso su dinero. La prensa siempre quiso su escándalo. Los hombres siempre quisieron su cuerpo, su fama o su fortuna. ¿Quién quedaba? [música] ¿Quién fue la única persona que estuvo con ella sin exigirle nada? sin pedirle que fuera la doña, sin pedirle que fuera la diva invencible, [música] sin pedirle que mantuviera la imagen, el chóer, el hombre que le abría la puerta del coche, el hombre que pulía la plata cuando ella se iba a [música] París, el
hombre que estaba ahí, simplemente ahí, cuando no quedaba nadie más. María no le heredó a Luis Martínez de Anda [música] porque estuviera senil. ni porque la manipularan. Le heredó porque él fue el único ser humano que se quedó sin querer nada a cambio. [música] O al menos eso es lo que ella creyó. Y en la vida de alguien que fue traicionada por cada persona que dijo amarla, creer en la presencia silenciosa de alguien que simplemente está ahí no es locura ni debilidad.
Es el último acto de una [música] mujer que aprendió de la manera más dolorosa que el amor ruidoso destruye y que solo la compañía callada sobrevive. Los últimos años de María fueron de un aislamiento que nadie imaginaba detrás de la máscara de Diva. [música] Después de la muerte de Enrique se distrajo remodelando la casa de Cuernavaca.
Fue como terapia”, contó Martínez de Anda. [música] Hizo apariciones esporádicas en televisión. Concedió una larga entrevista al [música] periodista Ricardo Rocha. Se la vio en la inauguración de la exposición El arte de Cartier, en el Palacio de Bellas Artes, donde [música] se reencontró con las joyas que alguna vez le pertenecieron, la serpiente de diamantes, [música] los cocodrilos o en la pantera.
Las vio como se miran las fotografías de una vida que ya pasó. recibió honores del gobierno francés, comandante [música] de la orden de las artes y las letras y después oficial de la legión de honor, [música] la condecoración militar que estableció Napoleón. fue la primera actriz latinoamericana en recibir ambas distinciones.
Pero los honores [música] no acompañan por la noche. Los honores no te preguntan cómo dormiste. Los honores no te dicen que está bien llorar. Octavio Paz escribió una vez. María Félix nació dos veces. Sus padres la engendraron y luego ella se inventó a sí misma. Nació como un relámpago que rasga las sombras.
Es una frase hermosa, pero lo que paz no dijo es que el relámpago deja oscuridad después de pasar. María se inventó a sí misma porque la María real, la niña de Álamos que amaba a su hermano, que fue aplastada [música] por un padre militar, violentada por un primer esposo, despojada de su hijo [música] y que cargó durante 65 años con la muerte no investigada de Pablo, no habría sobrevivido un solo día [música] en el sistema del espectáculo mexicano.
La doña era una armadura. Y debajo de la armadura [música] había una mujer que buscó durante toda su vida los ojos claros, casi amarillos, de un muchacho que cantaba [música] y tocaba la guitarra como los mismísimos ángeles y nunca jamás los encontró. La mañana del 8 de abril de 2002, el mismo día que nació 88 años antes en Álamos, Sonora, María de los Ángeles, Félix Hereña, fue encontrada sin vida en su cama de la calle Hegel en Polanco.
La luz de la recámara encendida, un libro abierto en el regazo, el silencio de una casa donde no quedaba nadie que la conociera de verdad. A su cuerpo fue trasladado al Palacio de bellas Artes, [música] donde se le rindió un homenaje que congregó a miles de personas que hicieron fila bajo el sol para despedirla. México perdía a su última diva.
Después fue sepultada en el panteón francés de San Joaquín junto a su hijo Enrique y no lejos de ahí, en otro panteón, en otra fosa, en una tumba que seguramente nadie visita. [música] Está el cuerpo de José Pablo Félix Hereña, el cadete del colegio militar que fue asesinado a quemarropa una noche de Navidad de 1937.
El hermano al que le decían el gato [música] porque tenía los ojos muy claros, casi amarillos. El primer amor de María Félix, el amor que la marcó más que todos los maridos, más que toda la fama, más que todas las joyas de Cartier. El nombre [música] que probablemente cruzó por su mente antes de cerrar los ojos para siempre.
[música] ¿Y cambió algo? El sistema del espectáculo que aisló a María Félix de todos los que la amaban sigue funcionando. Diferente por fuera. idéntico por dentro. Sigue creando estrellas que en público son invencibles y en privado están rotas. Sigue exigiendo que las mujeres sean fuertes todo el tiempo sin mostrar jamás una grieta.
Sigue premiando la imagen sobre la persona. Sigue convirtiendo el dolor en contenido y el escándalo en titular. María Félix fue la primera gran víctima de ese sistema en México. No fue la última. Y cada vez que una mujer famosa muere sola, rodeada de lujo, pero sin nadie que la conozca de verdad, la historia de María se repite.
[música] A ti que me estás escuchando desde México, desde Estados Unidos, desde [música] Colombia, desde Argentina, desde España, desde donde [música] quiera que estés, gracias por quedarte [carraspeo] hasta el final. Ah, gracias por ser parte de esta familia que no permite [música] que las historias se cuenten a medias ni que las víctimas se queden sin nombre.
[música] Quiero pedirte algo. Déjame en los comentarios tu primer recuerdo de María Félix. ¿En qué [música] película la viste por primera vez? ¿Qué canción te recuerda a ella? ¿Tu mamá te habló de ella? ¿Tu abuela la admiraba? Cuéntamelo todo, porque estas historias son nuestras, son de nuestra generación y merecen ser contadas con la verdad que nadie se atrevió a dar.
Y si esta historia te movió algo por dentro, compártela con tu hermana, con tu comadre, [música] con tu hija, con alguien que necesite saber que detrás del glamur siempre hay un precio que alguien paga en silencio. La semana que viene te voy a contar la historia de otra mujer que el espectáculo mexicano adoró en público [música] y destruyó en privado.
Una historia que involucra a un hombre poderoso, un contrato que era una trampa [música] y un silencio que duró décadas. No te la pierdas, porque lo que vas a descubrir no te va a dejar dormir.