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pedro infante tuvo-tuvo un reencuentro con sus 3 esposas

 Trabaja como carpintero. Canta en estaciones de radio por centavos. Nadie lo conoce. Nadie imagina que ese muchacho delgado con bigote incipiente se convertirá en el ídolo de México, excepto una mujer, una mujer mayor que él, elegante, segura, determinada. Su nombre es María Luisa León. Proviene de una familia con dinero, tiene educación, tiene mundo, tiene visión y ve en Pedro lo que nadie más percibe todavía.

 Ve potencial, ve futuro, ve estrella. Lo escucha cantar en una estación de radio en Culiacán. Queda fascinada no solo por su voz, por algo más, por su carisma, por su presencia, por esa combinación extraña de humildad y magnetismo. Investiga dónde se presentará, lo busca, lo encuentra. En el casino atlético Umaya hablan, algo surge entre ellos.

María Luisa decide que ese muchacho será suyo, que lo convertirá en alguien, que juntos conquistarán México y lo hace. Se vuelve en todo para él. Manager, asistente, confidente, estilista. lo peina antes de cada presentación, le elige la ropa, le corrige el acento, le enseña modales, lo impulsa a dejar Sinaloa, a mudarse a la Ciudad de México, a soñar en grande.

 Pedro acepta porque María Luisa cree en él cuando nadie más lo hace, porque le abre puertas que solo estaban disponibles para pocos, porque con ella a su lado todo parece posible. El 19 de junio de 1939 se casan. Pedro tiene 21 años. Ella es mayor. La boda es modesta. Pedro estrena un traje que ganó en un concurso de aficionados.

 No tienen dinero, no tienen nada, solo tienen fe. Fe en que algo grande viene y tienen razón. 4 años después, en 1943, Pedro graba su primer disco Mañana es un éxito rotundo. La canción resuena en todas las radios, en todas las cantinas, en todas las casas. Pedro Infante se vuelve famoso de la noche a la mañana. La XW, la estación más importante de México, lo contrata. Su voz llega a todo el país.

María Luisa está orgullosa, feliz, completa. Ella hizo esto. Ella creó al ídolo. Ella convirtió al carpintero de Sinaloa en la estrella más brillante de México. Están juntos en todo, en cada estreno, en cada entrevista, en cada presentación. Ella es la señora de Pedro Infante, la esposa del ídolo, y lo es legalmente ante Dios, ante la ley, ante todos.

Tiene el acta, tiene el anillo, tiene el apellido, tiene todo. O eso cree. Porque mientras María Luisa vive esa vida, Pedro empieza a construir otra, una vida paralela, secreta, invisible. Pedro está en la cúspide de su fama. Tiene 28 años. Es guapo, rico, famoso, deseado por millones. Una noche va al teatro Folies.

 Hay un espectáculo de variedades, bailarinas, cantantes, comediantes. Entre ellas hay una muchacha joven, muy joven, pequeña, delicada, frágil. Baila con gracia, se anuncia como la muñequita que baila. Su nombre es Guadalupe Torrentera. Todos la llaman Lupita. Pedro la ve, queda hipnotizado, no por su baile, por algo más, por su inocencia, por su vulnerabilidad, por esa mezcla de niña y mujer que despierta algo oscuro en él, algo que no puede controlar.

comienza a cortejarla, le envía recaditos escritos a mano, flores, regalos, promesas. Lupita se resiste al principio, sabe quién es Pedro Infante. Sabe que es famoso, sabe que es casado. Espera, no sabe que es casado. Pedro no se lo dijo. Nunca se lo dijo. Le dijo que estaba soltero, que vive solo, que está buscando a la mujer correcta y que esa mujer es ella.

 Lupita le cree porque es joven, porque es ingenua, porque cuando Pedro mira a los ojos y promete amor, es imposible no creerle. Su madre intenta separarlos. Huele el peligro. Sabe que un hombre como Pedro no busca matrimonio con una bailarina pobre. Pero Pedro insiste y Lupita se va a vivir con él a una casa que Pedro renta especialmente para ella.

 Una casa en la colonia Doctores y lejos de donde vive María Luisa, lejos de las cámaras, lejos de todo, otra vida. En 1947 nace la primera hija, Graciela Margarita. Pedro llega al hospital, carga a la bebé, llora de emoción, le promete a Lupita que siempre estarán juntos, que ya son una familia, que la ama.

 Lupita le cree porque tiene a su hija en brazos, porque Pedro está ahí, porque todo parece perfecto. Pero Graciela Margarita fallece 16 meses después de poliomielitis. Lupita llora durante semanas. Pedro la consuela. le promete que tendrán más hijos y cumplen. En 1950 nace Pedro Infante Junior. En 1951 nace Guadalupe Infante.

 Dos hijos más, una familia completa. Lupita es feliz, cree que Pedro es solo suyo, que viven juntos, que están construyendo algo real. No sabe que a 15 km de distancia María Luisa sigue siendo la esposa legal. Sigue usando el apellido infante. Sigue apareciendo en eventos públicos como la señora de Pedro.

 Sigue creyendo que su matrimonio es sólido. Sigue sin saber que su esposo tiene otra casa, otra mujer, otros hijos. Pedro viaja entre ambos mundos como si nada. Sale de la casa de María Luisa por la mañana. Cariño, voy a grabar. Regreso en la noche. Llega a la casa de Lupita al mediodía. Mi amor, perdóname la tardanza. Tuve entrevistas.

Pasa la tarde con ella, juega con los niños, cena en familia, luego se marcha. Tengo una presentación nocturna. Y regresa con María Luisa antes del amanecer. Dos mujeres, dos casas, dos vidas paralelas. Ninguna sabe de la otra. Y Pedro es el único vínculo que las conecta, el único que conoce la verdad completa.

 Las dos mujeres viven en burbujas separadas. Cada una cree que es la única. Cada una aguarda su turno. Cada una acepta sus ausencias porque comprende que Pedro es famoso, que tiene compromisos, que la vida de una estrella es complicada. Pero la verdad es más sencilla. Pedro no está filmando cuando no llega. Pedro está con la otra.

 Esto funciona durante años. Años de mentiras perfectamente construidas, años de excusas creíbles, años de doble vida, hasta que Pedro decide que dos no son suficientes. Set de filmación de la película No desearás la mujer de tu hijo. Pedro tiene 32 años. Es el actor más famoso de México.

 Tiene dos mujeres, tres hijos entre ambas. Una carrera imparable. Debería ser suficiente. No lo es. Ese día conoce a una actriz joven, muy joven. Ojos grandes, sonrisa tímida, voz elegante. Su nombre es Irma Dorantes. Tiene un papel pequeño en la película. Pedro la mira diferente. Hay algo en ella, algo que despierta ese mismo instinto que sintió con Lupita, esa mezcla de protección y deseo, de ternura y posesión.

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