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Experto de WWE Revela la Estrategia Secreta de Brock Lesnar Contra Roman Reigns

 El público estaba completamente entregado. Algunos abucheaban a Roman, fieles a la tradición de Resistir, a quien la compañía intentaba posicionar como la cara dominante. Otros lo vitoreaban reconociendo el innegable carisma y dominio que Joe Ano había logrado transmitir a través de su personaje en los últimos años.

 La transformación de Roman en el jefe tribal había sido posiblemente el mejor trabajo de personaje en la WWE moderna y todos lo sabían. No pensarán que ya lo han visto todo entre Brock Lesnar y yo había dicho Roman momentos antes, su voz grave resonando en la arena mientras The Blood Line, Jimmy y Jay Uso, junto con el siempre presente Paul Heyman lo flanqueaban.

Pensarán que después de Wrestlemania, después de tantos enfrentamientos a lo largo de los años, ya no hay nada nuevo que mostrar. Pero les prometo esto, lo que verán en Summers Slamá el fin definitivo de la bestia, el fin de la era de Brock Lesnar. Las luces principales de la arena se apagaron, indicando que el show había terminado.

 La música de Roman sonaba mientras los fans comenzaban a recoger sus pertenencias, algunos dirigiéndose ya hacia las salidas, comentando lo que habían presenciado esa noche y las expectativas para Summer Slam. Pero entonces ocurrió. Un pitido electrónico agudo interrumpió la música de Roman. Las pantallas gigantes del estadio parpadearon como si hubiera una interferencia en la transmisión.

 El público inmediatamente alerta se detuvo. Los que ya se dirigían a la salida se giraron. Algo estaba sucediendo. La imagen en las pantallas se distorsionó completamente, mostrando solo estática durante unos segundos. Roman, que ya se dirigía hacia el backstage junto con The Bloodline, se detuvo en la rampa, mirando hacia atrás con el ceño fruncido.

 Paul Heyan, siempre el primero en reconocer cuando algo se desviaba del guion establecido, puso una mano en el hombro del campeón, su expresión una mezcla de preocupación y confusión. Y entonces la estática dio paso a una imagen que hizo que toda la arena contuviera la respiración, un campo de trigo meciéndose suavemente bajo una luz crepuscular.

La cámara se movía lentamente entre los tallos dorados, como si alguien caminara entre ellos. No había música, solo el sonido del viento y los pasos aplastando las espigas. Cualquier fanático de la WWE reconocería inmediatamente aquella imagen. Era la granja de Brock Lesnar en Saskachewan, Canadá.

 El lugar donde la bestia encarnada se retiraba entre apariciones, donde cultivaba la tierra con la misma ferocidad con la que destruía a sus oponentes en el ring. La cámara se detuvo finalmente enfocando una figura sentada de espaldas en un tronco caído. Brock Lesnar, vestido con un simple overall de mezclilla y una camisa de franela roja, estaba limpiando meticulosamente lo que parecía ser un cuchillo de casa.

 Sus enormes manos, capaces de levantar a hombres de 150 kg sobre su cabeza, trabajaban con una delicadeza incongruente sobre la hoja metálica que reflejaba los últimos rayos del sol. Roman dijo finalmente Brock sin darse la vuelta, su voz inconfundible retumbando en los altavoces de la arena. Roman, Roman, Roman. El público estalló.

Algunos gritaban el nombre de Brock, otros el de Roman. El jefe tribal en la rampa. Permanecía inmóvil. Su expresión calculadamente neutral, pero sus ojos ardiendo con intensidad mientras miraba la pantalla. Escuché lo que dijiste”, continuó Brock, aún sin mirar a la cámara, sobre terminar con mi era, sobre destruirme definitivamente.

La cámara comenzó a moverse lentamente, rodeando a Lesnar para mostrar su perfil. Su característica barba rubia estaba más crecida de lo habitual, dándole un aspecto aún más salvaje. Una cicatriz reciente, probablemente de algún accidente en la granja, cruzaba su mejilla derecha. ¿Sabes qué hago aquí, Roman? Cuando no estoy en ese ring haciendo lo que mejor sea hacer. Caso.

 Brock levantó el cuchillo examinando el filo contra la luz menguante. Hay un arte en la casa que mucha gente no entiende. No se trata solo de fuerza, no se trata solo de quién tiene la mejor arma. Finalmente, Brock giró su rostro hacia la cámara, revelando una mirada que habría helado la sangre de cualquier oponente sensato.

No era la mirada fabricada de un personaje de televisión, era la mirada de un excampeón de UFC, de un hombre que había probado su valía en combates reales sin guiones. Se trata de paciencia, de conocer a tu presa mejor que ella misma, de saber exactamente cuándo atacar. Brock se levantó lentamente. Su imponente físico de 130 kg de músculo puro destacándose contra el atardecer.

La cámara tuvo que inclinarse hacia arriba para mantenerlo en el encuadre. Durante años hemos jugado a este juego, tú y yo. Nos hemos enfrentado en Wrestlemania, en Summers Slam, en combates con estipulaciones que deberían haber terminado con uno de nosotros. Y cada vez de alguna manera has encontrado la forma de mantener ese título.

 Brock comenzó a caminar lentamente hacia la cámara, su expresión volviéndose gradualmente más oscura, más amenazante. Al principio pensé que era suerte. Luego pensé que tal vez, solo tal vez, realmente te habías convertido en el luchador que siempre presumiste ser. Se detuvo a un metro de la cámara, su rostro llenando ahora la pantalla.

Pero ahora lo entiendo, Roman. No eres más fuerte que yo. Nunca lo has sido. No eres más rápido, ni más técnico, ni más resistente. Lo que eres es más astuto. Has aprendido a usar a The Bloodline, a Paul Hyman, a cualquiera que te rodea para mantenerte en la cima. La mención de Paul Heyman hizo que las cámaras de RAW enfocaran al antiguo abogado de Brock, quien ahora servía como consejero especial de Roman.

 La expresión de Heyman era indescifrable, atrapado como estaba entre sus lealtades pasadas y presentes. Y eso te ha funcionado hasta ahora. Brock guardó el cuchillo en una funda de cuero que llevaba en el cinturón. Pero en Summerslam no habrá bloodline que te salve, no habrá trucos, ni distracciones, ni interferencias. La intensidad en los ojos de Brock aumentó, su voz descendiendo a un tono más grave, casi un gruñido.

 J Somerslam, seremos solo tú y yo, Roman, y te prometo algo cuando termine contigo, cuando haya desmembrado pieza por pieza ese imperio que has construido, entenderás por qué me llaman la bestia. Brock avanzó un paso más, tan cerca de la cámara que su respiración empañaba ligeramente el lente. Esto no es una promoción, Roman.

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