Posted in

¡HARFUCH CAZA al ALCALDE de SAN LUIS POTOSI con ARMAMENTO de USO EXCLUSIVO MILITAR y DINERO!

Deten al exalcalde de Tampamolón, esto conocido como el Chilo. Atención, noticia de último minuto. Harf tenía en la mira a un alcalde corrupto, ratero y con gustos prohibidos. Cayó esposado el alcalde de Tampamolón con ocho armas de fuego de uso exclusivo militar y 86 cartuchos. ¿Que hace un exalcalde con una colección de armas como si fuera un sicario? Y terminó el exalcalde llorando en el asfalto de una carretera de la Huasteca Potosina, mientras su esposa lo veía esposado desde el otro lado de la Dodch Ram. Eso

es lo que los noticieros te contaron. Lo que no te contaron es que Omar García Harfuch ordenó este operativo semanas antes de que esa camioneta roja pisara la carretera Tampamolón a San José de la Cruz. Lo que no te contaron es que cuando Chilo Mejía creyó que estaba escapando, en realidad estaba cumpliendo el último paso de una trampa que él mismo ayudó a cerrar.

Y lo que definitivamente no te contaron es el nombre del hombre que lo armó, lo financió y que esta noche duerme tranquilo porque su nombre no aparece en ninguna cámara, en ningún comunicado, en ningún reporte oficial. Ese nombre tiene un identificador en los archivos de Harpush. Y esa pregunta, ¿quién es el hombre que construyó a Chilo Mejía como operador armado de la Auasteca? Es la pregunta que va a mover este canal en los próximos días.

Lo que ningún noticiero te va a decir es que esa camioneta roja ya llevaba 11 días en la mira de un dron. El retén no fue rutinario, fue el cierre. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para entender por qué cayó Chilo Mejía, primero tienes que entender quién creía que era. Isidro Mejía Gómez llegó a la presidencia municipal de Tampa, Molón Corona en 2018 bajo las siglas de Nueva Alianza.

Un municipio pequeño en la Aguasteca Potosina, sierra calor pegajoso, caminos de terracería que huelen a tierra mojada y a diésel de camioneta. Un municipio donde el presidente municipal lo es todo, el que reparte obra, el que decide contratos, el que controla quién entra y quién sale. Durante 3es años, Chilo gobernó y durante esos 3 años, según las investigaciones que después documentó el Congreso de San Luis Potosí, también desvió recursos públicos, ignoró las consultas indígenas obligatorias en el Plan Municipal de Desarrollo y construyó

una red de lealtades que mezclaba política, dinero y algo más oscuro que los documentos oficiales apenas insinuaban. En 2021, el Congreso del Estado lo inhabilitó 6 años sin poder ocupar cargos públicos. Para cualquier político eso es el final. Pero Chilo, Mejía, no se fue a casa, se acercó a Morena.

Siguió moviéndose en la región, siguió recibiendo visitas en su propiedad y en algún punto entre la inhabilitación y este sábado, cruzó una línea que ya no tiene regreso. El error de cálculo que lo destruyó no fue cargar las armas en la Dodge Ram. Ese fue solo el síntoma. El error real fue creer que su historia política, su red de contactos, su conocimiento del territorio, su cara conocida en Tampamolón, lo hacía intocable.

Creyó que la región era suya. Creyó que nadie en la Ciudad de México estaba mirando hacia la huasteca. Se equivocó y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Isidro Mejía Gómez no era estúpido, era arrogante. Y en el mundo en el que se movía, la arrogancia mata más rápido que cualquier rival. El primer error lo cometió 3 semanas antes del operativo.

Ante el incremento de patrullajes en la región, la Guardia Civil había reforzado puntos de revisión en carreteras rurales de la Auasteca desde mediados de mes. Chilo tomó una decisión que le pareció lógica, concentrar todo su arsenal en un solo punto seguro. Su propiedad en Tampamolón, un lugar que conocía, que controlaba, donde tenía ojos propios.

Dispersar las armas le parecía más riesgoso que tenerlas juntas en un sitio de confianza. Lo que Chilo no sabía era que esa decisión acababa de convertir su propiedad en un objetivo fijo, verificable y documentable. Uno de sus contactos dentro de la red municipal, presionado desde semanas atrás por agentes federales, había reportado actividad inusual en esa dirección.

La consolidación del arsenal no lo protegió. le dibujó una X en el mapa para los analistas de inteligencia de Harfush. Ese fue el primero. El segundo error lo cometió cinco días antes, cuando comenzó a sentir que algo se movía. Caras que no reconocía en el pueblo, patrullajes ahora inusuales, un silencio diferente en su red de contactos.

Mejía tomó la decisión que le pareció más inteligente. Mover las armas no en su camioneta en una Dodger Ram registrada a nombre de un tercero, un vehículo que él creía que las bases de datos federales no tenían asociado a su nombre. La movilidad calculó era más segura que quedarse estático sobre un objetivo conocido.

Lo que no calculó fue que el dron de la Guardia Civil que sobrevolaba el corredor Tampamolón San José de la Cruz había identificado esa unidad específica 9 días atrás. La frecuencia de radio del vehículo había sido registrada en dos puntos de interés simultáneos. mover las armas no las ocultó, las sacó de la propiedad protegida y las puso sobre una carretera sin salida alternativa en el horario de máxima actividad de patrullaje en un corredor que inteligencia ya tenía cubierto con tres puntos de intercepción posibles. Tercer error lo cometió su

propio hermano y ese fue el que cerró el último cuadrante. La tarde del viernes, cuando el convoy de la Guardia Civil llegó primero al domicilio de Chilo y no lo encontró porque ya había salido con las armas, su hermano Eulogio, exaspirante a la presidencia municipal, publicó en redes sociales una denuncia pública.

Decía que Isidro y su esposa Gabriela habían desaparecido, que un convoy armado se los había llevado, que las autoridades no daban información, pedía que la gente compartiera, que se armara escándalo, que la presión mediática los protegiera. Lo que Eulogio no entendía, lo que ninguno de ellos entendió, era que esa publicación le confirmó en tiempo real a inteligencia tres cosas críticas, que Kilo estaba en movimiento, que no tenía comunicación con su familia y que el único vector de intercepción posible era la carretera.

La denuncia pública pensada como escudo fue la señal que cerró el último cuadrante del operativo. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa tarde Harfush ya tenía todo lo que necesitaba. El dron llevaba 11 días sobrevolando el corredor Tampamolón San José de la Cruz cuando llegó la orden de activar el cierre.

No era un dron de reconocimiento básico, era una con visión térmica de largo alcance, capaz de distinguir la temperatura corporal de dos ocupantes dentro de una cabina cerrada a 200 m de altitud. Llevaba registradas 43 pasadas sobre esa ruta específica. Conocía cada curva, cada rancho visible desde el aire, cada punto donde una camioneta podía intentar doblar o dar vuelta.

Cuando la Dodge Ram Roja salió del perímetro de Tampa Molón esa tarde, el dron ya estaba en posición. A las 1600 horas del viernes, los elementos de la Guardia Civil Estatal comenzaron a posicionarse sobre la carretera sin sirenas, sin luces de emergencia, con uniformes que en la luz amarilla de la tarde de la Auasteca se confundían con el paisaje de cerros y arbustos secos.

Read More