El año 2025 ha quedado marcado en el calendario cultural de México y Latinoamérica como un ciclo de despedidas profundas, un periodo donde la industria del entretenimiento se vio obligada a decir adiós a figuras que, durante décadas, no solo formaron parte de nuestras pantallas, sino que se convirtieron en acompañantes incondicionales de nuestra vida cotidiana. Ya fuera a través de una carcajada provocada por un comediante, una lágrima derramada ante la intensidad de una telenovela o la catarsis de una canción, estos 25 personajes no fueron simples celebridades; fueron el hilo conductor de varias generaciones. En este recorrido, que abarca de enero a diciembre, recordamos con respeto y memoria a quienes dejaron un vacío irremplazable, analizando no solo sus carreras, sino la esencia humana que los hizo inolvidables.
Uno de los cierres más significativos fue el de Eduardo Manzano, el gran maestro de la comedia, quien falleció el 4 de diciembre a los 87 años. Manzano no fue solo un actor; fue una institución del humor que, desde 1959, entendió que la comedia es un arte serio. Su capacidad para la transformación, inmortalizada en el dueto “Los Polivoces”, demostró que la
risa es el vehículo más eficaz para la crítica social. Su partida cerró una era, pero su paso por programas como “Una familia de 10” nos dejó claro que el talento no tiene fecha de caducidad. De manera similar, la partida de Helena Rojo el 3 de febrero nos dejó huérfanos de una elegancia que difícilmente volveremos a ver en televisión. Helena, quien luchó contra un cáncer hepático en el más absoluto silencio, se despidió con la misma discreción con la que vivió, siendo pilar de historias inmortales como “Amor Real”. Su muerte fue un recordatorio de que las grandes figuras a menudo enfrentan sus batallas más duras lejos de la mirada pública.
La música también sufrió pérdidas que aún retumban en los escenarios. Paquita la del Barrio, el grito de guerra y desahogo de millones de mujeres, se despidió en febrero. Su vida, nacida de la necesidad y forjada en el esfuerzo, se transformó en himnos de resistencia. Paquita no cantaba para entretener, cantaba para sanar heridas, convirtiéndose en el símbolo máximo de la dignidad herida. Casi al mismo tiempo, el rock mexicano perdió a una de sus voces más icónicas: Sabadrago, vocalista de Coda, quien tras una dura batalla contra el cáncer de estómago, nos dejó en agosto. Su entrega en el escenario y su capacidad para convertir el dolor en rock puro demostraron que el género tenía una sensibilidad que iba mucho más allá del sonido. Asimismo, la partida de Pepe Arévalo, el embajador de la charanga y la salsa, en febrero, dejó claro que cuando un músico de su talla se va, no hay silencio, sino una orquesta que sigue tocando en el recuerdo.
La televisión, con sus luces y sombras, también vio partir a figuras controvertidas y profundamente humanas. Daniel Bisogno, cuyo estilo directo y muchas veces polémico definió una forma de hacer periodismo de espectáculos en “Ventaneando”, falleció en febrero, dejando una estela de opiniones divididas que solo confirman su impacto en la televisión nacional. Por otro lado, la partida de Débora Estrella en septiembre, en un accidente aéreo mientras perseguía su sueño de volar, sacudió el gremio periodístico, recordándonos que incluso quienes nos informan cada mañana tienen sueños personales alejados del set que, en ocasiones, terminan en tragedias impensables.
No podemos hablar de 2025 sin mencionar a quienes, aunque no siempre bajo el reflector, fueron fundamentales. Teresita Miranda, la compañera de vida de Chabelo durante más de 50 años, falleció en enero. Su vida, construida desde la lealtad y el silencio, nos recordó que detrás de los ídolos más grandes del país a menudo existe un pilar discreto que sostiene todo. En la misma línea, María del Socorro Infante Cruz, hermana de Pedro Infante, cerró en enero el último vínculo directo con la época de oro del cine mexicano. Con su partida a los 92 años, se clausura una ventana abierta al pasado dorado de nuestra cultura.
El cine, ese reflejo de lo que fuimos, perdió a figuras como La Tongolele, quien tras una vida hipnotizante frente a las cámaras y una lucha final contra el Alzheimer, se fue en febrero. Su imagen de ojos azules y mechón blanco fue el primer destello de modernidad en un México que apenas se atrevía a mirar. A ella se sumó Alicia Bonet, quien falleció en octubre, casi en el olvido, pese a haber protagonizado “Hasta el viento tiene miedo”, la cinta de culto que definió el terror nacional. Son casos que nos obligan a cuestionar el sistema de memoria de nuestra industria: ¿por qué olvidamos tan rápido a quienes construyeron los cimientos de nuestro cine?
Historias de valentía, como la de Renata del Castillo, quien compartió su lucha contra el cáncer en redes sociales, transformaron el dolor en comunidad. Su honestidad sobre los tratamientos y su amor por su hijo Mateo nos enseñaron que la resistencia es, en sí misma, una forma de arte. Al igual que el actor Arsenio Campos y Luis Couturier, quienes se fueron en abril y febrero respectivamente, nos demostraron que la actuación es una carrera de largo aliento donde la credibilidad es el activo más valioso.
La lista de quienes nos dejaron en 2025 es extensa y dolorosa: el diseñador Héctor Terrones, cuya creatividad vestía a nuestras estrellas; Gabriela Michel, la voz detrás de las voces que acompañaron nuestra infancia; e Iliana de la Garza, la actriz de reparto que dotó de humanidad a tantas telenovelas. Cada uno de ellos dejó una huella particular. La música y la composición, tan bien representadas por Amparo Rubín, cuya lucha contra el Alzheimer fue tan inspiradora como sus canciones, nos dejan un catálogo de emociones que ahora solo podemos revisitar.
Finalmente, el 2025 nos dejó nombres como el de Ernesto Barajas, cuya partida violenta en agosto nos obligó a mirar de frente los riesgos de la industria del regional mexicano, y la figura de Flor Procuna, la villana que amamos odiar, quien cerró su ciclo en marzo con la misma elegancia con la que interpretó a sus personajes.
Rendir homenaje a estas 25 figuras es, en esencia, repasar la historia de México en los últimos 70 años. No es una lista de ausencias, es una lista de presencias que continúan habitando en nuestras casas, en nuestras canciones y en nuestros recuerdos. El año 2025 fue, sin duda, un año de despedidas, pero también de confirmación: el talento verdadero, la honestidad en el trabajo y la calidad humana no mueren cuando se detiene el corazón; se transforman en memoria, y la memoria es, al final, la única forma de inmortalidad que realmente importa. A todos ellos, gracias por cada risa, cada lágrima y cada historia que nos regalaron. Que su luz siga encendida en cada escenario donde se les recuerde.