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Un Mesero le pidió propina al Chapo SIN SABER quien era… Lo que pasó le dejo…

 

Son las 10:37 de la noche del 15 de marzo de 2007. Restaurante La Costa Brava, Mazatlán, Sinaloa. Mesa número 12, junto a la ventana con vista al malecón. Roberto Méndez, 28 años, mesero desde hace 6 años, salario de 4500 pesos mensuales más propinas. Camina nervioso hacia una mesa donde cuatro hombres terminan de cenar.

 La cuenta total es de 8400 pesos. mariscos, langosta, botella de whisky bucans, de 18 años, camarones al coco, aguachile de marlín, los hombres visten casual, jeans, camisas de vestir sin corbata, botas vaqueras de piel, uno de ellos, el más bajo, con bigote recortado y gorra de los tomateros de Culiacán, saca una cartera de piel y cuenta billetes de 1000 pesos.

Coloca exactamente 8400 pesos sobre la mesa. Ni un peso más. Roberto recoge el dinero, lo cuenta con manos que tiemblan ligeramente. Espera. Los hombres se levantan, conversan entre ellos ignorando completamente su presencia. Roberto Méndez respira hondo. Lleva tres meses sin poder pagar la renta completa de su departamento.

Su esposa, Patricia está embarazada de 7 meses. El doctor dijo que necesita cesárea programada que cuesta 25,000 pesos. El seguro social está colapsado. Las citas son en 4 meses. El bebé nace en 8 semanas. Roberto trabajó doble turno toda la semana. Sus pies arden dentro de los zapatos. Negros de imitación de piel comprados en el tianguis.

 Su espalda es un nudo permanente de dolor. Tiene 28 años, pero se siente de 50. La propina habitual en una cuenta de 8400 pesos sería entre 1000 y 1500 pesos. Roberto necesita ese dinero, lo necesita desesperadamente, así que hace algo que nunca ha hecho en 6 años de servicio. Se aclara la garganta. Disculpe, señor.

 El hombre de la gorra voltea. Sus ojos son oscuros, pequeños, penetrantes. Hay algo en su mirada que hace que Roberto quiera retroceder, pero ya es tarde. Olvidó algo de su propina. La mesa se queda en silencio absoluto. Los otros tres hombres dejan de hablar. El ambiente cambia. Es como si la temperatura bajara 10 grados en un segundo.

 El hombre de la gorra inclina la cabeza ligeramente, estudiando a Roberto como si fuera un insecto particularmente interesante. Propina, pregunta con voz suave, casi amable. Sí, señor, responde Roberto. Su voz tiembla. Es costumbre dejar propina por el servicio. La cuenta fue de 8400 pesos.

 Lo que Roberto no sabe es que el hombre frente a él es Joaquín Archivaldo Guzmán Lo era, el Chapo, el criminal más buscado de México. Lo que tampoco sabe es que los otros tres hombres son sus guardaespaldas, todos armados con pistolas Col 45 bajo sus camisas. Lo que definitivamente no sabe es que su petición acaba de activar una cadena de eventos que cambiarán su vida para siempre.

 Suscríbete porque lo que pasó en las siguientes 72 horas demostró que a veces pedir lo que mereces puede ser la decisión más peligrosa o la más afortunada de tu vida. Déjame saber desde qué ciudad nos ves. Escríbelo en los comentarios. Roberto Méndez despierta cada mañana a las 6:30 en su departamento de un cuarto en la colonia Benito Juárez de Mazatlán.

 El despertador es un Nokia 1100 que compró usado hace 3 años. Su esposa Patricia, 26 años, duerme a su lado con el vientre enorme bajo una sábana delgada con estampado de flores descoloridas. El ventilador del techo no funciona desde hace dos meses. El calor de Mazatlán en marzo es brutal, 32 gr a las 7 de la mañana.

 Roberto se levanta despacio para no despertar a Patricia. Camina descalzo sobre el piso de cemento agrietado. El baño es compartido con otros tres departamentos en el mismo pasillo. Tiene que llevar su propio rollo de papel higiénico. El agua sale tibia todo el día porque las tuberías están expuestas al sol. Se lava la cara con jabón zote que su madre le regaló.

Se mira en el espejo roto que cuelga torcido sobre el lababo. Tiene ojeras profundas. Su cabello empieza a clarear en la coronilla, aunque apenas tiene 28 años. Su bigote necesita recorte, pero la navaja está desafilada. No tiene dinero para comprar otra. Roberto conoció a Patricia hace 5 años en una fiesta de cumpleaños de una prima.

 Ella trabajaba como cajera en un Oxo. Era hermosa con su sonrisa tímida y sus ojos color miel. Se casaron 8 meses después en una ceremonia civil con 15 invitados. La luna de miel fue un día en la playa de olas altas comiendo tacos de pescado de un carrito. Patricia lloró de felicidad esa noche.

 Roberto le prometió que algún día tendrían una casa propia, un coche, vacaciones de verdad. 5 años después siguen en el mismo departamento de un cuarto. No tienen coche. Las únicas vacaciones que conocen son los dos días al año que el restaurante cierra por inventario. Patricia tuvo que dejar su trabajo en el oxo cuando el embarazo llegó al quinto mes.

 El gerente dijo que una mujer embarazada no proyecta buena imagen en la caja. No le dieron liquidación. No hubo explicaciones. Patricia lloró durante tr días. Ahora pasa los días en el departamento cosiendo ropa ajena en una máquina Singer de 1975 que perteneció a su abuela. Gana 800 pesos a la semana si hay trabajo. Algunas semanas no hay nada.

 El bebé no fue planeado. Patricia tomaba pastillas anticonceptivas, pero una diarrea severa en agosto del año pasado redujo su efectividad. Se enteraron del embarazo en octubre. Roberto sintió terror puro cuando vio las dos líneas rosadas en la prueba de farmacia. ¿Cómo iban a mantener un bebé? Apenas podían mantenerse ellos.

 Pero Patricia tomó su mano y le dijo que todo saldría bien, que Dios proveería, que el amor era suficiente. Roberto quiso creerle, intentó creerle, pero cada noche cuando suma los números en su cabeza, los números no mienten. La renta es 3200 pesos mensuales. Electricidad 450 pesos. Agua 180. Gas 320 pesos.

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