José Feliciano, el gigante de la música latina, ha decidido romper el silencio a sus 78 años. Con una trayectoria que trasciende géneros, fronteras y generaciones, el artista puertorriqueño se ha sentado a repasar su vida, revelando detalles íntimos que durante décadas permanecieron bajo la sombra. Desde su nacimiento en Lares, Puerto Rico, hasta su consagración mundial, Feliciano ha demostrado que ni siquiera la ceguera congénita pudo frenar su deseo de alcanzar las estrellas. En una conversación reveladora, el músico profundiza en su lucha, sus éxitos y las amargas controversias que definieron su camino.
Nacido el 10 de septiembre de 1945, José Monserrate Feliciano García llegó a un mundo que, para él, carecía de luz visual, pero no de visión musical. Criado en una familia humilde, enfrentó desde sus primeros días un glaucoma congénito que le arrebató la vista. Sin embargo, lejos de rendirse o hundirse en la autocompasión, José adoptó una filosofía inquebrantable: “Entendí que
quejarse no cambiaría mi situación”.
Su romance con la música comenzó temprano. A los tres años, ya marcaba el ritmo con una lata detrás de su tío, quien tocaba el cuatro puertorriqueño. A los ocho años, ya viviendo en Nueva York, un ukulele en un campamento de verano fue la chispa que encendió su vocación. A partir de ahí, el autoaprendizaje se convirtió en su religión, practicando hasta 14 horas al día para emular a los grandes guitarristas de jazz. Inspirado por Ray Charles, Feliciano pensó: “Si Ray puede hacerlo, quizás yo también pueda”. No era una carrera, era una vocación impulsada por una fuerza interna inigualable.
El ascenso en un mundo que no estaba listo
En 1962, a los 17 años, José dejó la escuela para trabajar y ayudar a su familia. Su vida transcurría en cafés, donde pasaba el sombrero buscando propinas. Fue en 1965 cuando lanzó su primer álbum, “The Voice and Guitar of José Feliciano”, dando inicio a una carrera que incluiría más de 60 discos y una huella imborrable en la historia musical.
El éxito no tardó en llegar a nivel internacional. En 1966, el Festival de la Canción de Mar del Plata en Argentina le abrió las puertas de Latinoamérica. Con temas como “Poquita Fe” y “Usted”, Feliciano revitalizó boleros clásicos con su estilo único de guitarra acústica, convirtiéndose en un ídolo de la comunidad hispana. Su talento revolucionó el bolero con interpretaciones inolvidables como “Amor Gitano”, “La copa rota” y “La cárcel de Sing Sing”.
La gran controversia: El himno nacional
Si bien el éxito en Norteamérica llegó con su versión de “Light My Fire” en 1968, ese mismo año enfrentó el desafío más grande de su carrera. Invitado a cantar el himno nacional de Estados Unidos en la Serie Mundial de béisbol, José decidió imprimirle su propio sello: un ritmo más lento, blusero y profundamente personal.

La reacción fue inmediata y devastadora. En un país convulsionado por la lucha por los derechos civiles y la guerra de Vietnam, su interpretación fue tildada de “antipatriota”. Las radios dejaron de poner su música, se cancelaron contratos y llegó a temer por una posible deportación. A pesar de esto, con el tiempo, su atrevimiento fue reconocido como el punto de partida para que otros artistas pudieran estilizar el himno, convirtiéndolo en un pionero incomprendido que tuvo el valor de ser diferente en una época de rigidez extrema.
La inmortalidad de “Feliz Navidad”
¿Quién podría imaginar que una canción escrita como un homenaje a sus raíces se convertiría en un himno global? Lanzada en 1970, “Feliz Navidad” no solo es una de las 25 canciones navideñas más reproducidas de la historia, sino un símbolo de la integración cultural que José siempre ha defendido.
“La escribí para los latinos que venimos a Estados Unidos y que integramos los dos mundos”, confiesa. Para Feliciano, aprender inglés es una necesidad, pero conservar las raíces españolas es un orgullo. Lamenta profundamente que haya hijos de latinos que no hablen el idioma de sus padres, una postura que refleja su propia lucha por mantener su identidad intacta frente a la presión de la asimilación estadounidense.
Opiniones sin filtro sobre la música y la vida

Al ser consultado sobre el talento en la industria actual, Feliciano se muestra crítico. “Hoy, con tanta tecnología, muchos se hacen músicos”, sostiene, aunque reconoce a figuras como Juanes, Juan Luis Guerra, Shakira y Ricardo Arjona como verdaderos maestros de su arte. En cuanto al género urbano, es selectivo, destacando solo a unos pocos como Daddy Yankee o Calle 13 por su autenticidad musical, diferenciándolos de aquellos que, a su parecer, carecen de base técnica.
Su visión sobre la ceguera también ofrece una perspectiva única que desafía las percepciones comunes. “Un ciego no vive en la oscuridad”, afirma, argumentando que las personas videntes a menudo viven con los complejos y el racismo que él pudo notar claramente desde su llegada a Estados Unidos. “Si los ojos fueran la ventana del alma, no existiría el racismo”, reflexiona con sabiduría.
Hoy, José Feliciano se siente profundamente agradecido. A pesar de haber nacido en la pobreza absoluta, ha vivido una vida de éxitos, premios Grammy y el respeto de la Casa Blanca. Se mantiene firme en su humildad, criticando a aquellos artistas que, al alcanzar la fama, olvidan que es el público quien les da su lugar y los sostiene. Con una carrera que sigue vigente y un legado que ya es historia viva, Feliciano continúa siendo un testimonio de perseverancia. Nos recuerda que el verdadero talento, cuando se cultiva con pasión, trabajo duro y autenticidad, es capaz de iluminar hasta el lugar más oscuro del mundo. Su historia no es solo la de un músico, es la de un hombre que decidió, contra todo pronóstico, ver el mundo con los ojos del corazón.