¿Sabes que? La Unión Soviética ya está molesta con las críticas del Che y podría cortar la ayuda a Cuba. ¿Sabes que salvar al Che podría costar la supervivencia de la revolución cubana? Entonces, ¿qué haces? ¿Aries la vida de 11 millones de cubanos para salvar a un hombre o sacrificas a ese hombre para proteger a 11 millones? ¿Es eso traición o es eso responsabilidad? Esta pregunta no tiene respuesta fácil y Fidel tuvo que responderla en tiempo real bajo presión, sin certeza de cuál sería el resultado.
Pero antes de juzgar a Fidel, necesita saber algo más. Algo que cambió todo y que se revelaría solo décadas después, cuando los archivos de la CIA fueron desclasificados. Los archivos desclasificados de la CIA revelaron algo que cambió todo lo que creíamos saber sobre la muerte del Cheegev Vara. Documentos fechados entre abril y septiembre de 1967 muestran que la agencia estadounidense no solo sabía exactamente dónde estaba el Che en Bolivia, sino que interceptaba sistemáticamente todas sus comunicaciones de radio con La Habana.
Cada vez que el Che enviaba un mensaje pidiendo ayuda a Fidel Castro, la CIA lo escuchaba. Y algo más inquietante, los documentos sugieren que la CIA sabía que Fidel estaba recibiendo esos mensajes, pero no estaba respondiendo adecuadamente. Un memorándum de la CIA fechado el 15 de junio de 1967 dice textualmente, Guevara ha solicitado en tres ocasiones refuerzos, medicinas y equipos de comunicación mejorados.
Las solicitudes han sido recibidas en La Habana. Hasta la fecha no hemos observado ningún movimiento significativo de personal o equipo cubano hacia Bolivia. Otro documento del 22 de agosto añade, “Es evidente que Castro está proporcionando asistencia mínima a la operación de Guevara. Esto puede indicar que Castro considera la misión insostenible.
La CIA estaba documentando en tiempo real, lo que parecía ser un abandono deliberado. Retrocedamos al momento exacto en que el Che hizo su primera llamada desesperada. Era el 26 de abril de 1967. El Che y sus hombres habían estado sin comida durante 5 días. Habían perdido contacto con su columna secundaria. Dos de sus guerrilleros habían muerto en una emboscada.
Y lo peor de todo, el asma del Che estaba empeorando peligrosamente. Esa noche, el Che encendió su radio de onda corta y intentó contactar a La Habana. Después de varios intentos logró establecer conexión. El mensaje que envió era breve. pero desesperado. Solicitaba que se le enviaran inhaladores para el asma, antibióticos, equipos de comunicación de repuesto y si era posible.
10 guerrilleros adicionales entrenados. La respuesta de La Habana llegó tres días después. Fidel Castro personalmente redactó el mensaje. Decía que las medicinas estaban siendo preparadas y que serían enviadas a través de la reurbana de apoyo en la paz. Sobre los refuerzos, el mensaje era ambiguo. Fidel escribió que estaba evaluando la situación y que tomaría una decisión pronto.
El Che recibió este mensaje con una mezcla de alivio y frustración. Al menos Fidel estaba respondiendo, pero la respuesta era insuficiente. No había compromiso firme sobre los refuerzos. Las medicinas llegaron 5co semanas después. Varios de los inhaladores habían caducado y ya no eran efectivos. La situación del Che se había deteriorado tanto que las medicinas ya no eran suficientes.
Necesitaba evacuación médica, no solo medicamentos. El Che escribió en su diario el 3 de junio de 1967, “Las medicinas llegaron, pero muchas están vencidas. Es evidente que alguien en La Habana no está prestando suficiente atención o es incompetencia o es negligencia deliberada. Prefiero creerlo primero.
La segunda llamada de auxilio vino el 18 de julio. Para entonces, la situación era crítica. El grupo del Che había sido reducido a 23 hombres. Habían perdido contacto permanente con la columna secundaria. Los campesinos Lers colaboraban activamente con el ejército boliviano. El Partido Comunista Boliviano había declarado públicamente que no apoyaba la guerrilla del Che.
El Che estaba completamente aislado, rodeado por un ejército que se hacía más eficiente cada día. En su segunda llamada, el chef fue mucho más directo. Ya no pedía, exigía. Necesitaba una ruta de evacuación establecida hacia Chile o Argentina. Necesitaba contactos confiables en las ciudades bolivianas.
Necesitaba al menos 20 guerrilleros adicionales y necesitaba que Fidel usara su influencia con la Unión Soviética para presionar al gobierno boliviano. El Che, que siempre había sido orgulloso e independiente, estaba admitiendo implícitamente que había fracasado y que necesitaba ser rescatado. La respuesta de Fidel a esta segunda llamada tardó dos semanas en llegar y cuando llegó fue devastadora.
Fidel escribió que establecer una ruta de evacuación era imposible porque tanto Chile como Argentina habían intensificado su vigilancia fronteriza. Sobre los contactos urbanos, Fidel informó que la red de apoyo había sido infiltrada por la inteligencia boliviana. Sobre los refuerzos militares, Fidel fue brutalmente honesto.
Escribió que enviar 20 guerrilleros adicionales requeriría una operación logística masiva que inevitablemente sería detectada por la CIA. Y si la CIA documentaba que Cuba estaba enviando tropas a Bolivia, el gobierno estadounidense tendría la justificación perfecta para tomar acciones militares contra Cuba, finalmente sobrepresionar a la Unión Soviética.
Fidel explicó que los soviéticos ya estaban extremadamente molestos porque el Che había criticado públicamente su política exterior. Los soviéticos consideraban al Che un problema y no tenían ningún interés en ayudarlo. De hecho, los soviéticos habían advertido a Fidel que si Cuba continuaba apoyando aventuras guerrilleras en América Latina, Moscú reconsideraría su ayuda económica y esa ayuda era vital.
Kube dependía de los soviéticos para petróleo, alimentos y subsidios que mantenían la economía a flote. Sin ayuda soviética, Cuba colapsaría. El Cheleyó esta respuesta y entendió perfectamente lo que Fidel estaba diciendo entre líneas. Fidel no iba a arriesgar la supervivencia de Cuba para salvar la misión boliviana. No iba a arriesgar 11 millones de vidas cubanas por 17 guerrilleros.
Era el dilema del tranvía llevado a su expresión más cruda. Y Fidel había tomado su decisión. Sacrificaría al Che para salvar la revolución cubana. Pero, ¿era eso traición o era simple cálculo pragmático? En agosto de 1967 ocurrió algo que hizo la situación aún más desesperada. Tania, la única agente de inteligencia que servía de enlace entre el Che y la Habana, murió en una emboscada del ejército boliviano.
Tania, cuyo nombre real era Tamara Bank, era una argentina nacida en Alemania del Este que había sido entrenada por la inteligencia cubana. Ella conocía todos los contactos, todas las rutas seguras, todos los códigos de comunicación. Cuando murió el 31 de agosto, el che quedó completamente ciego, sin información, sin forma de recibir suministros, sin manera de enviar mensajes efectivos a La Habana.
La muerte de Tania tuvo otro efecto psicológico devastador. En el Che, el Itania habían desarrollado una relación cercana durante los meses en la selva. Algunos historiadores sugieren que era romántica. Lo que es indudable es que el Che confiaba en Tania más que en casi nadie más en Bolivia. Cuando murió, el che escribió en su diario, “Hoy perdimos a Tania. Perdimos más que una compañera.
Perdimos nuestra conexión con el futuro. Ahora estamos verdaderamente solos. La tercera y última llamada de auxilio llegó el 20 de septiembre de 1967. Para entonces, el grupo del Che había sido reducido a 17 hombres. estaban en constante movimiento, persegidos día y noche por el ejército boliviano, que ahora contaba con la asesoría directa de boinas verdes estadounidenses.
Estos boinas verdes habían entrenado a un batallón de élite del ejército boliviano, específicamente para operaciones contra guerrillas. Los bolivianos habían aprendido rápido. Sus emboscadas eran cada vez más efectivas y tenían helicópteros de reconocimiento que podían detectar campamentos desde el aire.
En su tercera llamada, el Chellá no exigía ni pedía, simplemente informaba. Su mensaje era corto. Situación insostenible. Estamos rodeados. Solicito autorización para intentar romper cerco y evacuar hacia Chile. Reconozco que misión ha fracasado. Era una admisión de derrota total. Elegevara, el guerrillero legendario que había ayudado a derrocar a Batista, estaba admitiendo que había fallado y estaba pidiendo permiso para huir.
La respuesta de Fidel a esta tercera llamada nunca llegó. O más precisamente, si llegó, el Che nunca la recibió porque fue capturado antes. El 8 de octubre de 1967, apenas 18 días después de su última transmisión, El Che y sus hombres fueron emboscados en la quebrada del yuro. Estaban exhaustos, hambrientos, enfermos. El podía respirar adecuadamente debido al asma.
Sus botas estaban completamente destruidas. Cuando los soldados bolivianos los rodearon, intentaron defenderse, pero fue inútil. Estaban superados 10 a un. Durante el tiroteo, el che recibió un impacto de bala en su pierna. Trató de seguir disparando, pero su rifle se atascó. Un soldado boliviano le gritó que se rindiera.
El Che, según el testimonio del soldado, respondió, “No disparen. Soy el Cheegevara y valgo más vivo que muerto. Fue capturado y llevado a la escuela del pueblo de la higuera. Allí pasó su última noche. Los soldados le dieron agua y un poco de comida. El che preguntó si podría hablar con un sacerdote. Le dijeron que no había ninguno disponible.
Entonces pidió papel y lápiz para escribir una última carta. También le negaron eso. Pasó la noche sentado en el piso de tierra, las manos atadas. Al día siguiente, 9 de octubre de 1967, llegaron las órdenes desde La Paz. El presidente boliviano René Barrientos, había decidido que el Che debía ser ejecutado inmediatamente.
No habría juicio, no habría prisión. Barriento sabía que si Elche Che llegaba vivo a la paz, las presiones internacionales para liberarlo serían inmensas. Era más simple ejecutarlo en secreto y presentarlo como muerto en combate. Ahora piensa de nuevo en el dilema moral. Imagina que eres Fidel Castro sentado en su oficina en La Habana el 9 de octubre de 1967.
Recibes la noticia de que el Che ha sido capturado. Sabes que será ejecutado en cuestión de horas. ¿Todavía tienes tiempo para hacer algo? Podrías llamar al embajador soviético y pedirle que Moscú presione a Bolivia. Podrías amenazar públicamente con romper relaciones con cualquier país que apoye la ejecución.
Podrías intentar algo, pero también sabes que cualquier acción será interpretada por Estados Unidos como una escalada. ¿Qué haces? ¿Intentas salvar al Che sabiendo que puedes desencadenar una crisis o dejas que la historia siga su curso? Fidel Castro no hizo nada. Cuando llegó la noticia de la captura del Che, Fidel convocó una reunión de emergencia con sus asesores.
Discutieron opciones durante varias horas. Al final, según testimonios, Fidel tomó la decisión de no intervenir. Su argumento fue que cualquier intento de rescate llegaría demasiado tarde y solo complicaría la situación de Cuba sin salvar al Cheé. Era una decisión fría, calculada, pragmática. Era la decisión de un político, no de un amigo.
A las 13:10 del 9 de octubre de 1967, el sargento Mario Terán entró en la escuela de la higuera. Estaba borracho. Llevaba un rifle M2 en vía automático. El Chelo miró y dijo sus últimas palabras. Sé que vienes a matarme. Dispara, cobarde. Solo vas a matar a un hombre. Terán disparó. Primera ráfaga en las piernas, segunda en el pecho, tercera en el brazo. El che cayó.
Tardó varios minutos en morir. Nadie se atrevió a darle el tiro de gracia. Simplemente esperaron a que se desangrara. Así terminó la vida de Ernesto Cheegevara a los 39 años, cuando Fidel Castro recibió la confirmación de la muerte del Che lloró. Testimonios dicen que Fidel se encerró en su oficina durante horas.
Algunos dicen que lloró de verdadera tristeza, otros sugieren que lloró de culpa y otros más cínicos proponen que lloró por conveniencia política. La verdad probablemente es una mezcla de las tres. Fidel era humano, había perdido a su amigo, pero también era político y sabía cómo usar esa pérdida. Tres días después de la muerte del Cheegevara, Fidel Castro subió al podio en la plaza de la revolución frente a un millón de cubanos.
leyó públicamente por primera vez la carta de despedida que el Che había escrito 2 años antes. En esa carta, El Che renunciaba a todos sus cargos, a su ciudadanía cubana y declaraba que se iba a luchar por la revolución en otros países. Mientras Fidel leía, las lágrimas corrían por su rostro. Su voz se quebraba, la multitud lloraba con él, pero había algo que nadie sabía.
Fidel había guardado esa carta en secreto durante 2 años. El Chel había escrito con la intención de que fuera leída solo si él moría, pero Fidel había hecho pública mientras el Che todavía estaba vivo en Bolivia en octubre de 1965. ¿Por qué? Porque al hacerla pública, Fidel estaba enviando un mensaje político.
Estaba diciendo que el Che había renunciado voluntariamente, que si algo le pasaba no era responsabilidad de Cuba, era una forma de proteger a Cuba, pero también era una forma de abandonar al Che. Ahora volvamos al dilema moral. Tú eres Fidel Castro en 1967. Tu mejor amigo está muriendo en Bolivia. te pide ayuda.
Tú tienes el poder de ayudarlo. Podrías enviar refuerzos, podrías presionar a los soviéticos, pero hacer eso pondría en riesgo a Cuba. La CIA está vigilando. Los soviéticos están molestos. Estados Unidos busca una excusa para invadir. Si ayudas al Che, arriesgas 11 millones de vidas cubanas. Si no lo ayudas, condenas a un hombre a muerte.
¿Qué haces? Esta es la misma pregunta que el profesor de Harvard hizo sobre el tranvía. ¿Es moralmente justificable sacrificar una vida para salvar cinco o 5,000 u 11,000? La mayoría dice que sí. Mejor que muera uno para que cinco vivan. Es matemática moral, es utilitarismo puro. Pero cuando la pregunta se complica, cuando tienes que empujar personalmente al hombre gordo, la respuesta cambia.
Porque hay algo en nosotros que reconoce que matar activamente a alguien es diferente de dejar que alguien muera. Fidel Castro enfrentó exactamente ese dilema. Podría haber dejado que el Che muriera sin hacer nada o podría haber intervenido activamente para salvarlo sabiendo que eso pondría en peligro a Cuba. Fidel eligió no hacer nada.
Pero, ¿fue eso realmente no hacer nada? Porque Fidel sí hizo cosas. Envió medicinas, aunque llegaron tarde y vencidas. Prometió refuerzos que nunca llegaron. Eso cuenta como matar activamente o como dejar morir pasivamente. La línea no es clara. Hay quienes argumentan que Fidel traicionó al Che, que sacrificó conscientemente a su amigo para proteger su propio poder, que pudo haber hecho más.
Estos críticos señalan que Fidel mantuvo el poder durante 49 años después, que vivió hasta los 90 mientras el Che murió a los 39, que usó la imagen del Che para fortalecer su régimen. El Che se convirtió en un mártir útil, más útil muerto que vivo. Pero otros argumentan que Fidel hizo lo correcto, que un líder debe tomar decisiones difíciles, que sacrificar a un hombre para salvar a millones no es traición, es responsabilidad.
que El Che había aceptado los riesgos, que Fidel tenía la obligación de proteger a Cuba, no de salvar misiones suicidas. Estos defensores argumentan que Fidel lloró de verdad porque había perdido a su amigo, pero hizo lo que tenía que hacer como líder. Entonces, ¿quién tiene razón? La respuesta incómoda es que ambos pueden tener razón o ambos estar equivocados.
Este no es un dilema con una respuesta correcta única. Es un conflicto entre dos principios éticos. igualmente válidos. Por un lado, la lealtad personal. Fidel le debía lealtad al Che. Eran hermanos de armas. Abandonar al Che violaba ese vínculo. Por otro lado, la responsabilidad colectiva. Fidel era el líder de Cuba, tenía que proteger a 11 millones de personas.
Arriesgar un país por salvar a un hombre sería irresponsable. Lo que hace este caso particularmente complejo es que no sabemos con certeza qué habría pasado si Fidel hubiera ayudado al Cche. Quizás Estados Unidos realmente habría invadido Cuba o quizás no. Quizá los soviéticos habrían cortado toda ayuda o quizás habrían aceptado la situación.
Fidel tomó su decisión basándose en probabilidades, en cálculos de riesgo, pero no tenía certeza. Nadie la tiene cuando enfrenta decisiones así. Y aquí está la pregunta final que debes responder tú no como observador histórico, sino como ser humano que enfrenta dilemas morales todos los días. ¿Cuándo tienes que elegir entre lealtad a un amigo y responsabilidad hacia muchos? ¿Qué eliges? ¿Cuándo tienes que decidir si sacrificar a uno para salvar a muchos como decides? Y más importante aún, ¿cómo vives después con esa
decisión? Fidel Castro vivió 49 años después de la muerte del Che. En entrevistas posteriores, cuando le preguntaban sobre el Che, siempre hablaba con cariño, con respeto, con admiración, pero nunca admitió directamente que pudo haber hecho más para salvarlo. Nunca dijo lo siento. Tampoco dijo, hice lo correcto.
Simplemente hablaba del Che como un héroe, como un mártir. Era su forma de vivir con la decisión que había tomado. Era su forma de reconciliar la lealtad que sentía con la responsabilidad que había elegido. El filósofo alemán Imanulkent dijo que hay ciertos actos que son categóricamente incorrectos, sin importar las consecuencias.
Matar a un inocente siempre está mal, incluso si salvas a Maes. El filósofo inglés John Studmill dijo lo contrario, que la moralidad se mide por las consecuencias, que si matar a uno salva a 1000, es tu deber moral hacerlo. Fidel Castro eligió a 1000 sobre Kant, eligió las consecuencias sobre los principios, eligió el pragmatismo sobre la pureza moral.
Pero el Cheegevara habría elegido diferente. El Che era un cantiano. Creía en principios absolutos. Creía que hay cosas que nunca debes hacer sin importar las consecuencias. Por eso fue a Bolivia sabiendo que probablemente moriría. Por eso rechazó compromisos con los soviéticos. Para el Che, traicionar los principios era peor que morir.
Para Fidel, morir por principios cuando puede sobrevivir con pragmatismo era un desperdicio. Estas dos filosofías de vida colisionaron en las montañas de Bolivia en 1967 y el resultado fue la muerte del Che. Pero antes de juzgar a Fidel Castro. Antes de decidir si fue un traidor o un líder responsable, pregúntate esto.
¿Qué habrías hecho tú si fueras el conductor del tranvía? Si tuvieras el poder de salvar a tu amigo, pero solo al costo de arriesgar a millones, si supieras que cualquier decisión que tomes te persegirá el resto de tu vida, ¿qué harías? No hay respuesta correcta, solo hay la respuesta que tú das y tendrás que vivir con ella.
Como Fidel Castro vivió con la suya durante 49 años, como todos nosotros vivimos con las decisiones morales imposibles que tomamos cada día. La diferencia es que la mayoría de nosotros nunca tendremos que tomar una decisión que cueste una vida. Fidel si tuvo que hacerlo y eligió, y el cheegue barar pagó el precio.