Las mismas leyendas que admiró desde niño le rinden públicamente [música] su respeto. Una camiseta de Guty y una visita del mismísimo [música] Cristiano Ronaldo a su olvidado pueblo cambiaron su vida para siempre. A continuación, la emotiva y también sufrida [música] historia de superación de Cabisha Cabarasquelia, el trabalenguas del fútbol.
Les habla como siempre su humilde servidor en Mahoo, que sin más preámbulo empecemos. Para entender a este fenómeno tenemos [música] que viajar al 12 de febrero del año 2001 en Tilisi, la capital [música] de Georgia. Cavisha no eligió el fútbol, el fútbol lo eligió a él. Su padre, Badri Carabasquelia [música] fue un delantero respetado en Azerbaián y Georgia.

Su apodo era el de cabisha y se le conocía [música] como futbolista. El tiempo pasó y cuando nació el pequeño Carabasquelia, su familia [música] le puso por nombre el apodo famoso de su papá Cabisha. De allí viene su impronunciable nombre. Casi que de manera profética, Carabasquel ya había llegado al mundo con la bendición de ser futbolista [música] como su papá.
Creció viendo por la televisión al extrañado Real Madrid de los primeros galácticos. [música] Pero Carabasquelia no quería ser ni Sidán, ni Becan, ni Figo, ni mucho menos Ronaldo. Carabasquelia admiraba casi con una obsesión enfermiza a José María Gutiérrez. Sí, el famoso y rebelde Guti. Esa magia, esa velocidad, esa visión de juego que Guti tenía en el Madrid hacía parecer que tuviese ojos en sus espaldas.
Era un jugador adelantado a su época, un rebelde sin causa [música] dentro y fuera del campo. Carabasquelia quería ser él. Lo admiraba tanto que a pesar de que no vendieran camisetas del Real Madrid en [música] aquella lejana población donde vivía, decidió tomar varias camisetas blancas de la escuela, tomó un marcador y dibujó el número 14 de [música] Guty y su nombre en la espalda.
Tiempo después, el mismo Guty le enviaría su propia camiseta firmada. Los sueños [música] están para cumplirse, hermanos. Pero bueno, no nos adelantemos. en los patios de su barrio desarrolló [música] ese estilo que hoy nos vuelve locos. Ese cambio de ritmo súbito, esa capacidad casi mágica de esconder el balón como si estuviera atado a sus pies.
Aprovecha cada milímetro del cespet para hacer lo [música] suyo. No puedes darle 1 centímetro de ventaja porque te terminará rompiendo las redes. Ese tipo de jugadores [música] que suelen inventarse algo cuando el partido ya está muerto. Su ascenso en Georgia fue meteórico. [música] A los 15 años ya estaba debutando en el dinamo de Tbilisi, el club más grande de aquel humilde país.
En uno de los entrenamientos, el [música] técnico decide llamar a todos los adolescentes para que se reunieran en el centro del campo, ya que alguien [música] los iría a visitar. ¿Y quién sería? Pues el mismísimo Cristiano Ronaldo, el comandante en su plena [música] era prime con el Real Madrid. Esa visita de Cristiano al humilde [música] club de Carabasquelia repotenció la fuerza de voluntad y los deseos de aquel humilde cabicha por trascender a su vida con [música] la pelota.
Le prometió a Cristiano que trabajaría fuerte porque llegaría el día donde estaría [música] con él tú a tú en el campo e intercambiarían camisetas. Dicho y hecho, casi 10 años después, Carabashkelia intercambió [música] la camiseta con el comandante en un partido ante Portugal. Como lo dije hace un momento, los sueños están para cumplirse.
El talento de Carabaskelia era demasiado grande [música] para una liga que ya le quedaba pequeña antes de empezar. Pasó por diversos clubes buscando que algúnador lo recomendara a clubes más grandes. Poco a poco empezó a forjar su apodo de leyenda [música] oculta. Fue a dar a Rusia con el rubín kamassam.
Ya era de costumbre que fuese una pesadilla para los contrarios. [música] La pregunta era, ¿por qué no trascendía? ¿Por qué un Arsenal o un Bayern o una Juve no lo fichaba? Tristemente, Carabashkelia sufría lo que sufren [música] muchas de las estrellas ocultas alrededor del planeta. Sí, la nacionalidad. Si no eres brasileño, argentino, portugués, inglés o francés, difícilmente te tomarán en cuenta.
El talento de Kabisha estaba adelantado a su edad, pero el hecho de que sea un humilde chico de un país como Georgia le sembraba dudas a los casatalentos. Se negaban a la idea de que un chico georgiano [música] podría adaptarse a la élite absoluta de Europa. Ya con 20 años de edad, su carrera corría el peligro de poder estancarse si no lograba subir de nivel.
Ahora para más estallaba el conflicto entre Rusia [música] y Ucrania, Carabasquel ya jugaba en Rusia y tuvo que literalmente huir del país. No sabía qué hacer. Durante unos meses, el mejor talento joven de toda Europa se encontraba jugando en una liga menor de su pueblo natal [música] otra vez en medio de estadios pequeños.
Allí estaba esperando [música] una llamada milagrosa. Sería entonces cuando Willy Sañol, una leyenda francesa en la época de Sidá y entrenador ahora de Georgia, decidió tenderle la mano. Llamó a contactos que [música] tenían muchos clubes. Todos dudaron de él, pero hubo una casa [música] que sí le abrió las puertas. El Npoli.
Con una visión que hoy parece profética, el Napoli fichaba a su segundo Mesías desde la era de Maradona por tan solo 10 millones de euros. Una cifra que al sol de hoy [música] parece un error por lo baja que es. Se llevaron al jugador que cambiaría su [música] historia para siempre. Debutaría en el mítico estadio Diego Armando Maradona.
marcó un gol y dio una asistencia en aquella victoria [música] 5 a do liberaron a la bestia. Desde ese primer partido contra el Verona quedó claro [música] que algo especial estaba pasando. Kabisha no jugaba al [música] fútbol, lo sentía. Su conexión con el otro Mesías africano, como lo fue Víctor Ochimen, se convirtió en la sociedad más letal del continente.
Juntos desmantelaron a la Juventus 5 a1 en la Liga italiana. Humillaron a Liverpool 4 a 1 en Champions y en la Serie A pusieron a toda Italia a sus pies. En esa temporada del 20222023, el sueño maradoniano se hizo realidad. El Napoli volvió a ganar el escudeto, la Liga italiana. Esto después de 33 años de sequía. La ciudad estalló.
Los napolitanos [música] saltaron enardecidos al campo. El júbilo en Italia retumbaba hasta la mismísima Argentina. Las banderas con el rostro de Carabashquelia se hondiaban en conjunto con las de Maradona. Después de ese año nacería su apodo de Cabaradona. Para Carabashkelia era un honor.
