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¿Fe o fanatismo? Lo que ocurre con Carlo Acutis en el Vaticano

Fe o fanatismo.  Esa es la pregunta que muchos fieles se hacen cuando observan lo que está pasando en torno a Carlo Acutis en el Vaticano. Para algunos este joven beato es un ejemplo luminoso de fe en los tiempos modernos. Para otros, la devoción que lo rodea está cruzando un límite delicado y en lugar de alimentar la fe, corre el riesgo de transformarse en un culto casi obsesivo.

 Y aquí es donde surge la duda que hoy queremos explorar juntos. ¿Dónde está la frontera entre el amor sincero a un testimonio de santidad y el fanatismo que nos aleja del verdadero mensaje de Cristo? Carlo Acutis fue un joven italiano que falleció con solo 15 años, pero dejó una huella imborrable por su pasión por la Eucaristía y la tecnología al servicio de la evangelización.

 Su tumba en Asís se ha convertido en un lugar de peregrinación masiva. Cada día llegan familias, jóvenes y ancianos que se arrodillan frente a él. Algunos rezan en silencio, otros dejan cartas y otros tantos lloran como si estuvieran ante un santo canonizado hace siglos. La emoción es tan fuerte que incluso ha habido reportes de personas que le piden favores casi como si se tratara de un amuleto.

 Y es aquí donde surge la primera tensión. ¿Estamos siguiendo el ejemplo de fe que Carlo quiso transmitir o estamos cayendo en exageraciones? Porque la misma Biblia nos advierte, no tendrás dioses ajenos delante de mí. Éxodo, capítulo 20, versículo 3. Esa línea bíblica es un recordatorio claro. La fe auténtica tiene que estar siempre centrada en Dios, no en la criatura, por más ejemplar que esta haya sido.

 Esto no significa que la Iglesia esté cerrando los ojos. De hecho, el Papa León ha llamado repetidamente a que se viva la devoción a Carlo Acutis con madurez y sin desviarse del verdadero propósito, inspirar una vida más cercana a Cristo. Pero, ¿qué pasa cuando los fieles confunden veneración con idolatría? Una cosa es reconocer la vida ejemplar de un joven y pedir su intersión y otra muy distinta es convertirlo en el centro de nuestra fe.

 Quienes han visitado la tumba de Carlo cuentan escenas muy distintas. Una mujer decía, “Aquí siento paz y esperanza, como si me recordara que la fe es sencilla y joven.” Otra, en cambio, relataba, “Si toco su tumba, sé que mi enfermedad desaparecerá. Esas dos frases muestran la tensión entre la fe confiada y el fanatismo que promete milagros automáticos.

 El equilibrio es lo que está en juego. Jesús mismo dijo, “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.” Evangelio de Lucas, capítulo 9, versículo 23. Esa es la esencia, seguir a Cristo, no poner nuestra confianza absoluta en alguien más, aunque ese alguien sea un beato que la Iglesia nos propone como ejemplo.

 Por eso hoy vamos a profundizar en este tema con calma. Veremos cómo nació esta devoción, cómo está creciendo dentro y fuera del Vaticano, qué peligros puede tener cuando se confunde la fe con la idolatría y sobre todo, ¿qué podemos aprender de Carlo sin perder el rumbo? Y te aseguro algo, al final de este video vas a tener una mirada más clara y equilibrada sobre lo que significa vivir la fe sin caer en exageraciones.

 Para entender mejor lo que ocurre con Carlo Acutis en el Vaticano, necesitamos mirar cómo nace esta devoción. No fue algo planeado ni mucho menos forzado. Carlo era un joven de fe sencilla, un chico normal que amaba el internet, los videojuegos y los perros, pero al mismo tiempo tenía una pasión enorme por la Eucaristía.

 Su frase más famosa lo resume todo. La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo. Y esa frase, repetida miles de veces en redes sociales, terminó convirtiéndose en una chispa que encendió la admiración de millones. El Vaticano reconoció su testimonio y lo beatificó, pero lo que nadie esperaba era la velocidad con que la gente lo adoptó como una especie de referente inmediato, casi como si se tratara de un santo universal.

 Y ahí está la primera alerta. No estamos saltando pasos. La iglesia con sabiduría tiene procesos largos y cuidadosos para la canonización. Sin embargo, muchos fieles ya lo tratan como San Carlo Acutis, algo que todavía no es oficial. El Papa León ha sido muy claro en este punto. En varias ocasiones ha dicho que Carlo es un modelo especialmente para los jóvenes, pero que la fe no debe confundirse con modas o entusiasmos pasajeros.

 Es cierto que la figura de Carlo atrae, emociona y despierta esperanza. Pero la fe cristiana no es un fenómeno viral. Jesús no necesita tendencias. Él mismo dijo, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Evangelio de Mateo, capítulo 24, versículo 35. Y es ahí donde aparece el dilema. ¿Qué pasa cuando la gente acude al santuario de Carlo con la idea de que basta con tocar su tumba o mirar sus reliquias para recibir milagros? En Asís ya se han reportado grupos de personas que intentan llevarse pedacitos de tierra o recuerdos como si fueran

objetos mágicos. Incluso hay quienes coleccionan fotos de Carlo como si fueran estampitas con poderes especiales. Esto para muchos creyentes maduros genera una profunda preocupación. El problema no es Carlo, porque él nunca buscó fama ni veneración. El problema es cómo algunos fieles interpretan su figura.

 Y aquí es cuando recordamos otra advertencia bíblica. Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios. Primera carta de Juan, capítulo 4, versículo 1. En otras palabras, no todo lo que se siente espiritual realmente lo es. Hay que discernir, separar lo verdadero de lo exagerado, pero no todo es negativo.

 Hay muchísimos testimonios de fe sencilla y auténtica gracias a Carlo. Jóvenes que se confiesan después de años alejados, adultos que vuelven a la misa dominical, familias que se reconcilian. Ese es el fruto bueno. Sin embargo, también aparecen excesos, personas que viajan hasta tres veces en un mes para verlo, gastando lo que no tienen o quienes ponen a Carlo por encima del mismo Cristo en sus oraciones.

 La devoción debe llevarnos a Cristo, no alejarnos de él. Y aquí está la clave que el Papa León insiste en remarcar. Carlo Acutis es un puente, un ejemplo, un espejo, pero el centro sigue siendo Jesús. Si olvidamos eso, entonces ya no hablamos de fe, sino de fanatismo. Y lo más preocupante es que el fanatismo siempre termina dividiendo.

 Algunos empiezan a discutir sobre quién cree de verdad en Carlo y quién no, como si la salvación dependiera de eso. En comunidades católicas de distintos países ya se escuchan debates tensos. Unos dicen, “Si no veneras a Carlo, no entiendes la fe moderna.” Otros responden, “Eso es puro show. La fe no necesita nuevos héroes. Esa polarización es peligrosa porque divide en lugar de unir.

 Por eso, necesitamos mirar con calma lo que ocurre y preguntarnos cómo vivir la fe de manera sana sin caer en extremos.” Esa es la gran reflexión que vamos a seguir desmenuzando. El gran desafío que estamos viendo con Carlo Acutis no es su figura en sí, sino lo que está pasando alrededor de ella. La pregunta es directa, ¿cómo se convierte una devoción en fanatismo? Y la respuesta, aunque incómoda, es sencilla.

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