El ingeniero que diseñó las compuertas hidráulicas del narcotúnel estudió en el Tecnológico de Veracruz. Se graduó con honores. Su tesis fue sobre sistemas de control de flujo en presas hidroeléctricas. Diseñó compuertas para una presa en Puebla que regula el caudal de un río que abastece a 200,000 personas y después diseñó las compuertas que impiden que el río Papaloapan inunde un túnel de 300 m que el CJNG excavó debajo del lecho del río para cruzar armamento seco de una orilla a la otra sin tocar un solo puente, un solo retén,
una sola carretera donde la Sedena pudiera interceptarlos. Las compuertas del narcotúel funcionan con el mismo principio que las compuertas de la presa de Puebla, el mismo ingeniero, la misma física, la misma precisión hidráulica. La diferencia es que las compuertas de la presa protegen a 200,000 personas de una inundación y las compuertas del túnel protegen cargamentos de rifles y cocaína de la humedad de un río que pasa 6 met por encima del techo del túnel.
El río Papaloapan es el tercer río más caudaloso de México. Nace en la sierra de Oaxaca, cruza Veracruz de oeste a este y desemboca en el Golfo de México después de recorrer más de 300 km de llanuras tropicales, que son algunas de las tierras más fértiles del país. Caña de azúcar, piña, plátano ganado. La cuenca del Papaloapan es el trópico húmedo mexicano en su expresión más abundante, agua, vegetación, calor y la fertilidad de una tierra que produce todo lo que le siembras.
El Papaloapan también es una frontera natural. Separa municipios, separa comunidades, separa territorios de control del narcotráfico. Cruzar el río sin usar los puentes principales significa evitar los puntos donde las fuerzas de seguridad instalan retenes. El Papaloa Pan tiene una historia que va más allá del narcotráfico y que necesito contar brevemente para que entiendas la magnitud de lo que el CJ le hizo a este río.
El Papaloapan significa río de mariposas en Nuatu. Los pueblos originarios de la cuenca lo consideraban sagrado, un río que daba vida a la tierra más fértil de Mesoamérica, que alimentaba peces que sostenían a miles de familias y que cada año se desbordaba para fertilizar las llanuras con sus sedimentos como el Nilo fertilizaba Egipto.
El papaloapán era abundancia, vida y renovación. En el siglo XX, el gobierno federal construyó la presa Cerro de Oro en la cuenca alta del Papaloapán para controlar las inundaciones que cada septiembre devastaban la región. La presa inundó tierras ancestrales de comunidades chinantecas y mazatecas que fueron desplazadas sin consulta ni compensación adecuada.
Miles de personas perdieron sus tierras, sus casas y su relación con el río que los había alimentado durante generaciones. La presa controló las inundaciones, pero destruyó comunidades. Y ahora el CJNG perforó el lecho del río para pasar droga por debajo. Otro acto de violencia contra el Papaloapán. Otra agresión a un río que los pueblos originarios consideraban sagrado y que el progreso y el crimen tratan con la misma indiferencia.
La perforación del lecho del río genera riesgos ambientales que los ingenieros de la Marina están evaluando. El túnel alteró la estructura geológica del lecho fluvial en el punto de cruce. Las vibraciones de la excavación pueden haber debilitado las capas de sedimento y roca que forman el fondo del río.
Si el lecho se hunde en el punto del túnel, puede generar un cambio en el patrón de flujo del río que afecte la navegación, la pesca y el ecosistema acuático de la zona. Los biólogos de CONAGA que inspeccionaron el sitio después del operativo encontraron que la construcción del túnel alteró el hábitat de varias especies de peces y crustáceos que viven en el lecho del Papaloapan.
La excavación removió toneladas de sedimento que se depositaron río abajo cubriendo las zonas de desobe de especies como el robalo y la mojarra, que son la base de la economía pesquera de las comunidades ribereñas. Los pescadores de la zona reportaron que desde hace 2 años el río no da lo que daba antes en la zona cercana al túnel.
Ahora saben por qué. Los puentes son cuellos de botella. Una camioneta cargada de armas que cruza un puente sobre el Papaloapan tiene que pasar por donde la Guardia Nacional puede estar esperando. El CJNG necesitaba una forma de cruzar el río sin usar los puentes y la encontró debajo del río. El túnel fue descubierto por un buzo de la marina que hacía un recorrido de inspección rutinaria en el lecho del río, buscando restos de embarcaciones hundidas y desechos que obstruyen la navegación fluvial. El buzo descendió a 6 m de
profundidad en un punto del río donde el cauce se ensancha y la corriente se vuelve lenta. El lecho del río en ese punto es de sedimento arcilloso, blando, con rocas dispersas y troncos sumergidos. El buzo nadaba sobre el fondo inspeccionando los obstáculos cuando su linterna iluminó algo que no correspondía.
una superficie plana, vertical, de concreto que salía del lecho del río como una pared. El buzo se acercó. Era una pared de concreto de unos 3 m de ancho por dos de alto, empotrada en el sedimento del lecho del río y en el centro de la pared había una compuerta de acero con bisagras industriales cerrada con un mecanismo de cierre que el buzo identificó como hidráulico por los cilindros de acero que sobresalían a los lados.
La compuerta estaba pintada del color del sedimento del río, un marrón verdoso que la hacía casi invisible contra el fondo arcilloso. Si el buzo no hubiera pasado con la linterna a menos de un metro de distancia, la habría confundido con una roca. El buso tomó las coordenadas, subió a la superficie, reportó y la marina activó un protocolo de investigación que en tres semanas mapearía el túnel completo, identificaría sus dos accesos terrestres y planificaría el operativo que terminaría con 81 detenidos y un decomiso, que incluye lo que los peritos
describieron como el sistema de ingeniería hidráulica más sofisticado que se ha encontrado en un túnel del narcotráfico en México. El túnel tiene 300 m de longitud. Sale de una propiedad rural en la orilla sur del Papaloapan. Cruza por debajo del lecho del río a una profundidad de entre 6 y 8 m bajo el nivel del agua y emerge en una propiedad rural en la orilla norte.300 m de túnel excavado en arcilla y roca sedimentaria, revestido con concreto armado, con piso de concreto nivelado, con iluminación eléctrica, con ventilación forzada y con un sistema de tres compuertas hidráulicas que dividen el túnel en cuatro secciones estancas. Las compuertas son el corazón de este caso, son lo que hace de este túnel algo diferente a cualquier otro narcotúel que se haya descubierto en México.
Y son lo que me va a tomar más tiempo explicar porque la ingeniería detrás de ellas es tan sofisticada como perturbadora. El problema que el CJNG enfrentaba al construir un túnel bajo un río es el agua. Un túnel bajo tierra tiene que lidiar con filtraciones. El agua subterránea se filtra por las paredes y por el techo y hay que bombearla constantemente para mantener el túnel seco.
Eso ya es difícil, pero un túnel bajo un río multiplica el problema por 100. El río Papaloapan carga millones de litros de agua por encima del techo del túnel. La presión hidrostática a 6 m de profundidad es considerable y si el revestimiento de concreto tiene una grieta, una fisura, un punto débil, el agua del río entra al túnel con una fuerza que puede inundarlo en minutos.
El ingeniero del Tecnológico de Veracruz resolvió el problema con un sistema de tres compuertas que dividen el túnel en cuatro secciones. Si el agua entra en una sección, las compuertas se cierran automáticamente y aíslan la sección inundada del resto del túnel. Las otras tres secciones permanecen secas.
El agua queda contenida en la sección comprometida y el túnel sigue operando porque tiene tres secciones funcionales de las cuatro. Las compuertas son de acero naval de 12 mm de espesor. Cada una pesa aproximadamente 800 kg. Se mueven sobre rieles empotrados en el piso y el techo del túnel accionadas por cilindros hidráulicos que las abren o las cierran en menos de 30 segundos.
El cierre es hermético. Sellos de caucho industrial alrededor del marco aseguran que cuando la compuerta está cerrada, ni una gota de agua pase de una sección a la otra. El sistema hidráulico está alimentado por una bomba eléctrica con batería de respaldo que garantiza que las compuertas se cierren incluso si se corta la electricidad.
Cada compuerta tiene un sensor de nivel de agua en el piso del túnel. Si el sensor detecta agua por encima de 10 cm en cualquier sección, activa el cierre automático de las compuertas adyacentes. Es un sistema de emergencia que funciona sin intervención humana. Si el río se filtra, las compuertas se cierran solas. Si alguien está dentro de la sección cuando se cierra, queda atrapado, pero el túnel se salva.
Es la lógica de un submarino, sellar los compartimentos inundados para salvar el barco, aunque los que estén dentro del compartimento se pierdan. El ingeniero diseñó el sistema co
n la misma mentalidad con la que diseñó las compuertas de la presa, proteger la infraestructura del agua, solo que la infraestructura que protegía ahora no era una presa que abastece a 200,000 personas, sino un túnel que transporta rifles de asalto y cocaína debajo de un río tropical.
Quiero hablar de la construcción del túnel porque es una hazaña de ingeniería que en cualquier otro contexto habría ganado un premio de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Civil. La excavación del túnel tomó aproximadamente 14 meses. El proceso empezó con la perforación de dos pozos verticales, uno en cada orilla del río, que descendían desde la superficie hasta el nivel del túnel.
8 m de profundidad en la orilla sur, siete en la orilla norte debido a la diferencia de altitud del terreno, los pozos se excavaron con una perforadora mecánica dentro de anillos de concreto prefabricado que se iban hundiendo a medida que la excavación avanzaba, como se hunden los anillos de un pozo de agua.
Desde el fondo de cada pozo, los equipos de excavación empezaron a perforar horizontalmente hacia el centro del río. Dos equipos trabajando simultáneamente, uno desde cada orilla, avanzando el uno hacia el otro a través de la arcilla y la roca sedimentaria del lecho del río. Cada equipo avanzaba entre 1 y 3 m por día, dependiendo de la dureza del material y de la cantidad de agua que se filtraba durante la excavación.
La excavación bajo el río fue la parte más peligrosa de la construcción. A medida que los equipos avanzaban hacia el centro del cauce, la cantidad de agua que se filtraba aumentaba porque la distancia entre el techo del túnel y el lecho del río disminuía. En el punto más profundo del cauce, el techo del túnel estaba a solo 3 m del fondo del río, 3 m de arcilla y roca separando el túnel del agua del Papaloapan.
Si la excavación debilitaba esa capa de separación hasta el punto de fractura, el río habría entrado al túnel con una fuerza que habría matado a todos los que estuvieran dentro. El ingeniero resolvió ese riesgo con un método que tomó de la minería, excavación con escudo, un cilindro de acero del diámetro del túnel que se empujaba hacia adelante mientras los excavadores trabajaban detrás del escudo protegidos del derrumbe por la estructura metálica.
El concreto se vertía detrás del escudo a medida que avanzaba, creando el revestimiento permanente del túnel en tiempo real. Cuando los dos equipos se encontraron en el centro del río después de 9 meses de excavación, la conexión entre las dos mitades del túnel tuvo una desviación lateral de menos de 15 cm.
15 cm de error en 300 m de túnel excavado a ciegas bajo un río. Es una precisión que requiere topografía de nivel profesional, GPS diferencial, estaciones totales, niveles láser, equipo que cuesta cientos de miles de pesos y que solo saben usar ingenieros con formación universitaria. Los dos equipos se encontraron un jueves a las 2 de la tarde.
Los excavadores de la orilla sur escucharon los golpes de los taladros de la orilla norte acercándose. Empezaron a golpear de vuelta y cuando la última capa de arcilla cayó y los dos túneles se conectaron, el aire de una mitad se mezcló con el aire de la otra con un silvido que los constructores describieron como el cerro respirando. El túnel bajo el papaloapan estaba conectado.
Lo que faltaba eran las compuertas, la electricidad, la ventilación y el acabado del piso y las paredes, otros 5 meses de trabajo. Quiero hablar de las dos propiedades que servían como acceso al túnel, porque su normalidad es la cobertura perfecta. La propiedad de la orilla sur era un rancho ganadero de 40 haáreas con casa principal, establos, corrales y una bodega de almacenamiento agrícola donde supuestamente se guardaba alimento para el ganado.
El pozo de acceso al túnel estaba dentro de la bodega, cubierto con una losa de concreto que se movía sobre rieles con un mecanismo eléctrico activado por un control remoto. Desde fuera, la bodega parecía una bodega. Paredes de lámina, techo de lámina, puerta de lámina con candado. Lo que había debajo del piso de la bodega era un pozo de 8 m de profundidad con una escalera de metal soldada a la pared y un montacargas eléctrico que bajaba y subía cajas, paquetes y las personas que necesitaban cruzar al otro lado del río.
La propiedad de la orilla norte era un terreno con una construcción que se hacía pasar por una empacadora de frutas. tenía un letrero que decía empacadora tropical del Papaloapán y una fachada con puertas de carga para camiones. Adentro, la empacadora tenía las máquinas y las cajas que cualquier empacadora legítima tendría.
Una banda transportadora, una máquina de etiquetado, cajas de cartón con el logo de la empresa. Incluso empacaban piña de vez en cuando para mantener la apariencia. Los vecinos veían camiones de piña entrar y salir de la empacadora y no sospechaban nada porque empacar piña es lo que se hace en la cuenca del Papaloapán.
El pozo de acceso norte estaba en la parte trasera de la empacadora, en un cuarto cerrado con llave que solo los mandos del CJNG podían abrir. Mismo sistema, losa de concreto sobre rieles, escalera de metal, montacargas. Los cargamentos subían por el pozo norte, se cargaban en los camiones de la empacadora y salían por la puerta principal, mezclados con cajas de piña, rifles de asalto transportados junto a piñas tropicales, cocaína entre cajas de fruta. La cobertura perfecta.
Quiero hablar de los 81 detenidos. De los 81, 32 eran combatientes que proporcionaban seguridad a las dos propiedades y que escoltaban los cargamentos que cruzaban el túnel. 18 eran operadores del túnel, los que manejaban los montacargas, los que monitoreaban las compuertas hidráulicas, los que mantenían el sistema eléctrico y de ventilación y los que bombeaban las filtraciones de agua que se acumulaban en las secciones del túnel entre usos.
Quiero hablar de los operadores del túnel porque su trabajo cotidiano tiene una dimensión técnica que me parece fascinante y perturbadora a la vez. Los operadores trabajaban en turnos de 12 horas, 6 de día y 6 de noche, rotando cada semana. Su trabajo consistía en mantener el túnel en condiciones operativas las 24 horas. Eso significaba monitorear los niveles de agua en cada sección a través de los sensores de las compuertas, verificar que los generadores eléctricos tuvieran gasolina, que los ventiladores de extracción funcionaran, que las bombas
de achique estuvieran operando y que los rieles de los carritos estuvieran limpios de sedimento y de óxido. Las filtraciones de agua eran el enemigo constante. A pesar de la calidad del revestimiento de concreto y de los sellos de las compuertas, el agua del Papaloapan encontraba camino hacia el interior del túnel a través de microfisuras en el concreto, de juntas de construcción que el tiempo debilitaba y de los propios sellos de las compuertas que se desgastaban con el uso.
Los operadores estimaban que el túnel filtraba entre 500 y 800 L de agua por día, 500 L diarios que las bombas de achique tenían que extraer continuamente para mantener el piso seco. El agua filtrada se bombeaba hacia una fosa de descarga oculta en el rancho de la orilla sur, donde se vertía en un canal de riego que la llevaba hasta un arroyo que desembocaba en el Papaloapan.
El agua del río se filtraba al túnel, se bombeaba a la superficie y regresaba al río. Un ciclo que el ingeniero diseñó con la misma lógica con la que se diseña el sistema de achique de un submarino. No puedes detener el agua, pero puedes moverla más rápido de lo que entra. Cuando llovía fuerte, las filtraciones aumentaban y cuando el Papaloapan crecía durante la temporada de lluvias, la presión hidrostática sobre el techo del túnel aumentaba y las filtraciones podían triplicarse.
Los operadores sabían que septiembre era el mes más peligroso, el mes en que el Papaloapan alcanza su nivel máximo y en que las compuertas recibían la mayor presión. En septiembre, los operadores trabajaban turnos de vigilancia continua junto a los paneles de control de las compuertas. listos para activar el cierre de emergencia si algún sensor detectaba un nivel de agua anormal.
Un operador de 27 años declaró que la peor noche que vivió dentro del túnel fue durante una tormenta tropical en septiembre. Las filtraciones aumentaron de golpe. El nivel de agua en la sección 2 subió hasta los 8 cm, a 2 cm del nivel de activación automática de las compuertas. Los operadores encendieron la bomba de achique de emergencia y durante 4 horas bombearon agua del túnel a una velocidad que apenas igualaba la velocidad de entrada.
Estábamos sentados a 8 m debajo de un río que estaba crecido y que quería entrar, dijo. Y las bombas eran lo único que impedía que el río ganara. Si las bombas se paraban, nosotros nos ahogábamos. El río quería entrar. Es la frase que resume la vulnerabilidad fundamental de un túnel bajo un río. Estás en el territorio del agua.
Estás debajo de ella, rodeado por ella y separado de ella por unos centímetros de concreto y unos sellos de caucho que un ingeniero diseñó para resistir, pero que el río, con la paciencia de quien lleva millones de años erosionando piedra, va a terminar venciendo. 14 eran personal de apoyo en las dos propiedades, los que cuidaban el ganado del rancho para mantener la apariencia, los que empacaban piña en la empacadora para mantener la apariencia y los que cocinaban para los demás.
10 eran logística de transporte, los chóeres de los camiones que entraban y salían de la empacadora con los cargamentos cruzados y siete eran mandos y comunicaciones. El jefe de la operación era un hombre de 48 años, originario de Veracruz, con antecedentes en el transporte de carga comercial.
Conocía las carreteras de Veracruz como un taxista conoce las calles de su ciudad. Sabía qué carreteras tenían retenes, a qué horas, con qué frecuencia. Sabía por dónde podía pasar un camión de piña sin ser revisado y por dónde no. Y diseñó las rutas de distribución de los cargamentos que salían de la empacadora con la misma eficiencia con la que habría diseñado las rutas de distribución de una empresa de logística legítima.
Los cargamentos que cruzaban el túnel eran de tres tipos. El primero era armamento, rifles de asalto, pistolas, granadas y municiones que llegaban al rancho de la orilla sur desde el interior del país y que cruzaban el túnel hacia la empacadora de la orilla norte para ser distribuidos a las células del CJNG que operan en el norte de Veracruz.
El armamento cruzaba el río seco, literalmente seco. Las compuertas hidráulicas mantenían el túnel libre de humedad y los cargamentos de armas pasaban por debajo del papaloapán sin que una sola gota de agua tocara un rifle. Cruzar armamento seco bajo un río es la frase que define este caso. La obsesión ingenieril del CJNG por resolver un problema logístico con una solución que cuesta millones de pesos, pero que garantiza que los rifles lleguen en condiciones operativas al otro lado.
El segundo tipo de cargamento era droga, cocaína y metanfetamina que llegaban a la empacadora del norte desde los puertos del Golfo de México y que cruzaban el túnel hacia el rancho del sur para ser distribuidas hacia el interior del país por las carreteras que bajan de Veracruz hacia Puebla y la Ciudad de México.
El túnel funcionaba en ambas direcciones, armas de sur a norte, droga de norte a sur, una autopista subterránea de dos sentidos debajo del Papaloa PAN. El tercer tipo de cargamento era dinero en efectivo. Los pagos de las plazas del norte de Veracruz cruzaban el túnel hacia el sur para ser consolidados y enviados a Jalisco.
Millones de pesos en billetes empaquetados cruzando debajo de un río en cajas de piña. Quiero hablar de los trabajadores de la empacadora que no sabían para quién trabajaban porque su situación ilustra como el CJNG utiliza negocios legítimos como fachada y a personas inocentes como escudo. De los 29 detenidos en la empacadora, 11 eran trabajadores que genuinamente empacaban piña.
11 personas contratadas con sueldo, con horario, con las prestaciones mínimas que la ley exige para empacar piña tropical en cajas de cartón con el logo de empacadora tropical del Papaloapán y cargarlas en camiones que las distribuían a mercados de Puebla y la Ciudad de México. 11 personas que hacían un trabajo legítimo dentro de una empresa que era fachada de un cártel.
Los 11 declararon que no sabían del túnel, que nunca entraron al cuarto cerrado de la parte trasera, que su trabajo era empacar piña y que lo hacían de lunes a sábado de 7 de la mañana a 3 de la tarde, que veían entrar y salir camionetas de noche, pero que les dijeron que eran pedidos especiales para clientes de fuera del estado y que no hicieron preguntas porque preguntar en Veracruz puede costarte la vida.
Los investigadores verificaron sus declaraciones, revisaron los teléfonos celulares de los 11, revisaron sus registros bancarios y en nueve de los 11 casos concluyeron que los trabajadores decían la verdad. Eran empacadores de piña que no tenían conocimiento del túnel ni de las operaciones del CJNG. Fueron liberados tras declarar como testigos.
Los otros dos tenían comunicaciones en sus teléfonos que los vinculaban con operadores del cártel y permanecen detenidos. Nueve personas inocentes detenidas durante un operativo contra el narcotráfico, porque su lugar de trabajo era la fachada de un narcotúel. Nueve personas que van a tener en sus expedientes la nota de que fueron detenidas en un operativo contra el CJ, aunque no tuvieran nada que ver.
nueve personas que ahora tienen miedo de buscar otro trabajo en la cuenca del Papaloapán, porque cualquier empacadora, cualquier rancho, cualquier bodega puede ser otra fachada y la próxima vez quizás los investigadores no les crean. Quiero hablar del rancho de la orilla Sur porque su operación como fachada ganadera tiene detalles que revelan el nivel de inversión del CJNG en cobertura.
El rancho tenía 40 hectáreas de pastizal con 200 cabezas de ganado ebú pastaban con la tranquilidad de animales que no saben que viven encima de un túnel del narcotráfico. Un vaquero contratado por el CJNG cuidaba el ganado, lo alimentaba, lo vacunaba, lo llevaba al veterinario cuando se enfermaba y cuando algún vecino pasaba por la carretera y miraba el rancho, veía exactamente lo que se supone que debía ver.
vacas, pasto, un vaquero a caballo y una bodega de alimento para ganado donde supuestamente se almacenaba forraje. El rancho incluso vendía becerros. Dos veces al año el vaquero separaba los becerros de las madres, los cargaba en un camión y los llevaba al rastro municipal donde se vendían a precio de mercado. El rancho generaba ingresos legítimos por la venta de ganado, ingresos que entraban a las cuentas de la empresa fantasma, propietaria del rancho y que servían para justificar los movimientos bancarios de la empresa. Ganadería real
como lavado de dinero. Cerros de Cebú como justificación contable para una empresa que en realidad transporta cocaína por un túnel debajo de un río. El vaquero fue detenido con los demás. Tiene 53 años. Declaró que yo solo cuido vacas. Los investigadores le creen, pero el vaquero vivía en una habitación del rancho a 20 met de la bodega donde estaba el acceso al túnel y admitió que de noche escuchaba ruidos abajo como maquinaria que atribuyó a una bomba de agua para el riego.
Una bomba de agua que sonaba a las 3 de la mañana, tres veces por semana, todos los martes, jueves y sábados. El vaquero no preguntó por qué la bomba de agua solo funcionaba de madrugada tr días a la semana. En la cuenca del Papaloapan, como en toda la geografía del narcotráfico mexicano, no preguntar es una forma de sobrevivir.
Los peritos decomizaron en las dos propiedades y dentro del túnel 67 rifles de asalto, 41 pistolas, 23 granadas, 112,000 cartuchos, 180 kg de cocaína, 95 kg de metanfetamina y 42 millones de pesos en efectivo. Es un decomiso enorme, pero los investigadores estiman que es solo una fracción de lo que cruzó por el túnel durante los 2 años que estuvo operando.
El ingeniero del Tecnológico de Veracruz, en su declaración estimó que el túnel transportaba entre dos y tres cargamentos por semana de entre 500 kg y una tonelada cada uno. Si la estimación es correcta, por el túnel cruzaron entre 100 y 150 toneladas de cargamento en 2 años. rifles, droga y dinero moviéndose debajo del Papaloapan tres veces por semana durante 24 meses.
Quiero hablar del buzo que descubrió la compuerta en el lecho del río, porque su historia tiene un detalle que me parece revelador. El buzo era un suboficial de la marina con 12 años de servicio y especialización en buceo de inspección portuaria. Su trabajo habitual es inspeccionar cascos de buques, muelles y lechos de ríos y puertos buscando irregularidades, drogas adheridas a los cascos, obstrucciones en los canales de navegación y cualquier cosa que no debería estar en el fondo del agua.
Es un trabajo rutinario la mayor parte del tiempo. Desciendes, enciendes la linterna, nada sobre el fondo, documentas lo que ves y subes. El buzo declaró que casi no vio la compuerta. Pasó a un metro de ella y al principio pensó que era una placa de metal de un barco hundido, de los que hay cientos en el Papaloapán, porque el río se usa para navegación comercial desde hace siglos y hay restos de embarcaciones por todo el cauce. Pero algo le llamó la atención.
La superficie era demasiado lisa, demasiado uniforme. Las placas de barcos hundidos están oxidadas, deformadas, cubiertas de algas y de percebes. Esta superficie estaba limpia, sin oxidación visible, con bordes rectos. Era metal nuevo en un río donde todo el metal es viejo. El buzo se acercó, limpió el sedimento con la mano y vio el sello de caucho alrededor del marco de la compuerta, un sello de caucho industrial.
negro, perfectamente adherido al marco de acero. Los barcos hundidos no tienen sellos de caucho. Las presas abandonadas no tienen sellos nuevos. Lo que tiene sellos de caucho nuevos es una compuerta que alguien instaló recientemente y que alguien mantiene en condiciones operativas. El buzo tomó fotografías con su cámara subacuática, documentó las dimensiones, tomó las coordenadas GPES y subió a la superficie con la certeza de que había encontrado algo que no tenía nada que ver con barcos hundidos ni con obstrucciones naturales.
El reporte del buzo activó una investigación que la marina ejecutó en tres fases. La primera fase fue el mapeo subacuático del túnel. Un equipo de busos especializados descendió al lecho del río y localizó las tres compuertas que dividen el túnel en cuatro secciones. Las compuertas estaban espaciadas a intervalos regulares de aproximadamente 75 m, cada una idéntica a la primera.
acero naval, sellos de caucho, cilindros hidráulicos y el mismo color marrón verdoso que las hacía casi invisibles contra el sedimento del río. La segunda fase fue la identificación de los accesos terrestres. La marina usó drones e imágenes satelitales para buscar propiedades en ambas orillas del río que estuvieran alineadas con la posición de las compuertas.
El rancho ganadero de la orilla sur y la empacadora de frutas de la orilla norte coincidían geográficamente con los extremos del eje que unía las tres compuertas. Los analistas de inteligencia verificaron la propiedad de ambos inmuebles, empresas fantasma con domicilios fiscales en Jalisco y socios prestanombres sin historial empresarial verificable.
La tercera fase fue la vigilancia. Durante dos semanas, la marina observó las dos propiedades con drones, con equipos de vigilancia terrestre y con agentes encubiertos que se hicieron pasar por compradores de piña en la empacadora. Los agentes confirmaron que la empacadora recibía camiones que entraban vacíos y salían cargados a horas inusuales, 3 de la mañana, 4 de la mañana, 5 de la mañana.
Horarios que ninguna empacadora legítima de piña maneja porque la piña no se empaca de madrugada. El operativo se ejecutó simultáneamente en las dos propiedades a las 3 de la mañana. Quiero describir el operativo con detalle porque la coordinación entre las tres fuerzas de asalto, las dos terrestres y la subterránea, es un ejercicio táctico que la Sedena está documentando como caso de estudio.
Los tres equipos se sincronizaron con precisión de segundos. A las 3 en punto, los 40 marinos del rancho cortaron la cerca perimetral en dos puntos y avanzaron hacia la casa principal y la bodega simultáneamente. A las 3 en punto y 15 segundos, los 40 marinos de la empacadora estrellaron el vehículo blindado contra la puerta de carga y entraron al edificio.
Y a las 3 en punto y 30 segundos, los 20 marinos del equipo subterráneo bajaron por los dos pozos de acceso, 10 por cada pozo, usando las escaleras de metal a una velocidad que los detenidos describieron como sonaba como si alguien tirara monedas por un tubo. En el rancho, los combatientes del CJNG, que hacían guardia nocturna, dispararon desde la casa principal cuando vieron las siluetas de los marinos cruzando el pastizal. Los marinos respondieron.
El intercambio de fuego duró 4 minutos. Dos combatientes fueron heridos. Un marino recibió un impacto en el chaleco antibalas que le fracturó una costilla, pero que no penetró. Las vacas del rancho, 200 cabezas de Cebú que dormían en el pastizal, estampidaron hacia el fondo de la propiedad, mujiendo con un pánico que los marinos describieron como peor que los disparos, porque no sabías si venían hacia ti o se iban.

En la empacadora, la resistencia fue mínima. Los ocupantes estaban dormidos. El vehículo blindado entrando por la puerta de carga hizo un ruido que despertó a todos al mismo tiempo. Los marinos entraron detrás del vehículo gritando instrucciones. Los trabajadores de la empacadora se tiraron al piso con las manos en la cabeza.
Los operadores del CJNG intentaron correr hacia el cuarto trasero donde estaba el acceso al túnel, pero los marinos los interceptaron en el pasillo. Dentro del túnel, los 20 marinos que descendieron por los pozos avanzaron desde ambos extremos hacia el centro. Los 14 que estaban dentro del túnel cruzando un cargamento escucharon los pasos de los marinos acercándose por los rieles, amplificados por el eco del concreto.
Intentaron cerrar las compuertas. Uno de ellos corrió al panel de control de la compuerta 2 y activó el cierre de emergencia. La compuerta empezó a cerrarse, 800 kg de acero deslizándose sobre los rieles con un chirrido metálico que resonó en todo el túnel. Los marinos que venían del extremo norte llegaron al panel de control 30 segundos después y abortaron el cierre.
La compuerta se detuvo a medio cerrar y los marinos entraron por el hueco que quedaba entre la compuerta y el marco, pasando de lado con las armas en alto. Si la compuerta se hubiera cerrado por completo, los marinos habrían tenido que cortar 800 kg de acero naval con equipo que no llevaban.
El cierre de la compuerta habría dado tiempo a los 14 del interior para destruir evidencia o para escapar por una salida de emergencia que los marinos todavía no habían localizado. 30 segundos. El operativo se decidió en 30 segundos. El tiempo entre que el operador del CJNG activó el cierre y el marino llegó al panel de control para abortarlo.
40 marinos entraron al rancho por la puerta principal y por una brecha en la cerca perimetral. Otros 40 entraron a la empacadora rompiendo la puerta de carga con un vehículo blindado y un tercer equipo de 20 marinos descendió por los dos pozos de acceso al túnel para asegurar la infraestructura subterránea y detener a cualquier persona que estuviera dentro.
En el rancho detuvieron a 38 personas, en la empacadora detuvieron a 29 y dentro del túnel detuvieron a 14 que estaban en proceso de cruzar un cargamento de norte a sur el operativo se activó. Los 14 del túnel escucharon los disparos de la superficie amortiguados por los 8 metros de tierra y roca que los separaban del mundo de arriba.
Supieron que algo estaba pasando. Intentaron cerrar las compuertas para aislarse dentro del túnel, pero los marinos que bajaron por los pozos llegaron a los controles hidráulicos antes que ellos y bloquearon las compuertas en posición abierta. Los 14 quedaron atrapados dentro del túnel con los marinos entrando por ambos extremos.
Se rindieron sin disparar, porque dentro de un túnel de 2 m de ancho, disparar es suicidio. Las balas rebotan en las paredes de concreto y te matan a ti antes que al enemigo. 81 detenidos en total, cero muertos y un túnel de 300 m con tres compuertas hidráulicas que los ingenieros de la Marina describieron como una obra de ingeniería que en cualquier otro contexto sería admirable.
Quiero hablar del costo de construcción del túnel porque las cifras revelan la escala de inversión que el CEJE dedica a su infraestructura logística. Los ingenieros de la Marina estimaron el costo de construcción del túnel en aproximadamente 45 millones de pesos. El desglose, 15 millones en excavación, incluyendo la maquinaria, el equipo de escudo y la mano de obra especializada de los mineros que perforaron durante 14 meses.
12 millones en el revestimiento de concreto armado, incluyendo el acero de refuerzo, el concreto premezclado y la mano de obra de los albañiles que trabajaron dentro del túnel durante meses. 8 millones en las tres compuertas hidráulicas, incluyendo el acero naval, los cilindros hidráulicos, los sellos de caucho, los sensores de nivel y la bomba de alimentación.
5 millones en el sistema eléctrico, la ventilación, las bombas de achique y la iluminación y 5 millones en los dos pozos de acceso, los montacargas, los rieles, los carritos eléctricos y la adecuación de las dos propiedades como fachada. 45 millones de pesos. El costo de construir un edificio de departamentos de cinco pisos en la Ciudad de México, invertido en un túnel de 300 m debajo de un río.
Es la inversión más grande en infraestructura subterránea del narcotráfico que se ha documentado en México. Y el retorno de la inversión calculado sobre la base de las estimaciones de tráfico de droga que cruzaba por el túnel indica que el CJNG recuperó los 45 millones en menos de 3 meses de operación.
El túnel va a ser destruido. La Marina ordenó su demolición controlada para evitar que sea reutilizado. El proceso de demolición implica inundar el túnel concreto, llenar los 300 m de galería con concreto fluido que se vierta por los pozos de acceso y que llene cada centímetro del espacio subterráneo. Las compuertas, los rieles, la electricidad, la ventilación.
Todo va a quedar enterrado en un bloque sólido de concreto a 8 m bajo el lecho del papaloapán. Los ingenieros estiman que llenar el túnel va a requerir más de 2000 m³ de concreto y va a costar aproximadamente 8 millones de pesos. 8 millones de pesos del presupuesto de la Marina para destruir una obra de 45 millones que el CJNG construyó con dinero del narcotráfico.
Es una ecuación que el Estado siempre pierde. El cártel construye con dinero ilegal que no tiene costo de oportunidad y el Estado destruye con dinero público que podría invertirse en escuelas, hospitales o infraestructura que beneficie a la comunidad. Las dos propiedades fueron aseguradas y pasarán al proceso de extinción de dominio.
El rancho ganadero con sus 200 vacas de CEBU será administrado por el SE, el organismo que gestiona los bienes decomizados al crimen organizado. Las vacas siguen pastando, el vaquero ya no está y el pastizal sigue verde sobre el pozo de 8 m que baja al túnel, que pronto será un bloque de concreto. Quiero hablar del ingeniero porque su historia condensa todo lo que está mal con el mercado laboral técnico en México. El ingeniero tiene 39 años.
Se graduó del Tecnológico de Veracruz con un promedio de 9.2. Hizo su tesis sobre compuertas hidráulicas. Trabajó 3 años en una empresa de consultoría que diseñaba sistemas hidráulicos para presas y para plantas de tratamiento de agua. ganaba 35,000 pesos al mes. Un buen sueldo para Veracruz, no un gran sueldo para un ingeniero con su nivel de especialización, pero suficiente para vivir.
Lo despidieron cuando la empresa perdió un contrato con la Comisión Nacional del Agua. Buscó trabajo durante 6 meses. Mandó currículums a empresas constructoras, a consultorías, a dependencias de gobierno. Dos entrevistas, ninguna oferta. Un ingeniero hidráulico con experiencia en compuertas de presas no es un perfil que el mercado laboral mexicano esté buscando con urgencia.
El CJNG lo encontró a través de un intermediario que le ofreció un proyecto de ingeniería hidráulica en una zona rural de Veracruz. Le dijeron que era un sistema de riego para un rancho ganadero. Le ofrecieron 120,000 pesos al mes, más del triple de lo que ganaba en la consultoría. Aceptó sin preguntar demasiado, porque se meses sin trabajo te enseñan a no preguntar demasiado.
Cuando llegó al rancho y le mostraron los planos del túnel, entendió para qué lo habían contratado. Quiso irse, le dijeron que ya sabía demasiado. se quedó, diseñó las compuertas, supervisó su instalación y se quedó en el rancho como responsable de mantenimiento del sistema hidráulico, porque las compuertas requieren calibración periódica de los cilindros, reemplazo de los sellos de caucho y verificación de los sensores de nivel de agua.
El ingeniero fue detenido en el rancho durante el operativo. Estaba dormido en una habitación de la casa principal. Los marinos lo encontraron con un manual técnico de Rex Rot Bosh Hydraulics en la mesa de noche y una calculadora científica en el cajón. Es el perfil más triste de todos los detenidos. Un profesional que el sistema educativo mexicano formó durante 5 años, que la industria mexicana empleó durante tres, que el mercado laboral mexicano descartó durante 6 meses y que el CJ recogió en una semana.
El CJNG no recluta solo a jóvenes sin futuro de las rancherías, recluta ingenieros con tesis de grado, recluta contadores con especialización en criptomonedas, recluta médicos con residencia hospitalaria. Recluta a los profesionales que el sistema económico de México produce, pero que el sistema económico de México no puede absorber y les da lo que el sistema no les da, un sueldo que corresponde a su nivel de especialización.
El mercado laboral criminal paga mejor que el mercado laboral legítimo y mientras eso sea así, los túneles bajo los ríos van a tener compuertas hidráulicas diseñadas por ingenieros con honores. Quiero hablar de la ruta que el túnel alimentaba porque su importancia estratégica explica la inversión del CJE en una infraestructura tan costosa.
La cuenca del Papaloapan es un corredor de tránsito que conecta los puertos del Golfo de México con el centro del país. La cocaína que llega por mar a las costas de Veracruz desde Sudamérica, desembarca en puntos remotos de la costa. Se transporta por carretera hasta la cuenca del Papaloapan y desde ahí se distribuye hacia Puebla, la Ciudad de México y los estados del centro.
El Papaloapan es una línea que divide la zona de recepción costera de la zona de distribución interior. Cruzar esa línea con cargamentos grandes requiere usar los puentes donde hay retenes o encontrar una alternativa. El túnel era esa alternativa y no era la primera vez que el CJNG intentaba resolver el problema del cruce del Papaloapán.
Antes del túnel, los cargamentos cruzaban el río en lanchas de noche, escondidos entre los productos agrícolas que los ribereños transportan por el río. Pero las lanchas son visibles, pueden ser interceptadas y durante la temporada de lluvias, cuando el papaloapan crece y la corriente se hace peligrosa, las lanchas no pueden cruzar.
El túnel resolvía todos esos problemas. Cruce invisible, cruce seco, cruce disponible todo el año, independientemente del nivel del río. Las compuertas hidráulicas garantizaban que ni siquiera las crecidas del Papaloapan en septiembre, cuando el río puede subir 3 o 4 met sobre su nivel normal, afectaran el funcionamiento del túnel.
El ingeniero diseñó el sistema para soportar la presión hidrostática máxima que el río genera durante las peores inundaciones de la temporada de lluvias. Las compuertas resistirían, los sellos aguantarían y el túnel seguiría seco aunque arriba el Papaloapan estuviera desbordado e inundando pueblos enteros. Un túnel a prueba de inundaciones bajo un río que se desborda cada año.
Es ingeniería que anticipa el peor escenario y lo resuelve con una solución que cuesta millones, pero que garantiza operatividad permanente. El CJNG piensa a largo plazo, invierte a largo plazo y construye a largo plazo. El túnel estaba diseñado para durar décadas. Las compuertas estaban diseñadas para funcionar durante 30 años con mantenimiento regular.
Es infraestructura permanente, como una carretera, como un puente, como una presa. Quiero hablar de lo que los peritos encontraron dentro del túnel cuando lo recorrieron después del operativo. El túnel tiene una sección transversal de 2 m de ancho por 2,5 m de alto. Suficiente para que una persona camine de pie cómodamente, suficiente para que un carrito eléctrico transporte cajas de un extremo al otro.
Y eso es exactamente lo que usaban, carritos eléctricos de plataforma. del tipo que se usan en las fábricas y en los almacenes, que recorrían los 300 m del túnel cargados con cajas de armas, de droga o de dinero. El piso del túnel tenía rieles empotrados en el concreto para los carritos. Los rieles eran del mismo calibre que los rieles de las minas, estrechos, de acero, con una separación de 60 cm.
Los carritos corrían sobre los rieles con la suavidad de un tren en miniatura. Los operadores del túnel cargaban los carritos en un extremo, los empujaban por los rieles y los descargaban en el otro extremo. El proceso de cruzar un cargamento de una orilla a la otra tomaba menos de 15 minutos. 5 minutos para cargar, 5 minutos de tránsito por los rieles y 5 minutos para descargar.
eficiente, rápido, silencioso. Las paredes del túnel estaban revestidas con concreto liso, pintado de blanco, con luces LED cada 5 m que iluminaban el espacio con una claridad que le daba al túnel la apariencia de un pasillo de hospital o de un corredor de metro. Limpio, ordenado, sin basura, sin manchas, sin el desorden que hemos visto en otras instalaciones del CJNG.
El túnel del Papaloapán era una instalación profesional mantenida con estándares profesionales. Los operadores lo limpiaban después de cada cruce. Las compuertas se inspeccionaban semanalmente, los sellos de caucho se reemplazaban cada 6 meses y el ingeniero hacía una inspección estructural del revestimiento de concreto cada 3 meses buscando fisuras o filtraciones.
Los peritos encontraron un cuaderno en la sala de control del pozo norte junto al panel de los controles hidráulicos de las compuertas que contenía los registros de mantenimiento del túnel. Cada inspección documentada con fecha, hallazgos y acciones correctivas. Comparta dos, sello inferior con desgaste del 30% reemplazado.
Sección 3, filtración menor en la junta del metro 180, sellada con resina epóxica. Bomba de achique de sección 1. Cambio de impulsor por desgaste. Pieza importada. Tiempo de entrega 10 días. Registros de mantenimiento escritos con la pulcritud de un ingeniero que se toma su trabajo en serio, aunque su trabajo sea mantener un túnel del narcotráfico debajo de un río.
A ti que llegaste hasta aquí, la imagen que te dejo es la del buzo. Un suboficial de la Marina nadando en el fondo del Papaloapan con su linterna, buscando obstrucciones y restos de barcos entre el sedimento marrón del lecho del río, cuando su linterna ilumina una superficie que no debería estar ahí. Lisa, nueva, con un sello de caucho que brilla negro contra el metal gris del acero.
Una compuerta que nadie debería ver porque está a 6 m de profundidad en un río donde nadie baja a mirar. Pero el buzo bajó y miró y vio. El Papaloapan tiene 300 km de cauce navegable, kilómetros y kilómetros de lecho fluvial, donde cualquiera puede esconder cualquier cosa a 6 m de profundidad, donde la luz del sol y donde la corriente cubre todo con una capa de sedimento que borra las huellas en cuestión de días.
Si hay un túnel con compuertas debajo del papa loapán, puede haber otros debajo de otros ríos. El Grijalba en Tabasco, el Cuatzacualcos en Veracruz, el Balsas en Guerrero. Cada río caudaloso de México es un potencial corredor subterráneo. Cada lecho fluvial es un potencial escondite para compuertas de acero, con sellos de caucho y cilindros hidráulicos.
La detección de túneles bajo ríos requiere lo que la detección de islas artificiales en pantanos requiere, tecnología especializada y personas que sepan usarla. Sonar de barrido lateral que mapee el lecho fluvial centímetro a centímetro buscando anomalías en la superficie del sedimento. Magnetómetros que detecten masas de acero enterradas en el barro y busos como el suboficial del Papaloapan, que bajan al fondo con una linterna y que saben distinguir entre una placa de barco hundido y una compuerta de acero naval con sellos de
caucho nuevos. Dale like, suscríbete, activa la campanita. El ingeniero del Tecnológico de Veracruz va a enfrentar cargos de delincuencia organizada, construcción de infraestructura para el narcotráfico y lo que los fiscales describen como ingeniería al servicio del crimen organizado. Su tesis sobre compuertas hidráulicas para presas está archivada en la Biblioteca del Tecnológico de Veracruz.
Cualquiera puede consultarla. Tiene 142 páginas, 38 diagramas y las ecuaciones de cálculo estructural que el ingeniero usó 15 años después para diseñar las compuertas de un narcotúel debajo del Papaloapan. La misma tesis, las mismas ecuaciones, las mismas compuertas, solo que debajo de una presa protegen a 200,000 personas y debajo de un río protegen rifles de asalto y cocaína. Nos vemos mañana.
Cuídate y la próxima vez que cruces un puente sobre un río caudaloso y mires el agua correr debajo, recuerda que debajo del agua puede haber concreto y debajo del concreto rieles. Y sobre los rieles, un carrito eléctrico con cajas de piña que no contienen piña, cruzando de una orilla a la otra sin que tú ni el retén detenerlo, hasta que un buzo baje con una linterna y vea lo que nadie quería que viera.
Una compuerta nueva en un río viejo, un sello de caucho en un lecho de barro y la confirmación de que en México hasta los ríos tienen sótanos. Quiero cerrar con las comunidades pesqueras del Papaloapan, porque son las víctimas invisibles de este caso. Los pescadores de la zona donde se encontró el túnel llevan dos años quejándose de que el río cambió, que los bancos de peces se movieron, que el robalo ya no está donde siempre estuvo, que las redes salen más vacías que antes.
Lo atribuyeron a la contaminación, al cambio climático, a la sobreexplotación. Ahora saben que debajo de su zona de pesca había un túnel de 300 m con maquinaria vibrando, bombas extrayendo agua y la alteración constante del lecho donde los peces desobaban desde antes de que los primeros pescadores llegaran a la cuenca del Papaloapan.
Don Efraín, un pescador de 61 años que pesca robalo en el Papaloapan desde que tiene memoria, dijo cuando le explicaron lo que había debajo del río. Por eso los robalos se fueron. Los espantaron con el ruido. Los robalos oyen todo. Oyen la lancha, oyen el remo, oyen la carnada caer al agua. Imagínate el ruido de un taladro perforando debajo de ellos.
Se fueron al primer mes y nosotros aquí creyendo que era culpa nuestra. Los robalos oyen todo. Una frase de pescador que contiene más ciencia que muchos informes ambientales. Porque los peces detectan vibraciones en el agua con una sensibilidad que los humanos no podemos imaginar. Las vibraciones de la excavación del túnel, de las bombas de achique y de los carritos eléctricos sobre los rieles se transmitían a través del concreto y del sedimento hasta el agua del río, donde los peces las percibían como una amenaza constante e
inexplicable. Los peces huyeron, los pescadores perdieron su sustento y nadie conectó ambas cosas hasta que un buzo de la Marina bajó al fondo del río con una linterna y encontró una compuerta que no debería estar ahí. El papaloapan va a recuperarse. Los biólogos de Conagua estiman que una vez demolido el túnel y eliminada la fuente de vibraciones y contaminación, el ecosistema acuático de la zona tardará entre dos y 3 años en volver a su estado anterior.
Los peces volverán, los bancos de Robalo se restablecerán y don Efraín podrá pescar otra vez donde siempre pescó, con las redes llenas como las tenía antes de que alguien decidiera perforar el fondo del río para pasar cocaína seca de una orilla a la otra. Pero esos dos o tres años de recuperación son dos o tres años de redes vacías para familias que viven del río.
Familias que no tuvieron nada que ver con el túnel, que no sabían que existía y que pagaron las consecuencias con los peces que dejaron de encontrar en sus redes. El narcotráfico no solo destruye personas, destruye ecosistemas. Y al destruir ecosistemas destruye las economías de las comunidades que dependen de ellos. Dale like por don Efraín y sus robalos.
Suscríbete por los nueve empacadores de piña que no tenían nada que ver, pero que pasaron una noche esposados en el piso de su lugar de trabajo. Activa la campanita por el buzo que bajó al fondo del papaloapán con una linterna y vio lo que nadie quería que viera. Y nos vemos mañana porque mañana hay otro caso, otro río, otra superficie que esconde lo que hay debajo.