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La boda en deuda

La boda en deuda

El zumbido del frigorífico era el único sonido en el piso a las tres de la madrugada.

Ese, y el latido desbocado de mi propio corazón, que amenazaba con reventarme el esternón.

La luz azulada de la pantalla del portátil me iluminaba la cara, pero yo sentía que estaba completamente a oscuras, cayendo por un pozo sin fondo. No había entrado a su ordenador buscando problemas. Esa es la mentira que siempre nos decimos, ¿verdad? Pero lo juro. Solo quería buscar el maldito correo de la wedding planner con el presupuesto final de las flores.

Pero Marcos se había dejado el correo abierto.

Y junto a la pestaña del correo, había otra. Y otra.

WiZink. Cofidis. Tarjeta Pass.

Números en rojo. Gráficos circulares de deuda. Intereses de demora que parecían sacados de una película de terror financiero.

Mis ojos iban de una pestaña a otra, sumando mentalmente las cantidades. Tres mil por aquí. Cuatro mil quinientos por allá. Otros cuatro mil en una tarjeta de crédito revolving que te chupa la sangre mes a mes.

Doce mil euros.

Doce. Mil. Putos. Euros.

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, un frío tan intenso que me dejó las manos entumecidas. Me levanté de la silla del comedor. La silla de madera de pino que habíamos comprado en Ikea el primer año de convivencia, cuando todo eran risas y promesas de futuro.

Caminé hacia el dormitorio. La puerta estaba entornada.

Marcos dormía profundamente. Respiraba con esa calma exasperante de quien no tiene ninguna preocupación en el mundo. La luz de la farola de la calle se filtraba por la persiana mal bajada, iluminando su perfil.

Encendí la luz del techo de golpe.

El fogonazo de cien vatios lo hizo saltar en la cama, parpadeando, desorientado, frotándose los ojos con el dorso de la mano.

—¿Qué pasa? —murmuró, con la voz pastosa por el sueño—. ¿Qué hora es, Laura?

Me acerqué a los pies de la cama. Sentía que flotaba. La adrenalina me había convertido en una máquina fría y calculadora.

—Llevas dos años diciéndome que estás ahorrando para nuestra boda, pero acabo de ver que debes 12.000 euros en tarjetas de crédito.

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