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¡HARFUH CATEA FINCA DE EL LÍDER NARCO “EL BARBAS”, HALLA FOSAS CLANDESTINAS Y MILLONES EN EFECTIVO

Totolapan, Morelos, Finca, Los Aguacates. Camionetas blindadas de la FEMDO se atraviesan en el portón principal, agentes con chalecos pesados saltan al piso, gritos perros que ladran a lo lejos. Y adentro de esa propiedad, la misma finca donde Júpiter Araujo, alias el Barbas, líder regional del cartel de Sinaloa en Morelos, se había sentado meses atrás con los alcaldes de Cuautla y Atlatucan a repartirse un estado entero.

Empiezan a aparecer cosas que ningún operativo previo había encontrado. Indicios balísticos de armas largas, escopetas, cargadores tirados, lujos por todos lados y entre la tierra removida del fondo de la propiedad rastros que los peritos identifican como posibles fosas clandestinas. Esto que les estoy contando llevaba más de 40 horas armándolo, cruzando expedientes oficiales de la FEMDO, partes filtrados, reportes de Infobae, El Universal Proceso, SDP Noticias y El Diario de Morelos.

Y cuando uno empieza a entender lo que pasó dentro de esa finca, se da cuenta de que la cosa más fuerte de toda esta historia todavía no ha salido y cuando salga le va a revolver el estómago. Si a usted también le hierve la sangre cuando escucha que el narco se sentaba con los alcaldes a repartirse municipios mexicanos como si fueran ranchos de su propiedad, suscríbase ahora mismo, porque aquí vamos a seguir destapando lo que durante años se quedó callado en Morelos.

La finca a Los aguacates no es cualquier propiedad. Está enclavada en Totolapan, en una zona rural del norte de Morelos, rodeada de ferros, lejos de las miradas indiscretas, con acceso controlado y un portón que durante años nadie se atrevió a tocar. Ahí adentro, según lo que ahora está saliendo en los expedientes, el Barbas montó su centro de operaciones para el Estado entero.

Desde esa finca se tomaban decisiones sobre quién entraba a la política municipal, quién recibía protección. ¿Qué presidente municipal le respondía al cártel y cuál era prescindible? No era una guarida de narcomenudistas, era una oficina de gobierno paralela. ¿Y cuánto tiempo llevaba esta finca operando frente a las narices de las autoridades estatales sin que nadie moviera un dedo? La respuesta va a cambiar la forma en que usted ve todo este caso.

Y la pregunta que cualquier persona con dos dedos de frente se hace al escuchar esto es cómo es posible que una finca así en pleno Morelos a horas de la Ciudad de México, haya funcionado durante años sin que nadie la tocara. La respuesta, y esto es lo que duele, está en los nombres de los funcionarios que se sentaron ahí a negociar.

Porque mientras la finca operaba con normalidad, los alcaldes de los municipios cercanos firmaban discursos sobre seguridad, posaban para fotos institucionales, prometían mano dura contra la delincuencia y luego en privado manejaban hasta los aguacates a recibir órdenes. Édese hasta el final porque lo que se filtró sobre cómo era exactamente esa reunión entre el Barbas y los alcaldes le va a cambiar para siempre la idea que usted tenía de lo que pasaba en Morelos.

Lo que el cateo destapó dentro de la finca pinta el tamaño real del nivel de vida que llevaba este personaje mientras los morelenses comunes y corrientes, pagaban derecho de piso, vivían con miedo, enterraban a sus muertos sin justicia, camionetas de gama alta, relojes, joyería, equipos de comunicación encriptada, habitaciones acondicionadas con lujos que uno solo ve en revistas y junto a todo ese despliegue de dinero, los indicios balísticos que confirmaban que esa finca No era una residencia de descanso, era una posición fortificada,

cargadores de armas largas, escopetas, casquillos, material táctico, la radiografía de un grupo armado operando con total tranquilidad en suelo mexicano. Y todo esto que acaba de escuchar es apenas la primera capa, porque lo que apareció debajo de la tierra de Safca es lo que ha dejado mudos hasta los propios peritos.

Si a usted le indigna que mientras millones de familias mexicanas no llegan a fin de mes y le tienen que pagar al líder de la cuadra para que las deje vender en paz, estos personajes vivieran rodeados de lujos pagados con el miedo y la sangre del pueblo de Morelos. Suscríbase, aquí no se les va a olvidar ninguno de sus nombres.

La gente lleva décadas pidiendo que alguien entrara a una finca como esta y la abriera de par en par. Y por fin en este sexenio está pasando. Los hallazgos de los aguacates llevaban años esperando ese cateo y los responsables de que no se hiciera antes también tienen nombre, aunque algunos todavía nadie se los haya leído en voz alta. No cierre este video porque el detalle que apareció en el fondo de la propiedad es lo que convierte este caso en uno de los más graves de los últimos años en Morelos.

Pero lo más fuerte del cateo no fueron las armas ni los lujos, por más escandalos que sonaran. Lo más fuerte vino cuando los peritos empezaron a remover la tierra en el fondo de la propiedad. Ahí, en una zona apartada de la finca, comenzaron aparecer indicios que apuntaban a algo que ningún reporte oficial había contemplado. Rastros de presuntas fosas clandestinas dentro de la misma propiedad donde se sentaba a negociar el destino de los municipios de Morelos.

La finca no era solo el lugar de las reuniones políticas, era, según todo apunta, el lugar donde se ejecutaba también todo lo que esas reuniones autorizaban en silencio. ¿Y cuántas personas habrían pasado por ese fondo de la finca antes de que la FEMDO entrara? La cifra estimada que se está manejando en los expedientes es la que nadie quiere pronunciar en voz alta.

Para entender por qué esto importa, hay que recordar quiénes eran esos alcaldes que aceptaron entrar a la finca. Hablamos del presidente municipal de Cuautla, Jesús Corona Damián, un hombre que ganó las elecciones con un lema de campaña que hoy cuando uno lo escucha da hasta vergüenza ajena repetirlo. De la seguridad me encargo yo.

Esas seis palabras se las prometió a los votantes de Cuautla y resulta que según todo lo que está saliendo, la seguridad efectivamente se la encargaron, pero no al ayuntamiento, sino al líder regional del cártel de Sinaloa. La frase electoral que parecía una promesa de protección ciudadana terminó siendo, según versiones que circulan en los expedientes, una clave entre socios.

Siga viendo, porque el otro alcalde que entró a esa finca todavía no ha aparecido en ningún tribunal y la razón por la que sigue libre es lo más vergonzoso de toda esta historia. Y junto a Corona, Damián estaba el alcalde de Atlatucán, otro municipio que llevaba años bajo control silencioso de la misma red.

Dos hombres con banda presidencial, con escoltas pagadas por el herario, con discursos sobre el bienestar de sus comunidades, sentados en una finca rodeada de armas frente a un líder narco que les dictaba las condiciones del pacto. La fotografía moral de cómo se gobernaba en una buena parte de Morelos antes de que la FEMDO entrara a los aguacates.

Uno escucha esto y no sabe si reír o llorar. Y lo peor es que durante años los vecinos de esos municipios lo intuían, lo comentaban entre ellos, pero nadie en el gobierno anterior se atrevía a tocar la finca. ¿Por qué precisamente esa finca en ese municipio con esos dos alcaldes? Hay una razón muy concreta detrás de cada uno de esos detalles y cuando se conecten todos los puntos, todo va a encajar de golpe.

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