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JOSÉ ÁNGEL “MANTEQUILLA” NÁPOLES : Por esto Lo ABANDONARON No lo CREERAS s

JOSÉ ÁNGEL “MANTEQUILLA” NÁPOLES : Por esto Lo ABANDONARON No lo CREERAS s

El presidente de México le llamó por teléfono. Le ofreció carros, relojes, dinero en efectivo, lo que pidiera. Y él pidió una sola cosa, ser mexicano. Ese hombre era el mejor welter del mundo, campeón mundial, 15 defensas del título. HBO dijo que era el mejor desde Sugar Ray Robinson y murió en una casa prestada sin un peso.

 Su esposa Berta miró a la cámara y dijo que había días que no les alcanzaba para comprar leche. El mismo hombre es el que rechazó el dinero del presidente para pedir ser mexicano y el que murió sin alcance para la leche. ¿Cómo llega un hombre así a ese final? Necesitas escuchar todo porque si te vas antes del final no vas a entender la parte que más duele.

 Su nombre era José Ángel Nápoles. Nació el 13 de abril de 1940 en Santiago de Cuba, la misma ciudad que le dio al mundo el son, el bolero y una manera de mover el cuerpo que el mundo entero terminó imitando. Y desde esa misma ciudad salió huyendo a los 19 años porque un hombre llamado Fidel Castro acababa de cambiar las reglas de todo lo que Nápoles conocía, de todo lo que había planeado para su vida.

 En los próximos 55 minutos vas a conocer cuatro cosas que nadie te ha contado completas sobre el mantequilla Nápoles. Primera, lo que pidió cuando el presidente de México le llamó por teléfono. Le ofrecieron carros, relojes, dinero en efectivo, lo que el campeón del mundo quisiera. y él pidió algo que ningún boxeador mexicano había pedido jamás en esa situación.

Eso define quién fue este hombre mejor que cualquier campeonato que haya ganado. Segunda, la noche en Francia, el pulgar en el ojo, la pelea contra Carlos Monzón que Julio Cortázar inmortalizó en uno de los cuentos más citados de la literatura latinoamericana del siglo XX. Y el detalle que nadie menciona cuando cuenta esa historia.

Mantequilla nunca supo que ese cuento existía, nunca lo leyó, nunca lo conoció. Tercera, el desprendimiento de retina que nadie le dijo a tiempo, lo que el médico encontró después de su última pelea y que cambia cómo se entienden los últimos años de su carrera. Lo que eso significa para un hombre cuya vida entera dependió de ver bien, de leer los golpes antes de que llegaran, de encontrar los ángulos con precisión de milímetro.

 Doy la cuarta, la frase de su esposa Berta. Una sola frase, la más corta de toda esta historia y la más devastadora de todas las que vas a escuchar hoy. Te aviso cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, no vas a entender por qué este hombre merece mucho más de lo que México le dio. Guarda esto, la frase de Berta. Ya llegamos a ella, Santiago de Cuba, el mundo que lo formó. Santiago de Cuba.

  1. Una ciudad del oriente de la isla, donde el calor no da tregua en ninguna época del año y donde la música sale de las ventanas y de los patios a cualquier hora del día o de la noche. ciudad más caribeña de Cuba, si eso es posible decirse, de una isla que ya es completamente caribeña en todos sus rincones, la que tiene el son más antiguo, el bolero más dramático y una manera de mover el cuerpo que los santiagueros aprenden antes de aprender a caminar y que en otros países la gente pasa años intentando imitar sin del todo

conseguirlo. En ese ambiente nació José Ángel Nápoles y en ese ambiente aprendió algo que después le serviría en el ring más que cualquier golpe que le enseñara cualquier entrenador en cualquier gimnasio. El movimiento de pies, el ritmo y la capacidad de ubicar el cuerpo exactamente donde tiene que estar, una fracción de segundo antes de que el rival sepa que tenía que estar ahí.

La intuición del espacio y del tiempo que en Santiago de Cuba no se enseña, simplemente se absorbe porque está en el aire, en la música, en la manera en que los hombres se mueven por la calle. Los santiagueros bailan antes de caminar. Eso no es una exageración poética. Es la descripción de un ambiente donde el cuerpo aprende desde los primeros años de vida que el movimiento tiene ritmo, que el ritmo tiene belleza y que la belleza del movimiento es algo que vale la pena cultivar.

Y José Ángel Nápoles creció en ese ambiente absorbiendo ese ritmo antes de que nadie le pusiera un par de guantes en las manos y le dijera que eso que había estado haciendo toda la vida tenía aplicación en un cuadrilátero. El boxeo llegó después, pero llegó sobre esa base ya construida, sobre ese cuerpo que ya sabía moverse antes de aprender a pelear.

que ya tenía el sentido del equilibrio y del ritmo que los entrenadores de boxeo pasan años intentando desarrollar en sus alumnos y que Nápoles simplemente ya estaba ahí, formado por la ciudad donde nació, por la música que lo rodeó desde niño, por el ambiente que le enseñó que el cuerpo puede hacer cosas que la mente no termina de calcular.

debutó como profesional el 2 de agosto de 1958. tenía 18 años en La Habana, no en Santiago, en el circuito profesional cubano de esa época, donde el boxeo todavía vivía y respiraba con la misma intensidad que en México o en Estados Unidos, donde los promotores tenían contratos reales y las peleas se anunciaban en los periódicos y la gente pagaba para verlas.

Ocho peleas, una sola derrota. una trayectoria que apuntaba hacia algo más grande. Y entonces llegó enero de 1959. Fidel Castro entró a la Habana. La revolución cubana que el mundo entero registró como un evento político de primera magnitud transformó la vida de José Ángel Nápoles de una manera que no tenía nada que ver con la política y todo que ver con el boxeo.

El nuevo gobierno revolucionario prohibió el boxeo profesional en Cuba, no como una medida secundaria que podía renegociarse después, como una decisión ideológica central es parte de la filosofía que guiaba al nuevo régimen. Los atletas cubanos no podían ser mercancía. El deporte tenía que ser amateur, colectivo, al servicio del estado y de la gloria nacional, y no al servicio de los promotores y las apuestas y el dinero privado que circundaba el boxeo profesional en el mundo capitalista que la revolución rechazaba. Para Nápoles,

que tenía 18 años, ocho peleas profesionales, una sola derrota y toda una carrera por delante. Esa decisión era una sentencia de muerte deportiva. Seguir en Cuba significaba abandonar el boxeo profesional, entrenar para representar al Estado en competencias amater, renunciar al camino que él había elegido y al que le había dado ya sus primeras victorias reales.

Abandonar el único sueño que tenía. ¿Qué hace un hombre de 19 años cuando el gobierno de su propio país le cierra el único camino que conoce? cuando la decisión de quedarse equivale a abandonar para siempre el único proyecto que tiene, cuando el país donde nació, el país al que pertenece, le dice que lo que él quiere hacer con su vida no es compatible con lo que el Estado ha decidido que la gente debe hacer con la suya, José Ángel Nápoles tomó la única decisión que para él tenía sentido.

que fue, no con un discurso político, no con resentimiento declarado. Se fue porque el boxeo era más grande que cualquier frontera, que cualquier gobierno, que cualquier ideología. Y el país al que llegó terminaría siendo el único que él reconocería como suyo para el resto de su vida. Llegada a México, el exilio que se convirtió en patria México.

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