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Arquitectos del odio: El proyecto que nos hizo pasar de ser inseparables a destruir nuestras carreras en Barcelona

Arquitectos del odio: El proyecto que nos hizo pasar de ser inseparables a destruir nuestras carreras en Barcelona

(El ambiente es tenso. Marc está sentado frente a su ordenador, Elena entra sin llamar. El despacho es minimalista, frío, como sus relaciones actuales.)

Elena: ¿Todavía editando el dossier de prensa? ¿O estás retocando los créditos para borrar mi nombre por completo?

Marc: Elena, por favor. No empieces. El proyecto necesita un solo nombre para la licitación final. Es marketing, no es personal.

Elena: ¿No es personal? ¡Vivimos juntos tres años mientras este plano cobraba vida! Me debes cada píxel de ese render.

Marc: Me debes a mí el contacto con el grupo inversor. Sin mis relaciones en el Ayuntamiento, esto sería solo un dibujo bonito en un papel de estraza.

Elena: (Se acerca y apoya las manos sobre la mesa) Las relaciones se hacen, Marc. El talento… el talento no se puede comprar. Y tú, mi querido amigo, estás comprando tu camino al abismo.

Marc: ¿Me estás amenazando?

Elena: Te estoy advirtiendo. He hablado con el Colegio de Arquitectos. Los borradores originales tienen fecha anterior a tu entrada en el contrato.

Marc: (Ríe con frialdad) ¿Crees que les importa? Ya he movido los hilos. Barcelona es pequeña, Elena. Muy pequeña.

Elena: Lo suficiente para que nos crucemos en el camino cuando todo esto explote. Porque va a explotar.

Marc: ¿Por qué te importa tanto? Podrías haberme pedido un porcentaje. Podríamos haber compartido el éxito.

Elena: Porque esto no es sobre dinero, idiota. Es sobre quiénes somos cuando nadie nos ve. Éramos los “chicos prodigio” de la ciudad. Ahora solo somos dos nombres que la gente va a recordar por el escándalo, no por el edificio.

Marc: (Se levanta) El edificio es magnífico. Eso es lo único que quedará.

Elena: El edificio se verá bonito, sí. Pero tendrá los cimientos manchados de sangre. Y cada vez que entres en él, verás mi sombra en cada pared.

Marc: Ya te has ido, Elena. Tu sombra no pinta nada aquí.

Elena: Oh, Marc. No me he ido. Estoy esperando a que firmes la sentencia final. Los periodistas ya tienen las pruebas de la irregularidad estructural que omitiste.

Marc: (Se pone pálido) ¿Qué? No puedes haber hecho eso. Destruirías el proyecto.

Elena: Si yo no puedo ser la arquitecta, nadie será. Esa es la lección que aprendí de ti: si no puedes ganar, asegúrate de que todos pierdan.

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