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Cómo Era una Mansión Victoriana Por Dentro — Era Victoriana (1880)

Cómo Era una Mansión Victoriana Por Dentro — Era Victoriana (1880)

—¿Ya llegaste?
—Sí… pero esta casa no parece una casa.
—Porque no lo es del todo. En 1880, una mansión victoriana era casi un pequeño reino.

La puerta principal se abrió lentamente.

—Escucha ese sonido…
—¿El picaporte?
—Bronce macizo sobre madera lacada. Incluso la puerta estaba diseñada para impresionar.

Un mayordomo esperaba inmóvil al otro lado.

—Buenas tardes, señor. La familia los espera en el salón.
—Ni siquiera tuvimos que tocar dos veces…
—Aquí siempre hay alguien esperando. No por amabilidad, sino porque es su trabajo.

Entraron al vestíbulo.

—Dios mío… mira esa escalera.
—Mármol italiano. Y esa lámpara de araña multiplica la luz de las velas para que todo parezca más brillante y más caro de lo que ya es.

—Esto parece un hotel.
—No. Un hotel intenta recibirte. Esta casa intenta decirte quién manda.

Caminaron lentamente mientras los pasos resonaban sobre el suelo encerado.

—Entonces… ¿quién vivía aquí?
—La aristocracia o la nueva burguesía industrial. Gente enriquecida con fábricas, bancos, comercio imperial.
—O sea, los dueños del mundo victoriano.
—Exactamente.

Subieron unos escalones.

—La casa estaba dividida como una sociedad entera.
—¿Cómo así?
—El sótano pertenecía al servicio. La planta principal a las apariencias. Los pisos superiores a la familia. Y el ático… otra vez al servicio.

—Ni siquiera dentro de la casa todos eran iguales.
—En la época victoriana, la igualdad no era una prioridad estética.

Llegaron al salón principal.

—Esto es… demasiado.
—Eso pensaban algunos incluso en aquella época.

Las paredes estaban cubiertas de papel pintado con flores oscuras y doradas. Había cuadros desde el zócalo hasta el techo.

—¿Por qué había tantas cosas?
—Porque el vacío parecía pobreza. Cada rincón debía demostrar cultura, viajes, dinero o gusto refinado.

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