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Cómo eran los viajes en carruaje en la época victoriana

Cómo eran los viajes en carruaje en la época victoriana

—Desde fuera, los viajes en carruaje en la época victoriana parecen elegantes, ¿no?

—Claro. Uno imagina ruedas brillantes, caballos impecables y señores refinados atravesando Londres bajo la niebla.

—Sí… pero la realidad empezaba en cuanto las ruedas tocaban el camino.

—¿Tan incómodo era?

—Muchísimo más de lo que creemos hoy. El carruaje victoriano era mitad promesa y mitad castigo.

—¿Castigo?

—Piensa en esto: carreteras irregulares, barro, polvo, frío entrando por cada rendija… y horas enteras rebotando dentro de una caja de madera y cuero.

—Entonces no era precisamente un viaje relajante.

—No. Incluso los mejores carruajes sacudían el cuerpo constantemente. El ruido de las ruedas, el traqueteo del hierro, el movimiento brusco… nunca desaparecían.

—Pero al menos los ricos viajaban cómodos, ¿no?

—Más cómodos, sí. Pero no cómodos según nuestros estándares modernos.

—¿Qué tipos de carruajes usaban?

—La aristocracia encargaba vehículos grandes y elegantes, pensados para mostrar estatus. La clase media profesional prefería modelos más prácticos, como el Brougham.

—¿Y los taxis?

—Ah, los famosos Hansom Cabs.

—¿Los de Sherlock Holmes?

—Exactamente. Vehículos rápidos de dos ruedas, con el conductor sentado arriba y detrás. Muy comunes en Londres hacia finales del siglo XIX.

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