El desafío era monumental. Cómo representar una orjía bíblica convincente manteniendo el contenido apropiado para audiencias familiares. Demil necesitaba capturar la degeneración moral del pueblo sin cruzar líneas que los sensores jamás permitirían. La solución fue filmar extensamente, pero con ángulos cuidadosamente calculados.
Charton Heston recordaba esta filmación como una de las más agotadoras de toda la producción. El calor, la repetición constante, el caos controlado de cientos de extras bailando y celebrando sin parar. La situación se volvió tan tediosa y extenuante queon escuchó a una extraemenina quejarse abiertamente. ¿Con quién tengo que acostarme para salir de esta película? El resultado final que llegó a las pantallas fue apenas una fracción del material filmado.

The había capturado mucho más de lo que finalmente se vio en cines. Escenas enteras fueron eliminadas para satisfacer a los sensores y mantener la clasificación apropiada para todos los públicos. El metraje completo de esas tres semanas de rodaje permanece guardado en las bóvedas de Paramount Piters.
Nunca mostrado al público general. La ironía es brutal. El castigo divino que sigue en la película Cuando la Tierra se abre y traga a los pecadores parece desproporcionadamente severo comparado con lo que finalmente se muestra en pantalla. Pero si hubieras visto el material completo original, entenderías por qué la ira de Dios fue tan terrible.
El desastre de las ranas, la plaga que provocó carcajadas. Ahora llegamos a la escena eliminada, más infame, costosa y vergonzosa de toda la producción. Esta es la historia que todos los cinéfilos conocen, pero pocos han visto. La plaga de las ranas que jamás llegó a las pantallas. Esta secuencia representaba la segunda de las 10 plagas divinas enviadas por Dios para quebrar la obstinada voluntad del faraón.
basándose en el pasaje del libro del Éxodo, capítulo 8, versículo 6. Y las ranas subieron y cubrieron la tierra de Egipto. La producción gastó una fortuna preparando esta escena bíblica. Cientos de ranas auténticas fueron cuidadosamente adquiridas, transportadas al ser en condiciones especiales y manejadas por entrenadores especializados.
Se construyeron canales elaborados y rutas diseñadas específicamente para dirigir a los anfibios a través del majestuoso palacio del faraón. El departamento de arte creó pantanos artificiales cubiertos de juncos donde se filmaron tomas de masas de ranas acumulándose. Los actores egipcios pasaron días completos ensayando sus reacciones de horror y disgusto ante la invasión sobrenatural.
Las mujeres del palacio practicaban gritos de terror mientras corrían despavoridas. Los soldados simulaban intentos desesperados de detener la marea interminable de anfibios altarines. La escena fue filmada en su totalidad. Existen fotografías del set, dibujos conceptuales del artista John Hinesen, notas de producción detalladas.
Todo el material quedó registrado profesionalmente en película de 35 mm. Entonces llegó el momento de la verdad, las proyecciones de prueba. El desastre fue inmediato y total. Cuando la secuencia completa se proyectó ante audiencias de prueba cuidadosamente seleccionadas, ocurrió exactamente lo opuesto a lo planeado.
En lugar de sentir el terror sagrado ante el poder divino manifestándose, el público estalló en carcajadas incontrolables, las ranas saltando caóticamente por el palacio mientras los actores intentaban mantener expresiones dramáticas resultaron involuntariamente hilarantes. Las mujeres egipcias corriendo y gritando mientras pequeños anfibios brincaban tras ellas.
Parecían una comedia slapstick, no una manifestación del juicio divino. Los espectadores no podían tomarlo en serio. Para un perfeccionista obsesivo como de 1000, esto fue absolutamente inaceptable e imperdonable. El director había creado una película solemne, reverente, épica. no podía permitir que un solo momento de comedia accidental destruyera completamente el tono sagrado que había construido meticulosamente durante toda la narrativa.
La decisión fue brutal, pero inmediata. La escena completa fue eliminada de la versión final. Decenas de miles de dólares invertidos, semanas de planificación detallada simplemente desaparecieron, cortadas, eliminadas, enterradas. Pero aquí viene lo fascinante. En el controvertido reestreno de 1966, una década después del estreno original, fragmentos misteriosos de esta escena prohibida resucitaron parcialmente.
Alguien en Paramo decidió intentar rescatar algo del material perdido. Utilizaron fotografías fijas tomadas durante el rodaje original. incorporaron la música orquestal dramática de Elmer Bernstein, compuesta específicamente para esa secuencia, y agregaron algunos breves segundos salvados del metraje cinematográfico original para reconstruir parcialmente la escena dentro de su contexto narrativo apropiado.
Fue un intento desesperado de justificar todo ese trabajo perdido, de darle algún propósito al material eliminado. Durante ese breve periodo, audiencias selectas pudieron finalmente presenciar fragmentos de la infame plaga de las ranas. Sin embargo, en lanzamientos posteriores en formato casero, primero en BHS, luego en DVD y finalmente en Blu-ray, la escena desapareció completamente nuevamente.
Las decisiones editoriales modernas sobre ritmo narrativo apropiado condenaron la secuencia al olvido permanente. Hoy en día la plaga de rana se ha convertido en una leyenda cinematográfica, un misterio perdido que pocos espectadores modernos conocen. El metraje completo original permanece guardado en alguna bóveda de archivo de Paramon Picturers, probablemente deteriorándose lentamente, jamás destinado a ser visto por el público general, el bebé Moisés.
Escenas extendidas, perdidas para siempre. La secuencia donde Moisés bebé es colocado en una canasta de mimbre y enviado río abajo por el Nilo para escapar del genocida decreto del faraón es profundamente emotiva. Pero lo que finalmente llegó a las pantallas es apenas una versión condensada del material originalmente filmado.
Las tomas originales eran mucho más extensas y dramáticamente intensas. El metraje mostraba la frágil canasta flotando peligrosamente cerca de cocodrilos hambrientos que acechaban en las aguas turbias del Nilo. Pasaba por rápidos turbulentos donde parecía que se voltearía en cualquier momento. La tensión era insoportable, el suspense casi cruel.
Las cámaras capturaron tomas de la madre de Moisés y su hermana Miriam observando desesperadamente desde la orilla, completamente impotente para intervenir. Sus rostros reflejaban angustia pura mientras veían al bebé indefenso alejarse hacia un destino incierto rodeado de peligros mortales. Estas escenas extendidas fueron significativamente reducidas en el montaje teatral final de 1956.
