Posted in

La Turbulenta Y Alocada Vida de Enrique Rocha | Una Vida de Excesos

Entonces me dijo Gurrol, “Oye, pues tienes muy buena voz y tienes una buena apariencia.” Hola, ¿qué tal amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de Tutoriales Gerberí. En esta ocasión hablaremos sobre Enrique Rocha, más conocido como el vampiro de la zona rosa. En este video hablaremos sobre todas sus polémicas, todas sus tragedias y déjenme contarles que no fueron pocas, así que quédense hasta el final de este video porque estará buenísimo.

Pero antes de comenzar con este que teng me gustaría invitarlos a suscribirse a nuestro canal y activar la campanita para que así tú no te pierdas de ninguno de nuestros interesantes temas. Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje Chencha, un hombre bondadoso, inteligente. Enrique Miguel Rocha Ruiz nació el 5 de enero de 1940 en Silao, Guanajuato, dentro de una familia acomodada, conservadora y profundamente católica.

Y desde ahí, desde su origen,  ya venía cargando varios elementos que más tarde iban a convertirse en parte de su sello artístico. el porte serio, los rasgos duros, la presencia imponente y sobre todo esa voz grave, profunda, casi de trueno elegante  que con el tiempo se volvería imposible de olvidar.

Porque si algo marcó a Enrique Rocha incluso antes de que el público lo identificara como villano de telenovela, fue precisamente esa voz.  Una voz que parecía salir de otro lado, como si cada frase viniera cargada de amenaza, misterio o autoridad. La neta es que Enrique Rocha sí tenía un vozarrón muy envidiable, pero no solamente era la voz, sino la presencia enigmática que hacía que las damas se derritieran por él.

Pero aunque en las telenovelas se miraba muy serio, los que lo conocieron dicen que no, que era un tipo bien buena onda y bien bromista. Es que a veces, amigos, las apariencias se engañan. Uno piensa que porque habla todo así acá bien bozarrón es bien serio, pero no. Dice el dicho que el león no es como lo pintan por aquí y por allá no tengo coche ni celular.

Y según se ha contado, esa voz la heredó de su madre, doña Socorro, una mujer que también le habría dejado esos rasgos fuertes del rostro, esa expresión seria y esa presencia que no necesitaba demasiados gestos para imponer. En su niñez, Rocha no parecía destinado necesariamente a los reflectores.  Venía de una familia donde la disciplina, la educación y las formas pesaban bastante.

No era el muchacho que desde niño andaba soñando con cámaras, escenarios y aplausos.  Su camino al principio parecía ir por otro lado, más formal, más correcto, más acorde con lo que se esperaba de un joven de buena familia. A los 14 años, su vida dio un giro importante cuando su familia se mudó a la Ciudad de México. La intención era clara,  darle una educación de mayor nivel, abrirle mejores oportunidades y prepararlo para una vida seria, profesional, respetable.

Primero estudió en el Colegio México y más adelante ingresó a la UNAM, donde comenzó la carrera de arquitectura. Pero ahí es donde la historia empieza a tomar otro rumbo, porque Enrique Rocha sí entró a arquitectura, sí parecía tener frente a él un camino más estable y tradicional, pero esa carrera nunca la terminaría.

Y no porque le faltara capacidad, sino porque la vida le tenía preparado otro escenario, uno muy distinto a los planos, las maquetas y los cálculos. Es que vean amigos, la mayoría de los artistas de los que hemos hecho videos, siempre que entran a la UNAM pasa algo que terminan descubriendo que la carrera que escogieron no es lo que ellos quieren para su vida.

Y en el caso de Enrique Rocha no es otro más que aquel joven que descubre que su vocación está muy lejos de lo que sus padres esperan de ellos. Así que aquel joven guanajuatense, educado bajo reglas firmes y expectativas familiares, terminó desviándose del camino que parecía marcado. Dejó atrás la idea del arquitecto respetable y comenzó a acercarse, casi sin imaginar la dimensión que tendría después al mundo de la actuación.

Y vaya ironía, no terminó construyendo edificios, pero sí construyó una de las presencias más imponentes de la televisión mexicana. Yo creo que Enrique Roche es un actor que tiene mucho oficio y es un actor que ha dedicado toda su vida a la actuación. Al entrar a la universidad, aquella educación católica estricta y de familia bien que Enrique Rocha había recibido desde niño, empezó a venirse abajo.

Y no poquito, amigos. Se le vino como castillo de naipes, porque de pronto el muchacho formado bajo reglas, disciplina y buenas costumbres descubrió una Ciudad de México distinta.  más libre, más nocturna, más tentadora y mucho más perigosa para alguien que traía ganas de romper con todo. Fue en esa etapa cuando comenzó lo que él mismo llegó a llamar la edad de la punzada y el nombre le quedaba como anillo al dedo porque ahí vinieron las faltas, las calificaciones por los suelos, los pleitos con sus padres y esa rebeldía de

joven que ya no quería pedir permiso ni dar explicaciones. Y es que vean, amigos, llegó a la Universidad Autónoma de México y se empezó a juntar con la banda, o sea, con esos amigotes que les gustan las cheves, la bohemia, la guitarra y todas esas cosas que luego, pues, quieras o no, te llaman mucho la atención y pues te desvían de las metas y las promesas que le has hecho a tus papás.

El Hamblet para mí era un compromiso tremendo. Yo tenía 21 años y ay, todavía no hacías. La carrera de arquitectura empezó a quedar en segundo plano mientras la noche los amigos,  las mujeres y la bohemia comenzaron a ocupar el lugar principal. A los 18 años, Enrique tomó una decisión fuerte.

Se fue de su casa, dejó atrás el hogar familiar y decidió vivir a su manera, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Y ahí arrancó una etapa que, contada con calma parece casi  película de época. El joven guanajuatense, bien vestido, conte elegante, voz profunda y mirada de misterio,  metiéndose de lleno en la vida bohemia de la capital.

En esos años se movió entre artistas, escritores, intelectuales y personajes de la noche. Y  fue nada menos que Carlos Fuentes quien le puso un apodo que lo seguiría durante mucho tiempo,  el vampiro de la zona rosa. Una reseña de las fiestas que hacíamos en la zona rosa y ahí me bautizó con el nombre del vampiro de la zona rosa, cosa que le agradezco mucho.

Ahí sí que la cosa se empezó a poner buena, ¿verdad? Porque imagínense, empezó a juntarse con Carlos Fuentes. Ay papá, ese sí que tenía una vida bastante alocada porque fue un escritor muy conocido y muy exitoso, pero según lo que se sabe de él es que pues organizaba orjías y pachangas que duraban días. Y fue por este motivo que Rita Macedo decidió separarse de él cuando fue su esposa.

Y esto, amigos, no lo estoy diciendo yo, sino lo dice su propia hija, Cecilia Fuentes, en el libro que ella recopiló llamado Mujer en papel, que son las memorias de Rita Macedo. Y pues fue él Carlos Fuentes, quien le puso el apodo de vampiro de la zona rosa. ¿Por qué? Porque Rocha vestía impecable, se veía elegante, tenía ese aire oscuro y distinguido, pero además casi nunca dormía de noche.

Read More