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El Chiste Que Aterrorizó A CUBA | El SECRETO De ANTOLÍN EL PICHÓN y SABADAZO 📺

 

 

Uno de los vídeos prohibidos más buscados de Cuba no era una finta de asesinato, tampoco era un vídeo de contenido sexual, ni siquiera era un manifiesto político, era un sketch de comedia. Desde 2017, circulando de mano en mano, de USB en USB, de amigo en amigo en secreto, este vídeo se burlaba abiertamente de la institución más temida del estado, el G2, la seguridad del Estado.

 Durante años te dijeron que en Cuba los que criticaban al régimen eran encarcelados sin piedad. Es verdad, pero nunca te hablaron de aquel hombre al que ni siquiera Fidel Castro se atrevió a silenciar. No tenía armas, no tenía partido, no tenía apoyo extranjero, solo tenía un sombrero de Yarey, un tabaco y esa máscara de campesino ingenuo que nunca se quitó del rostro. Su nombre, Antolín el Pichón.

 Él contó los apagones, las colas de comida y la incompetencia del régimen con chistes de doble sentido, tan afilados que el pueblo lo declaró héroe. El G2 lo interrogó varias veces. fue ejecutado silenciosamente de la televisión, pero su voz nunca se cayó. Quédate conmigo porque hoy vamos a destapar la verdadera historia de un suicidio hecho con humor, los secretos de aquel guajiro que hizo temblar a toda una dictadura con carcajadas.

 Pero antes de entrar en las tripas de esta historia, necesito que entiendas algo fundamental. Este hombre no era un disidente común. No era un intelectual de la Habana con contactos en el extranjero. No era un exmilitar resentido ni un periodista independiente financiado por fundaciones. Era algo mucho más peligroso para el sistema.Nacional Oficial: José Aja en Los Céspedes (10/09/2014) - YouTube

 Era uno de ellos, un guajiro de verdad, un hijo del campo cubano que hablaba exactamente como hablaba el pueblo, que sufría lo que sufría el pueblo y que decía lo que el pueblo pensaba, pero no se atrevía a pronunciar. Ángel García Mesa nació el 30 de diciembre de 1953 en Manacas, un pueblo pequeño de la provincia de Villacara, en el corazón de Cuba.

 Si tú piensas en un humorista famoso, ¿te imaginas a alguien que estudió actuación, que creció en La Habana, que tuvo contactos en el mundo del espectáculo desde joven, pero Ángel era otra cosa. Era un muchacho del campo que a los 19 años todavía estaba en la secundaria, no por falta de inteligencia, sino porque la vida en el campo cubano no dejaba mucho tiempo para los libros.

 Había que trabajar la tierra, había que sobrevivir. Detente un segundo a pensar en esto. Un joven campesino, sin educación formal, sin conexiones, sin dinero, logró convertirse en una de las voces más influyentes de Cuba y lo hizo no a pesar de su origen humilde, sino precisamente por él. Ángel trabajó como soldador, trabajó como tractorista.

 Sus manos estaban llenas de callos, curtidas por el sol y el hierro. Y aquí viene uno de los episodios más absurdos y reveladores de su vida. Cuando intentó inscribirse oficialmente como artista, le dijeron que no podía. La razón que le dieron te va a parecer inventada, pero está documentada en sus propias entrevistas.

Le dijeron que sus manos no eran lo suficientemente suaves, que un artista debía tener manos delicadas, que él con esas manos de obrero no calificaba. Fíjate bien en esto, porque es clave para entender todo lo que viene después. El sistema burocrático cubano, ese mismo sistema que presumía de ser el gobierno de los trabajadores, le negaba el derecho a ser artista precisamente por ser trabajador.

 La ironía es tan brutal que parece ficción, pero esa ironía, esa contradicción absurda entre el discurso oficial y la realidad sería exactamente el combustible que alimentaría toda su carrera. El primer punto de inflexión llegó en Santa Clara cuando se presentó a una audición con el legendario Leopoldo Fernández conocido como Chaflán.

 Este hombre era una institución del humor cubano, el maestro de una generación entera de comediantes. Y Chaflan vio algo en aquel guajiro de manos callosas que otros no habían visto. Vio autenticidad, vio talento crudo, vio a alguien que no necesitaba actuar de campesino porque ya lo era. Pero aquí viene lo que nadie te contó. Anolina el pichón no nació de la nada.

No fue una creación espontánea de Ángel García Mesa, solo hubo un arquitecto detrás del personaje, un genio de la escritura humorística cuyo nombre merece ser recordado. Alberto Luberta. Ángel se presentó un día en Radio Progreso con una idea en la cabeza. le dijo a Luberta que quería crear un personaje de campesino, algo auténtico, algo que conectara con el pueblo.

 Y Luberta, que tenía el don de convertir ideas vagas en oro televisivo, le respondió que volviera al día siguiente. Esa noche, Luberta creó el nombre y el primer monólogo. Al amanecer siguiente, Antoline el Pichón existía oficialmente. Ese nombre, piensa en ese nombre por un segundo. Pichón. En Cuba, un pichón es un ave joven inexperta que todavía no ha aprendido a volar.

 Es también en el argot popular alguien ingenuo, alguien que no entiende cómo funciona el mundo. Era el nombre perfecto para el personaje que Ángel quería crear, el guajiro que parece no entender nada, pero que en realidad lo entiende todo. Y aquí entramos en el terreno más jugoso de esta historia. El personaje despegó en la década de los 90, justo cuando Cuba atravesaba el periodo especial.

 Si no viviste esa época, déjame pintarte el cuadro. La Unión Soviética había colapsado. Los subsidios que mantenían a flote la economía cubana desaparecieron de la noche a la mañana. El país entró en una crisis tan brutal que la gente perdía peso a un ritmo alarmante. Los apagones duraban 16, 18, 20 horas al día.

 El transporte público prácticamente dejó de existir. La comida se convirtió en una obsesión diaria. En medio de ese infierno apareció un programa que se convirtió en válvula de escape para millones de cubanos. Sabadazo. Sabadazo era el programa de los sábados por la noche. Era la cita obligada de toda la familia cubana y Antolín el Pichón era una de sus estrellas más brillantes.

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