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CARMEN SALINAS: La VERDAD sobre la ACUSACIÓN que DESTROZÓ su MEMORIA, esta fue la razón…

Como ese duelo le apagó para siempre la voz imitadora que era su sello de fábrica y por qué la hipertensión que nació de ese dolor fue exactamente la misma enfermedad que 27 años después la mató. Y cuarto, la verdad sobre quién era realmente Carmen Salinas cuando nadie le estaba grabando, qué dejó construido en el mundo cuando murió y por qué la decisión de acusar públicamente a los muertos dice mucho más sobre los vivos que sobre cualquier otra cosa.

Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas cuatro revelaciones. Si te vas antes del final, te pierdes la cuarta. Y la cuarta es la que cambia completamente el ángulo desde el que ves todo este escándalo. Pero antes de hablar del hombre que la señaló, necesitas entender de dónde venía esta mujer, porque sin ese origen, sin esa infancia, sin ese dolor de fondo, el resto de la historia se queda sin piso.

Había una niña en Torreón, Coahuila, que sabía lo que era el hambre antes de saber leer. Carmen Salinas Lozano nació el 5 de octubre de 1939 en esa ciudad del norte de México. Era hija de Carmen Lozano Viramontes y Jorge Salinas Pérez Tejada. Una pareja que vivía como familia sin serlo del todo, porque Jorge Salinas Pérez Tejada era el tipo de hombre que construía matrimonios de mentira. No uno, varios.

Años después, cuando Carmen Lozano Viramontes fue al juzgado a tramitar el divorcio, la respuesta que recibió la destruyó de una sola vez. Le informaron que nunca había estado casada. Los papeles del matrimonio civil  eran falsos. Los había arreglado él desde el principio. No solo eso, resultó que el mismo hombre había hecho lo mismo con otras mujeres y que solo había contraído matrimonio real y legal con una de ellas.

La madre de Carmen no era su esposa, era una de sus víctimas. Imagina eso. Imagina que la estructura completa de tu familia, el apellido que llevas, el apellido con el que tu mamá te presentó al mundo, resulta ser un engaño administrativo deliberado. Que tu padre no te traicionó solo a ti, traicionó al papel que supuestamente firmó.

traicionó el acto mismo del compromiso. Carmen Lozano Viramontes nunca volvió a casarse. Se quedó sola con sus hijos en una ciudad donde el dinero no alcanzaba. Hay documentos que mencionan que los padres de Carmen perdieron alrededor de cinco hijos por diferentes enfermedades y que la situación económica llegó a ser tan extrema que la señora Carmen Lozano tomó la decisión que cualquier madre tomaría si no tiene más salidas.

Inscribió a sus hijos como huérfanos  en un asilo de la ciudad para que pudieran tener techo y comida, para que no se murieran de hambre. No funcionó, no como había esperado. Según la propia Carmelita recordó en múltiples entrevistas a lo largo de su vida, en ese lugar los maltrataban. El remedio terminó siendo tan dañino como la enfermedad. Guarda este detalle.

Porque Carmen Salinas pasó toda su vida construyendo una imagen de mujer que pudo, de mujer que llegó desde el fondo y lo logró. Y sí, lo logró. Pero nadie contaba en las entrevistas de Alfombra Roja que ese fondo era tan profundo, que el punto de partida era ese, una niña criada en la precariedad, con un padre que nunca existió legalmente, con un asilo donde la maltrataban y con un futuro que dependía únicamente de si su voz servía para algo o no.

Y la voz sí servía. Vaya, si servía. A los 10 años empezó a cantar e imitar voces en estaciones de radio en Monterrey junto a su hermana Josefina Rojas Lozano, quien cantaba en una estación de radio en Torreón y se la llevaba. Carmen vio que eso era una salida,  no una vocación romantizada, una salida concreta.

Si cantaba, comía. Si imitaba a las grandes artistas de la época, la gente la aplaudía. Y el aplauso abría puertas que de otra manera permanecían selladas para los hijos de madres solas en las ciudades del norte de México. En septiembre de 1953, cuando Carmen tenía alrededor de 13 años, el productor de cine, Carlos Amador Martínez, llegó a Torreón durante una visita y la descubrió.

la trajo a la Ciudad de México y el 28 de octubre de ese mismo año, Carmen Salinas hizo su debut como actriz en el cine Ópera de la capital. Esa fecha, el 28 de octubre de 1953, fue el primer día del resto de su vida. ¿Sabes qué es lo más cruel de esta parte de la historia? que una niña de 13 años tuvo que dejar su ciudad, separarse de su familia, viajar sola a la capital con un productor que acababa de conocer para poder tener futuro.

Eso no fue glamour, eso no fue el sueño de una estrella, fue valentía nacida de la desesperación de saber que si no hacías algo con lo único que tenías, lo poco que tenías, desaparecería también. El 5 de enero de 1956, con 16 años, según los registros del Wikipedia y otras fuentes de la época, Carmen Salinas se casó con Pedro Placencia Ramírez, un músico nacido en 1931, 8 años mayor que ella.

Era un matrimonio de época de dos personas de mundos similares que se encontraban en la misma industria. No fue un matrimonio de cuento de hadas, fue un matrimonio de supervivencia afectiva, de dos personas que encontraron en el otro algo que necesitaban y que decidieron construir con eso. De ese matrimonio nacieron sus únicos dos hijos.

Pedro Ernesto Placencia Salinas llegó al mundo el 7 de noviembre de 1956 en Guadalajara. Jalisco y María Eugenia Placencia, que sobrevive  hasta hoy y que en 2026 es la voz que defiende la memoria de su madre con una ferocidad que se nota en cada declaración que da a los medios. Pero entre esos dos hijos, Carmen vivió una cadena de pérdidas que muy poca gente conoce y que casi nadie menciona cuando hablan de su vida.

Cinco abortos espontáneos que llegaban invariablemente a los dos meses de embarazo y un bebé que llegó a los 7 meses de gestación y murió. Un niño al que Carmen le puso de nombre Jesús. Cinco embarazos perdidos antes de saber si ese bebé tendría los ojos de él o la voz de ella. Un niño que vivió 7 meses dentro de su cuerpo y no llegó a ver el mundo.

En una entrevista para Estrella Televisión en 2011, muchos años después, Carmen habló de esas pérdidas con la brevedad de quien ha aprendido a cargar con ese peso sin desmoronarse cada vez que lo menciona. Yo lloraba mucho. No dijo más, no hacía falta. Esas tres palabras lo dicen todo sobre cómo se procesa el dolor que no tiene nombre oficial.

El dolor de los bebés que no nacen y al que la sociedad raramente le da el espacio que merece. El matrimonio con Pedro Placencia Ramírez duró hasta 1979, cuando se divorciaron después de más de 23 años juntos. Después vino un segundo matrimonio con el Dr. Carlos Paulín Trejo, que también estuvo marcado por pérdidas de embarazos.

La infertilidad como sombra constante, como el precio que el cuerpo cobra por razones que la medicina de la época no explicaba bien y que nadie investigaba con el rigor suficiente. Pero a pesar de todo eso o quizá precisamente por todo eso, Carmen Salinas construyó una carrera piedra por piedra, personaje por personaje, proyecto por proyecto.

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