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Elba Esther Gordillo: El ‘PARÁSITO’ que SAQUEÓ a los Pobres… Marcas y Media Vida en PRISIÓN.

poder. En aquellos años, el SNTE  no era solo una organización laboral, era una maquinaria política, una estructura gigantesca capaz de mover votos,  disciplinar regiones enteras y negociar favores con el régimen. Bajo el dominio del PRI, el sindicato era mucho más que un refugio de profesores.

Era un territorio  estratégico, un ejército en apariencia civil. Y Elva Ester, que conocía la humillación del origen, entendió algo antes que muchos. En ese mundo no mandaba quien sabía más,  mandaba quien obedecía mejor, quien tejía alianzas en silencio, quien aprendía a sonreír mientras afilaba el cuchillo. Fue subiendo.

No de golpe, no como en las películas. Subió como suben los que saben esperar, cargo  por cargo, favor por favor, lealtad por lealtad, hasta que llegó 1989 y ahí ocurrió el momento que partió su vida en dos.  México ardía por dentro. Miles de maestros inconformes exigían democracia sindical,  mejores condiciones, salarios dignos.

El viejo cacique del sindicato  Carlos Jonguitud Barrios parecía intocable. Llevaba años controlando el SNT e con puño de hierro.  Pero el 23 de abril de 1989 fue llamado a Los Pinos por el presidente Carlos Salinas de Gortari. La reunión duró apenas media hora, 30  minutos. Eso fue todo lo que necesitó el poder para borrar a un hombre que parecía eterno.

Hongitud salió derrotado y ese mismo día Elva Ester Gordillo fue colocada en la cima. No llegó por voto limpio, no llegó por el amor de las bases.  No llegó porque los maestros la eligieran libremente. Llegó porque el Estado la empujó  hasta ahí, porque el sistema la necesitaba, porque en ella había encontrado a alguien más útil, más disciplinada,  más ambiciosa, más peligrosa.

Años después, ella misma admitiría que llegó al sindicato por decisión del Estado mexicano. Esta confesión lo explica casi todo. El origen de su poder no fue democrático, fue una operación de laboratorio político.  Y sin embargo, ahí está la verdadera tragedia. Porque al principio quizá hubo una duda, una grieta.

Un instante breve en el que la muchacha pobre de Chiapas todavía recordaba lo que significaba estar abajo, pero el poder no tarda en hacer su trabajo. Y cuando una persona ha pasado la infancia temiendo volver a no tener nada,  el poder se convierte en una droga más fuerte que cualquier principio.

El Baester ya no quería sobrevivir, quería mandar. Quería humillar antes de ser humillada. Quería que nadie volviera a mirarla desde arriba. Lo que comenzó como ascenso pronto se convirtió en apetito y lo que parecía una victoria personal empezó a tomar la forma de algo mucho más oscuro.  Porque una vez que descubrió que el aula también podía usarse como botín, ya no hubo vuelta atrás.

El poder no siempre entra haciendo ruido. A veces entra en silencio, firma papeles, reparte favores, sonríe para la foto y después se queda a vivir dentro de las instituciones como una enfermedad que nadie se atreve a nombrar. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Elva Baer Gordillo. Cuando llegó a la cima del SNTE en 1989, no heredó solamente una silla de mando, heredó una maquinaria gigantesca.

Un cuerpo con millones de brazos, miles de oficinas, delegados  en cada rincón del país, acceso a presupuestos millonarios y, sobre todo, la capacidad de decidir quién enseñaba, quién cobraba, quién ascendía y quién desaparecía del mapa. Y una vez que entendió el tamaño real de esa máquina, dejó de verla como un sindicato.

Empezó a verla como un reino. Ahí nació el secreto más oscuro  de su imperio. No fue una mansión, no fue una cuenta bancaria, no fue siquiera una joya comprada  con dinero ajeno, fue algo mucho peor. Fue convertir  la educación pública en una moneda de cambio.

Fue transformar las aulas en oficinas electorales.  las plazas de maestros en mercancía y los sueños de millones de niños en el combustible  de una estructura diseñada para enriquecer a una sola mujer y a la red que vivía de obedecerla. En el discurso público, el SNT seguía hablando de derechos laborales, dignidad magisterial, defensa del maestro.

Pero detrás de ese lenguaje estaba creciendo otra cosa, una red de favores, castigos y lealtades que funcionaba con la lógica del miedo. El que obedecía cobraba, el que callaba subía, el que servía a la estructura recibía plaza y el que se atrevía a cuestionar quedaba fuera. Poco a poco,  lo que debía ser una carrera construida con estudio, vocación y esfuerzo se convirtió en una subasta disfrazada.

Las plazas empezaron a venderse, los puestos comenzaron a repartirse como premios políticos. Ser maestro dejó de depender del mérito, empezó a depender del dinero o de la obediencia y mientras esa podredumbre se extendía, apareció la otra gran sombra del sistema, los aviadores.  Nombre nómina, sueldos cobrados puntualmente,  personas que existían en el papel, pero no en el salón de clases.

En 2009, un informe sacudió a México al hablar de alrededor de  22,000 maestros fantasma. Una cifra obscena para un país lleno de escuelas rotas y comunidades abandonadas. Cada año esa red consumía alrededor de 130 millones de dólares. 130 millones que no iban a cuadernos, ni a pupitres, ni a techos nuevos, ni a bibliotecas.

Iban a sostener la fidelidad de una estructura que se alimentaba del presupuesto mientras fingía defender al magisterio. Pero el verdadero genio de Gordillo no estuvo solo en robar. estuvo en entender que el dinero sin poder se acaba y que el poder con votos puede comprar  impunidad. Ahí fue donde dejó de ser solo líder sindical para convertirse en operadora de Estado.

Durante años, el SNTE no funcionó únicamente como una organización gremial, funcionó como un ejército electoral. 1,illón y medio de miembros representaban algo más valioso que cualquier  fortuna. Representaban casillas, operadores, movilización territorial,  disciplina política. Presidentes, gobernadores y partidos lo sabían.

Por eso la buscaban, por eso la temían. Ella también entendió  muy pronto que la lealtad partidista era una ficción. Mientras le sirvió al PRI, jugó con el PRI. Cuando dejó de convenirle,  negoció con el PAN. En 2003 empezó a romper por dentro la vieja obediencia al régimen.

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