El piloto del helicóptero pensó que era un rancho ganadero. Desde el aire a 300 m de altura se veía como una plataforma rectangular de tierra en medio del pantano, con techos de lámina, corrales y un embarcadero de madera donde había amarradas tres lanchas de motor. alrededor kilómetros y kilómetros de pantano, agua verde cubierta de lirio, manglar que se extiende hasta donde la vista alcanza y el silencio húmedo de una zona donde la tierra y el agua llevan miles de años peleando por quien manda. El piloto iba a seguir de largo.
Ranchos en medio del pantano hay cientos en Tabasco. Son plataformas de tierra elevada, naturales o construidas, donde los ganaderos crían ganado, que pasta en los terrenos inundables durante la temporada seca y que se refugia en la plataforma cuando sube el agua. Es la ganadería del trópico húmedo.
Medio año con las vacas en el pasto, medio año con las vacas en la isla. normal, cotidiano, nada que un helicóptero de la marina tenga que investigar. Pero el artillero vio algo que no cuadraba. Las lanchas del embarcadero no eran lanchas de ranchero, eran lanchas rápidas, de fibra de vidrio, con motores fuera de borda de 150 caballos.
Lanchas que un ganadero de pantano no necesita y no puede pagar. lanchas que en Tabasco significan una sola cosa, narcotráfico. El helicóptero dio la vuelta, bajó a 100 m y en la segunda pasada, con la cámara de alta resolución enfocando la plataforma, vieron lo que el rancho ganadero escondía. Las láminas de los techos cubrían estructuras que no eran corrales, eran barracas.
Las lanchas tenían compartimentos modificados. Los corrales estaban vacíos de ganado, pero llenos de bidones. Y en el embarcadero, tres hombres que habían estado sentados tranquilamente mirando el pantano, corrían ahora hacia las estructuras, gritando y señalando al cielo. Los murciélagos llegaron por agua 6 horas después, 14 lanchas de la Marina navegando por los canales del pantano, guiadas por GPS y por un pescador local que conocía las rutas entre los manglares.
Porque llegar a esa plataforma en medio del pantano de Tabasco requiere guía. Los canales se bifurcan, se cierran, se abren, cambian con la temporada. Y un canal que la semana pasada tenía agua suficiente para una lancha esta semana puede ser un lodasal donde el motor se entierra y la lancha se queda varada.
Los murciélagos rodearon la plataforma, bloquearon los tres canales que conectaban la isla con el sistema de vías acuáticas del pantano y desembarcaron en el embarcadero de madera, donde las tres lanchas rápidas del CJNG estaban amarradas con sus motores todavía calientes. 85 personas fueron detenidas en la plataforma.
85 sicarios del CJNG que vivían en una isla que no existía en ningún mapa porque el CJNG la construyó. La isla no era natural, no era un montículo de tierra elevada que el pantano creó con siglos de sedimentación. Era una plataforma artificial construida con relleno, pilotes y concretos sobre el pantano a 3 m sobre el nivel del agua con una superficie de aproximadamente 2,000 m².
Una isla fabricada por el narcotráfico en medio de un pantano donde la jurisdicción es confusa, el acceso es difícil y la detección es casi imposible. Y lo que encontraron sobre la plataforma debajo de los techos de lámina, en las estructuras que parecían corrales y en los compartimentos de las lanchas.
Eso es lo que convierte este caso en uno de los más audaces de toda la serie que hemos cubierto. Tabasco, el estado del agua, el estado donde llueve más que en cualquier otro lugar de México. 3000 mm anuales en algunas zonas, el doble que la Ciudad de México. El estado que se inunda cada año cuando los ríos Grijalba y Usumacinta se desbordan y convierten la planicie costera en un mar de agua café que cubre carreteras, casas y ranchos durante semanas. Tabasco es agua.
Todo en Tabasco gira alrededor del agua. La agricultura, la ganadería, el transporte, la pesca, la vida cotidiana. Los tabasqueños navegan más de lo que caminan. Tienen lanchas antes que carros. y conocen los ríos y los pantanos como los habitantes de la sierra conocen los cerros y las cañadas, de memoria, por instinto, por herencia.
Los pantanos de Tabasco son uno de los ecosistemas de humedal más extensos de Norteamérica. Miles de kilómetros cuadrados de pantano, manglar, laguna, río, canal y ciénaga, que se extienden desde la costa del Golfo de México hacia el interior, formando un laberinto de agua y vegetación, donde perderse es fácil y ser encontrado es casi imposible.
Para el CJNG, los pantanos de Tabasco son el escondite perfecto. Mejor que la sierra, mejor que el desierto, mejor que las cuevas y los cenotes. Porque en la sierra puedes caminar, en el desierto puedes conducir, en una cueva puedes bajar, pero en un pantano, si no tienes lancha no vas a ningún lado.
Y si tienes lancha, pero no conoces los canales, te pierdes. El pantano es una barrera natural más efectiva que cualquier muro, cualquier cerca, cualquier sistema de seguridad electrónico. El pantano te protege con agua, con lodo, con manglar, con mosquitos, con cocodrilos, con una humedad del 95% que te empapa la ropa en 5 minutos y que hace que los equipos electrónicos se oxiden en semanas.
El CJNG entendió las ventajas del pantano y decidió construir su propia isla en el medio. Porque en el pantano de Tabasco no hay tierra firme donde montar una base, todo es agua o lodo. Si quieres una base en el pantano, tienes que construir la Tierra. La construcción de la isla artificial tomó aproximadamente 4 meses según los interrogatorios.
El proceso fue el siguiente. Primero clavaron pilotes de madera de una especie tropical llamada chico zapote, que es extremadamente resistente al agua y a los insectos en el fondo del pantano. Los pilotes se clavaron en un patrón rectangular de 50 m por 40, formando una cuadrícula que serviría de cimentación. Cada pilote fue hincado a mano con un martinete improvisado en el lodo del fondo del pantano hasta que alcanzaba la capa de suelo firme a unos 3 o 4 metros de profundidad.
Sobre los pilotes construyeron un entramado de vigas de madera que formaba la estructura de la plataforma y sobre el entramado echaron relleno, tierra, grava, cascajo, basura de construcción, cualquier cosa sólida que pudiera elevar la superficie por encima del nivel del agua. El relleno se transportó en lanchas desde puntos de la ribera del río donde había material disponible, sitios de construcción, bancos de arena, depósitos de escombro, decenas de viajes de lancha cargadas de tierra y grava que cruzaban el pantano
de noche, descargaban en la plataforma y regresaban por más. Cuando el relleno alcanzó 3 m sobre el nivel del agua, la superficie se compactó y se niveló. Se colocó una capa de concreto en las áreas que soportarían las estructuras más pesadas y se construyeron las barracas, la cocina, el almacén y el embar
cadero con madera, lámina galvanizada y los materiales que la zona proporciona, troncos de mangle, palma para los techos complementarios y piedra de río para los cimientos de las estructuras.
El resultado fue una isla de 2000 m² que desde el aire parecía un rancho ganadero y que desde el agua parecía un montículo natural con algunas construcciones rústicas. Indistinguible de los cientos de plataformas ganaderas que salpican los pantanos de Tabasco. Invisible a menos que supieras exactamente qué buscar.
Quiero describir las instalaciones de la plataforma porque revelan un nivel de adaptación al entorno que me parece extraordinario. La plataforma tenía cinco estructuras principales. La primera era la barraca principal, un edificio de madera y lámina de unos 15 m por8 dividido en dos secciones con literas para 60 personas. Las literas eran de madera, construidas con troncos de la zona y los colchones eran delgados, pero suficientes.
Los mosquiteros eran obligatorios. Dormir sin mosquito. En un pantano de tabasco es una tortura que genera hinchazón, comezón y enfermedades transmitidas por mosquitos que van desde el dengue hasta el chikungunya. Cada litera tenía su mosquitero y cada ocupante era responsable de que estuviera cerrado.
La enfermería de la plataforma reportaba un caso de dengue cada dos semanas en promedio. Es la tasa esperada para personas que viven en un pantano tropical. La vida en la plataforma tenía una dureza que los otros cuarteles del CJNG que hemos cubierto no tienen. La humedad. La humedad del pantano de Tabasco destruye todo.
La ropa se llena de hongos en tr días. Si no se seca al sol, los zapatos se pudren, la comida se enmoece, los equipos electrónicos se corroen, la piel se irrita con zarpullidos que no sanan porque la humedad impide que las heridas sequen. Varios de los detenidos tenían infecciones cutáneas crónicas que los médicos militares que los evaluaron atribuyeron a la exposición prolongada a un ambiente con humedad superior al 95%.
El calor era el segundo enemigo. En Tabasco la temperatura diurna rara vez baja de 35º. Con la humedad del pantano, la sensación térmica supera los 45. Las barracas de lámina galvanizada se convertían en hornos al mediodía. La lámina absorbe el calor del sol y lo irradia hacia abajo, creando un ambiente dentro de la barraca que los detenidos describían como un baño de vapor con ropa puesta.
Varios trabajaban sin camisa, varios dormían en hamacas afuera de las barracas porque el calor dentro era insoportable y todos sudaban constantemente, todo el día, todos los días, en un ciclo de deshidratación que la enfermería combatía con suero oral y con la orden de beber al menos 4 L de agua al día.
El agua potable venía de un sistema de captación de lluvia que el CJNG instaló en la plataforma. canaletas en los techos de lámina que dirigían el agua de lluvia hacia tanques de almacenamiento de plástico. En temporada de lluvias, el agua era abundante. En temporada seca, los tanques se vaciaban y había que traer agua en bidones desde los pueblos ribereños.
El transporte de agua en bidones por lancha era una de las tareas más tediosas y más frecuentes de la operación logística de la plataforma y los cocodrilos. El pantano de Tabasco tiene una población significativa de cocodrilo de río, crocodilus moreletti, que puede alcanzar 3 m de longitud. Los cocodrilos se acercaban a la plataforma atraídos por los restos de comida y por los peces de la pifactoría.
Varios detenidos describieron encuentros con cocodrilos que subían al embarcadero de madera de noche. Un detenido dijo que una noche despertó en su hamaca y encontró un cocodrilo de 2 met durmiendo debajo. “Me quedé sin moverme hasta que amaneció y el [ __ ] se fue solo al agua”, dijo. Desde entonces dormía dentro de la barraca por más calor que hiciera.
La segunda era la cocina y el comedor. una estructura abierta, sin paredes, con techo de lámina y piso de concreto, con estufas de gas, una mesa larga de tablones y un área de almacenamiento de alimentos. La comida se preparaba con productos que llegaban por lancha desde los pueblos ribereños: tortillas, frijol, arroz, pollo, pescado, verduras.
El abastecimiento era semanal. Cada lunes, una lancha salía de la plataforma hacia el pueblo más cercano, compraba las provisiones para la semana y regresaba por los canales del pantano con las bolsas del mandado apiladas en la proa. La tercera era el almacén de armas y drogas disfrazado de corral ganadero.
Desde el aire, los techos de lámina y los muros de madera se veían como un corral típico de la zona. Pero dentro, en lugar de vacas, había cajas de madera con rifles, pistolas, granadas y paquetes de cocaína y metanfetamina sellados al vacío y almacenados en contenedores de plástico para protegerlos de la humedad del pantano. Los peritos contaron 103 rifles de asalto, 67 pistolas, 29 granadas, más de 90,000 cartuchos, 310 kg de cocaína y 140 kg de metanfetamina.
El valor de la droga decomizada supera los 500 millones de pesos en el mercado de menudeo, medio billón de pesos, almacenados en un corral falso sobre una isla artificial en un pantano de Tabasco. La cuarta estructura era el centro de comunicaciones y mando, una caseta de madera con generador eléctrico, radios de largo alcance, un monitor conectado a cámaras de vigilancia colocadas en los árboles de manglar que rodeaban la plataforma y computadoras portátiles con información operativa de la célula.
Desde esta caseta, el jefe de la operación coordinaba el movimiento de lanchas por el pantano, los desembarcos de droga en los puntos de transferencia de la ribera del río y las operaciones de seguridad que incluían patrullas en lancha por los canales circundantes. Y la quinta estructura era la más sorprendente, una pisoría.
Cuatro estanques de cría de tilapia construidos en una sección de la plataforma con muros de concreto y alimentados con agua del pantano. Los estanques producían tilapia que los ocupantes de la plataforma consumían como parte de su dieta, pero también producían tilapia que se vendía en los pueblos ribereños como producto de un supuesto rancho acuícola.
La pisfactoría era la fachada económica de la operación. Si alguien preguntaba qué se hacía en la plataforma, la respuesta era: “Criamos tilapia.” Y las lanchas que iban y venían cargadas de bultos transportaban oficialmente pescado. Los paquetes de cocaína viajaban debajo de las cajas de tilapia. La droga olía a pescado cuando llegaba a su destino. Cocaína con olor a tilapia.
Es la imagen más tabasqueña posible del narcotráfico. Ahora quiero hablar de los 85 detenidos. De los 85. eran combatientes que proporcionaban seguridad a la plataforma y que ejecutaban operaciones en los ríos y canales de la zona. Su arma principal no era el rifle, sino la lancha. Los combatientes del pantano operaban en el agua, patrullaban los canales en lanchas rápidas, interceptaban cargamentos de grupos rivales, escoltaban las lanchas de transporte de droga y controlaban las rutas fluviales que conectan el pantano
con los ríos principales de Tabasco. La guerra en el pantano de Tabasco se pelea en lanchas. Los enfrentamientos entre grupos rivales ocurren en los canales del manglar. Lanchas que se persiguen entre los árboles, disparos que rebotan en el agua, motores que rugen mientras los pilotos zigzaguean entre las raíces del manglar intentando perder al perseguidor.
Es un tipo de combate que los manuales militares llaman Brown Water Warfare, guerra de aguas marrones y que requiere habilidades de navegación y de tiro que los combatientes convencionales del CJNG, entrenados para la sierra y la ciudad no tienen. Los combatientes del pantano eran en su mayoría tabasqueños, pescadores y lancheros que conocían los canales desde niños y que fueron reclutados por el CJNG precisamente por esa habilidad.
Quiero contar la historia de uno de esos lancheros porque ilustra como el CJNG recluta talento náutico en las comunidades ribereñas de Tabasco. Se llamaba, según los registros, Elías, 26 años, hijo de un lanchero que hacía viajes de transporte de pasajeros y mercancía por los ríos de Tabasco. Elías creció en una lancha. Aprendió a pilotar antes que a manejar un carro.
A los 14 ya hacía los viajes solo, transportando gente y carga por los ríos y los canales del pantano. Era un piloto excepcional. Podía meter una lancha a toda velocidad por un canal de 3 m de ancho entre manglares sin tocar una raíz. Podía navegar de noche sin linterna, guiándose por el sonido del agua y por la silueta de los árboles contra el cielo.
Podía leer el agua como un rastreador lee huellas. sabía dónde había fondo, dónde había corriente, dónde había un tronco sumergido que podía destrozar una hélice. Elías ganaba 400 pesos al día como lanchero de transporte. El CJNG le ofreció 30,000 al mes por pilotar lanchas rápidas por los mismos canales que llevaba recorriendo toda su vida.
La diferencia era que en lugar de pasajeros, las lanchas llevaban cocaína y en lugar de viajar de día con las familias que iban al mercado, viajaba de noche con los paquetes que iban a la isla. Elías aceptó. Pilotó lanchas del CJNG durante 8 meses. Hizo decenas de viajes entre la frontera guatemalteca y la isla artificial. Nunca disparó un arma, nunca participó en un enfrentamiento, solo pilotó.
solo hizo lo que sabía hacer desde niño, mover una lancha por los canales del pantano. La diferencia entre lo legal y lo ilegal era solo lo que cargaba la lancha. El agua era la misma, los canales eran los mismos, las estrellas de la noche tabasqueña eran las mismas, solo cambiaba la carga y el sueldo. Elías fue detenido en la plataforma con las manos oliendo a gasolina de motor fuera de borda. Tiene 26 años.
va a enfrentar cargos de narcotráfico y delincuencia organizada. Su padre, el lanchero de transporte de pasajeros, no sabe dónde está porque Elías le dijo que tenía un trabajo en VillaHermosa y dejó de comunicarse hace meses. Los enfrentamientos en los canales del manglar que mencioné tienen una dinámica que merece ser descrita.
Imagina dos lanchas a toda velocidad en un canal de 4 m de ancho con manglares a los lados cuyas raíces forman una pared de madera a centímetros de la borda. Las lanchas van a 40 o 50 km/h. Los ocupantes disparan con una mano mientras con la otra se sujetan a la lancha que brinca sobre el agua. Los casquillos saltan y caen al agua.
Las balas que no dan en el blanco se pierden entre los troncos del manglar. Los monos aulladores gritan aterrorizados en las copas de los árboles. Las garzas salen volando en todas las direcciones y las lanchas siguen adelante zigzagueando, acelerando, frenando, con los pilotos concentrados en no chocar contra una raíz, mientras los tiradores concentrados en darle al enemigo que va adelante o atrás.
Es un tipo de combate que las fuerzas de seguridad convencionales no están entrenadas para pelear. Los marinos de la Marina de México tienen entrenamiento en combate fluvial, pero su entrenamiento se enfoca en ríos anchos y abiertos, no en canales estrechos de manglar. Los combatientes del CJNG en el pantano de Tabasco tienen una ventaja de terreno que compensa su inferioridad en armamento y en entrenamiento.
Conocen los canales, saben por dónde escapar, saben dónde hay un canal secundario que se abre en una curva y que permite desaparecer en 30 segundos. ¿Saben dónde el agua es tan poco profunda que una lancha de la marina no puede seguirlos? Pelean su territorio y en su territorio son más peligrosos de lo que su apariencia de pescadores convertidos en sicarios sugiere.
15 eran operadores de logística marítima, los pilotos de las lanchas de transporte que movían la droga desde la plataforma hasta los puntos de entrega en la ribera de los ríos y los que coordinaban los embarques de cocaína que llegaban por el río Uzumacinta desde Guatemala. Porque la droga que almacenaba el CJNG en el pantano de Tabasco venía de Guatemala cruzando la frontera por el río Usumacinta, que es la frontera natural entre México y Guatemala durante cientos de kilómetros y que es tan poroso como cualquier frontera fluvial del mundo. Basta con
tener una lancha para cruzarlo. Quiero hablar de la ruta Guatemala Tabasco porque es una de las arterias de narcotráfico menos conocidas pero más activas de México. La cocaína que se produce en Colombia y que tiene como destino Estados Unidos puede tomar varias rutas para llegar a México. La ruta del Pacífico, que pasa por mar, la ruta del Caribe que pasa por Centroamérica, y la ruta terrestre que sube por Guatemala, cruza la frontera a México por Chiapas o Tabasco y de ahí se mueve hacia el norte. La ruta Guatemala
Tabasco usa el río Usumacinta como autopista. La cocaína llega a Guatemala por tierra desde Honduras. Se transporta hasta la ribera de Luzumacinta en camiones y camionetas. Se carga en lanchas y las lanchas bajan por el río. Cruzan la frontera que en muchos puntos no tiene ninguna marca ni vigilancia. entran a territorio mexicano y navegan hasta los pantanos de Tabasco, donde la mercancía se almacena y se redistribuye.
El río Usumacinta es ancho, profundo y tiene cientos de afluentes y canales laterales que se adentran en la selva y en el pantano. Vigilar todo el río es imposible. La Marina mexicana patrulla algunos tramos con lanchas interceptoras, pero los traficantes conocen los horarios de las patrullas, conocen los tramos vigilados y conocen los canales secundarios por donde pueden navegar sin ser detectados.
Es el mismo juego de gato y ratón que hemos visto en la costa del Pacífico con las lanchas Go Fast, solo que aquí es en agua dulce, entre manglares, con cocodrilos en lugar de tiburones. La isla artificial del CJ estaba ubicada estratégicamente en el punto donde los canales del pantano conectan con el sistema fluvial de Luzumacinta.
Las lanchas que venían de Guatemala podían llegar a la isla sin tocar tierra firme, sin cruzar una carretera, sin pasar frente a un pueblo. La ruta era enteramente acuática. Del río a los canales, de los canales al pantano, del pantano a la isla, todo por agua, todo invisible. Los 310 kg de cocaína que encontraron en la isla habían llegado de Guatemala en los últimos dos meses.
Cada cargamento venía en lanchas que transportaban entre 50 y 100 kg por viaje. Las lanchas viajaban de noche sin luces, guiándose por G, PS y por el conocimiento de los lancheros que habían recorrido esos canales desde niños. Un viaje desde la frontera guatemalteca hasta la isla tomaba entre 4 y 6 horas dependiendo del nivel del agua y de la temporada.
12 eran personal de apoyo, cocineros, personal de mantenimiento de la plataforma que era constante porque la madera se pudre rápido en el trópico húmedo y las estructuras necesitan reparaciones permanentes, los que operaban la pisía y los que gestionaban la logística de provisiones. 10 eran el equipo de comunicaciones e inteligencia, operadores de radio, vigías de las cámaras y los que monitoreaban las frecuencias de la Marina y de la Guardia Nacional para anticipar operativos en la zona.
Cinco eran los que manejaban la fachada de la pisoría, los que vendían tilapia en los pueblos, los que mantenían las relaciones con los compradores y los que gestionaban la documentación falsa del supuesto rancho Acuícola. La fachada era tan elaborada que el rancho tenía un registro fiscal, un permiso de acuacultura expedido por la CONAPesca y facturas que documentaban las ventas de tilapia. Todo falso.
Todo fabricado por el equipo de fachada con una meticulosidad administrativa que habría impresionado a un contador público. Y cinco eran mandos. el jefe de la operación, el coordinador de seguridad, el coordinador de logística fluvial, el coordinador de la fachada comercial y el coordinador de comunicaciones. El jefe era un hombre de 49 años, tabasqueño de nacimiento, que conocía los pantanos desde niño y que había trabajado como guía de pesca deportiva antes de ser reclutado por el CJNG.
Su conocimiento del pantano era lo que hacía funcionar la operación. Sabía por dónde mover las lanchas, sabía dónde esconderse si venían los marinos, sabía qué canales se secaban en qué temporada y sabía dónde construir la isla para que no la encontraran. Quiero ahora hablar de cómo los murciélagos descubrieron la isla.
La pista vino de una anomalía ambiental. Los biólogos de una estación de investigación de humedales que opera en la zona de pantanos de Tabasco, financiada por una universidad, detectaron una alteración en la calidad del agua de un sector del pantano que monitoreaban con sensores automáticos. Los niveles de nitrógeno y fósforo en el agua habían aumentado significativamente en los últimos meses en un sector donde no había actividad agrícola ni ganadera registrada.
Los biólogos atribuyeron la anomalía a una posible descarga de aguas residuales no identificada y enviaron un equipo a investigar la fuente. El equipo de biólogos navegó por los canales del pantano siguiendo el gradiente de contaminación, donde la concentración de nitrógeno era más alta, ahí estaba la fuente y la fuente los llevó a la plataforma del CJNG.
Los biólogos no se acercaron. Vieron las lanchas rápidas, vieron las estructuras que no parecían de un rancho ganadero normal y dieron la vuelta. Reportaron la ubicación a las autoridades ambientales y las autoridades ambientales, al cruzar la ubicación con sus registros y descubrir que no existía ningún rancho ni pisoría registrada en ese punto del pantano, notificaron a la marina.

La contaminación del agua que los sensores detectaron venía de dos fuentes. Los residuos de la pisoría, que generaba exceso de nutrientes por el alimento de los peces y por sus desechos, y los residuos domésticos de 85 personas que vivían en la plataforma sin sistema de tratamiento de aguas. Las aguas negras se vertían directamente al pantano.
La orina, la materia fecal, los restos de comida, los jabones y detergentes, todo iba al agua del humedal, que durante miles de años había mantenido un equilibrio químico que ahora estaba alterado por la presencia de una isla artificial con 85 humanos, cuatro estanques de tilapia y un generador de gasolina que goteaba aceite al pantano.
El narcotráfico contaminó el pantano. Los sensores de los biólogos lo detectaron y la ciencia llevó a los marinos a la puerta de la isla del CJNG. Es la primera vez en toda la serie de casos que cubrimos que la detección de una base del narcotráfico se origina en un monitoreo ambiental. Los biólogos que estudian la calidad del agua de los pantanos de Tabasco, financiados con presupuestos de investigación que nunca son suficientes, encontraron una base del narcotráfico que los satélites, los drones y las patrullas de la Marina no habían encontrado. Porque los satélites
ven desde arriba y la isla parecía un rancho. Los drones ven desde el aire y la isla parecía un rancho. Pero los sensores de calidad de agua miden lo que no se ve. contaminación invisible que 85 personas generan cuando viven en un pantano sin sistema de tratamiento de aguas. La ciencia encontró lo que la fuerza bruta no podía encontrar y me parece que eso merece ser reconocido.
La operación de los murciélagos para tomar la isla fue una operación anfibia que exigió una logística compleja. Las 14 lanchas de la Marina tuvieron que navegar durante 3 horas por canales del pantano, que en algunos tramos tenían menos de 1 m de profundidad y menos de 3 m de ancho. Los pilotos de las lanchas de la Marina, que están entrenados para operar en mar abierto y en ríos, tuvieron que adaptarse a una navegación de pantano que es radicalmente diferente.
Velocidades bajas, giros cerrados entre los manglares. Tensión constante al fondo porque una raíz sumergida puede destrozar una hélice. El pescador que los guió, un hombre de 61 años que había pescado en esos pantanos toda su vida, iba en la primera lancha indicando por dónde meter la embarcación. “Por aquí hay fondo, decía. Por allá no se metan que hay raíz.
Sin él, las lanchas de la marina habrían tardado el doble o se habrían varado. El conocimiento local del pescador fue tan importante para el éxito del operativo como los rifles de los marinos. Quiero hablar de ese pescador porque su historia es representativa de las personas que viven en Los pantanos de Tabasco y que tienen un conocimiento del territorio que vale más que cualquier mapa.
Se llamaba, según los registros, Don Carmelo, 61 años, pescador de robalo y mojarra en Los pantanos desde que tenía 12. Su padre fue pescador, su abuelo fue pescador. Don Carmelo nació en una lancha, según dice, porque su madre rompió fuente mientras iban a pescar y no les dio tiempo de regresar a tierra. Es un hombre del agua.
Conoce cada canal, cada remanso, cada banco de arena, cada árbol de manglar que sirve de referencia. Navega sin GPS porque lleva el mapa del pantano grabado en la memoria. Don Carmelo sabía de la isla del CJNG desde hacía meses. Los pescadores del pantano hablan entre sí. Se cruzan en los canales, se pasan datos sobre dónde están mordiendo los robalos, se advierten sobre los tramos peligrosos y entre esos datos hace meses que circulaba la advertencia.
No te metas por el canal de la Seiva Muerta. Ahí hay gente y no es buena. Don Carmelo nunca se metió por ese canal, pero sabía exactamente dónde estaba. Y cuando los marinos llegaron a su pueblo buscando un guía que los llevara a un punto en el pantano que tenemos ubicado con GPS, don Carmelo miró las coordenadas y dijo, “Sé dónde es.
Los llevo, pero vamos por la ruta larga porque la corta tiene un tramo donde nos van a ver antes de que lleguemos.” Esa información, la de la ruta que evitaba la detección prematura, fue lo que permitió a las 14 lanchas de la Marina acercarse a la plataforma sin ser vistas por las cámaras del CJNG. Don Carmelo los guió por un canal secundario que bordeaba la isla por el lado donde no había cámaras ni vigías, un canal que solo él y otros tres o cuatro pescadores viejos conocían porque era demasiado estrecho y demasiado poco
profundo para las lanchas comerciales. Pero las lanchas de la Marina con sus cascos de aluminio y sus motores de chorro pasaron y llegaron a la plataforma por la espalda. Don Carmelo se quedó en su lancha mientras los marinos desembarcaban. Cuando terminó el operativo, un oficial le agradeció. Don Carmelo le dijo, “No me dé las gracias.
Esa gente me espantó los robalos. Desde que llegaron los peces se fueron de esa zona. Yo solo quiero que se vayan para que vuelvan mis robalos”. Los robalos. Don Carmelo denunció indirectamente al CJNG porque le espantaron los peces. Es una motivación que parece trivial hasta que entiendes que para un pescador de subsistencia, los peces son la diferencia entre comer y no comer.
El CJNG le quitó su zona de pesca, le quitó su sustento y don Carmelo respondió de la única manera que podía, guiando a los marinos por el canal que los llevó a la puerta trasera de la isla del narcotráfico. Quiero ahora hablar del impacto ambiental con más detalle, porque los pantanos de Tabasco son un ecosistema que está en la lista de humedales de importancia internacional protegidos por la convención Ramsar.
La isla artificial del CJNG generó un impacto ecológico que va más allá de la contaminación del agua que los biólogos detectaron. La construcción de la plataforma destruyó un área de manglar de aproximadamente 3,000 m², contando la superficie de la isla más la zona circundante que fue afectada por la sedimentación y la alteración del flujo de agua.
El manglar es uno de los ecosistemas más productivos del planeta. Produce biomasa, captura carbono, protege la costa de la erosión y es el hábitat de cría de decenas de especies de peces, crustáceos y aves. Destruir 3,000 m² de manglar para construir una isla artificial donde almacenar cocaína es un ecosidio que puede tardar décadas en repararse.
El manglar crece lento. Un árbol de mangle rojo tarda 20 años en alcanzar su tamaño adulto. La restauración del área afectada, si se hace, va a requerir la plantación de miles de propágulos de mangle, años de seguimiento y la certeza de que nadie va a volver a construir una isla artificial en el mismo sitio.
Esa certeza en un pantano que nadie vigila es difícil de garantizar. Los desechos químicos del generador de gasolina que alimentaba la plataforma contaminaron el sedimento del fondo del pantano con hidrocarburos. Los residuos de la pisoría alteraron el equilibrio de nutrientes del agua y los residuos domésticos introdujeron bacterias fecales en un ecosistema de agua dulce que alimenta a las comunidades de pescadores que viven río abajo.
Los pescadores como don Carmelo beben esa agua, se bañan en esa agua, pescan en esa agua y nadie les ha dicho que el agua que beben puede estar contaminada con los desechos de 85 personas que vivieron durante año y medio sobre una plataforma sin tratamiento de aguas residuales. Cuando las lanchas rodearon la plataforma y los marinos desembarcaron, la rendición fue rápida.
Los 85 ocupantes no tenían a dónde huir. La plataforma está rodeada de agua por todos lados. Las tres lanchas del CJNG estaban en el embarcadero y los marinos las tomaron primero. Saltar al pantano y nadar entre el manglar con caimanes, serpientes y un lodo que te traga hasta la cintura era más peligroso que rendirse. Los 85 levantaron las manos y los murciélagos tomaron la isla artificial del CJNG en menos de 20 minutos.
A ti que llegaste hasta aquí, gracias. La imagen que te dejo es la de una isla que no debería existir. Una isla construida por el narcotráfico con pilotes de chico zapote y relleno de cascajo en medio de un pantano donde la tierra y el agua llevan miles de años negociando quién manda. El CJNG llegó y dijo, “Aquí mando yo.
” Y construyó su propia tierra, su propia isla, su propio territorio donde antes solo había agua, lirio y manglar. Es la metáfora más literal de lo que hace el narcotráfico en México. Donde el Estado deja un vacío, el narco construye. Donde no hay tierra, el narco la fabrica. Donde no hay camino, el narco lo abre.
Donde no hay ley, el narco impone la suya. Y donde no hay isla, el narco la construye con pilotes y relleno. Y la llena de rifles y cocaína y tilapia. Y 85 personas que viven sobre el agua como si hubieran nacido ahí. Los pantanos de Tabasco tienen miles de kilómetros cuadrados, miles de canales, miles de rincones donde una plataforma de 2,000 m² puede pasar desapercibida durante años.
Si el CJNG construyó una isla artificial, puede construir más. Probablemente ya lo hizo. Probablemente hay otras plataformas en otros pantanos, en otros estados, en otros humedales de México, donde el agua cubre todo y donde la detección es casi imposible. La única manera de encontrarlas es conciencia, con sensores de calidad de agua, con monitoreo ambiental continuo, con biólogos que miden nitrógeno y fósforo y que cuando ven una anomalía investigan en lugar de ignorar.
Los biólogos de la estación de investigación de humedales de Tabasco encontraron una base del narcotráfico midiendo la calidad del agua. Si eso no justifica más inversión en ciencia ambiental en México, no sé qué lo justifica. Dale like, suscríbete, activa la campanita. Nos vemos mañana. Cuídate. Y si algún día estás en un pantano de Tabasco y ves una plataforma de tierra con techos de lámina y lanchas rápidas en el embarcadero, no es un rancho ganadero, es una isla del narcotráfico.
Y debajo de los techos de lámina, donde deberían estar las vacas, hay rifles, cocaína y tilapia. Siempre tilapia, porque en Tabasco hasta el narcotráfico huele a pescado. Y una última cosa, los marinos que tomaron la isla encontraron algo en la caseta de mando que me parece que resume todo el caso con una imagen que merece cerrar el guion.
En la pared de la caseta clavado con tachuelas había un mapa del pantano dibujado a mano en una hoja de papel bond tamaño doble carta. El mapa mostraba los canales, las lagunas, los ríos, los pueblos y las rutas que el CJNG usaba para mover la droga. Cada canal tenía su nombre escrito con la letra del jefe de la operación. Cada pueblo tenía una marca que indicaba si era amigo, enemigo o neutro.
Cada ruta tenía anotaciones sobre la profundidad del agua en diferentes temporadas. Era un mapa de navegación artesanal dibujado con pluma sobre papel que contenía un conocimiento geográfico acumulado durante años de operar en el pantano. Junto al mapa, en la misma pared había una imagen religiosa, una estampa de la Virgen de los Ríos, una advocación mariana venerada en Tabasco, patrona de los pescadores y los Navegantes de agua dulce.
La estampa estaba enmarcada con cinta adhesiva y tenía una veladora apagada en una repisa debajo. El jefe de la operación, el exguía de pesca deportiva, que conocía el pantano como la palma de su mano, le rezaba a la Virgen de los Ríos antes de cada operación. Le pedía protección para las lanchas que salían de noche.
Le pedía que las patrullas de la marina no los encontraran. Le pedía que los canales tuvieran agua suficiente para que las lanchas no se vararan. La Virgen de los ríos protegiendo al narcotráfico. Una advocación mariana que los pescadores de Tabasco veneran para que les vaya bien en la pesca. Invocada por un narco para que le vaya bien en el transporte de cocaína.
La fe adaptada al crimen, la devoción al servicio del delito. Es una imagen que solo México puede producir. Un mapa del narcotráfico y una virgen en la misma pared, protegiendo la misma operación en una isla artificial en medio de un pantano donde la fe y el crimen se mezclan como se mezcla el agua dulce con el agua salada en los estuarios de la costa.
Los marinos desprendieron el mapa de la pared y lo catalogaron como evidencia. La estampa de la Virgen se quedó ahí. Nadie la tocó porque los marinos de México son tan devotos como los narcos de México y la Virgen, como el pantano, no elige a quien protege. La plataforma artificial del CJNG va a ser desmantelada en las próximas semanas.
Los ingenieros militares van a retirar las estructuras de madera y lámina, van a sacar los pilotes de chicoapote, van a remover el relleno de cascajo y van a intentar devolver ese pedazo de pantano a su estado original, agua, manglar, lirio, pero la huella de la isla va a quedar.
El fondo compactado por los pilotes, la contaminación del sedimento, los troncos de mangle cortados que no van a crecer en 20 años. La isla del CJNG va a desaparecer de la superficie, pero debajo, en el lodo del pantano, la marca va a seguir como una cicatriz bajo el agua que nadie ve, pero que el ecosistema siente. Don Carmelo va a volver a pescar en esa zona cuando retiren la isla.
dice que los robalos van a regresar, que los peces siempre regresan cuando los dejan en paz, que el pantano se cura solo si le das tiempo. Tiene fe en el pantano como tiene fe en sus redes y en su lancha y en los 49 años de experiencia que le dicen dónde están los peces aunque no los vea. Ojalá tenga razón. Ojalá los robalos regresen.
Ojalá el pantano se cure y ojalá la próxima vez que un narco decida construir una isla en un pantano de Tabasco, un biólogo con un sensor de calidad de agua lo detecte antes de que 85 personas se instalen a vivir sobre pilotes de chico zapote con rifles, cocaína y tilapia. Dale like por don Carmelo y sus robalos.
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