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TALINA FERNÁNDEZ: MUERTES EN LA FAMILIA Y MALA RELACIÓN CON SU HIJO COCO LEVY

En los años 70 los noticieros eran territorio  casi exclusivo de hombres, pero Talina entró. Trabajó en contacto directo con Juan Ruiz Hilly. Trabajó en Antena 5 en punto  final y después vino su propio programa. ¿Qué crees? Ahí Talina se convirtió en leyenda. ¿Qué crees? Era un programa de entrevistas donde Talina hablaba con presidentes, actores, cantantes, escritores, políticos.

Y lo hacía de una manera que nadie más lo hacía. sin adulaciones, sin preguntas superficiales, sin miedo. Le preguntaba a los poderosos lo que nadie se atrevía a preguntar y lo hacía con una sonrisa, con elegancia, con esa voz que no necesitaba alzarse para intimidar. La llamaron  la dama del buen decir, porque nunca gritaba, nunca insultaba, nunca perdía la compostura, pero tampoco se dejaba intimidar.

podía hacer que un presidente sudara sin alzar la voz. Podía hacer que un actor admitiera cosas que nunca había dicho en público. Podía desarmar a cualquiera con una pregunta bien hecha y una mirada directa. Y México la adoraba. Durante 53 años, desde 1970 hasta 2023, Talina fue una institución, no solo una conductora, una institución.

era el estándar de lo que significaba ser profesional en la televisión mexicana. Sus colegas la respetaban, el público la veneraba, los políticos la temían, pero Talina también era madre. Y ahí es donde comienza la verdadera historia de la familia Levi Fernández. Durante 53 años fue la voz más elegante de la televisión mexicana. Trabajó en contacto directo.

Antena 5, punto final. ¿Qué crees? La llamaron la dama del buen decir, porque nunca gritaba, nunca insultaba, nunca perdía la compostura. Era la prueba viviente de que se podía ser poderosa sin ser vulgar. Se casó cuatro veces. El primer matrimonio fue breve, casi olvidado. El segundo  fue con un francés llamado Gerardo Levi, un hombre culto, exitoso, que vino a México en busca de oportunidades y encontró a Talina.

Se enamoraron, se casaron y de esa unión nacieron tres hijos que cargarían ese apellido Levi Fernández como una bendición y como una condena. Primero llegó Mariana el 22 de abril de 1966. El parto fue complicado. Mariana nació prematura a los 6 meses y medio de gestación. Pesó 960 g al nacer, poco más de 2 libras.

Los médicos no estaban seguros de que sobreviviría.  La metieron en una incubadora. Talina la veía a través del vidrio, esa cosita diminuta llena de tubos y rezaba. No era religiosa, pero rezaba. Mariana sobrevivió. Creció siendo la niña de los ojos de Talina. Era hermosa, talentosa,  carismática. Desde pequeña mostró interés por el espectáculo.

Quería actuar. Quería cantar, quería brillar como su madre, pero a su manera. Italina la apoyó. Nunca le impuso la televisión, nunca le dijo, “Esto es lo que debes hacer.” Simplemente le abrió las puertas y dejó que Mariana eligiera. Y Mariana eligió actuar. A los 17 años, en 1983, debutó en la telenovela Vivir enamorada, protagonizada por Leticia Perdigón y Alma Muriel.

No era el papel principal, pero era el inicio. El mismo año participó en el videoclip Pobre secretaria de Daniela Romo y también entró al proyecto que la haría famosa entre los jóvenes de México. Fresas con crema. Fresas con crema. Era un grupo musical formado por Televisa para lanzar jóvenes talentos. Era la época dorada de las bandas juveniles en México.

Timbiriche dominaba. Menudo desde Puerto Rico también. Y Televisa quería su versión renovada. Crearon fresas con crema. Mariana entró junto con Toño Mauri, Claudia Herfer, Daniela Leites, Germán Bernal, Denise  Bermúdez y Andrés Bonfiglio. El grupo se presentó en el Palacio de los Deportes en 1983. Sacaron hits como una chica azul y cómo no enamorarme de ti.

Duraron casi  toda la década. Y Mariana, la niña prematura que casi no sobrevive,  se convirtió en un icono juvenil. Pero Mariana también quería actuar. En  1987 dejó el grupo, se enfocó en telenovelas y en 1991 llegó su papel más importante, Lupita López en la pícara soñadora, al lado de Eduardo Palomo.

La pícara soñadora fue un fenómeno. La historia de una chica pobre que estudiaba derecho, pero tenía que trabajar en una tienda de departamentos y que para sobrevivir robaba ropa apuntándola en una libreta para pagarla cuando tuviera dinero. Mariana era adorable en ese papel, dulce pero astuta, honesta, pero desesperada. México se enamoró de Lupita López y se enamoró de Mariana.

Después vinieron más telenovelas. Rosa salvaje, amor real, los papás de mis papás, vivir enamorada, los años felices. Yo compro a esa mujer, donde interpretó a tres personajes diferentes  en la misma telenovela. Y en 1997 protagonizó Leonela muriendo de amor en Perú, al lado de Diego Berti, Mariana Leví era una estrella consolidada, pero también era madre.

En 1996, de su primer matrimonio con el actor Ariel López Padilla, nació su hija María. El matrimonio no duró. Se divorciaron cuando María era muy pequeña. En 2000, en una cena en casa de Jacqueline Andere, Mariana conoció a su segundo esposo, José María Fernández Michel, apodado el Pirru. Era medio hermano de Chantal Andere.

Se enamoraron, se casaron y tuvieron dos hijos más. Paula, nacida el 19 de enero de 2002 y José Emilio, nacido el 7 de julio de 2004. Mariana decidió pausar su carrera. Quería dedicarse a sus hijos. Quería estar  presente. Bordó sus sábanas. forró sus Moiséses. Era, según palabras de Talina, mamá como las de antes. Vivía en Lomas de Chapultepec.

Su casa estaba cerca de la de su madre. Cada mañana Mariana llegaba a casa de Talina con su taza de café.  Se sentaban, platicaban, se ponían al día, eran vecinas, eran madre e hija, eran amigas. Y entonces llegó el 29 de abril de 2005 y todo cambió para siempre. Mientras Mariana construía su familia y su carrera, Coco crecía en otro mundo.

Después llegó Juan Jorge, mejor conocido como Coco, el 5 de marzo de 1964. Creció viendo a su madre entrevistar presidentes, artistas,  leyendas. Creció sabiendo que el apellido Levi Fernández abría puertas que otros ni siquiera veían. Estudió cine, se enamoró del trabajo detrás de cámaras, quería construir historias, no protagonizarlas.

El tercero fue Gerardo Patricio, Pato, nacido en 1971. era el menor, el más reservado, el que eligió quedarse en las sombras mientras su madre brillaba y sus hermanos trabajaban. Tres hijos, una madre legendaria, un apellido que pesaba como oro y como plomo. Guarda este  detalle.

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