Ambos fueron las figuras absolutas del famoso torneo Esperanzas de toulón en Francia. Uno se convirtió con el paso de los años y una disciplina obsesiva en uno de los mejores jugadores de la historia. El otro se convirtió en un ídolo de las Chivas, pero su carrera tomó un rumbo muy diferente, terminando en el olvido de la segunda división y finalmente encontrando una segunda vida en los reality show.
Hoy en Irán Fútbol vamos a contar la historia de Alberto Elbenado Medina, el hombre que volaba por la banda derecha del rebaño sagrado, el socio perfecto de Omar Bravo, el jugador que nos hizo soñar con gambetas imposibles, con bicicletas infinitas y que hoy vive una realidad muy distinta a la de aquel portugués con el que alguna vez se le comparó.

Ponte cómodo porque este viaje va desde la gloria de un campeonato inolvidable con las Chivas hasta la talacha televisiva. Esto es Irán Fútbol. Comenzamos. Para entender el fenómeno que fue Alberto Medina Brceño, hay que viajar al norte de México. Nació en Culiacán, Sinaloa en 1983, una tierra conocida históricamente por ser cuna de grandes beisbolistas y boxeadores, pero donde el venado decidió que sus piernas servían para algo más que correr bases o esquivar golpes.
Desde niño su apodo le hacía justicia, no corría, le evitaba. tenía esa zancada larga, elegante y potente que es tan difícil de encontrar en el biotipo del futbolista mexicano promedio. Su talento lo llevó rápidamente a las fuerzas básicas de las Chivas Rayadas del Guadalajara, la cantera más importante del país. Su debut llegó pronto.
En el año 2000, con solo 17 años, el talento era innegable, era un extremo puro, de esos que ya no hay en el fútbol moderno. capaz de llegar a la línea de fondo 20 veces por partido y tirar centros precisos con una facilidad pasmosa. Pero el momento que marcó el inicio de su mito, el instante donde el mundo supo quién era Alberto Medina, ocurrió en Francia en el verano de 2003.
El prestigioso torneo esperanzas de Toulón reunía a las mejores elecciones juveniles del planeta. La selección mexicana sub23 llevó a ese torneo con una generación dorada. Ahí, en ese campo francés, bajo la mirada de los scouts de los clubes más grandes de Europa, el mundo vio un duelo de talentos. Por un lado, un tal Cristiano Ronaldo hacía bicicletas y desbordaba.
Y por el otro, Alberto Medina hacía exactamente lo mismo, pero con una chispa y una picardía latina que encantaba la grada. Aunque México no ganó el torneo y terminó en un respetable cuarto lugar, el venado Medina brilló con luz propia por encima del colectivo. Su actuación fue tan impactante que terminó el certamen siendo el máximo goleador con tres anotaciones.
Además, su calidad fue reconocida oficialmente al ser nombrado el tercer mejor jugador del torneo, compartiendo el podio de honor junto a Javier Mascherano y el mismísimo Cristiano Ronaldo. Las comparaciones no eran una locura en ese momento. Ambos eran jóvenes, ambos eran rápidos, ambos eran encaradores. El futuro parecía no tener techo para el mexicano.
Se hablaba de ofertas de Europa, se hablaba de grandeza mundial. Regresando a México, tras esa vitrina internacional, el venado vivió sus mejores años. Entre 2004 y 2008, Alberto Medina fue, sin discusión alguna el mejor extremo derecho de la Liga MX. se consolidó como titular indiscutible en el Guadalajara y formó parte de una delantera que los chivermanos recitan de memoria como si fuera una oración religiosa.
Adolfo el Bofo Bautista poniendo la magia, Omar Bravo poniendo la garra y los goles, y el venado Medina poniendo el vértigo y el desborde. Y aquí quiero hacer una pausa necesaria para decir una verdad que a muchos les costará admitir, pero es innegable. Si analizamos el fútbol puro en cuanto a talento natural, en cuanto a esa habilidad innata para tratar el balón y encarar, el venado Medina era mucho más que el Chicharito Hernández.
Mientras Javier tuvo que trabajar horas extras, mejorar sus remates, su físico y su mentalidad para llegar a donde llegó, Alberto Medina nació con el don. Tenía una técnica, una cintura y una gambeta que Chicharito con todo y su exitosa carrera en Manchester y Madrid nunca tuvo. El venado era el genio natural. Chicharito fue el trabajador incansable.
Esa era la magnitud del talento de Medina en su mejor momento. Hacía ver fácil lo difícil. Su momento cumbre llegó en el torneo Apertura 2006. Aquel equipo dirigido por el Chepo de la Torre era una máquina bien aceitada y el venado fue pieza clave para levantar la undécima estrella contra el Toluca en el Nemesio 10.
En esa época el venado era imparable. Tenía una bicicleta que aunque todos los defensas de la liga sabían que la iba a hacer, nadie se la podía quitar. Era rápido, tenía gol y sobre todo jugaba con una alegría contagiosa. Ver al venado celebrar con sus bailes extraños y sus coreografías con el Bofo y Bravo eran parte del folklore del fútbol mexicano.
Fue mundialista en Sudáfrica 2010, convocado por Javier Aguirre. Aunque no tuvo los minutos que hubiera querido, el simple hecho de estar en la lista final de 23 jugadores hablaba de su jerarquía. Era un ídolo, era el referente. Parecía que se retiraría en Chivas cubierto de gloria como una de esas leyendas de un solo club.
Pero en el fútbol como en la vida, nada es para siempre y la velocidad, que era su mayor virtud, fue también la primera en abandonarlo. Hacia el año 2012, el rendimiento de Medina comenzó a bajar de manera notable. Las lesiones musculares, el desgaste natural de tantos años corriendo a la banda y quizás un poco de conformismo tras haberlo ganado todo, hicieron que perdiera esa chispa eléctrica.
Ya no ganaba los duelos uno contra uno con la misma facilidad. La directiva de Chivas, en una decisión que dolió profundamente a la afición, pero que era necesaria deportivamente, decidió venderlo. Se fue al Pachuca en una transacción millonaria buscando nuevos aires. Ahí comenzó el peregrinaje.
En Pachuca esperaban al venado de la selección, al de los desbordes increíbles, pero llegó un jugador que ya no desbordaba igual. Sus números bajaron drásticamente y su paso por los tuzos fue gris. Luego pasó al Puebla. Y aquí es donde la historia se pone verdaderamente triste para quienes lo vimos en su plenitud. Ver al venado Medina con la camiseta de la franja fue un golpe de realidad brutal.
Ya no era el extremo eléctrico. Se le veía pesado, lento, perdiendo duelos contra defensas novatos que años atrás no le hubieran visto ni el número. La franja peleaba por no descender y el venado, que años atrás peleaba títulos y jugaba mundiales, ahora peleaba por no perder la categoría en partidos agónicos. Su paso posterior por Jaguares de Chiapas fue aún más intrascendente.
Era evidente que el Prime se había ido para no volver jamás. El golpe final a su orgullo deportivo llegó cuando las puertas de la primera división se cerraron definitivamente. Ningún equipo de la Liga MX quiso apostar por él. Tuvo que bajar al ascenso, lo que hoy es la liga de expansión para jugar con los coras de Tepic.
Imaginen esa imagen por un segundo. El hombre que se codió con Cristiano Ronaldo en Toulón, el mundialista en Sudáfrica, el campeón con Chivas ante un estadio lleno, ahora jugaba en estadios semivacíos de la segunda división, en canchas a veces en mal estado, lejos de los reflectores y las cámaras de televisión nacional. Ahí en Coras dio sus últimos destellos.
ya no ganaba por velocidad, sino por experiencia y colmillo, pero el retiro era inminente. Sin un anuncio oficial en conferencia de prensa, sin un partido de homenaje en el estadio Akron con la afición coreando su nombre, sin los reflectores que su trayectoria merecía, el venado Medina colgó los botines de manera silenciosa.
Fue un final indigno para una leyenda del Guadalajara. El fútbol, como dijimos al inicio, no tiene memoria y suele ser cruel con sus ídolos cuando las piernas ya no responden. Pero la vida sigue después del silvatazo final. Y Alberto Medina, lejos de deprimirse en el retiro, encontró una manera de mantenerse vigente, no en las canchas de césped, sino en la pantalla de televisión, aprovechando su carisma natural, porque el venado siempre fue un tipo carismático, sonriente y bonachón, incursionó en el mundo de los reality show deportivos. Lo vimos en Exatlón,
México compitiendo en circuitos físicos extremos contra atletas de otras disciplinas olímpicas y deportivas y sorprendentemente o no tanto para quienes conocían su capacidad atlética, lo hizo muy bien. También que ganó la tercera temporada de Exatlón, Estados Unidos, demostrando que aunque ya no tenía la velocidad explosiva para el fútbol profesional de élite, seguía siendo un atleta de alto rendimiento con una mentalidad ganadora.
se llevó un premio millonario y volvió a estar en boca de todos, aunque fuera en un contexto diferente. Hoy, para las nuevas generaciones de niños y adolescentes, Alberto Medina es el señor que sale en la tele, el campeón de Exatlón. Muchos no saben y quizás nunca sepan que ese hombre que corre en la arena y salta obstáculos fue en su momento el extremo más letal de México, el terror de las defensas y la esperanza de una nación.
La historia de Alberto Medina es, en muchos sentidos, la historia de la mayoría de los futbolistas mexicanos talentosos de las últimas décadas. Tienen un inicio explosivo [música] que nos ilusiona a todos, un clímax brillante donde tocan el cielo con las manos y un descenso lento y silencioso que los lleva al olvido deportivo.
Pero aquí en Iran Fútbol nos negamos a recordarlo por su etapa triste en Puebla, por sus juegos en el ascenso o por sus bailes en televisión. Nosotros, los que amamos el fútbol, elegimos recordarlo como el venado, el que hizo vibrar los cimientos del estadio Jalisco y estrenó el OVNIF, el que le ponía medio gol a Omar Bravo con un centro perfecto, el que por un breve y mágico instante en Francia hizo que el mundo dudara si el mejor extremo del futuro hablaba portugués o español con acento sinaluense. El venado no fue Cristiano

Ronaldo, es cierto. Sus caminos se separaron drásticamente, pero fue un ídolo genuino, un campeón inolvidable y una leyenda rojiblanca. Y eso, amigos míos, nadie, ni el tiempo ni los reality shows se lo puede quitar. Déjame en los comentarios cuál es el gol jugada que más recuerdas del venado.
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