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HARFUCH CAPTURA AL ALCALDE TRAIDOR DE ATLATLAHUCAN Y A 6 FUNCIONARIOS CÓMPLICES

La mañana del miércoles 20 de mayo de 2026, mientras la mayoría de los habitantes del oriente de Morelos comenzaban su día normal, los teléfonos en las alcaldías de Atlatucan y Cuautla empezaron a sonar sin respuesta. Afuera de los edificios de gobierno, elementos de la Guardia Nacional y de la Fiscalía General de la República tomaban posición. No era una visita de cortesía.

Era el resultado de meses de vigilancia silenciosa, de inteligencia acumulada, de seguimientos que los investigados nunca notaron. En cuestión de horas, funcionarios que apenas semanas antes se paseaban con impunidad, que asistían a reuniones públicas y que daban declaraciones frente a micrófonos, estaban esposados.

Seis órdenes de apreciónsión ejecutadas en un mismo día: un alcalde en funciones detenido, un expresidente municipal arrestado, el tesorero, el secretario y el oficial mayor de un ayuntamiento completo, también capturados. Y en el municipio de Cuautala, la puerta de la presidencia municipal cerrada custodiada por federales, esperando al último hombre que aún no caía, el alcalde Jesús Corona Damián, quien en ese momento estaba prófugo.

Esta es la historia de cómo el Estado mexicano desmanteló una red de funcionarios que, según las investigaciones pusieron el gobierno municipal al servicio del cártel de Sinaloa. Para entender la magnitud de lo que ocurrió el 20 de mayo de 2026, hay que retroceder unos meses. En febrero de 2025, un vídeo de aproximadamente 40 segundos comenzó a circular de manera descontrolada en redes sociales.

Las imágenes captadas en lo que parecía ser una reunión privada, una especie de celebración o convivio, mostraban a varios hombres sentados alrededor de una mesa. Dos de ellos no pasaban desapercibidos. Agustín Toledano Amaro, entonces alcalde en funciones de Atlatlahucan, y Jesús Corona Damián, presidente municipal de Cuautlá.

Ambos, elegidos en junio de 2024 bajo la coalición PAN PRI, PRD, estaban en compañía de un hombre vestido con pantalón de mezcilla, camisa verde y un chaleco balístico militar. Ese hombre era Júpiter Araujo Bernard, conocido en la región como el Barbas, identificado por las autoridades de inteligencia del Estado mexicano como el presunto líder de una célula delictiva vinculada al cártel de Sinaloa en el oriente de Morelos.

En la grabación también aparecían sentados en la misma mesa Samuel Márquez Vázquez, el mayor secretario del Ayuntamiento de Cuautla y Jorge Basán Reyes, director de mercados municipales. Alrededor de todos ellos, al menos dos hombres con armas de fuego en las manos, realizaban tareas de vigilancia. No eran guardaespaldas de los alcaldes, eran escoltas del líder criminal.

Cuando el video se hizo público, el impacto político fue inmediato. Aquí estaban dos alcaldes que habían construido sus campañas sobre discursos de seguridad, que habían prometido combatir a la delincuencia, que se habían fotografiado junto a patrullas y uniformes, que habían usado la palabra paz como eslogan electoral y ahora aparecían brindando con el hombre al que supuestamente debían combatir, con escoltas armados a su alrededor, con una naturalidad que sugería no ser la primera vez que esa reunión ocurría.

Jesús Corona Damián salió a dar declaraciones casi de inmediato. Dijo que estaba dispuesto a ser investigado. Aseguró que no huiría. Prometió que no tenía vínculos con actividades ilícitas. Su ayuntamiento explicó después en un comunicado que el comportamiento peculiar del alcalde durante una sesión de cabildo que llamó la atención pública era resultado del desgaste físico considerable y cansancio acumulado por su agenda continua de reuniones de trabajo.

Nadie en la región oriente terminó de creerse esa versión. El gobierno del estado, gobernado por Margarita González Arabia guardó un silencio calculado en aquel entonces, pero en las oficinas de la Fiscalía Especializada en materia de delincuencia organizada, el video se convirtió en el punto de partida de una investigación mucho más amplia.

Agustín Toledano Amaro había llegado a la presidencia de Atlatuaucá en junio de 2024 representando una coalición que unía al PAN, PRI, PRD y al partido local redes sociales Progresistas. Durante su toma de protesta había dicho con total convicción y frente a cámaras, vamos a gobernar y servir con amor a este municipio.

Públicamente me comprometo a que en mi administración no habrá extorsiones ni cobro de piso. Esas palabras quedaron grabadas y cuando comenzaron a circular las primeras noticias de una investigación federal en su contra, Toledano no negó estar bajo escrutinio, al contrario, reconoció públicamente que la FGR lo investigaba.

Incluso intentó obtener un amparo para frenar una posible detención. No lo consiguió. Las carpetas de investigación ya eran demasiado sólidas para detenerse. Lo que las autoridades federales fueron construyendo durante meses no era simplemente el caso de dos alcaldes en una foto comprometedora. era el mapa completo de una red, una estructura que según las investigaciones de la Fiscalía Especializada en materia de delincuencia organizada y del Centro Nacional de Inteligencia había penetrado de forma sistemática las

administraciones municipales del oriente de Morelos para facilitar las operaciones de una célula del cártel de Sinaloa en la zona. La madrugada del 20 de mayo de 2026, los operativos comenzaron de manera simultánea en distintos puntos. Los elementos de la FGR, la SSPC y la Guardia Nacional actuaron con información precisa, con órdenes de aprensión ya firmadas por la FEMDO, la Fiscalía Especializada.

El primero en caer fue Agustín Toledano Amaro. El alcalde en funciones de Atlat Laucán fue detenido sin incidentes mayores. A él se sumó de inmediato la captura de Irvin Sánchez Tavala, expresidente municipal de Ycapista, quien había gobernado ese municipio entre 2009 y 2012 y quien militaba en las filas del PAN.

Sánchez Zavala no ocupaba ningún cargo público al momento de su detención, pero las investigaciones lo situaban como parte activa de la misma red criminal que vinculaba a los funcionarios con el cartel de Sinaloa en la región oriente. Pero el operativo no terminó ahí, lo que comenzó con cuatro órdenes de aprensión inicialmente confirmadas por García Harfuch en redes sociales se convirtió en seis detenciones totales en el transcurso de la mañana.

En el municipio de Cuautla, las autoridades ejecutaron órdenes contra tres funcionarios del propio ayuntamiento. Horacio, el secretario municipal, quien además había sido aspirante a la alcaldía por el PRI, Pablo Adrián, empresario y oficial mayor del Ayuntamiento, y Jonathan, el tesorero municipal. Tres piezas clave de la administración del alcalde Jesús Corona Damián detenidas en un solo movimiento.

La cuarta persona aprendida en ese segundo bloque Arizel Rubí Vázquez Amaro, identificada por Cuadratín Morelos como excandidata a la alcaldía de Atlatucan y consejera estatal de Morena. Un perfil que añadió una dimensión política adicional y que cruzó líneas de partido en la misma operación. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfook, confirmó el operativo a través de su cuenta oficial en la red social X.

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