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EMOCIONANTE: Desafié a católico probar devoción mariana con Biblia… y me dejó sin palabras

.La veneración de María era mi blanco favorito, hermanos”, decía desde el púlpito con esa voz fuerte que hacía vibrar los altavoces. La Biblia es clara como el cristal. Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. No María, no los santos muertos, solo Cristo. Y la congregación respondía con un amén a tronador que me llenaba de satisfacción.

tenía argumentos preparados para cada doctrina católica. La transubstancia era paganismo disfrazado de cristianismo. La confesión auricular era una invención medieval para controlar a las masas. El papado era la gran del Apocalipsis. El rosario era vana repetición condenada por Cristo mismo en Mateo 6:7.

 Y cada vez que un católico intentaba [música] defender sus creencias en algún debate público o privado, yo lo demolía sistemáticamente [música] con versículos bíblicos, con lógica teológica, con datos históricos. Nunca perdí un debate jamás. Mi ego ministerial crecía con cada victoria. Mi esposa María era mi compañera perfecta en el ministerio, también evangélica de cuna.

 había crecido en una familia tan [música] comprometida con la reforma protestante como la mía. Nos conocimos en el seminario, nos casamos jóvenes y construimos juntos esta vida ministerial. Ella lideraba los ministerios de mujeres, enseñaba estudios bíblicos, [música] coordinaba las actividades de la iglesia. éramos el equipo pastoral modelo.

Nuestro matrimonio era citado como ejemplo en conferencias sobre vida familiar cristiana. Teníamos dos hijos adolescentes [música] que servían activamente en los ministerios juveniles. Desde afuera todo lucía perfecto y yo creía sinceramente que lo era. El único punto de tensión en nuestra vida era Juan Carlos, el hermano menor de María.

 Juan era católico devoto de esos que no pierden una misa dominical, que rezan el rosario completo todos los días, que participan activamente en su parroquia. Vivía en Ciudad de México y trabajaba como ingeniero civil en una empresa importante. Era inteligente, educado, exitoso profesionalmente, pero para mí su catolicismo era una mancha en una familia que debería haber sido completamente evangélica.

María había logrado salir del catolicismo [música] familiar cuando conoció el evangelio en el seminario. Pero Juan se había aferrado obstinadamente a lo que yo consideraba supersticiones heredadas. Durante años mantuvimos una relación cordial, pero superficial. Juan venía a visitarnos dos o tres veces al año, especialmente [música] en fechas importantes como Navidad o cumpleaños familiares.

 Y yo, por respeto a María y para mantener la paz familiar, evitaba tocar temas religiosos cuando él estaba presente. Había intentado evangelizarlo varias veces en el pasado, pero Juan había dejado claro educadamente que no tenía interés en convertirse al protestantismo. Respeto tu fe, Rafael, me había dicho en una ocasión, pero yo soy católico y moriré católico.

Pido el mismo respeto para mis convicciones. Y ahí quedaba el tema, en un empate incómodo que ninguno de los dos quería romper. Pero eso cambió en la Navidad de 2023. Juan vino a pasar las fiestas con nosotros, como hacía cada año. La cena de Nochebuena fue alegre, llena de risas, comida deliciosa y ese calor familiar [música] que solo se siente en estas fechas.

 Los niños jugaban, María y su madre cocinaban platillos tradicionales. Yo bromeaba con Juan sobre fútbol y política. temas seguros que no levantaban controversias. Todo iba bien hasta el momento del café y el postre, cuando la conversación tomó un giro inesperado. No recuerdo exactamente cómo empezó. Tal vez fue mi hijo Daniel quien mencionó algo sobre un compañero [música] católico de la escuela que llevaba un rosario.

O quizás fue mi suegra quien comentó algo sobre una procesión que había visto en la televisión. El caso es que de repente estábamos hablando de religión y yo sentí esa familiar comezón [música] del predicador que quiere enseñar, corregir, iluminar. Juan le dije con ese tono profesoral que usaba en los sermones, reclinándome en mi silla con una sonrisa que ahora reconozco estaba llena de condescendencia.

Eres un hombre inteligente. Te graduaste con honores de la UNAM. Trabajas con datos y hechos científicos todos los días resuelves problemas de ingeniería complejos. No puedo entender cómo un tipo tan racional como tú puede creer que María intercede por nosotros cuando la Biblia es cristalina, clara como agua.

Hay un solo mediador entre [música] Dios y los hombres, Cristo Jesús. Primera de Timoteo 2:5. No María, no los santos, solo Cristo. Esperaba verlo tartamudear, bajar la mirada, murmurar alguna respuesta débil sobre tradiciones familiares o cultura heredada. Así había reaccionado cada católico que había confrontado en el pasado.

 Pero Juan me miró directamente a los ojos con una serenidad que me desconcertó. No había enojo en su mirada, no había defensividad, solo una calma profunda que me incomodó de una manera que no pude explicar en ese momento. Rafael, dijo suavemente, dejando su taza de café sobre la mesa con cuidado. Conozco bien ese versículo.

 Lo he leído cientos de veces y estoy completamente de acuerdo contigo. Cristo es el único mediador de la salvación. Eso nunca lo he negado, ni lo negaré. Hizo una pausa y en ese silencio sentí que algo importante estaba a punto de suceder. Pero déjame hacerte una pregunta sincera. Cuando Pablo [música] escribe a los efesios pidiéndoles que oren por él, está violando ese principio de un solo mediador.

Porque si solo Cristo puede interceder, entonces Pablo está cometiendo herejía al pedir oraciones a otros creyentes. ¿No te parece? La pregunta me tomó desprevenido. Era más inteligente de lo que había anticipado. Claro que no, respondí rápidamente, recuperando mi confianza. Pablo está pidiendo intercesión a los vivos, no a los muertos.

 Los que han partido no pueden escucharnos ni interceder por nosotros. Solo Dios escucha nuestras oraciones. Y fue ahí, en ese preciso momento, cuando Juan abrió su Biblia gastada por el uso, una Biblia católica llena de marcas y notas en los márgenes, y leyó con voz clara. Los 24 ancianos se postraron delante del cordero, teniendo cada uno arpas y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos.

levantó la mirada hacia mí. Apocalipsis 5:8. Y luego en Apocalipsis 8:34 [música] dice que un ángel ofrece el incienso junto con las oraciones de los santos ante el altar [música] de Dios. Mira, Rafael, en el cielo hay intercesión. Los que partieron en Cristo están vivos, no muertos, y están intercediendo. Jesús mismo dijo que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

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