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La traición florece entre las flores de la Feria de Abril en Sevilla

La traición florece entre las flores de la Feria de Abril en Sevilla

La música retumbaba en las paredes blancas de la villa como si Ibiza estuviera intentando ocultar los gritos.

Pero los gritos seguían ahí.

—¡¿Me estás tomando por idiota, Sergio?! —la voz de Valeria quebró el aire caliente de la madrugada mientras una copa explotaba contra el suelo de mármol.

El cristal saltó por todas partes.

Lucía se quedó inmóvil junto a la piscina infinita, con el corazón golpeándole el pecho tan fuerte que apenas podía respirar. El reflejo azul del agua iluminaba el rostro de Sergio… y también las lágrimas silenciosas que caían por la cara de su mejor amiga.

Veinte años de amistad.

Veinte años compartiendo secretos, novios, fracasos, cumpleaños, funerales y sueños.

Y ahora todo estaba a punto de pudrirse bajo el sol perfecto de Ibiza.

—Valeria, escucha… no es lo que parece —murmuró Sergio, nervioso.

—¡Claro que no! —ella soltó una carcajada amarga—. Nunca es lo que parece cuando una mujer casada encuentra a su marido semidesnudo abrazando a su mejor amiga a las tres de la mañana.

Lucía sintió un escalofrío.

Porque lo peor era que sí parecía exactamente lo que Valeria estaba pensando.

El viento movía lentamente las cortinas blancas de la terraza. A lo lejos seguía sonando música electrónica desde los clubes cercanos, como si el mundo entero siguiera de fiesta mientras la vida de tres personas se hacía pedazos.

Lucía tragó saliva.

—Valeria… te juro que esto no…

—¡No me llames por mi nombre! —gritó ella, señalándola con el dedo—. ¿Sabes qué es lo más humillante? Que llevo días sintiéndome loca. Días viendo cómo lo mirabas. Cómo él te miraba a ti. Y yo convenciéndome de que eran imaginaciones mías porque tú eras mi hermana.

Sergio cerró los ojos.

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