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La Foto que Aterrorizó a Cuba — El Misterio de Fidel y la Madre de Camilo

 

La Habana, 1960. En la página oficial de Fidel Castro existe una fotografía que sigue colgada hasta el día de hoy. En esa imagen, Castro rodea con su brazo el hombro de una mujer mayor y sonríe ampliamente [carraspeo] a la cámara. Pero la mujer no sonríe. Sus ojos están enrojecidos, los músculos de su mandíbula están tensos, visiblemente contraídos.

 Sus labios forman una línea fina y dura como alambre de púas. Esa mujer se llama Emilia Gorriarán. Es la madre de Camilo Cien fuegos. Y en el instante exacto en que se toma esa fotografía, el brazo que la rodea protectoramente pertenece al hombre que ella cree que ella sabe, responsable de la muerte de su hijo.

 No está ahí por voluntad propia. El estado la colocó ahí porque Emilia ya no es una madre, es la regén de la revolución, una figurante silenciosa instalada en la vitrina del régimen para ser exhibida cuando convenga. Detente un segundo y mirá esa fotografía de nuevo. Fíjate en los ojos de Emilia.

 Fíjate en como su cuerpo entero se aleja imperceptiblemente de Fidel mientras él sonríe. Esa imagen no es un documento de compasión revolucionaria, es un documento de poder absoluto. Es la prueba fotográfica de que un régimen puede obligar a una madre a posar junto al asesino de su hijo y hacer que el mundo entero lo interprete como ternura.

Durante 65 años, el mundo entero ha debatido obsesivamente la misma pregunta. ¿Cómo murió Camilo 100 fuegos? Fue un accidente de aviación. Lo derribaron en el aire. Fue enviado al fondo del mar por orden directa de Fidel, pero nadie, absolutamente nadie, te contó el capítulo más oscuro de esta historia.

 Lo que el régimen le hizo a su familia después de que él desapareció. ¿Por qué esta madre fue obligada durante 32 años a sentarse en primera fila en cada acto oficial del régimen y aplaudir al verdugo de su hijo? ¿Por qué nunca pudo hablar? ¿Por qué nunca pudo gritar la verdad que le quemaba la garganta cada día durante tres décadas? La respuesta es más aterradora que cualquier ficción de espionaje.

 Porque lo que clavó a Emilia en esa silla y le selló los labios durante 32 años no fueron los fusiles del Estado, no fueron las amenazas de los agentes del G2. Fue algo infinitamente peor. Fue una traición inconcebible que vino de dentro de su propia casa, de su propia sangre. El régimen había diseñado un mecanismo diabólico para silenciar a esta familia y la madre se fue consumiendo en silencio bajo el peso aplastante de ese secreto durante 32 años en la humedad asfixiante de la Habana.

 Quédate conmigo porque hoy no vamos a discutir cómo murió el héroe de Yahuahai. Ese debate ya lo conocés. Hoy vamos a entrar en la tragedia de una familia partida exactamente por la mitad como con un hacha. una familia donde un hijo se convirtió en mártir, otro se convirtió en verdugo y la madre quedó atrapada entre los dos sin poder decir una sola palabra.

 Esta es la historia de Emilia Gorriarán, una madre condenada al silencio. Y la historia de Osmani 100 fuegos, el hermano que aceptó un ministerio del hombre que probablemente ordenó matar a su hermano menor. Esto es Cuba oculta. Empezamos. Para entender el infierno que vivió Emilia Gorriarán, tenés que retroceder hasta el principio, no al 59, no a la Sierra Maestra, sino mucho más atrás, a una casa pobre en un barrio pobre de La Habana, donde un sastre español anarquista y su esposa cántabra criaron a tres hijos que terminarían encarnando las tres caras de la

revolución cubana, el mártir, el cómplice, el olvidado, Ramón C fuegos Flores, Nació en Pravia, Asturias, una tierra con tradición anarquista profunda que se remonta a la revolución minera de 1934. Emilia Gorriarán Zavalla vino de Castro Urdiales en Cantabria. Ambos emigraron a Cuba buscando lo que todos los españoles buscaban entonces, escapar de la guerra.

de Lambre de Franco, se instalaron en Loton, uno de los barrios más humildes de La Habana, en una casa estrecha en la calle Positos número 71. Ramón trabajaba como sastre en un taller llamado El arte, ganando un salario que apenas alcanzaba para comer. Los echaron deposito 71 por no pagar la renta. Se refugiaron en un cuartico de azotea en la calle Orraily, en la Habana Vieja.

Después volvieron a La Auton, después a San Francisco de Paula, en una casa medio derrumbada que amenazaba con caerse cada vez que llovía fuerte. En esa pobreza perpetua nacieron los tres hermanos. 1929, Humberto el Mayor. Febrero de 1931, Osmani el del Medio. 6 de febrero de 1932. Camilo.

 Cuando Emilia llevaba meses rezando por una niña, la comadrona le puso en los brazos a otro varón. Ramón sonrió y dijo algo que hoy suena profético. Qué pena. Emilia quería una hembra. Bueno, de tres varones tres. Los 100 fuegos no se rinden. Y le puso el nombre de su padre. Camilo. Fíjate bien en esta familia porque su composición ideológica es la clave de todo lo que viene después.

 Ramón Cienfuegos no era simplemente un obrero pobre, era un activista anarquista vinculado a la solidaridad internacional antifascista y a la Asociación Libertaria de Cuba. El pequeño Camilo, con apenas 6 años, entregaba el dinero de su merienda escolar para el hogar de niños españoles, un refugio para 75 huérfanos de la guerra civil.

 Ese anarquismo paterno marcó a fuego el carácter de Camilo. Nunca fue un militante comunista dogmático, era un libertario natural, un hombre que se reía de las jerarquías y trataba a todo el mundo, desde el comandante hasta el cocinero como un igual. El propio Cheegevara reconoció explícitamente que Camilo no podía ser clasificado como militante comunista.

Pero aquí viene la fractura que lo cambia todo. El hijo del medio Osmani tomó un camino radicalmente opuesto. Fue el único de los tres hermanos que llegó a la universidad. Se graduó de arquitecto en la Universidad de La Habana en 1954 y se afilió al Partido Socialista Popular, la línea dura de Moscú en Cuba.

Mientras su padre y su hermano menor respiraban anarquismo libertario, Osmani abrazaba el estalinismo ortodoxo. Esa grieta ideológica dentro de la misma casa es exactamente la grieta que el régimen explotaría después para destruir a esta familia desde dentro. Todavía no sabes quién era realmente Camilo antes del póster, ni sabes por qué su popularidad era una amenaza existencial para Fidel.

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