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¿Por Qué Che Guevara Llamó a Su Hijo “CAMILO”? — 64 Años Después Entendemos la Verdad

 

Javena, 1962. Ernesto Cheeguevara se sienta en su escritorio mientras la tarde cae sobre Cuba. Frente a él una lista de nombres. Su esposa Aleida, está embarazada de 8 meses y pronto nacerá su segundo hijo. Entre los nombres escritos con tinta azul, uno destaca Camilo. El che se detiene al verlo.

 Sus dedos rozan el papel. Durante un momento largo. No se mueve, solo mira ese nombre. Y entonces algo en su mirada cambia. No es tristeza exactamente, es algo más profundo. Es memoria 3 años antes, diciembre de 1957. La Sierra Maestra es un infierno verde donde 82 hombres llegaron en el grama y solo 12 sobrevivieron entre los árboles húmedos y el barro constante, dos figuras se encuentran por primera vez.

Ernesto Guevara, el médico argentino de mirada seria y asma crónica. Ya es conocido como el Che, Camilo Cen fuegos acaba de llegar desde otro frente. Es imposible no notarlo. Lleva el pelo largo, una barba desaliñada y un sombrero de cowboy que nadie entiende por qué usa en medio de la selva. Cuando ve, sonríe con esa sonrisa que más tarde se convertiría en leyenda.

 Los dos hombres no podrían ser más diferentes. El che es metódico, cerebral, un hombre que piensa cada palabra antes de pronunciarla. Camilo es pura espontaneidad. Habla rápido, ríe fuerte, hace bromas incluso cuando las balas silvan cerca. Los otros guerrilleros dicen que Camilo puede matar a un enemigo y atrapar su rifle antes de que caiga al suelo.

 El Che respeta la habilidad, Camilo respeta la inteligencia y en algún momento, sin que ninguno lo diga, se vuelven inseparables. En la sierra, donde cada día puede ser el último. Las amistades se forjan de manera distinta. No hay tiempo para formalidades. La lealtad se mide en silencios compartidos, en cubrir la espalda del otro durante un ataque, en dividir la última ración de comidas sin preguntar.

 Camilo aprende a leer los silencios del Che. Sabe cuando su asma está empeorando, aunque el argentino nunca se queje. El Che aprende a confiar en los instintos de Camilo. En combate, cuando Camilo dice que hay que moverse, el Cheno pregunta por qué, simplemente se mueve. Fidel Castro los observa. ve en ellos algo que necesita.

 El Che tiene la mente estratégica. Camilo tiene el carisma que hace que los hombres lo sigan a cualquier parte. En abril de 1958, Fidel asciende a Camilo al rango más alto del ejército rebelde, comandante. Solo hay tres en toda la guerrilla. Fidel, Raúl, su hermano, y ahora Camilo. El Chey tiene ese rango. Los dos comandantes, el pensador y el guerrero, se convierten en las dos columnas sobre las que Fidel construye su victoria.

Agosto de 1958. Fidel ordena una operación arriesgada. Dos columnas deben marchar desde la Sierra Maestra hasta las Villas en el centro de Cuba cruzando territorio enemigo durante semanas. Es prácticamente un suicidio. El Che liderará una columna, Camilo liderará la otra. Antes de partir se miran. No hay discursos.

 Camilo simplemente dice, “Nos vemos en las villas, doctor.” Y el ch responde. Cuídate, caby. La marcha es bruto. Hm. BR y punto sidemboscadas constantes. Hay momentos en que el che cree que no lo lograrán, pero entonces llega un mensaje por radio. Es Camilo. Su columna llegó primero. Está esperando. Cuando finalmente se reúnen en las villas, Camilo abraza al Che con fuerza.

 Sabía que lo lograrías, le dice el Che, que rara vez muestra emoción sonríe. Es una sonrisa pequeña, pero es real. Juntos liberan pueblo tras pueblo. Camilo toma Ywahai después de 11 días de asedio. La batalla lo convierte en el héroe de Yahwhai. El pueblo lo adora. Las mujeres le lanzan flores. Los niños quieren tocarlo. Camilo se ríe.

 Firma autógrafos, carga bebés. El Che observa desde la distancia, no envidia el carisma de Camilo, lo admira. Sabe que él nunca podría ser así y sabe que Camilo nunca podría ser él. Por eso funciona diciembre de 1958 la batalla final. Santa Clara, la ciudad que controla la carretera central de Cuba. Si cae Santa Clara, cae Batista.

Fidel envía a sus dos mejores hombres. El Che atacará desde el este, Camilo desde el norte. La noche antes del ataque se sientan juntos fumando cigarros. No hablan mucho, no necesitan hacerlo. Camilo finalmente rompe el silencio. Che, después de esto, cuando ganemos, ¿qué harás? El che exhala humo. No lo sé. ¿Y tú, Camilo? Sonríe.

 Bailar mucho y dormir una semana entera. El che se ríe. Es una de las pocas veces que alguien lo ha visto reírse así. La batalla de Santa Clara es feroz. Tanques, francotiradores, combate casa por casa. Pero el 31 de diciembre de 1958, la ciudad cae Batista al enterarse huye de Cuba. Esa misma noche. La revolución ha triunfado.

 El primero de enero de 1959, el Che y Camilo entran juntos en la Habana. Las malaltitud los rodean. Gritan sus nombres, “Che, Camilo, viva la revolución!” En medio del caos, Camilo se acerca al Che y le grita al oído, “¡Lo logramos, hermano, juntos lo logramos. El che siente por primera vez en años permite que la emoción toque su rostro.

 El 8 de enero, en una concentración masiva, Fidel pronuncia su primer gran discurso como líder de Cuba. En medio de su oración, se detiene, se vuelve hacia Camilo, que está de pie a su lado. “Voy bien, Camilo.” Le pregunta frente a toda la nación. Camilo sonríe. Esa sonrisa que ya es un símbolo. “Vas bien, Fidel”, responde.

 La multitud estalla en aplausos. Esa frase se convertirá en un eslogan de la revolución. Pero lo que nadie sabe es que esa frase también tiene otro significado. Es la última vez que Cuba verá a Camilo 100 fuegos verdaderamente feliz, porque algo está cambiando. En los meses siguientes, Fidel comienza a consolidar el poder.

 Nombra comunistas en posiciones clave. Algunos revolucionarios, los que lucharon en la sierra, pero no comparten la ideología comunista, empiezan a sentir inquietud. Camilo está entre ellos. No es comunista, nunca lo ha sido. Luchó por libertad, por justicia, por el pueblo, no por una ideología, pero no dice nada todavía.

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