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Las 5 PALABRAS Que Camilo Susurró al Che Antes de Morir — 64 Años Después la VERDAD Sale a la Luz

 

En ese momento, nadie en el aeropuerto de Camaguei sabía que Ernesto Cheegevara acababa de escuchar las últimas palabras de su hermano Camilo 100 fuegos, un susurro. Solo cinco palabras que el che cargaría como una maldición durante los siguientes 8 años hasta su propia muerte.

 Lo que Camilo le dijo antes de subir a ese avión cambiaría para siempre la forma en que el che veía a Fidel Castro y la Revolución Cubana 28 de octubre de 1959. El sol caribeño golpeaba implacable sobre la pista del pequeño aeropuerto de Camagüy. Ernesto Chegueevara estaba de pie junto a la torre de control con su boina negra característica y un cigarro entre los dedos.

 Sus ojos oscuros y penetrantes sejían cada movimiento de la figura que caminaba hacia el pequeño N310 plateado que esperaba en la pista. Camilo C fuegos, el guerrillero más carismático de la revolución cubana, llevaba puesto su legendario sombrero de Kau y una sonrisa que hacía que cualquiera confiara en él. Pero el Che conocía a su hermano mejor que nadie y esa mañana, detrás de esa sonrisa había algo diferente, algo que le helaba la sangre Camilo, acababa de completar una misión delicada en Camagüy, arrestar al comandante Uber Matos, quien había

renunciado acusando al gobierno de comunismo. La misión había sido un éxito, pero ahora Camilo insistía en regresar inmediatamente a La Habana. A pesar de las advertencias sobre el mal clima que se avecinaba, el che había llegado al aeropuerto una hora antes. No era una visita oficial. Nadie lo había llamado.

 Simplemente había sentido algo en su pecho esa mañana, una opresión inexplicable que lo había hecho. Levantarse de la cama a las 5 de la madrugada y conducir 120 km desde la Habana hasta Camagüy, sin decirle nada a su esposa Aleida. Para entender por qué el che estaba allí, hay que regresar al principio. Diciembre de 1957. La Sierra Maestra era un infierno verde.

De los 82 hombres que llegaron en el Granma, solo dos sobrevivieron. Entre ellos, Eche Che, el médico argentino de mirada seria y Camilo Si fuegos, el guerrillero del sombrero de cowa y la risa contagiosa. El che era cerebral, disciplinado. Camilo era puro instinto. Reía en medio del peligro. Hacía bromas cuando las balas pasaban cerca.EL PASO DE CAMILO Y EL CHE Por Esteban Fernandez ¿Porqué le entra al  monstruo biranés el culillo el 22 de agosto de 1958 de lanzar a sus dos  perros de presas

 En la sierra, la amistad se forjaba en silencios compartidos, en cubrir la espalda del otro, en dividir la última ración sin preguntar. Camilo aprendió a leer los silencios del Che. El Che aprendió a confiar en los instintos de Camilo. Esa confianza era más fuerte que cualquier ideología. Era el tipo de vínculo que solo se forma cuando dos hombres han decidido que vivirán o morirán el uno por el otro.

 Agosto de 1958, Fidel ordenó una operación suicida. Dos columnas debían marchar desde la Sierra Maestra hasta las Villas. El che lideraría a una, Camilo o la otra. Antes de partir intercambiaron palabras simples de despedida. Cuando se reunieron semanas después, tras hambre, set y emboscadas, Camilo abrazó al Che con fuerza.

 Juntos liberaron pueblo tras pueblo. Camilo se convirtió en el héroe de Yawahai. El pueblo lo adoraba. El Cheno sentía envidia. Sabía que él nunca podría ser como Camilo y Camilo nunca podría ser él. Por eso funcionaba en diciembre de 1958. Santa Clara, la batalla final. La noche antes del ataque fumaron juntos. Camilo preguntó qué harían después de ganar.

 El Che admitió que no lo sabía. Camilo sonrió y dijo que bailaría mucho. El Che se rió algo raro en él. Al día siguiente tomaron Santa Clara. Batista huyó. El primero de enero de 1959 entraron juntos en la Habana entre multtitudes que gritaban sus nombres. El 8 de enero, Fidel pronunció su primer gran discurso.

 En medio de su oración, se volvió hacia Camilo con aquella pregunta que se haría famosa. Camilo respondió que iba bien, pero nadie notó que era la última vez que sonreía así. Algo estaba cambiando. Fidel consolidaba poder, nombraba comunistas en posiciones clave. Camilo se volvió más callado. El Che, comprometido con el marxismo, no veía el conflicto interno de su amigo.

Octubre de 1959, el comandante Uber Matos renunció públicamente criticando la infiltración comunista. Fidel lo llamó traidor y envió a Camilo a arrestarlo. Era una prueba de lealtad. Camilo fue porque no tenía opción, pero arrestar a su amigo fue más difícil que cualquier batalla. El 21 de octubre cumplió la orden.

 Esa noche llamó a Alchedes de Camagüy. Su voz sonaba quebrada. Dijo que estaba muy cansado y habló de un mal presentimiento sobre el vuelo del día siguiente ahora, 7 días después, el Che estaba en el aeropuerto mirando a su hermano caminar hacia el avión. Cuando Camilo lo vio, se detuvo.

 Sus ojos se encontraron y el che supo que algo terrible estaba por suceder. Camilo se acercó y lo abrazó fuerte. El Chele admitió que no sabía por qué había venido, solo que necesitaba verlo. Camilo rió sin alegría y hizo una broma sobre místicos. La broma cayó plana. El piloto revisaba instrumentos. El viento soplaba más fuerte. Nubes oscuras se acumulaban.

 El Chele dijo que no tenía que volar hoy, que el clima no era seguro. Camilo miró el cielo, consideró la sugerencia, luego negó. Tenía que regresar. Fidel lo esperaba. El che sintió una punzada al escuchar el nombre de Fidel, preguntó si no podía esperar un día. Camilo lo miró con profunda tristeza y resignación.

 El piloto gritó desde el avión. Era hora de partir. Las nubes tormentosas se acercaban rápidamente. Camilo se acercó para un último abrazo. El chelo sostuvo fuerte, como si al aferrarse él pudiera mantenerlo en tierra, mantenerlo seguro, protegerlo de lo que ambos sentían que vendría.

 Y fue en ese abrazo, con sus cabezas juntas y el ruido del viento, ocultando sus palabras de cualquier oído indiscreto. Que Camilo susurró las cinco palabras que cambiarían la vida del Che para siempre. Si no regreso, desconfía de Fidel. El Che se quedó congelado. Quería responder, quería gritar, quería arrastrar a Camilo lejos del maldito avión y obligarlo a explicar que sabía que había descubierto por qué estaba tan seguro de que algo malo pasaría.

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