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🕵️ TONY de la Guardia ¿James Bond de FIDEL CASTRO o Simple NARCO — La Verdad Que CUBA Ocultó

 

Certento de julio de 1989. Cuartelón de la cabaña, La Habana. Un hombre de 44 años caminaba hacia el paredón de fusilamiento con una dignidad que impresionó incluso a sus verdugos. El coronel Antonio de la Guardia Font, conocido como Tony, había sido uno de los agentes más exitosos del régimen cubano.

 Durante 20 años había operado en cuatro continentes, burlando a la CIA, moviendo millones de dólares, organizando operaciones que parecían sacadas de novelas de espionaje. Nadie sabía que el hombre al que estaban ejecutando como narcotraficante había sido en realidad el operador más leal de Fidel Castro y que su muerte no era castigo por traición, sino eliminación estratégica de un testigo demasiado peligroso.

Lo que reveló esta historia después de 35 años cambiaría para siempre la forma en que entendemos el narcotráfico de estado en Cuba y el precio que pagaron aquellos que conocieron demasiados secretos de Fidel Castro. Antonio de la Guardia Font nació el 26 de junio de 1939 en La Habana, en una familia acomodada.

Su padre era médico de prestigio, su madre profesora. Tony creció en el vedado con todos los privilegios de la burguesía habanera. Pero a diferencia de otros jóvenes de su clase, Tony sentía profunda incomodidad con la desigualdad que veía. Mientras estudiaba medicina, comenzó a asistir secretamente a reuniones del movimiento 26 de julio.

Era el revolucionario más improbable, un muchacho rico que genuinamente quería destruir el sistema que lo beneficiaba. El 1 de enero de 1959, cuando Batista huye y la revolución triunfa, Tony tiene 20 años. Mientras sus padres planean mudarse a Miami con el resto de la burguesía habanera, Tony les anuncia que se queda.

 Más que eso, se une al nuevo gobierno revolucionario. Su padre le dijo esa noche, Antonio, estás cometiendo el error más grande de tu vida. Estos comunistas van a destruir todo. Tony respondió, “Papá, por primera vez en mi vida voy a hacer algo que realmente importa.” Nunca volvió a ver a su padre.

 La familia se exilió en Miami tres meses después. Tony se quedó en Cuba para construir lo que él creía sería una sociedad más justa. En 1960, Tony fue reclutado por los servicios de inteligencia cubanos. Hablaba perfectamente inglés y francés, provenía de clase alta y tenía facilidad para adoptar diferentes personalidades. Su primera misión fue infiltrarse en grupos anticastristas en Miami.

 La operación duró 6 meses. Tony vivió como un exiliado más. Ganó su confianza, recopiló información crucial. Cuando regresó, Fidel Castro personalmente lo felicitó. Esa aprobación se convirtió en la droga más precioderosa para Tony. Entre 1962 y 1970, Tony operó en Europa y África.

 En París establecía redes para comprar tecnología prohibida. En África trabajó con movimientos de liberación, vendiendo armas soviéticas con sobreprecio. Fue durante esta época cuando conoció al general Arnaldo Ochoa, el militar que eventualmente compartiría su destino. Los dos desarrollaron una amistad basada en respeto mutuo y lealtad a la revolución.

En 1974, Fidel creó MC, siglas de moneda convertible. Oficialmente era un departamento para conseguir divisas. En realidad era una red de operaciones encubiertas, contrabando, tráfico de armas, evasión de sanciones, lavado de dinero. Ochoa era el jefe nominal. Tony ejecutaba las operaciones. Durante años MC operó dentro de límites que Tony consideraba aceptables.

 Tecnología prohibida. Armas para movimientos revolucionarios. evasión del embargo. Todo lo justificaba como lucha antiimperialista. En mediados de los años 80, la situación económica de Cuba se volvió desesperada. La Unión Soviética bajo Gorbachov comenzó a reducir dramáticamente su ayuda económica.

 Cuba enfrentaba escasez severa de todo, alimentos, medicinas, combustibles, repuestos. El país necesitaba dólares urgentemente. Fidel convocó a Tony y Ochoa a una reunión privada en 1985. Lo que les propuso esa noche cambiaría todo. Necesitamos una nueva fuente de divisas, les dijo Fidel. Una fuente que nos dé millones de dólares en efectivo, rápido, sin preguntas.

Tony, preguntar, “¿Qué tipo de fuente, comandante?” Fidel lo miró directamente. Los colombianos están moviendo toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. Necesitan rutas seguras, lugares para repostar, protección oficial. Nosotros podemos proporcionarles todo eso por un precio. Tony fintió como si le hubieran golpeado el estómago.

 Esto no era contrabando de tecnología. Esto no era venta de armas a movimientos de liberación. Esto era narcotráfico puro y simple. Ochoa expresó exactamente lo que Tony estaba pensando. Comandante, eso nos convertiría en cómplices del narcotráfico. Fidel respondió con una lógica que Tony nunca olvidaría. Arnaldo, cada gramo de cocaína que ayudemos a introducir en Estados Unidos es un golpe contra el imperialismo.

Estamos usando sus propios vicios para destruirlos desde adentro. Y de paso conseguimos los dólares que necesitamos para sobrevivir. Era una racionalización brillante y perversa. Convertía el narcotráfico en acción revolucionaria. Tony quiso objetar. Quiso decir que esto cruzaba una línea que no debería cruzarse, pero miró a Fidel.

 Vio esa mirada que no aceptaba contradicción y simplemente asintió. Esa noche, bebiendo solo en su apartamento, Tony escribió en su diario, “Hoy acepté convertirme en criminal. Me convencí de que es por Cuba, pero sé que es mentira.” Esa noche, bebiendo 86, Tony viajó a Medellín. Su contacto representaba a Pablo Escobar.

 La reunión ocurrió en una finca en las afueras. Tony fue transportado con los ojos vendados. Cuando le quitaron la venda, estaba frente a Pablo Escobar. El narco vestía jeans y bebía whisky caro. “Así que tú eres el cubano que Castro mandó”, dijo Escobar. Tony respondió, “Represento intereses del gobierno revolucionario de Cuba.” Escobar se rió.

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