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Lupe Pintor: El secreto más asqueroso que ocultó por 45 años tras el asesinato en el ring. Ni la prensa ni el CMB se atrevieron a contar la oscura verdad

Lupe Pintor: El secreto más asqueroso que ocultó por 45 años tras el asesinato en el ring. Ni la prensa ni el CMB se atrevieron a contar la oscura verdad: el cinturón de su padre, una orden de muerte y las cinco palabras finales que el galés le susurró antes de morir.

LUPE PINTOR: CONFESÓ LA OSCURA TRAGEDIA QUE VIVE HOY, ES MUY TRISTE 

doble campeón mundial del Consejo Mundial de Boxeo. 56 victorias, 42 por knockout. Ese mismo hombre carga con un asesinato encima del ring. Hoy, con 70 años de edad sigue recibiendo ayuda psicológica para soportar la culpa. No la culpa de haberlo matado, la culpa de algo tan asqueroso que hizo en el ring sabiendo lo que iba a pasar.

 Es exactamente lo que vas a ver hoy, lo que ningún periódico mexicano se atrevió a contar. Para entender como un chamaco que vivió en la calle desde los 12 años terminó matando a un boxeador con sus propios puños. Primero tienes que ver de dónde vino y qué le pasó para llegar ahí, porque entonces vas a comprender exactamente por qué lo hizo.

 Anoche del 19 de septiembre de 1980, dentro del Auditorio Olímpico de Los Ángeles, 5,000 espectadores y las cámaras de televisión en vivo del canal estadounidense ABC vieron lo que durante los siguientes 45 años iba a destruir mentalmente a José Guadalupe Pintor Guzmán. El doceavo asalto de una pelea por el cetro mundial Peso Gallo del CMB.

2 minutos y 13 segundos después de la campana, un gancho izquierdo a la mandíbula, un derechazo recto a la 100 y un uppercut final que mandó al galés Johnny Owen al piso sin que pudiera levantar las manos para protegerse la cabeza. La cabeza del galés golpeó contra la lona del ring con un sonido que 5000 espectadores escucharon en silencio desde las gradas.

 Owen no se levantó. 46 días después, el 4 de noviembre de 1980, dentro de una cama del Hospital California de Los Ángeles, Johnny Owen murió sin recuperar el conocimiento. Sienta tenía 24 años de edad, pero ese knockout del doceavo asalto que 5,000 espectadores del ring vieron en silencio desde las gradas la noche de esa noche.

ese knockout que durante las siguientes cuatro décadas se convirtió en una de las imágenes más vistas del archivo deportivo del canal estadounidense ABC. No era exactamente lo que el grillo de Cuajimalpa carga dentro de la cabeza desde aquella noche. Lo que el grillo pintor carga dentro de la cabeza no es el cut final del round 12.

 Es algo que pasó dos asaltos antes, algo que solamente cuatro personas dentro del cuadrilátero escucharon esa noche y algo que el propio Lupe Pintor, según el testimonio que dio años después al diario La Razón, no se atrevió a contar a ningún periodista mexicano durante 45 años. José Guadalupe Pintor Guzmán nació el 13 de abril de 1955 en la colonia Jesús del Monte del Barrio en las afueras de la ciudad de México.

Casa de adobe con techo de lámina, familia obrera de seis hijos. El padre José Pintor, obrero en una fábrica de muebles del barrio. La madre Carolina Guzmán, empleada doméstica en una casa rica de las Lomas de Chapultepec. Y entre los seis hermanos, el pequeño José Guadalupe ocupaba un lugar muy específico.

 Era el cuarto de los varones, era el más chico de los hombres y era el único que dormía en una colchoneta de paja en el suelo del cuarto principal al lado de la cama de su hermana mayor Esperanza. Esa colchoneta de paja donde dormía el pequeño José Guadalupe entre 1961 y 1967 dentro de la casa de la El Barrio. Esa colchoneta que el chamaco compartió durante 6 años con su hermana mayor esperanza no era exactamente una cama de niño común de las colonias populares de la ciudad de México de aquella década.

Era el lugar exacto donde el chamaco, según el testimonio que el grillo dio 60 años después a la razón, aprendió a escuchar los pasos del padre cuando regresaba cada noche a las 11:30 de la cantina del barrio. A los 6 años de edad, en 1961, el pequeño José Guadalupe ya había aprendido el ritual exacto de cada noche dentro de la vivienda.

El padre llegaba caminando torcido por la calle principal de la colonia. Entraba sin saludar, se servía un vaso de aguardiente de caña en la cocina y después caminaba al cuarto principal donde dormían los seis hijos. Durante esos 6 años, según el testimonio del grillo a la razón en 2009, el padre buscó cada noche al mismo chamaco, el que dormía en la colchoneta de paja, el que no podía esconderse, el que no podía defenderse y le pegó cada noche con la evilla del cinturón en la espalda, en las piernas, en los brazos, sin razón

aparente, solamente porque era el chamaco más fácil de encontrar al entrar a la casa. Pero esa rutina del cinturón cada noche dentro de la casa durante 6 años seguidos. Esa rutina que el pequeño José Guadalupe aprendió a esperar desde los 6 años hasta los 12. No era lo más duro de la infancia del grillo. Hubo algo peor, algo que el padre hizo la noche del 14 de noviembre de 1967.

Una noche que el chamaco, según contó años después a la razón, recordaría como el día exacto en que decidió huir de su propia casa para no regresar nunca más. A los 12 años de edad, la madrugada del 15 de noviembre de 1967, José Guadalupe Pintor Guzmán huyó de la esa casa. Llevaba puesta una camisa blanca rota en la espalda, un pantalón de lona gris con manchas de sangre seca y dos zapatos de plástico negros.

 No llevaba dinero, no llevaba comida, no llevaba ropa de cambio. Y según contaría 60 años después al periódico, lo único que llevaba en el bolsillo derecho del pantalón era una imagen religiosa de la Virgen de Guadalupe, que su madre Carolina Guzmán le había puesto esa misma mañana antes de irse a trabajar a la casa de las Lomas.

 Esa imagen religiosa de la Virgen de Guadalupe que la madre Carolina Guzmán le puso al chamaco en el bolsillo del pantalón la mañana de aquella noche. Esa imagen que el campeón mexicano cargaría consigo durante los siguientes 58 años de vida adulta no era exactamente una imagen religiosa cualquiera. era el único objeto que conectaba al chamaco con la única persona dentro de la casa que durante los primeros 12 años de vida nunca le había puesto una mano encima y era el objeto que 45 años después, una noche dentro de un cuarto de hotel de

Los Ángeles, el grillo iba a sacar del bolsillo para hacerle una sola pregunta a la Virgen, una pregunta de siete palabras que no tuvo respuesta esa noche. Entre 1967 y 1972. Durante 5 años seguidos, el chamaco José Guadalupe vivió en las calles del centro de la Ciudad de México. Durmió bajo los puentes de la avenida Reforma.

 Comió de los puestos de tacos del mercado de la Merced y aprendió, según el testimonio que dio cinco décadas después al canal TV Azteca. Tres reglas exactas para sobrevivir solo en la calle. Primera regla, nunca dormir dos noches seguidas en el mismo lugar. Segunda regla, nunca pedir comida con la mano abierta.

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