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ELENA CHAVEZ: Su Esposo le Pidió Vender Su Casa Para Sacar de la Cárcel a la AMANTE

Elena Chávez nació el 25 de mayo de 1963 en la Ciudad de México. Hija de una familia trabajadora formada en escuelas públicas, decidió desde joven que quería contar historias. Estudió periodismo en la escuela Carlos Septien García, una de las más prestigiosas de México, esa escuela de la que también salieron grandes plumas del periodismo mexicano.

Tú que estás escuchando y que viviste los años 90 en México, recuerda aquella época. Eran los años del Excelsior todavía importante, del uno más un como periódico de referencia, de ovaciones leído en los puestos de la esquina, de las redacciones llenas de humo, de máquinas de escribir, de teléfonos sonando todo el día, de los reporteros que llegaban a casa a las 11 de la noche oliendo a café frío y a tinta.

En esas redacciones trabajó Elena Chávez durante toda la década de los 90. en Excelsor entre 1990 y 1994, en uno más uno en 1995, en ovaciones entre 1998 y el año 2000. Eran tiempos distintos. Una mujer reportera en una redacción mexicana de los 90 cargaba con cosas que las periodistas de hoy no se imaginan. Los comentarios machistas en cada nota.

Los jefes que asignaban temas leves porque tú eres mujer. Las giras a las que no la dejaban ir porque ese tema es muy duro para una señorita. Las cantinas a las que sus colegas hombres se iban a cerrar tratos con políticos y a las que ella por ser mujer no podía entrar. Y aún así, Elena se abrió paso.

Cubrió política, cubrió Congreso, cubrió las elecciones de 1994, una de las más sangrientas y peligrosas que vivió México con el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Pero su carrera no se quedó en los periódicos. En 1996 se metió a comunicación social en el Senado de la República. Al año siguiente, en 1997, durante el sexenio de Ernesto Cedillo, entró a trabajar a la Secretaría de Gobernación.

Era una mujer ambiciosa, trabajadora, que sabía moverse en los pasillos donde se decidían las cosas. Y fue ahí, en ese cruce entre el periodismo y la política, donde apareció el hombre que cambiaría su vida. Se llamaba César Yáñez Centeno Cabrera. era operador político. Se había unido al Partido de la Revolución Democrática en 1994, recién fundado ese partido, todavía con la energía de la izquierda mexicana que había salido del PRI 5 años antes.

Trabajaba con Porfirio Muñoz Ledo, una de las figuras más importantes de la izquierda mexicana en aquellos años. Y fue ahí, en esas oficinas del PRD, donde César conoció a un político tabasqueño que poco a poco iba ganando peso. Un señor del bigote canoso que hablaba siempre de los pobres. Andrés Manuel López Obrador.

En 1998, después de algunos años de noviazgo, Elena Chávez y César Yáñez se casaron. Ella tenía 35 años. Él 37. Eran dos profesionales del periodismo y la política unidos por un mismo proyecto. Cambiar México desde la izquierda. Si tú tienes más de 60 años y viviste los años 90 en México, entiendes perfectamente ese tipo de matrimonio.

los matrimonios de gente del PRD de aquella época, cenas con compañeros militantes, reuniones en casas modestas para planear campañas, mítines a los que iban juntos los fines de semana, hijos de los amigos que crecían juntos, una vida entera tejida alrededor de un proyecto político. Eso fue el matrimonio de Elena y César durante muchos años.

18 años para ser exactos. Eran los años en que la izquierda mexicana, después de la fundación del PRD en 1989, todavía era una causa romántica, una causa donde la gente daba mucho, ganaba poco y creía profundamente. Las casas del partido no tenían lujo, los carros eran modestos. Los viajes a las giras se hacían en camionetas viejas, deteniéndose en gasolineras de carretera, comiendo en fondas, durmiendo en hoteles de tercera.

Elena cargaba con todo eso. Acompañaba a César en muchas de esas giras, tomaba notas, redactaba boletines, hacía relaciones con los reporteros locales, era parte del equipo, era pareja, era cómplice. Y en esos años, dentro de esa vida sencilla y comprometida, Elena fue creando una comunidad, amigas que también eran esposas de militantes, comadres de los hijos de los compañeros, familiaridades que se construyen cuando se camina junto a otros por mucho tiempo.

Ella creyó, como cree la mayoría de las mujeres en esa situación, que esa red social era suya para siempre, que esas amigas la iban a acompañar en cualquier circunstancia, que esos lazos eran sólidos. 20 años después, cuando ella se atreviera a hablar, descubriría que esos lazos no eran lealtades, eran conveniencias, pero eso vendría después.

En el año 2000, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la elección y se convirtió en jefe de gobierno del Distrito Federal, César Yáñez se convirtió en su vocero, su jefe de prensa, el operador más cercano, el hombre que estaba a su lado en cada conferencia, en cada gira, en cada decisión. Y Elena, su esposa, también se sumó a la administración del gobierno capitalino.

Trabajó en distintas oficinas del gobierno del Distrito Federal desde 2001 hasta 2014, bajo López Obrador, bajo Marcelo Ebrard y los dos últimos años bajo Miguel Ángel Mancera. 13 años trabajando en el corazón del poder capitalino. 13 años caminando los pasillos del edificio del gobierno del Distrito Federal en Plaza de la Constitución.

Los mismos pasillos donde, según el libro que Elena escribiría años después, también caminaba una asesora joven doctorada en literatura llamada Beatriz Gutiérrez Müller. Recuerda ese detalle, recuérdalo bien, porque ahí, en ese cruce de los pasillos del segundo piso del gobierno capitalino, está el origen de muchas cosas.

Elena Chávez no era solo la esposa de César. Era una mujer con vida propia, con vocación propia, con causas propias. Durante los años en que su esposo subía en el organigrama de la izquierda mexicana, ella también construía algo suyo. Fundó una organización dedicada a la protección de los animales callejeros, una organización que llamó Ángeles abandonados.

empezó a recoger perros heridos en la calle, a hacerse cargo de gatos abandonados, a pelearse con quienes los maltrataban. Su casa, según ella misma contaría años después, se fue llenando de animales que nadie quería. Si tú eres de esas mujeres que en su casa tienen tres perros recogidos de la calle, si tú eres de esas abuelas que le dan de comer a los gatos del barrio, entiendes perfectamente quién era Elena.

Una mujer común. Una mujer con un corazón que no podía ver el sufrimiento de los inocentes. Una mujer que mientras su esposo planeaba campañas presidenciales con López Obrador, ella en su casa estaba acomodando cobijas viejas para perros con hambre. En 2014, mientras todavía trabajaba en el gobierno capitalino, Elena publicó su primer libro.

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