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Beatriz Gutiérrez Müller: Lo Que Pasó en la Oficina de AMLO Mientras Rocío Agonizaba de LUPUS

con la madre.  Fue la promesa al padre de que no iba a defraudarlo. Fue el viaje en autobús a Villahermosa con la maleta de cartón, sintiendo en el estómago el peso de todas las mujeres de su familia que no habían podido hacer ese viaje. En 1976, Rocío entró a la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Tenía 19 años.

En esa misma universidad, en la carrera de sociología, daba clases un joven profesor de 23 años, recién egresado de la Universidad Nacional Autónoma  de México. Se llamaba Andrés Manuel López Obrador. Era apenas 4 años mayor que ella. Era su maestro. Lo que pasó después es lo que pasaba mucho en aquellas universidades de provincia en los años 70.

El profesor se enamoró de la alumna y la alumna se enamoró del profesor. El 8 de abril de 1979 se casaron en Villahermosa. Ella tenía 22 años, él 25. Recuerda esa fecha, 8 de abril de 1979. La vas a necesitar para entender el final. Rocío fue, según todos los testimonios que existen,  la mujer que hizo posible al político en el que López Obrador se convertiría.

Ella fue quien lo empujó a no abandonar la militancia política cuando él ya estaba cansado y agobiado por las derrotas. Ella fue quien lo convenció de cambiar de partido, de salir del PRI y unirse al Partido de la Revolución Democrática cuando se fundó en 1989. Ella fue quien cargó a los tres hijos por las plazas de Tabasco mientras él daba discursos.

¿Quién manejaba el coche viejo familiar cuando él se subía a los autobuses con los productores de naranja? Quien lo esperaba a las 3 de la mañana cuando regresaba de las marchas. Tuvieron tres hijos varones. José Ramón nació el 30 de marzo de 1981.  Andrés Manuel, al que después llamaría Nandy,  nació el 21 de agosto de 1986, el mismo día del cumpleaños de su madre.

Gonzalo Alfonso llegó después. Tres niños tabasqueños que crecieron escuchando a su padre hablar de política mientras su madre les preparaba la comida y les revisaba la tarea. En 1996, cuando él estaba a punto de convertirse en uno de los políticos más mediáticos de México, Rocío empezó a sentirse mal. Le dolían las articulaciones, le aparecían manchas en la piel, se le inflamaba el rostro.

Los médicos la mandaron a hacerse análisis. Los resultados fueron malos. Lupus, eritematoso sistémico, una enfermedad que afecta a una de cada 2000 mujeres en el mundo. Una enfermedad que en aquellos años tenía pocos tratamientos efectivos y los pocos que existían eran muy caros. una enfermedad que ataca lentamente en oleadas, en lo que los médicos llaman brotes.

Pasaban semanas en que la enferma parecía estar bien y de pronto, sin aviso,  los riñones empezaban a fallar o los pulmones se llenaban de líquido o el corazón perdía fuerza. Tú que estás escuchando,  quizá conozcas el lupus de cerca, quizá tienes una hija,  una hermana, una amiga que lo padece, quizá tú misma lo has tenido.

¿Sabes entonces lo que era para una mujer de 40 años en 1996 ser diagnosticada con esto? ¿Sabes lo que significaba ver como el cuerpo, ese cuerpo que había parido tres veces, ese cuerpo que había aguantado las giras y los plantones y las ausencias del marido, se empezaba a romper por dentro sin avisar?  En aquella época los tratamientos eran muy limitados.

Cortisona en dosis altas  que hinchaba el rostro y dañaba los huesos. Inmunosupresores que dejaban a la paciente expuesta a cualquier infección. largas hospitalizaciones cuando había brote agudo y siempre, siempre la sombra de los riñones. Porque el lupus cuando ataca a los riñones es una sentencia. La diálisis llega tarde o temprano y la diálisis en aquellos años en México era una cuestión de suerte hospitalaria y dinero.

cuenta uno de los pocos  testimonios que existen sobre los últimos meses de Rocío, recogido por periodistas tabasqueños cercanos a la familia, que ella nunca dejó de pedirle a Andrés Manuel que no abandonara la política, que siguiera luchando, que recordara que la lucha de los pobres no podía depender de su tristeza personal, que ella iba a estar bien, que cuidara a los niños, que no se rindiera.

Esa era Rocío. Esa era la mujer que estaba muriéndose mientras el segundo  piso de Plaza de la Constitución se iba llenando de nuevas conversaciones. A partir de ese diagnóstico, Rocío dejó poco a poco de aparecer junto a su esposo en los actos públicos.  Se quedó en casa, en la casa de la familia, primero en Tabasco, después en la Ciudad de México, cuando él fue electo jefe de gobierno del Distrito Federal en el año 2000.

El departamento de la calle Odontología número 57 en la colonia Copilco Universidad. Un edificio modesto, sin lujos, cerca de ciudad universitaria, la casa donde sus hijos hacían la tarea, donde se reunían los compadres tabasqueños cuando venían a la capital, donde Rocío recibía visitas las pocas veces que se sentía con fuerzas.

En agosto del 2002, Rocío hizo lo que sería su última aparición pública. El Papa Juan Pablo II visitó por última vez la Basílica de Guadalupe. Vino a canonizar a Juan Diego. Rocío, católica  practicante, hija de tabasqueños creyentes, se levantó esa mañana, se arregló como pudo y acompañó a su esposo a la ceremonia.

La filmaron unos segundos. Se ve flaca. Se ve  agotada, sonríe forzadamente. 5co meses después estaba muerta. Y mientras Rocío Beltrán Medina se apagaba lentamente en la calle,  odontología número 57, en un edificio a pocos kilómetros de ahí,  alguien ya estaba ocupando un escritorio. Un escritorio en un piso muy específico, en el segundo piso de un edificio, el edificio del gobierno del Distrito Federal en la plaza de la Constitución frente al Zócalo.

Esa mujer del segundo piso tenía 32 años. Era 12 años más joven que la esposa enferma del jefe. Había llegado al gobierno capitalino el año anterior, en 2001, recomendada por un diplomático llamado José María Pérez Gay. Su nombre era Beatriz Gutiérrez Müller.  Y para entender por qué esta historia importa tanto, por qué te tiene que importar a ti que estás escuchando, necesitas conocerla.

Pero antes de eso, hay algo que tienes que saber, algo  que la Prensa Rosa de México decidió no contar durante 20 años. Algo que un libro  publicado en 2022 por la editorial Penguin Random House sacó a la luz y nadie  en la cuarta transformación quiso desmentir. Recuerda esa frase, el segundo piso.

Recuérdala  bien, porque cuando entiendas lo que pasaba ahí,  vas a entender por qué Rocío Beltrán murió como murió. ¿Por  qué sus tres hijos durante años se negaron a sentarse en la misma mesa con la mujer que vino después? ¿Y por qué hoy, en pleno año 2026,  esa misma mujer está pidiendo en silencio la nacionalidad de un país al que ella misma exigió disculpas hace 7 años? Esta historia no es solo la historia de una mujer, es la historia de cómo funciona el poder en México, de cómo se

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