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¿Por qué el asesino de Wendy Saray estaba libre? La verdad detrás de su desaparición

¿Por qué el asesino de Wendy Saray estaba libre? La verdad detrás de su desaparición

El lunes 15 de mayo de 2026, Wendí Saray Pavón Torres salió de su casa en la colonia Puente San Luis, Tlaxial Temalco, en la alcaldía Shochimilco, para encontrarse con el hombre que llevaba 4 meses llamando [música] su pareja sentimental. Tenía 32 años. Era madre de dos hijos, uno de 15 y otro de 13.

 Tenía trabajo, tenía rutina, tenía proyectos. No regresó. El martes por la mañana no apareció en su empleo, tampoco fue a recoger a sus hijos a la escuela. Esas dos ausencias, laboral y la maternal, fueron la primera señal de que algo había roto el orden normal de las cosas. Para quien conocía a Wendy Saray, esas dos omisiones simultáneas no [música] admitían explicación ordinaria.

 Mientras su familia comenzaba a hacer llamadas y a recorrer mentalmente los últimos pasos conocidos de la mujer a más de 70 km de distancia sobre el paseo Toyocan en el municipio de Lma, Estado de México. Un Chevrolet Chevi color vino se accidentaba en la madrugada del mismo martes. El conductor del vehículo no esperó a que llegaran las autoridades.

abandonó el automóvil y se dio a la fuga a pie, perdiéndose entre el entramado urbano del corredor Toluca Lerma. Cuando los elementos de emergencia y los peritos se acercaron al vehículo siniestrado, [música] encontraron que la cajuela no estaba vacía. Dentro, oculto entre la penumbra de ese compartimento, estaba el cuerpo de una mujer.

 No llevaba documentos de identificación. Las primeras horas del hallazgo transcurrieron sin que el cadáver tuviera nombre oficial. La mecánica de los hechos, reconstruida después [música] por los peritos forenses, arrojó un dato que cerró cualquier especulación sobre la causa de muerte. Los exámenes postmortem determinaron que la mujer había fallecido entre dos y tres horas antes de que ocurriera el accidente.

 [música] El choque sobre el paseo Tolocan no fue el evento que terminó con su vida. El vehículo no era la escena del crimen, era el transporte del resultado. Los traumatismos que causaron su muerte correspondían a múltiples golpes físicos, una violencia que no deja lugar a interpretaciones fortuitas. Alguien antes de subirse a ese coche y conducir durante más de una hora a través de dos estados ya había terminado con su vida.

La pregunta que no lograban responder las instituciones en esas primeras horas. La identidad de la mujer en la cajuela fue resuelta no por un sistema de alertas interestatales ni por una coordinación eficiente entre fiscalías. fue resuelta por un video transmitido en vivo por un reportero policiaco en Facebook.

 Yesenia Pavón, hermana de Wendy Saray, vio esa transmisión. Reconoció el Chevrolet Chevy color vino, reconoció el paseo Tolocan y comprendió antes de que ningún funcionario se dignara a informarle lo que había sucedido con [música] su hermana. Ese fue el método oficial de notificación a la familia. las redes sociales de Nota Roja.

 Para confirmar lo que la transmisión de Facebook ya les había revelado, la familia tuvo que trasladarse por sus [música] propios medios hasta la Fiscalía de Toluca. Allí, Yesenia Pavón identificó el cuerpo de su hermana a través de tres elementos: su indumentaria, un piercing en la nariz y los tatuajes que cubrían partes de su cuerpo.

 No hubo ninguna llamada institucional previa, no hubo ningún acompañamiento, no hubo ninguna de las protecciones que el protocolo de atención a víctimas indirectas exige en casos de homicidio. La familia había llamado al 911, había llamado a Locatel, había reportado la desaparición por los canales que el Estado [música] pone a disposición de los ciudadanos en estos casos.

 El Estado, en consecuencia los remitió a hacer trámites burocráticos presenciales, sin ofrecerles [música] ninguna información directa, sin sensibilidad y sin la menor urgencia que el caso ameritaba. El hombre que condujo ese automóvil desde Sochimilco hasta Lerma con el cuerpo de Wendy Saray, en la cajuela se llama Mario Hernández Vega. Tiene 43 años.

 Su credencial de elector lo registra como originario de Shilitla, municipio de la Huasteca Potosina en San Luis Potosí. Es conocido en la zona de Shochimilko como albañil y tiene antecedentes penales, no de delitos menores. Sus condenas previas incluyen violación y robo. Esa información existía en el sistema antes de que Wendy Saray lo conociera, antes de que él pusiera un pie en su casa, antes de que se convirtiera en su agresor.

 La relación entre ambos comenzó en enero de 2026. Wendy Saray necesitaba hacer trabajos de construcción y ampliación en su vivienda de Sochimilco. Como miles de personas en la periferia urbana de la Ciudad de México, recurrió al mercado informal de la construcción para encontrar a alguien que pudiera hacer el trabajo dentro de su presupuesto.

Mario Hernández Vega llegó como albañil. consiguió el encargo y con él consiguió algo más difícil de cuantificar y más fácil de explotar. El acceso cotidiano al espacio doméstico de una mujer, el conocimiento de sus horarios, de sus rutinas, de su entorno familiar y eventualmente [música] su confianza. El contacto laboral derivó en relación sentimental.

 La familia de Wendy Saray [música] se opuso desde el principio. Detectaron en Mario Hernández Vega actitudes de arrogancia y hostilidad. No fueron escuchados o quizás no encontraron el mecanismo institucional adecuado para convertir esa percepción familiar en una alerta formal que pudiera protegerla. 4 meses después de aquel primer presupuesto de obra, el lunes 11 de mayo de 2026, Wendy Saray fue a encontrarse con él en la zona cerril de Shochimilco.

No volvió a salir con vida. Lo que encontró la familia cuando acudió al domicilio del sospechoso en los días posteriores al hallazgo del cuerpo no requiere interpretación. En el exterior de la propiedad había una fogata semiapagada. Entre los restos [música] de la hoguera estaban fragmentos de ropa que pertenecía a Wendy Saray, artículos de maquillaje, su espejo personal y su teléfono celular.

 El teléfono celular es, en la investigación criminal contemporánea, uno de los repositorios más ricos de evidencia digital. mensajes, llamadas, ubicaciones, fotografías, registros de actividad. Alguien sabía eso. Alguien quiso destruirlo antes de que pudiera ser analizado. Al interior del inmueble, los allegados de la víctima encontraron indicios inequívocos de violencia física extrema.

 También encontraron botellas del perfume que ella usaba habitualmente, [música] evidencia de su presencia en ese espacio en las horas previas a su muerte. La escena primaria del crimen no era el paseo Tolocan, era esa vivienda en la zona cerril de Shochimilco. El desplazamiento del cadáver a través de dos entidades federativas fue una decisión logística, no un accidente, una decisión tomada por alguien que conocía la lentitud con la que operan las fiscalías cuando el crimen cruza fronteras administrativas.

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