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JESULÍN DE UBRIQUE : CONFESÓ POR QUE ABANDONÓ A SU HIJA SIENDO UN BEBÉ

No hubo imagen de pareja feliz preparando la llegada del bebé. No hubo nada de eso. Hubo silencio. Un silencio que duró demasiado tiempo. Y ese  silencio habló más que cualquier palabra. Porque cuando un hombre sabe que va a ser padre y su primera respuesta es el silencio, ese silencio lo dice todo sobre él, sobre lo que siente, sobre lo que prioriza, sobre lo que le importa  de verdad.

Andrea Janeiro nació el 3 de abril de 1999. Era una niña preciosa y su padre estaba en otro sitio  con otra persona. Eso que acabáis de escuchar es solo el principio, porque lo que ocurrió después del nacimiento de Andrea es todavía más impactante y tiene que ver con algo que durante años nadie quiso decir en voz alta, pero que todas las personas que siguieron esta historia pensaban,  “La ruptura llegó y llegó de una manera que Belén no se esperaba.

No hubo conversación larga, no hubo tiempo de prepararse, no hubo aviso. Un día Jesulín estaba al siguiente, no. Así de simple, así de brutal. Belén se quedó sola con una niña recién nacida, sin trabajo estable, sin  dinero propio, porque los años que había pasado junto a Jesulín los había invertido en él, en su carrera,  en su vida, en su mundo.

Y ahora ese mundo ya no existía. Pero Jesulín desapareció en silencio. Hizo algo  que nadie esperaba, algo que Belén no olvidaría jamás. Apenas unos meses después de la ruptura, Jesulin apareció en público con otra mujer con María José Campanario, sonriendo, enamorado, feliz, como si los años con Belén nunca hubieran existido, como si Andrea no existiera, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido.

España se quedó sin palabras y Belén se quedó con algo mucho peor. Belén no tenía dinero. No tenía dinero de verdad. Cuando la relación terminó, tenía que buscar cómo  vivir, cómo mantener a una niña, cómo pagar un alquiler, cómo llegar a fin de mes. Y Jesulin, que en aquella época ingresaba cifras  millonarias en cada temporada taurina, no lo puso fácil.

Lo que ocurrió con la manutención de Andrea fue uno de los capítulos más oscuros de esta historia, uno que todavía hoy genera indignación porque Belén  tuvo que salir a trabajar en televisión para poder comer. No lo hizo por fama, no lo hizo  porque quisiera ser famosa, lo hizo porque necesitaba el dinero para ella, para su hija.

Nunca hay que olvidarlo y mucha gente lo olvida porque Belén con los años se convirtió en un personaje de televisión y cuando  alguien se convierte en personaje, la gente deja de ver a la persona  que hay detrás. Detrás había una madre sola con una niña, sin recursos, sin apoyo del padre de esa niña. Eso es lo que había.

Y eso es lo que se olvidó demasiado rápido. Andrea Janeiro creció sabiendo que su padre  era famoso. Todo el mundo conocía a su padre en la calle, en la televisión, en las revistas, pero ella no lo conocía de verdad. No de verdad. Imagina eso un momento. Crecer sabiendo que tu padre  existe, que está sano, que trabaja, que sale en la tele, que las personas de tu colegio han visto su cara mil veces, pero que no está contigo.

No en los cumpleaños, no en las noches difíciles, no en los momentos que importan, no en las pequeñas cosas de cada día, que son las que de verdad construyen una relación. Andrea lo vivió y lo vivió delante de toda España porque su historia no era privada, era un tema de debate en los programas de televisión. Cada vez que alguien hablaba de Gesulin, hablaba también de ella.

Una niña que no había pedido estar en  ningún plató, que no había pedido que su nombre apareciera en los titulares, que no había pedido nada y que, sin embargo, lo tenía todo encima. Hay algo que mucha gente no recuerda de aquellos años. Hubo cumpleaños de Andrea sin una llamada de su padre, sin una llamada, ni un mensaje,  ni una tarjeta, nada.

Eso lo contaron personas que estuvieron cerca de la familia durante esa época. No son rumores inventados, es lo que pasó. Y Jesulín ese mismo día aparecía en algún  evento público sonriendo, como si todo estuviera bien, sin que nadie lo pusiera en la misma frase, sin que nadie le preguntara por su hija en ese momento  exacto, porque así funcionaba todo.

Gesulin sonreía  y nadie preguntaba lo que había que preguntar. Andrea creció y con ella creció la pregunta que no se podía  ignorar. ¿Cuándo iba a tener una relación real con su padre? Belén habló de  ese tema con mucho cuidado durante años. No quería envenenar esa relación antes de que empezara.

No quería que su dolor se convirtiera en el dolor de su hija. Porque Belén, con todos sus defectos y con todas sus virtudes, siempre intentó proteger a Andrea de la guerra mediática. Pero Gesulin tampoco facilitó las cosas. Las visitas eran irregulares, los contactos escasos, la implicación mínima.

Y mientras tanto, Jesulín construía otra familia. Con María José Campanario. Tuvo otros hijos. A esos hijos sí se les veía con él. En eventos, en fotografías, en entrevistas, donde él hablaba de lo importante  que era para él la familia. La familia, esa palabra que usaba en las entrevistas y Andrea lo veía todo desde fuera.

Eso es algo muy difícil de explicar con palabras, porque no se trata solo de que un padre no esté, se trata de ver que ese padre sí está. Para otros, para los hijos que tuvo  después, para la familia que construyó después, para la vida que montó después y entender que tú no  eres parte de esa vida. que tú quedaste en otra historia, en la historia  anterior en la que él prefirió dejar atrás.

Eso es lo que vivió Andrea y eso no lo cura el tiempo. Lo procesas, lo trabajas, lo pones en un sitio, pero no desaparece. Hay una declaración que Andrea hizo en una entrevista en el programa de Bertinos Born en 2017. Sin dramatismo, sin lágrimas, con una calma que daba más miedo que cualquier llanto. Dijo que no tenía relación con su padre, no una relación complicada, no una relación difícil, no una relación que estaban trabajando. No tenía relación.

Y Jesulín no respondió. Como siempre, María José Campanario no era lo que Jesulin había tenido antes. Era odontóloga, discreta, estudiada, con carácter propio, con las ideas muy claras sobre lo que quería y lo que no quería. Y eso fue lo primero que sorprendió a todos. Jesulín, el hombre de las fans y las portadas, se enamoraba de una mujer que no necesitaba los focos, que no los buscaba, que tenía su propia vida antes de que Jesulin apareciera en ella.

Se casaron en el año 2002, boda por todo lo alto, revistas pagando exclusivas, España entera mirando. Y Jesulín parecía otro hombre. Parecía estable, maduro, centrado, pero Campanario no era una mujer que aguantara en silencio, era todo lo contrario. Era una mujer con carácter, con la capacidad de plantar cara, con la determinación de decir lo que pensaba, aunque no gustara.

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