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CAMILO SESTO :LA OSCURA VERDAD DE POR QUE DESTRUYO A SU PROPIO HIJO

Para cuando llegó la oportunidad en solitario, ya tenía un cuaderno entero  de temas preparados. Eso es lo que diferenció a Camilo VI del resto de cantantes de su generación. La mayoría interpretaba, él además componía y eso,  en derechos de autor marcaría su vida entera. En 1972 publicó  Algo de mí.

El éxito fue inmediato. En 1974  ya era el cantante más vendido en español. En 1975 protagonizó la versión española de Jesucristo superstar. La compuso él mismo,  la produjo él mismo, la cantó él mismo. Hizo lo que ningún cantante  español había hecho hasta entonces y a partir de ahí, durante  12 años fue intocable.

La noche del 28  de mayo de 1981 en el Madison Square Garden de Nueva York 45,000 personas gritaron su nombre a la vez. 45,000. Esa cifra hoy es difícil de procesar. Hay artistas internacionales contemporáneos  que no llenan esa cifra ni juntando varios estadios. Camilo VI  la llenó él solo una sola noche en una de las salas más  míticas del mundo.

Y al salir al escenario, según contaron los músicos que lo acompañaban aquella noche, se quedó parado al ver el auditorio. 3 segundos  en silencio, como si no creyera lo que estaba viendo. Aquella imagen, la del chico  de Alcoy, callado un segundo antes de cantar. para 45,000 personas en Nueva York es la cumbre absoluta de su carrera y todo  lo que vino después fue en alguna medida, caída.

El estado  de Nevada llegó a declarar el 28 de mayo como día de Camilo VI. Vendía discos en Japón, cantaba en inglés, cantaba en alemán, cantaba en catalán, cantaba en portugués. era una máquina de éxito en cinco idiomas. Lo único que no estaba aprendiendo aquellos años era a estar solo y eso lo iba a pagar dos décadas después.

Y aquí está la primera contradicción. El mismo hombre que en 1981 cantaba ante  45,000 personas en el Madison Square Garden. En 1990 iba a estar sin pisar un escenario durante 3 años encerrado en una casa  intentando criar a un niño que se había llevado del otro lado del Atlántico  sin que la madre lo supiera del todo.

Lo que pasó entre  esas dos imágenes es donde empieza todo lo demás. Lourdes  Ornelas era mexicana, 20 años más joven que Camilo. Lo conoció en una gira por México a principios de los 80. Ella  misma lo ha dicho muchas veces. Fue el amor de mi vida. Camilo era una superestrella.

Ella era una chica joven con sus sueños y se enamoró. se enamoró completamente. Hay una imagen de aquella relación que ella ha contado en distintos lugares. Lourdes tenía 20in pocos años. Trabajaba en relaciones públicas en Ciudad de México. Acudió a un evento donde Camilo  VI era el artista invitado. La presentaron.

Él  la miró. Ella se quedó muda. En sus propias palabras. años  después lo describió como el momento en que una mujer joven se encuentra cara a cara  con el hombre del que llevaba años escuchando canciones en la radio. La asimetría de poder  desde el primer minuto era enorme.

Él era el ídolo de continentes. Ella era una chica de Ciudad de México  que estaba ahí por casualidad. Esa asimetría iba a marcar todo lo que vino después. El 24  de noviembre de 1983 nació en Ciudad de México Camilo Michael  Blanes Ornelas. El hijo, el único hijo que iba a  tener Camilo VI.

Y aquí empieza una historia que la prensa española nunca contó como ocurrió de verdad. Camilo  VI al principio no reconoció al niño. Hubo conflictos, hubo presiones.  Lourdes ha relatado en distintas entrevistas que pasó momentos durísimos, que él se ponía  agresivo, que ella tenía miedo, que se volvió a México porque las cosas no funcionaban.

Sus palabras  exactas en el Deluxe, en 2019. Le tuve mucho miedo durante  mucho tiempo porque impone mucho. Esas son las palabras de la mujer con la que tuvo a  su único hijo. No las de una enemiga mediática, las de la madre  del niño. Y aquí está lo que ningún programa del corazón  ha contado completo.

Lo que ocurrió en 1987, cuando  Camilo VI, después de un proceso legal en México, consiguió finalmente el reconocimiento de la paternidad  y la custodia de su hijo. Lo que hizo a continuación marca todo lo que vino después. Camilo VI se llevó al niño a  España con 4 años. Lourdes Ornelas ha sostenido durante años que ese traslado se hizo sin su consentimiento pleno, que ella perdió a su hijo, que durante años  apenas pudo verlo.

Camilo VI, por su parte, abandonó los escenarios. En 1987  dejó de actuar para dedicarse a criar a su hijo, según contó él mismo. 3 años sin escenarios, 3 años centrado en  el niño. Esa decisión vista desde fuera parece la de un padre comprometido y probablemente lo fue. Pero también fue la decisión de un hombre que tomó a un niño de 4 años, lo separó de  su madre, lo trasladó a otro continente y construyó alrededor de él una vida que el chico no eligió.

Para Camilo VI fue paternidad. Para Camilo Blanes Ornelas, según ha contado él mismo  años después en distintas entrevistas, fue la primera experiencia de no decidir nada sobre su  propia vida. Hay una pregunta que cualquiera con honradez tendría que hacerse. Si en 1987  alguien del entorno de Camilo VI le hubiera dicho que aquel traslado hecho de la manera en que se hizo iba a marcar al niño el resto de su vida, ¿habría cambiado algo? Probablemente no, porque el patrón de Camilo VI era exactamente ese, no

escuchar a nadie del entorno cuando él ya había decidido. Esa aterquedad,  ese imponerse encima de las opiniones de quienes le rodeaban, le había servido durante 10 años para construir una carrera única y le iba a costar 30 años después la vida de su único hijo. En 1990, Camilo VI volvió a los escenarios.

Empezó por Puerto Rico, luego América Latina, luego España de nuevo. Las giras lo arrancaron de casa. El niño, que entonces tenía 7 años, se quedó en Torrelodones, rodeado de personal contratado. Niñeras, asistentes, profesores particulares, todo el lujo y poca presencia. Esto es algo que Camil ha contado en distintos momentos, siempre con pudor, sin acusar directamente, pero dejando claro que su infancia fue lo más parecido a vivir en una mansión llena de adultos. que cobraban por estar.

Hay una escena que personas del entorno doméstico de aquellos años han descrito. Una tarde cualquiera de un miércoles. Camilín con 8 o 9 años volviendo del colegio en coche con la chóer, llegando a la mansión enorme, subiendo a su habitación, cenando solo en la cocina con la asistenta de turno, acostándose. Mientras tanto, a miles de kilómetros, su padre actuaba ante miles de personas en otra ciudad.

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