Posted in

Yulixa Toloza was murdered: her body was found in Apulo and suspects were captured in Venezuela NH

 

Yulixa Toloza was murdered: her body was found in Apulo and suspects were captured in Venezuela NH

El veneno de la traición siempre se sirve en copas de cristal fino, y en el majestuoso palacete de los Tolosa, ubicado en una de las zonas más exclusivas de Madrid, el ambiente de aquella noche de mayo de 2026 estaba tan cargado de secretos que el aire casi se podía cortar con un cuchillo. La cena familiar se celebraba con motivo del regreso de Yulixa Consuelo Tolosa, una elegante mujer de cincuenta y dos años que, tras pasar una temporada gestionando los negocios hoteleros de la familia en Colombia, volvía a España para reclamar lo que por derecho de sangre le pertenecía.

Frente a ella, al otro lado de la mesa de caoba maciza, se sentaba su hermano menor, Alejandro Tolosa, un hombre de mirada esquiva y sonrisa ensayada cuyo nivel de vida dependía exclusivamente del dinero que lograba desviar de las cuentas de la empresa. Al lado de Alejandro, su esposa, una mujer ambiciosa y fría que observaba las joyas de Yulixa con una mezcla de envidia y desprecio absoluto.

—Es una verdadera lástima que hayas decidido volver tan pronto, querida Yulixa —comentó Alejandro, mientras cortaba la carne con una precisión casi quirúrgica—. En Madrid las cosas han cambiado. Los negocios requieren una mano más… firme. Alguien que no se conmueva por sentimentalismos baratos.

Yulixa dejó su copa sobre la mesa, mirando a su hermano fijamente a los ojos. En su rostro no había miedo, solo la firmeza de quien ha descubierto el juego sucio de sus propios consanguíneos.

—Lo que tú llamas sentimentalismos, Alejandro, yo lo llamo decencia —respondió Yulixa con una voz serena que hizo que el pulso de su hermano se acelerara—. Sé perfectamente lo que has estado haciendo con las auditorías en la filial de Bogotá. Sé que has estado inflando los costes y desviando capitales a cuentas opacas en el Caribe. He venido a Madrid a tomar el control absoluto de la junta directiva y a apartarte definitivamente de la gestión. Mañana por la mañana presentaré el informe definitivo ante los abogados.

La esposa de Alejandro soltó una carcajada seca, llena de veneno.

—¿Crees que puedes llegar aquí después de años de ausencia y destruir todo lo que Alejandro ha protegido? Eres una ilusa, Yulixa. Siempre lo has sido.

—No os equivoquéis conmigo —sentenció Yulixa, poniéndose de pie y alisando su vestido—. El imperio que fundó nuestro padre no va a caer en manos de unos ladrones, aunque lleven mi propio apellido. Buenas noches.

Yulixa subió las escaleras hacia su habitación, dejando a la pareja en un silencio sepulcral. En la mente de Alejandro, la desesperación comenzó a devorar los últimos restos de cordura. Si ese informe salía a la luz, no solo perdería su posición, sino que terminaría sus días en una celda de máxima seguridad. Miró a su esposa, y en un intercambio de miradas mudas pero letales, sellaron un pacto de sangre. Alejandro tomó su teléfono móvil y marcó un número internacional, un contacto clandestino que mantenía en los bajos fondos de la capital colombiana. El drama familiar, enraizado en la avaricia y el odio más profundo, estaba a punto de desencadenar una tragedia que cruzaría océanos y fronteras.

Pocas horas después de aquella fatídica cena, simulando un viaje urgente de negocios para limar asperezas, Alejandro logró convencer a Yulixa de que regresara a Bogotá de inmediato en un vuelo privado, asegurándole que allí encontrarían una solución pacífica al conflicto financiero. Yulixa, confiada en que su hermano finalmente había entrado en razón y deseando evitar un escándalo público que destrozara el honor de la familia, aceptó el viaje sin sospechar que estaba caminando directamente hacia la boca del lobo. Al aterrizar en la capital colombiana el 13 de mayo de 2026, la trampa ya estaba perfectamente ejecutada. Alejandro se había asegurado de que Yulixa fuera conducida, bajo engaños de un supuesto tratamiento estético de vanguardia para relajarse del viaje, a un centro clandestino ubicado en el populoso barrio de Venecia, en la localidad de Tunjuelito, al sur de Bogotá.

Aquel lugar no era un centro médico autorizado; era un antro de ilegalidad camuflado como un salón de belleza de alta gama, regentado por una red criminal transnacional que operaba con total impunidad. Los vídeos recopilados posteriormente por las cámaras de seguridad del sector registraron con espantosa claridad los últimos momentos en que la mujer de cincuenta y dos años estuvo con vida. En las cintas, Yulixa aparecía visiblemente afectada, tambaleándose, con graves dificultades para respirar, víctima de un procedimiento estético clandestino fallido que en realidad ocultaba una sobredosis deliberada de sustancias letales ordenada desde Madrid. Las imágenes eran escalofriantes: la mujer era sacada a la fuerza del establecimiento por dos hombres y una mujer, quienes, lejos de auxiliarla o llevarla a un hospital público, la introdujeron sin piedad en el asiento trasero de un vehículo gris de vidrios polarizados.

El calvario de la familia Tolosa en España comenzó cuando pasaron veinticuatro horas sin tener noticias de Yulixa. Alejandro, fingiendo una preocupación desbordante ante su anciana madre, doña Nubia Tolosa, fue el primero en denunciar una supuesta desaparición a manos de delincuentes comunes en Colombia. La incertidumbre y la ansiedad se apoderaron del hogar familiar en Madrid, mientras la policía metropolitana de Bogotá y las unidades de la Sijín iniciaban una investigación a contrarreloj que desenterraría una de las tramas criminales más macabras de los últimos años.

A partir de ese momento, la prioridad número uno de las autoridades fue encontrar a Yulixa. El grupo de investigación judicial de la Policía Nacional de Colombia se sumergió en una labor titánica, analizando minuciosamente más de cien horas de material videográfico obtenido de los peajes y las cámaras de seguridad que rodeaban las salidas de Bogotá. Los investigadores descubrieron que el vehículo gris se había convertido en la pieza fundamental del rompecabezas. El rastreo de las rutas del automóvil reveló una cronología de terror que comenzó el mismo 13 de mayo de 2026. A las 20:53 horas, el coche fue captado saliendo de la capital colombiana a través del municipio vecino de Soacha, tomando la vía del Ramal La Mesa. Las horas avanzaban y los asesinos conducían en la oscuridad de la noche con el cuerpo de Yulixa en el interior.

A las 21:56 horas, el sistema automatizado registró el paso del vehículo por el peaje de San Pedro, adentrándose en la zona montañosa del departamento de Cundinamarca. La reconstrucción de los hechos determinó que a las 23:07 horas de esa misma noche, los criminales aprovecharon la espesura de la vegetación y el difícil acceso de una zona boscosa ubicada entre los municipios de Anapoima y Apulo para abandonar el cuerpo sin vida de la mujer, intentando que la naturaleza devorara las pruebas del crimen. Tras deshacerse del cadáver, los asesinos emprendieron una huida frenética que atravesó gran parte del territorio colombiano con el objetivo de llegar a la frontera. El coche gris fue registrado pasando por el peaje de Los Andes en Chía, al norte de Bogotá, a la 1:40 de la mañana. Pocas horas después, a las 2:14, cruzaba el departamento de Boyacá por el peaje de Robles, continuando su marcha imparable por los peajes de Esquilé y Barragán en Villapinzón, hasta registrar su último paso a las 7:21 de la mañana por el peaje de Tuta, en la localidad de Cómbita. Finalmente, el vehículo llegó a la ciudad fronteriza de Cúcuta, donde los criminales abandonaron el automóvil e ingresaron de forma ilegal al territorio venezolano.

Durante seis días agonizantes, la madre de Yulixa, doña Nubia, mantuvo la esperanza mística de encontrar a su hija con vida, rezando cada noche en su residencia de Madrid, ignorando que el monstruo que había planeado todo se sentaba a su propia mesa. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, se comunicó directamente con la madre para expresarle su solidaridad y asegurarle que la policía no descansaría hasta hallar la verdad. La ruptura del misterio ocurrió una tarde de martes, alrededor de las 15:00 horas, cuando las unidades de la Sijín, alertadas por las características del terreno analizado en la ruta del coche gris, localizaron el cuerpo sin vida de una mujer en una zona boscosa de muy difícil acceso entre Apulo y Anapoima. Las propiedades de las prendas y las características morfológicas confirmaron la tragedia: Yulixa Consuelo Tolosa había sido asesinada. No se trataba de una simple negligencia médica en un centro estético; era un homicidio planificado con frialdad absoluta.

El coronel Mauricio Herrera, comandante del Departamento de Policía de Cundinamarca (DECUN), lideró personalmente las labores técnicas de inspección del cadáver en el lugar del hallazgo. El cuerpo fue trasladado bajo estrictas medidas de seguridad a las instalaciones del Instituto de Medicina Legal en Bogotá, llegando aproximadamente a las 18:00 horas para los exámenes forenses definitivos que permitieran la entrega de los restos a sus familiares para los respectivos honores fúnebres.

Mientras el dolor destrozaba a los allegados de la víctima, la justicia se movía con la rapidez del rayo en el ámbito internacional. Gracias al trabajo conjunto de inteligencia judicial entre la Fiscalía General de la Nación de Colombia y el Servicio de Investigación Criminal de Venezuela, se emitió una circular roja de Interpol contra los ejecutores materiales del crimen. La cooperación bilateral dio frutos inmediatos con la captura de tres ciudadanos extranjeros en el país vecino, elevando a cinco el total de detenciones relacionadas con el caso.

Read More