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El Dueño Del Olivar Vio a un Extraño… Y Casi se Desmaya

El Dueño Del Olivar Vio a un Extraño… Y Casi se Desmaya

Aurelio caminó despacio entre las hileras del olivar. El rocío todavía brillaba sobre la tierra húmeda y el aire olía a aceituna fresca.

—Oye, muchacho… —dijo con la voz ronca.

El joven levantó la cabeza y dejó la caja de aceitunas en el suelo.

—¿Sí, señor?

Aurelio se quedó mirándolo demasiado tiempo.

—¿Cómo te llamas?

—Miguel… Miguel Fuentes.

El apellido golpeó a Aurelio como una piedra en el pecho.

—¿Fuentes? —repitió lentamente.

—Sí.

Miguel frunció el ceño.

—¿Se encuentra bien?

Aurelio apartó la mirada un segundo.

—Sí… sí… solo pensé en alguien.

Miguel asintió con educación.

—¿Necesita algo?

Aurelio observó el pequeño lunar en la mejilla izquierda del muchacho y sintió que las piernas le temblaban.

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