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El Duque que Odiaba Esperar… y la Relojera que lo Hacía Perder la Cordura

En una pequeña calle de Londres, escondida entre una panadería y una tienda de sombreros demasiado caros para ser cómodos, existía una relojería donde el tiempo parecía avanzar de manera distinta al resto de la ciudad. El lugar pertenecía a Clara Wmore, una joven de sonrisa constante, manos precisas y paciencia infinita.

Desde que heredó el negocio de su abuelo, pasaba los días rodeada de diminutos engranajes, tornillos imposibles de encontrar cuando caían al suelo y relojes desarmados que parecían pequeños rompecabezas mecánicos. Clara adoraba su trabajo. Le gustaba descubrir qué pieza estaba fallando, escuchar el sonido irregular de un mecanismo y devolverle vida a objetos que todos daban por perdidos.

También tenía otro pequeño defecto. Corregía a todo el mundo. No lo hacía por arrogancia, simplemente no podía evitarlo. Beso no es un péndulo, es el escape del mecanismo, decía siempre con una sonrisa amable. Y luego continuaba trabajando mientras la otra persona intentaba recuperarse de la humillación. La mayoría de los clientes la adoraban.

Otros la soportaban únicamente porque era extraordinariamente buena reparando relojes. Y después estaba el duque de Blacktorne, el hombre más malhumorado de toda Inglaterra, frío, serio y absolutamente incapaz de sonreír sin parecer que estaba sufriendo físicamente. El duque llevaba años conservando un antiguo reloj de bolsillo que había pertenecido a su abuelo, pero el mecanismo se había detenido hacía mucho tiempo.

Nadie había logrado repararlo y después de escuchar demasiadas promesas inútiles, había perdido completamente la paciencia con los relojeros de Londres. Por eso, cuando alguien le habló de una joven capaz de arreglar cualquier reloj, decidió visitar la pequeña tienda únicamente porque no le quedaban más opciones. Lo que no esperaba era encontrar a una mujer que hablara demasiado, sonriera constantemente y lo contradijera cada 5 minutos.

Y Clara, por supuesto, tampoco esperaba descubrir que el hombre más insoportable que había conocido sería precisamente quien empezaría a ocupar todos sus pensamientos. Capítulo 1. Un reloj roto y un duque sin paciencia. La campanita de la relojería sonó una tarde lluviosa mientras Clara intentaba encontrar un tornillo diminuto que había desaparecido misteriosamente de su mesa de trabajo.

“Si viene por el reloj del señor Benett, todavía sigue roto por culpa del señor Benet”, dijo sin levantar la vista. Nunca debió intentar repararlo usando aceite para cocinar. Cuando no recibió respuesta, alzó finalmente la cabeza y descubrió a un hombre alto y elegante observando el lugar con evidente desaprobación. Llevaba un abrigo oscuro, impecable, guantes negros y la expresión seria de alguien que parecía molesto simplemente por existir.

Clara sonrió automáticamente. Oh, usted no es el señor Benet. Afortunadamente no. Su tono fue tan frío que Clara estuvo a punto de ofrecerle una manta. El desconocido caminó hasta el mostrador y dejó un reloj de bolsillo sobre la madera. Clara lo tomó con cuidado y apenas abrió la tapa, su expresión cambió inmediatamente.

¿Quién hizo esto? El hombre frunció el ceño. Perdón. El mecanismo está destrozado. Mire esta rueda y este resorte. Esto es terrible. El desconocido la observó con visible incredulidad. Tres especialistas intentaron repararlo. Entonces eran tres especialistas muy malos. La sinceridad de Clara cayó sobre la habitación como un ladrillo.

Incluso el viejo reloj cucu del fondo pareció quedarse en silencio por respeto al desastre. El hombre respiró lentamente como si estuviera haciendo un esfuerzo enorme por mantener la calma. Siempre habla así. solo cuando alguien arruina un reloj antiguo. Ella siguió examinando el mecanismo mientras hablaba, completamente concentrada.

El reloj era hermoso, antiguo, delicado y claramente importante para su dueño. Clara podía notar el desgaste de los años en cada pieza y también el daño provocado por manos torpes que habían intentado arreglarlo a la fuerza. “¿Puede repararlo?”, preguntó él finalmente. Clara levantó la vista y respondió con tranquilidad.

Sí. El hombre pareció sorprendido. Así de simple. No será simple, pero sí puedo hacerlo. ¿Cuánto tiempo tardará? Dos semanas. La expresión del desconocido empeoró. Eso es demasiado. No si quiere que vuelva a funcionar correctamente. El hombre apoyó ambas manos sobre el bastón que llevaba y la miró fijamente. ¿Sabe quién soy? No.

Pero sospecho que está acostumbrado a que la gente se impresione mucho cuando lo dice. Por primera vez, Clara notó algo parecido a molestia genuina en sus ojos. Soy el duque de Black Torne. Ah, respondió ella con calma. Eso explica por qué parece tan ofendido por todo. El silencio que siguió fue peligrosamente largo.

Clara intentó no reírse. El duque, en cambio, parecía debatirse entre marcharse o ordenar la ejecución pública de toda la relojería. El reloj perteneció a mi abuelo, dijo finalmente con voz más baja. Quiero recuperarlo exactamente como era. La expresión divertida de Clara se suavizó apenas. Ahora entendía por qué aquel objeto era tan importante.

Ella todavía conservaba las herramientas de su propio abuelo exactamente donde él las había dejado antes de morir. Había cosas que uno no quería perder jamás. “Entonces haré que vuelva a funcionar”, respondió con una pequeña sonrisa. “Pero tendrá que dejar de mirarme como si quisiera declararle la guerra a mis herramientas”. El duque observó el taller desordenado, lleno de relojes abiertos y pequeñas piezas brillando bajo la luz de las lámparas.

Después volvió a mirarla a ella. Clara seguía sonriendo como si acabara de insultarlo de la manera más normal del mundo. Él no entendía cómo una mujer podía hablar tanto y aún así resultar extrañamente agradable. Aquello le irritó inmediatamente. Dos semanas, repitió con frialdad. Espero que al menos valga la pena esperar. Clara levantó una ceja.

Oh, créame, excelencia. Todo reloj importante merece paciencia. El tuque entrecerró los ojos al escuchar aquello. Odiaba la paciencia, odiaba esperar. Y empezaba a sospechar que Misclara Whtmore estaba a punto de convertirse en la experiencia más desesperante de toda su vida. Capítulo 2. El hombre que volvía demasiado seguido.

Durante los siguientes tres días, Clara Whitmore trabajó en el reloj del duque de Black Torne con la misma concentración que utilizaba para las piezas más delicadas de la tienda. El mecanismo estaba en condiciones terribles. Cada vez que lograba arreglar una parte, descubría otro daño provocado por los supuestos especialistas que habían intentado repararlo antes.

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