El mundo de la música ha sido testigo del nacimiento y la caída de innumerables estrellas, pero pocas han dejado una huella tan profunda, imborrable y a la vez tan abrumadoramente dolorosa como Whitney Houston. Poseedora de un talento vocal que desafiaba cualquier límite terrenal, su voz fue descrita por críticos, músicos y fanáticos como un auténtico regalo divino. Su tono inconfundible, su potencia arrolladora y su magistral capacidad para transmitir emociones lograban erizar la piel de cualquiera que tuviera el privilegio de escucharla. Sin embargo, detrás de esa sonrisa deslumbrante, de los icónicos vestidos de alta costura y de los imponentes escenarios iluminados por los reflectores de la fama mundial, se escondía una historia marcada por el sufrimiento constante, los oscuros secretos inconfesables y una lucha encarnizada contra demonios internos que, de manera trágica, terminaron ganando la partida.
La vida de Whitney Houston es el reflejo perfecto y devastador de la dualidad que a menudo persigue a los genios: un camino paralelo donde el éxito estratosférico camina siempre de la mano con la destrucción personal. Mientras rompía todos los récords de ventas concebibles, coleccionaba premios y se consagraba como un ícono cultural sin precedentes, su alma se iba fragmentando en silencio. Las peligrosas adicciones se convirtieron en el único refugio capaz de silenciar, aunque fuera por breves instantes, el eco ensordecedor de un trauma infantil que dejó un inmenso vacío, uno que resultaría completamente imposible de llenar. Esta es la crónica detallada, humana y profunda de cómo una niña nacida en el seno de la realeza de la música afroamericana conquistó el universo, solo para ver cómo su propio mundo se desmoronaba hasta aquel fatídico y gris 11 de febrero de 2012.
Whitney Elizabeth Houston llegó a este mundo el 9 de agosto de 1963 en la vibrante, pero a su vez conflictiva, ciudad de Newark, en el estado de Nueva Jersey. Su destino parecía estar escrito en las estrellas desde el primer segundo en que respiró, pues la música corría por sus venas de forma literal. Nació en una familia rodeada de artistas excepcionales. Su madre, Cissy Houston, era una figura sumamente respetada y venerada en el exigente circuito de la música gospel, habiendo forjado su carrera siendo corista de leyendas intocables de la talla de Elvis Presley y Aretha Franklin. El imponente linaje musical no terminaba ahí; Whitney también era sobrina de otra exitosa intérprete de soul y pop, y prima directa de la incomparable Dionne Warwick. En los pasillos de su hogar, la excelencia vocal no era simplemente una aspiración, era el estándar mínimo con el que se vivía el día a día.
Por otro lado, la figura paterna aportaba una dimensión totalmente diferente a su crianza. Su padre, John Russell Houston, era un hombre influyente, calculador y respetado en la comunidad local, desempeñándose como jefe de planificación en la administración de Ken Gibson, quien pasó a la historia grande al convertirse en el primer alcalde afroamericano de Newark. Ésta era una época sumamente turbulenta en los Estados Unidos, especialmente en las zonas urbanas marginadas. Whitney creció en medio del gueto, en una ciudad marcada por la rampante corrupción urbanística y siendo testigo directo de los violentos disturbios raciales que sacudieron implacablemente a su barrio a finales de la década de 1960. El feroz contraste entre la espiritualidad inmaculada de la iglesia, la cruda y peligrosa realidad de las calles de Nueva Jersey, y las tensiones de la política local, fueron moldeando inevitablemente el frágil carácter de la joven.
Es absoluta y humanamente imposible comprender el abismo en el que cayó Whitney Houston sin abordar primero el doloroso secreto que albergó en lo más profundo de su ser durante la mayor parte de su vida. Según se reveló posteriormente en un crudo y exhaustivo documental investigativo sobre su biografía, ese amor preferencial que su padre mostraba frente a los demás tenía un trasfondo enfermizo. Las investigaciones documentales apuntaron directamente a que Whitney fue víctima de reiterados abusos de índole sexual por parte de su propio padre durante sus años de niñez.
El director de dicha investigación confesó ante la prensa que, al analizar minuciosamente horas interminables de entrevistas y valioso material de archivo familiar, siempre notó algo verdaderamente extraño en el lenguaje corporal de la cantante. Había una sombra perpetua en su mirada, una perturbación latente, un aura de profunda tristeza que nunca terminaba de encajar con la brillante y magnética sonrisa que regalaba a las cámaras. Las piezas del macabro y desgarrador rompecabezas terminaron de encajar cuando Mary Jones, una asistente personal de absoluta confianza y una amiga incondicional de la cantante durante muchos años, decidió disipar las dudas y confirmó las peores sospechas. Mary aseguró, con el peso del dolor en sus palabras, que la propia Whitney le había confesado en la intimidad este episodio atroz, un hecho traumático que la destrozó por dentro y del que nunca pudo sanar.
Para cientos de expertos en psicología, esta experiencia tan violenta y traumática no resuelta fue la verdadera semilla de sus futuras y devastadoras adicciones. El vacío emocional, la inmensa culpa inmerecida y la profunda traición perpetrada exactamente por la figura que, por naturaleza, más debía protegerla, crearon una herida emocional que nunca paró de sangrar. Cuando la aplastante presión de la fama global y las exigencias de la industria musical comenzaron a sofocarla, Whitney no encontró su refugio en la terapia, sino en los narcóticos. Utilizó las drogas como un mecanismo desesperado e ilusorio para adormecer un dolor insaciable que la perseguía incesantemente desde su época de inocencia.
A pesar del profundo tormento interior que albergaba, el inmenso talento de Whitney era un torrente que no podía ser contenido. Sus primeros pasos formales y serios en el mundo de la música los dio a la temprana edad de once años, cantando con una devoción abrumadora en el coro de la emblemática iglesia New Hope Baptist. Su voz, ya inusualmente madura, resonante y llena de ricos matices, vibraba entre las paredes del templo, conmoviendo hasta las lágrimas a la congregación entera. Además del canto, aprendió a tocar el piano con gran habilidad, demostrando una conexión espiritual y visceral con la música. Consciente de que albergaba un diamante en bruto bajo su propio techo, su madre Cissy tomó las riendas absolutas de su educación vocal, impartiéndole estrictas, severas y disciplinadas lecciones de canto mientras la joven continuaba asistiendo regularmente a sus clases en la escuela secundaria.
El tremendo esfuerzo y la disciplina férrea impuesta por Cissy comenzaron a rendir frutos maravillosos rápidamente. Apenas cuatro años después, con tan solo quince años, Whitney dejó de ser una simple aficionada del coro local; comenzó a cantar de manera cien por ciento profesional, acompañando a su experimentada madre en exigentes escenarios. Su talento desbordante y su envidiable afinación le permitieron participar como corista principal para artistas ya consagrados en la industria, tales como Lou Rawls y la poderosa Chaka Khan. En estas presentaciones, Whitney siempre navegaba con absoluta maestría, seguridad y soltura por las complejas y demandantes aguas del soul, el blues y el jazz.
Pero su prodigiosa voz no era su único atributo deslumbrante. Al llegar a principios de la década de los ochenta, la belleza escultural, la innegable elegancia natural y la imponente presencia física de la joven Whitney capturaron de inmediato la atención del feroz mundo de la moda y la publicidad. Inició una exitosa, rentable y muy prometedora carrera como modelo adolescente. Su rostro juvenil y radiante adornó las páginas de importantes publicaciones nacionales, logrando un hito histórico al convertirse en una de las primeras mujeres afroamericanas en acaparar la codiciada portada de la prestigiosa revista Seventeen en el año 1981. Este triunfo fue una pieza clave en su ajedrez hacia el estrellato, ya que le otorgó una altísima visibilidad a nivel nacional que iba mucho más allá del limitado circuito musical underground o religioso, preparándola así para el inminente y explosivo salto a la fama global.
La transición definitiva y meteórica hacia el ansiado estrellato musical comenzó a gestarse formalmente en el año 1982. Whitney fue audazmente invitada a participar como la vocalista principal en un interesante proyecto de una banda de funk experimental que llevaba el nombre de Material. Su magnética y electrizante interpretación llamó de manera inmediata y poderosa la atención de los más agudos cazatalentos y de los ejecutivos de los primeros sellos discográficos del país. Curiosamente, la joven promesa ya había estado en el radar de la industria y había tenido oportunidades inmejorables años atrás. En 1977, a la cortísima edad de catorce años, ya había grabado magistrales coros de respaldo en el exitoso sencillo “Life’s a Party” de la Michael Zager Band, repitiendo luego la grata experiencia trabajando junto a Chaka Khan. En aquel momento de temprano descubrimiento, varios ejecutivos desesperados le ofrecieron jugosos y tentadores contratos discográficos. Sin embargo, Cissy, desempeñando su rol de madre protectora y pragmática representante, priorizó sabiamente que su hija terminara sus estudios secundarios antes de lanzarse a la fama, y rechazó categóricamente todas y cada una de las millonarias ofertas.
El verdadero y definitivo momento de inflexión, aquel evento providencial que cambiaría por completo la historia de la música pop contemporánea, llegó cuando Clive Davis, el legendario y visionario fundador y presidente de Arista Records, tuvo el privilegio de verla actuar en vivo. Davis, un ejecutivo con un oído clínico e infalible para detectar verdaderas superestrellas, quedó absolutamente hipnotizado y paralizado al escuchar el rango de su voz. Él sabía, sin el menor atisbo de duda, que estaba frente a un talento puro e irrepetible, un fenómeno generacional. Inmediatamente la tomó bajo su ala protectora, y en 1983, Whitney firmó finalmente un codiciado contrato exclusivo con Arista Records, abriendo de par en par, y para siempre, las puertas doradas hacia un éxito comercial sin precedentes en la historia.
De la experimentada mano de Clive Davis, Whitney comenzó a pulir detalladamente su imagen pública, su repertorio y su sonido característico. Su primer y resonante éxito comercial no se hizo esperar, y llegó a través de un espectacular dueto con el consagrado y admirado cantante Teddy Pendergrass. Este pegajoso sencillo escaló velozmente en los tops de las listas de mayor popularidad del momento. Determinada a mantener el fuerte impulso, repitió magistralmente la fórmula del éxito colaborando con el también reconocido Jermaine Jackson, mientras sus constantes apariciones en los principales programas de televisión a nivel nacional comenzaban a crear una expectativa casi febril entre el exigente público estadounidense. Todo este minucioso y brillante trabajo de preparación de la industria culminó espectacularmente en el año 1985 con el triunfal lanzamiento de su álbum debut homónimo: “Whitney Houston”.
El impacto en la cultura musical fue sísmico. Las canciones del disco empezaron a sonar como himnos sagrados en todas las estaciones de radio, en las más exclusivas tiendas, en los clubes de moda y en millones de hogares alrededor de todo el planeta. Temas hoy inolvidables como “Saving All My Love for You” y la alegre “How Will I Know” se convirtieron en clásicos instantáneos de la cultura pop, demostrando su increíble, fluida y única versatilidad para dominar tanto las profundas baladas románticas como las vibrantes pistas de baile. Al año siguiente de su explosivo lanzamiento, en un momento cargado de profunda emoción y orgullo familiar, su famosa prima Dionne Warwick fue la encargada de entregarle en sus propias manos su merecido primer premio Grammy, reconociendo su inigualable interpretación vocal. Las cifras de este debut fueron, por decir lo menos, astronómicas: el disco llegó a vender 25 asombrosos millones de copias a nivel mundial, de las cuales la asombrosa mitad se despacharon únicamente en el exigente mercado de los Estados Unidos. Así, ante la mirada atónita del mundo entero, comenzaba un veloz ascenso que, en apariencia, no tenía límite ni fin.
En 1987, dispuesta a demostrar a los escépticos que su rotundo éxito no era simplemente obra de la casualidad o flor de un día, lanzó su muy anticipado segundo material discográfico, titulado simplemente “Whitney”. Este álbum resultó ser tan masivo, arrollador y rompedor de récords como el primero. La fama, influencia y poder de la artista ya trascendían con creces el ámbito puramente musical. Durante su maratónica gira mundial de presentación de este álbum, fue honrosamente invitada a cantar como figura principal en el majestuoso concierto masivo organizado en la ciudad de Londres para celebrar el histórico cumpleaños del líder político sudafricano Nelson Mandela, posicionándose firmemente como una figura de enorme influencia global y un pilar de la excelencia de la comunidad negra. Con su inmenso corazón solidario puesto en ayudar a los más desfavorecidos, en 1989 fundó con sus propios fondos la Whitney Houston Foundation for Children, una prestigiosa organización benéfica sin fines de lucro dedicada incansablemente a proteger y mejorar la calidad de vida de los niños necesitados, brindando apoyo vital a menores sin hogar y financiando tratamientos para pequeños luchando contra el cáncer.
La esperada llegada de la nueva década de 1990 consolidó de manera inquebrantable su estatus de leyenda viva e ícono mundial. Su tercer y muy pulido disco de estudio, titulado “I’m Your Baby Tonight”, logró la espectacular hazaña de vender 10 millones de copias en todo el globo (cuatro millones de ellas dentro de su país natal) y fue galardonado con cuatro prestigiosos Billboard Music Awards en el año 1991. Pero fue precisamente a principios de ese mismo año cuando Whitney entregaría una de las actuaciones en vivo más memorables, eléctricas y perfectas en toda la historia de la televisión y el deporte. Fue convocada para interpretar el complejo himno nacional de los Estados Unidos, el respetado “The Star-Spangled Banner”, durante la celebración del magno evento del Super Bowl XXV, llevado a cabo en el estado de Florida, y en medio del tenso clima de la Guerra del Golfo. Vestida con una humildad que contrastaba con su estatus—portando un sencillo pero emblemático chándal blanco deportivo con detalles patrios—su poderosa y emotiva interpretación a capela conmovió hasta las lágrimas a la nación entera. El impacto cultural de esta presentación fue tan gigantesco y trascendental que la grabación en vivo de su voz se lanzó comercialmente como un sencillo musical, alcanzando el codiciado puesto número 20 en las competitivas listas de popularidad y convirtiéndose oficialmente en la única versión del histórico himno estadounidense en obtener la certificación de disco de platino por sus masivas ventas. Fiel a su gran espíritu filantrópico y su compromiso social, cada centavo del dinero recaudado por las astronómicas ventas de este histórico sencillo fue donado de forma íntegra a la organización de la Cruz Roja Estadounidense, destinando los fondos exclusivamente en favor y apoyo de los veteranos de la guerra y sus sufridas familias.
El año 1992 trajo consigo un reto sin precedentes que terminaría de transformar a la ya exitosa Whitney, pasándola de ser una superestrella de la industria musical a un auténtico e intocable ícono de la pantalla grande de Hollywood. Fue elegida, superando cualquier tipo de barrera o escepticismo de los grandes estudios, para protagonizar la esperada película “El Guardaespaldas” (The Bodyguard) compartiendo roles protagónicos junto a Kevin Costner, quien en ese momento era uno de los actores más respetados, cotizados y taquilleros del mundo entero. La innegable y palpable química en pantalla entre una glamorosa diva de la música afroamericana y su estoico e inquebrantable protector blanco rompió contundentes barreras raciales y tabúes sociales profundamente arraigados en la conservadora industria cinematográfica de aquella época. La película, a pesar de las dudas iniciales de algunos críticos, se consagró rápidamente como un gigantesco éxito de taquilla a nivel mundial, recaudando cifras millonarias en todos los continentes.
Sin embargo, el verdadero tesoro artístico que dejó esta exitosa incursión cinematográfica fue su inigualable y poderosa banda sonora, la cual sigue siendo objeto de estudio y admiración. Whitney se encerró en los estudios y grabó seis espectaculares nuevas canciones exclusivas para el álbum de la película, entre las cuales destacó indiscutiblemente una asombrosa pieza que nadie, ni siquiera las nuevas generaciones, ha podido pasar por alto: la inmortal “I Will Always Love You”. A pesar de que la emotiva composición original, con arreglos mucho más modestos, pertenecía a la estrella consagrada de la música country Dolly Parton, la nueva y arriesgada versión de Whitney —acompañada por su impecable arreglo musical, su dramática y silenciosa pausa a capela a mitad de la canción, y la explosión vocal sobrehumana y desgarradora en el coro final— la elevó instantáneamente a alturas insospechadas por cualquier otro artista. La poderosa balada permaneció anclada como dueña absoluta durante catorce largas semanas consecutivas en el ansiado puesto número uno de la lista Billboard Hot 100, y se consolidó firmemente como uno de los sencillos más vendidos, reproducidos y premiados en toda la historia de la música grabada en la humanidad.
Otro de los grandes y arrolladores éxitos masivos que incluyó este magistral álbum fue la impecable pista “I Have Nothing”, la cual también dominó con mano de hierro las listas de éxitos durante el transcurso del año 1993, y fue tan respetada por los críticos de la Academia que terminó siendo merecidamente nominada a Mejor Canción Original en la prestigiosa ceremonia de los premios Oscar de ese año. El disco completo de la banda sonora logró la monumental hazaña de romper innumerables y antiguos récords históricos de ventas mundiales, y sirvió para establecer permanentemente el nombre de Whitney Houston en la cúspide indiscutible e inalcanzable del estrellato mundial. Era una certeza innegable en la industria: nadie cantaba como ella, nadie dominaba los escenarios con su elegancia, nadie vendía discos a su ritmo vertiginoso, y absolutamente nadie brillaba con la misma intensidad que ella.
Las Sombras del Amor y la Traición de su Propia Sangre
Paralelamente a su aplastante, veloz e inigualable éxito profesional y comercial, Whitney sintió que había llegado el momento de darse permiso para buscar la esquiva felicidad en el amor, contrayendo matrimonio ese mismo año con el popular, pero altamente controvertido, cantante de R&B Bobby Brown. Lo que inicialmente ante las cámaras y los fanáticos parecía ser un prometedor matrimonio soñado entre dos exitosas y ricas estrellas de la música urbana afroamericana, de manera rápida, destructiva y pública, se convirtió en un inagotable foco de controversias, severos escándalos alimentados por la prensa amarillista de la época y, sobre todo, en un tóxico entorno familiar que facilitó, aceleró y empeoró su oscura espiral descendente hacia el pozo ciego de las adicciones a las drogas. Diversas sustancias peligrosas e ilegales comenzaron a tomar, lenta pero firmemente, un papel protagónico en su rutina y vida diaria. Estas prácticas, ocultas al principio, comenzaron a hacerse evidentes, afectando gravemente su comportamiento en entrevistas, boicoteando su cumplimiento cabal de los importantes compromisos profesionales previamente pactados y, eventualmente, atacando y deteriorando de forma progresiva la majestuosa e inigualable pureza de su privilegiada voz.
Pero la traición más dolorosa, el golpe mortal que terminó de astillar y destruir por completo su ya muy frágil, presionado y vulnerable estado emocional, no provino de la avariciosa y competitiva industria del entretenimiento a la que ella le había entregado sus mejores años, sino de su propia e íntima sangre. A finales de la caótica década de los años noventa, la compleja y siempre tensa relación profesional y personal con su padre, John Russell Houston, quien gestionaba hábilmente gran parte de sus negocios y de su exitosa carrera mediante una influyente empresa de entretenimiento de su propiedad, se fracturó profunda e irreparablemente.
En un acto legal despiadado que dejó a Whitney absolutamente devastada, desconsolada y sin creer lo que estaba ocurriendo, su propio padre, el mismo hombre que supuestamente la había cuidado, decidió someterla a los tribunales y la demandó agresivamente por la descomunal cifra de cien millones de dólares, exigiendo sin piedad y por vías legales el pago completo de una supuesta y jugosa comisión por un lucrativo contrato millonario que él afirmaba rotundamente haber negociado y cerrado a su favor. Que el hombre que alguna vez, con ternura, la había llamado “Nippy” mientras la sostenía en brazos en su casa de la infancia; que ese mismo hombre íntimamente asociado a sus peores, más dolorosos e inconfesables traumas infantiles de abusos sexuales ocultos, ahora también intentara fría y calculadoramente arrebatarle gran parte de la inmensa y bien ganada fortuna en los despiadados tribunales estadounidenses, fue un golpe sencillamente demasiado pesado, injusto y abrumador para que el frágil espíritu de la estrella pudiera soportarlo.
El tormentoso y sombrío inicio del año 2000 fue, a todas luces, un verdadero infierno terrenal para la consagrada cantante internacional. Profundamente deprimida por los eventos, sintiéndose traicionada por su propia sangre, y viéndose permanentemente acorralada e interrogada por el intenso e inclemente escrutinio de la opinión pública, Whitney tomó la amarga y definitiva decisión de cortar absolutamente todo tipo de relación y contacto con su conflictivo padre, jurando con lágrimas de resentimiento en los ojos que jamás volvería a mirarlo a la cara. Y el destino, en su frialdad, selló su promesa. John Russell Houston falleció en el año 2003 debido a severas complicaciones por problemas cardíacos que padecía. Fiel hasta las últimas consecuencias a su palabra, y con su antes cálido corazón ahora totalmente congelado por el rencor, el dolor y las heridas abiertas de la niñez, Whitney Houston tomó la firme determinación de no asistir a los servicios de su funeral para darle un último adiós. Simplemente, después de tanto daño irreparable infligido sobre ella desde su más tierna niñez hasta su adultez plagada de demandas, no había un solo milímetro de espacio en su agobiada alma para albergar el perdón sincero; la herida provocada por la traición familiar era, trágicamente, demasiado extensa, ancha y profunda.
La Batalla Perdida: Clínicas, Recaídas y el Ocaso
Con su complicada vida personal literalmente en ruinas y su salud emocional pendiendo de un hilo muy delgado, el devastador monstruo de las adicciones químicas se intensificó hasta alcanzar niveles alarmantes y extremadamente peligrosos para su vida. Sus repetidas e inexplicables ausencias de último minuto en importantes entrevistas pactadas, su notable y preocupante delgadez física extrema que alarmaba a la audiencia, y su impredecible comportamiento errático captado bajo el escrutinio en público y frente a las insistentes cámaras de los paparazzis, encendieron las ruidosas alarmas de emergencia del mundo entero, que veía impotente cómo su adorada reina del pop y el soul se desmoronaba en tiempo real. Determinada de forma desesperada a salvarse del oscuro precipicio por el inmenso amor y el bienestar de su adorada hija Bobbi Kristina, y en un profundo intento por rescatar y proteger su intachable legado artístico histórico, Whitney se armó de valor y dolor para iniciar una muy cruda, intensa y dolorosa batalla frontal por recuperar la esquiva sobriedad que tanto anhelaba alcanzar.
En marzo del año 2004, en un momento de lucidez y desesperación por el control de su cuerpo y su mente, ingresó por su propia voluntad en las instalaciones de un exclusivo, costoso y especializado centro de recuperación para adictos en estado crítico. Consciente de la titánica y casi imposible tarea de purificación física que le esperaba, le pidió desesperadamente, a través de sus voceros, a todos sus allegados cercanos y a sus millones de fieles, leales y devotos fanáticos alrededor de todos los continentes que, por favor, encendieran velas y rezaran fervientemente por ella y le enviaran fuerza en ese momento tan inmensamente sombrío e importante para el resto de su vida. Sin embargo, los oscuros demonios biológicos y psicológicos de la severa dependencia eran sumamente feroces e implacables; a pesar de toda la buena voluntad inicial que tuvo, solo logró reunir la fuerza de voluntad necesaria para permanecer internada en tratamiento durante cinco escasos días, antes de abandonar precipitadamente y contra las recomendaciones médicas las estrictas instalaciones para dar inicio a los preparativos de una muy apresurada, desgastante e inoportuna gira musical a nivel internacional que ya estaba programada y que su entorno no quiso cancelar.
Como era trágicamente de esperarse bajo estas circunstancias de abandono de tratamiento médico y la enorme presión laboral y mediática que soportaba a diario, las duras recaídas con las sustancias fueron innegablemente brutales, arrasadoras y completamente incontrolables para ella y para todo su círculo más cercano. Al año siguiente, durante el complicado transcurso del año 2005, el fantasma del abuso de narcóticos obligó a que, tras una fuerte intervención, volviera a ingresar a un exigente programa intensivo de desintoxicación, esta vez logrando a base de muchísimo esfuerzo físico mantenerse recluida internada por un período consecutivo, doloroso pero necesario, de dos largos y eternos meses de su vida.
El agotador proceso de abstinencia y desintoxicación celular fue un auténtico, lento y tortuoso calvario que destrozó y agotó por completo sus menguadas reservas de energía física y paz mental. Se reportó que, en medio de su agónica desesperación, su equipo gastaba enormes sumas de su propio dinero para conseguirle avanzados tratamientos de recuperación y un sinfín de potentes medicamentos legales prescritos por doctores, cuyo único fin era tratar de apaciguar, sedar y calmar las severas, crudas e incontrolables crisis de ansiedades químicas que le generaba violentamente a su organismo el hecho de verse forzado a estar alejado repentinamente de las drogas pesadas que lo gobernaban.
El terror asfixiante, el pánico al futuro incierto y el miedo a lo peor inundaban sin piedad el hogar y el corazón de todos sus queridos seres cercanos. La situación llegó a un nivel tan extremo de angustia que su propia y sufrida madre, la artista Cissy Houston, llegó al punto de quebrarse en llanto y confesar públicamente, con el corazón roto en mil pedazos en una dolorosa entrevista televisiva a nivel nacional, que no podía dormir en paz, ya que vivía bajo la sombra del miedo y la zozobra constante de estar esperando recibir en cualquier madrugada una fatídica llamada telefónica anunciando de manera abrupta que su amada, hermosa y exitosa hija había finalmente fallecido en soledad a causa de una brutal y fatal sobredosis, producto de las recaídas incontrolables que de manera constante y muy dura transitaba en su frágil y vulnerable día a día.
La Habitación del Hotel y la Autopsia que Estremeció al Mundo
En un valiente esfuerzo por intentar recuperar de una vez por todas las extraviadas y sueltas riendas de su propia vida, Whitney tomó la madura y sana decisión de apartarse y mantenerse herméticamente alejada del destructivo ojo público de los medios y del agotador torbellino de los continuos e interminables escándalos mediáticos. A finales del año 2006, una luz de sincera esperanza volvió a brillar en el panorama; la artista reapareció en la escena, sonriente y radiante ante las luces brillantes y los flashes de las atentas cámaras fotográficas, y lo hizo del brazo protector e incondicional de su antiguo descubridor y querido mentor en la industria, el respetado Clive Davis. Se la veía, al fin, físicamente renovada, animada y totalmente dispuesta, de corazón, a retomar con fuerza y gracia su legítimo e indiscutible trono en el mundo de la música, un lugar que por derecho histórico le pertenecía.
Avanzando un poco más en su proceso de limpieza y purificación personal, en abril de 2007, dio un paso crítico, maduro y verdaderamente liberador hacia su sanación emocional al divorciarse legal y formalmente de Bobby Brown. Con esto, además, obtuvo la bendición judicial de la custodia total, legal y absoluta de su amada e idolatrada hija, la joven Bobbi Kristina. Volvió con nuevas ilusiones a la magia de los estudios de grabación que tanto amaba, grabó y lanzó al mercado con entusiasmo nuevos, pulidos y ambiciosos materiales discográficos para satisfacer a sus sedientos fanáticos, y emprendió una vez más el desafío de grandes giras internacionales, batiendo antiguos récords y demostrando a los grandes críticos que su majestuoso e inigualable talento vocal seguía vivo y que su nombre seguía intacto y brillando con la misma intensidad.
Lamentablemente, como suele suceder en las crueles enfermedades de las severas adicciones crónicas, la aparente solidez y envidiable fortaleza de su tan aplaudida recuperación siempre fue, en realidad, un espejismo extremadamente frágil, sostenido apenas por un hilo demasiado tenso y a punto de romperse ante cualquier eventualidad o presión. El frío mes de febrero del año 2012 marcaría inexorablemente, y ante el luto colectivo de la humanidad, el oscuro, precipitado y trágico capítulo final de esta historia llena de excesos. Por esas fechas, toda la poderosa, ostentosa e influyente industria musical de la nación se encontraba aglomerada en la soleada ciudad de Los Ángeles, preparándose ansiosamente para celebrar la tradicional, glamorosa y más grande fiesta anual del entretenimiento: la prestigiosa gala y entrega de los codiciados premios Grammy.
El 9 de febrero, una Whitney Houston que parecía estar genuinamente feliz, animada y muy entusiasta por la vida, había estado, como en sus mejores épocas doradas, ensayando su repertorio y compartiendo alegres anécdotas con otros queridos colegas cantantes que se alistaban para los glamorosos e importantes eventos de celebración y fiestas previas oficiales a la magna gala musical. Esa misma noche de festejo y luces de neón angelinas, llevada por su amor inextinguible a la música y al público, se atrevió a subir espontáneamente al cálido escenario de un club local de renombre, y cantó, para el asombro y deleite de todos los presentes, de manera improvisada y magistral junto a la reconocida artista de R&B Kelly Price. Ni una sola de las afortunadas y privilegiadas personas en aquel íntimo y repleto recinto, ni la propia artista que compartía micrófono con ella en el escenario, podía llegar a imaginar remotamente que esos emocionantes, hermosos y breves minutos que estaban atestiguando con sus propios ojos, serían tristemente la última vez que el mundo entero vería, disfrutaría y escucharía cantar en público y con vida a La Voz.
El 11 de febrero, el tiempo del planeta y de la historia de la música universal se detuvo violentamente, dejando a su paso un silencio aterrador. Whitney se encontraba alojada pacíficamente en una enorme y lujosísima suite presidencial dentro del exclusivo e icónico hotel de celebridades The Beverly Hilton, ubicado en el opulento corazón de Beverly Hills, California. Mientras su imponente, fiel y entrenado guardaespaldas de confianza y su asistente y peluquera personal aguardaban cómodamente, pero también con una extraña e incomoda sensación en la majestuosa y enorme sala principal de su lujosa suite de hotel, el pesado y prolongado mutismo que provenía amenazantemente desde el interior del gran cuarto de baño de mármol de la estrella comenzó a generar una muy repentina, abrumadora, escalofriante y profunda sensación de pánico y urgente inquietud en el ambiente.
Como el tiempo seguía pasando de manera letal, los minutos corrían sin freno en el reloj, y la estrella de la música tardaba en exceso en salir a prepararse para los glamorosos eventos programados de su apretada agenda, la desesperada, angustiada y preocupada peluquera, invadida por un presentimiento aterrador que helaba su propia sangre, finalmente tomó, temblando, la valiente decisión de forzar, abrir e irrumpir valientemente en la puerta. La trágica y espeluznante escena que halló de frente al cruzar aquel lujoso umbral, destruiría para siempre sus vidas y paralizaría al mundo del arte y de la cultura y la música pop en cuestión de segundos: Whitney, la reina de reyes, yacía en un completo, letal y profundo estado de total inconsciencia corporal, sumergida y asfixiada completamente con su rostro apuntando hacia abajo en el agua estancada de la bañera del hotel.
El más crudo y puro pánico y terror se apoderaron de cada rincón de la inmensa habitación. Llamaron de manera inmediata y frenética, casi sin poder coordinar palabras o respirar por la inmensa angustia acumulada, a todos los calificados y disponibles servicios de emergencia médica y ambulancias, quienes, en una veloz e intensa carrera contra la misma parca y la guadaña de la muerte, acudieron heroicamente y lograron llegar a la escena del incidente en solo cuestión de un puñado de angustiosos y largos minutos. Los fornidos y entrenados paramédicos, actuando de forma mecánica y desesperada, la sacaron de la bañera y el agua, y, con la obvia y clara desesperación crudamente reflejada en las facciones y el sudor de sus pálidos rostros profesionales, le realizaron agresivas, fuertes y desesperadas maniobras de reanimación cardiopulmonar manual durante veinte eternos y muy agónicos e interminables minutos en un esfuerzo inhumano por salvar la magia, tratando en vano de traer a la legendaria estrella y su inmensa voz de vuelta al mundo de los vivos.
Pero, lamentablemente, a pesar de sus inmensos esfuerzos, el fatal y letal daño biológico y físico de su cerebro ya era rotunda, irremediable y totalmente irreversible por cualquier mano médica humana o avance de la ciencia moderna. Tras confirmar que absolutamente no había y que no experimentaban ni un solo atisbo mínimo de esperanza o milagro en forma de reacción neurológica o cardíaca de pulso, y ante la cruda realidad, con el alma destrozada se procedió a dictaminar, sellar y registrar legal y formalmente, para la posteridad médica y legal de la humanidad, su hora de defunción exacta en los expedientes del país. Whitney Houston fallecía inmensamente sola y asfixiada, en medio de la frialdad de las tinieblas de las adicciones, a los muy jóvenes, productivos y frágiles 48 años de edad, dejando en un lapso de horas al mundo entero inmerso y sepultado en un oscuro estado de absoluto, frío, innegable e inconsolable shock social, y en un prolongado, muy extenso y unánime y genuino luto mediático a nivel internacional.
Semanas después de la enorme e inimaginable conmoción del funeral y el llanto general, los resultados detallados, rigurosos y oficiales generados por la extensa autopsia que se le practicó al cadáver de la estrella por parte de la estricta junta forense en California, revelaron sin censura alguna, el verdadero, crudo, espeluznante y excepcionalmente triste, doloroso y aterrador destino final de la gran cantante. Esta detallada publicación forense finalmente se encargó y sirvió para terminar de desmontar y hacer trizas, de una vez y por todas frente a los perplejos ojos del enorme público y la atónita prensa y sociedad entera, aquella frágil y cuidada ilusión pública que sostenía y presumía mediáticamente de su completa, rotunda e inmaculada sobriedad en vida.
Los extensos, profundos e indiscutibles exámenes científicos toxicológicos revelaron que trágicamente, sí encontraron, en grandes e innegables cantidades en su descompuesto torrente sanguíneo, evidentes, claros y poderosos rastros y restos de letal y purísima cocaína. A esto se le sumaban altas concentraciones de un peligroso e imprudente cóctel de drogas y de fortísimos medicamentos que habían sido recetados de manera médica, que trágicamente incluían y mezclaban sustancias como Benadryl (fuerte y poderoso antialérgico de uso común pero peligroso en exceso), cannabis, grandes dosis controladas de Xanax (popular alprazolam empleado habitualmente contra sus ataques de gran ansiedad y pánico paralizante) y fuertes cantidades de relajantes musculares como el conocido fármaco Flexeril.
Según dictaminó y certificó con certeza científica y legista el pormenorizado, frío y escalofriante reporte oficial del médico forense en su respectiva y macabra acta de cierre, la indiscriminada e irresponsable combinación simultánea de estas fortísimas y pesadas sustancias farmacológicas fuertemente depresoras del sistema nervioso central humano, agresiva y fatalmente mezcladas de forma directa y contundente en la misma sangre con la evidente, imprudente y alta ingesta simultánea de abundante licor y alcohol que hizo y bebió a solas aquella fría noche dentro del baño, trágica, biológica e irremediablemente provocó el cese de su vitalidad. La acumulación de esta peligrosa bomba biológica produjo en el cerebro de la inigualable intérprete y cantante un colapso que hizo que, de forma pacífica pero irremediable, bajara drásticamente su pulso, perdiera inevitablemente todo el sentido y total conocimiento de su cuerpo, se relajara y durmiera de manera demasiado, casi antinaturalmente e insalubremente profunda en el tibio cuerpo de agua. A esto sobrevino una desconexión fatal de su motricidad para poder llegar a asomar el rostro sobre las aguas en busca de un poco del oxígeno de vida, terminando inexorable e inadvertidamente ahogándose de la forma más agónica y asfixiante, aunque sedada, en la quietud solitaria y silenciosa de la gran bañera.
Añadiendo espanto al desgarrador reporte general entregado a los devastados familiares y parientes de la estrella por parte del meticuloso servicio forense de turno, hubo otro dato, un oscuro, sumamente triste y muy crudo hallazgo corporal biológico y físico de inmenso y trágico impacto y desgarro, que surgió a la intemperie a raíz de las duras, invasivas y meticulosas investigaciones post mortem sobre el cuerpo de la celebridad mundial, y este fue el severo, profundo, lastimero y aterrador estado en el cual su cara quedó: revelaron oficialmente que en vida su muy castigado, frágil e inflamado tabique nasal fisiológico, debido al grave, intenso, brutal e insano uso frenético, de manera crónica y excesivamente frecuente de esnifar potentes niveles de polvo y cocaína por un espacio muy prolongado, se encontraba total y extremadamente agujereado, ulcerado, severamente perforado y severa, permanente y casi fatal e irreversiblemente lastimado y muy dañado biológicamente por dentro de los tejidos cartilaginosos para siempre de por vida. Un final espantoso para el instrumento vocal que encarnó el mayor y más bello y deslumbrante éxito del mundo pop de toda la modernidad entera.
Una Herencia Macabra y el Legado Imborrable
Como si el funesto destino de la estirpe familiar entera hubiera estado trágicamente marcado desde las entrañas, de forma cruel e inevitable y manchada sin remedio, por la sombra gigante de una oscura y terrible maldición inquebrantable, la saga de la miseria y la gran tragedia no terminó aquel fatídico día de febrero con la confirmación desgarradora de la prematura y solitariamente trágica muerte por ahogamiento accidental, asfixia profunda y sobredosis medicamentada en el agua de la genial Whitney.
Apenas de forma escalofriante, dolorosa y espantosamente veloz pasaron y transcurrieron solo unos muy pocos, escuetos, angustiantes e insoportables días lúgubres contados por la triste historia en los calendarios exactos, justo tras finalizar en paz el emotivo, masivo y lacrimógeno funeral para velar el féretro dorado y cerrar las pompas mundiales dedicadas a enterrar a su adorada madre, la única e indefensa hija, la sumamente frágil y desolada joven de nombre Bobbi Kristina, abrumada sin poder tener remedio y llena de depresión y el pánico del silencio por la gigantesca pérdida irreparable de la madre ícono, tristemente y por falta de cuidados y apoyo del ambiente colapsó de manera letal, brusca y total por el insoportable, asfixiante y gigantesco dolor de esta soledad abismal generada en el alma, y sin poderse evitar más, fue llevada y fuertemente internada, postrada e intubada sin remedio de gran urgencia médica extrema.
Tristemente, aunque poseía mucha juventud y un gran amor en su corazón hacia las demás personas del mundo en vida, la heredera del talento e hija y sangre viviente de la espectacular y gloriosa cantante internacional fallecida, ya arrastraba de manera penosa, trágica y constante sus propios y brutales y oscuros demonios internos ocultos tras su famosa madre. Lidiando día a día y a oscuras sin consuelo firme, con muy profundos y severos problemas, adicciones inmanejables a narcóticos prohibidos, la mala salud emocional, mental y serias continuas y mortales recaídas y hundimientos, que su fallido entorno social muy complaciente no logró ni pudo nunca, de ninguna forma o intento sincero, frenar.
De una de las maneras más perversas, inexplicables, asombrosas y definitivamente macabras, espeluznantes y escalofriantes que hayan jamás, por asomo de duda, existido o logrado y podido estremecer al atónito, conmovido y doliente mundo general de la música para siempre, la aterradora e incontrolable historia de esta tragedia humana se repitió, increíblemente, paso a paso de principio a un trágico y amargo fin exacto a la letra de manera lúgubre. Solamente pasados e intercalados por la historia musical casi tres angustiantes y extensos, muy cortos y dolorosos años, tras aquel triste febrero y momento exacto de dolor desgarrador y desconsuelo absoluto general donde la humanidad viera apagada por fin, y se le escapara al cielo para el siempre veloz y de forma tan solitaria y lúgubre en un frío cuarto la luz, en la inmensidad de las tinieblas y por drogas pesadas y de consumo la voz y estrella y brillante fama sin paralelo de la majestuosa, única y grandiosa Whitney Houston.
Su muy adorada, solitaria y perdida joven hija Bobbi Kristina fue, trágicamente en la inmensidad de esta espeluznante miseria familiar, hallada sola al borde de la muerte sin compasión, exactamente casi de la mismísima forma biológica fatal. En unas verdaderas, inquietantemente exactas y lúgubres circunstancias, un calco de las ocurridas a su madre: en total forma y grave, pero profunda estado grave e inconsciente total y sin asimilar vida, postrada boca abajo por horas sobre una helada y traicionera bañera, y hundida asfixiada bajo en agua quieta de un cuarto de baño donde no pudo salir con vida intacta de aquel lugar.
Tras pasar por un milagro una severa agonía intentando batallar por su propia frágil vida de forma triste y conectada, por causa de su letal hundimiento prolongado de agua de baño e intento de coma inducido profundo; para después tratar de sobrevivir y tras poder lamentablemente batallar fuerte un cuadro letal hospitalario muy crudo internada, y tener la infelicidad de permanecer hundida dolorosa e inmóvil sumida trágicamente y artificial y forzosamente en un terrible e ineludible coma y de daños médicos severos biológicamente inducido artificialmente y lleno de cables médicos durante, triste y desconsoladamente, seis abrumadores, eternos, dolorosos, tristes, extensos, insoportables, lentos y agonizantes e ininterrumpidos meses médicos oscuros para toda la destrozada y desconsolada familia restante; la muy desdichada joven heredera tristemente sucumbió al letal daño físico sufrido interno. Murió, se apagó y falleció tristemente a los solos, tempranos y terriblemente penosos años biológicos contados de vida y su escasa pero breve juventud vivida al aire que fueron de, cortísimos e injustos, escasísimos solo, de veintidós cortos años solos de vida al cierre del penoso registro médico que certificaba tristemente a la edad total de esta historia macabra de la saga.
La enormísima tragedia general humana sufrida, experimentada y padecimientos vividos reales a gran escala en vida llena de éxito rotundo y gloria de las portadas mundiales sin fallos de Whitney Houston, no obstante sus inmensos triunfos discográficos ininterrumpidos obtenidos o rotos y desbordantes aplausos del mundo y la masa es verdaderamente, a final de una historia tan real y oscura, un muy triste, duro, profundo e inconsolable recordatorio social doloroso a un alto e inmenso costo muy visible y trágico de forma contundente en el alma humana global a las personas y a una dura sociedad cegada fuertemente, de forma de forma trágica y descarnado al ver cómo es que real y tristemente ni todo ese gran exceso o lujo gigante o gigantesca suma de mucho, ni siquiera el mayor flujo inmenso y excesos grandes rebalsando todo de inagotable dinero que en su esplendor tuvo poseído, ni aún teniendo, acumulando, alcanzando ni gozando en carne de toda la gran y deslumbrante e idolatrada fama del universo general, ni recibiendo ni contando en tarimas y premiaciones e ídolos ni por asomo en persona con todo y parte alguna del inmenso y adorado amor recibido y que con creces cosechado logró de su leal de miles y de infinitas de todas las leales y puras de millones de todas sus maravillosas y cálidas personas; absolutamente puede o sirvió para en general sanar ni tan solo curar en forma plena para alivio las fuertes, crudas, desgarrantes, inconfesables y oscuras y las muy graves, dolorosas e incurables heridas tan intensas provenientes fuertes del dolor interno de un alma rota y del fondo triste del corazón severo lastimadas sin reparos debido y provenientes tan brutalmente y causadas cruelmente desde el centro familiar e infancia de las profundidades íntimas calladas y sufridas y las que con silencio crudo, agrio, inmenso sufriera desgarradora en toda su niñez a solas en el cuarto de su primera etapa de vivir.
Sin embargo, para los cientos de miles que son inmensos fieles de base seguidora de la estrella y miles de todos los millones de grandes fervientes personas admiradores acérrimos firmemente leales incondicionales dispersados ininterrumpidamente de su persona a gran parte y a lo ancho de, y por supuesto extendidos a través del mundo y a lo largo enorme alrededor del globo general terráqueo internacional, y de verdad para, pero esto es por ser un icono especial, especialmente e indudablemente fuerte sobre todo con fervor sentido para y dentro fuertemente de todos los estratos e influenciados por todas y las amadas y representadas minorías y amplias y gran de todas las vibrantes comunidades, sobre de estas partes y todas y las amadas respetadas en todas de gran población formadas afroamericanas de bases que encontraron y en suma la crearon y vieron representadas que a pesar enorme en, y al ver que verdaderamente y encontraron sintieron su vida puesta a ella como un majestuoso, puro, intocable, un muy poderoso y gran y digno altísimo representante musical fuerte o faro y modelo intocable e irremplazable faro mundial firme, inmenso y sin fin visible gigante inalterable con enorme legado y un icono absoluto de intachable de la música total de la enorme de la real enorme grandeza de una excelencia única intocable, y de talento. La gigante enorme poderosa voz musical firme de leyenda a voces y del mundo y vida general dejada grabada por de Whitney Houston, a decir historia global para el siempre, es absolutamente, fuertemente poderosa, firme y rotundamente total e irrevocablemente mágica del mundo e intocable e irreemplazable hasta todos, cada uno hoy los rincones.
Al final enorme en un cierre de a pesar enorme y enorme tristeza de sus trágicos grandes errores mortales irreparables de adicta en vida y tristes adicciones, sus tristes humanas duras, y las duras falencias y pesadas grandes estrepitosas en salud, y las fuertes caídas al vacío en soledades tan profundas a las fosas letales de las drogas y sus mortales equivocaciones muy crudas a vista grande en adicciones dolorosas o fracasos a los males familiares grandes crudos y las de a un error en adictos a sus crueles errores de vida personal, a fracasos todos dolorosos de corazón tristes de tristezas a enormes errores grandes a la fatal vida y errores en fin en drogas enormes crueles adicción grande sus en dolor a todos las crueles crudas tragedias solas dolorosas adicción, y sus tristes caídas grandes al final oscuras tragedias; el mundo la recuerda hoy firme.
Su, sin duda y por siempre, un inmensamente imponente brillante, majestuoso, sublime, asombroso de oro gigante inigualable e inmortal enorme muy colosal obra maestra, enorme talento y valioso su grandioso gran patrimonio, el majestuoso puro y gran legado inalterable global puramente sonoro mundial talento vocal increíble e imperecedero firme musical artístico universal que, firme imperecedero, hoy y del siempre por sí, se levanta de a paso grande, alzado en el lugar fuerte, siempre y fuertemente hoy y siempre se aferra inmenso puro intacto. Firme se yergue sin daño intacto del oro siempre y del mejor y con gran majestuosidad, sostenido se firme. Se encuentra intocable. Mantenido con solidez, levantado con magia intacto se mantiene, y eternamente imperecedero con gran brío gigante y sin mancha y sin poderse batir en absoluto ni en su forma para caer; de paso alto fuerte intocable gigante muy imponente e inconmensurable y fuerte y del oro puro de talento inmensamente se mantiene perennemente por su grandeza firme con gloria pura intacto e indestructible y firme, inamovible hoy. Queda fuerte e inmensamente puro y tan fuertemente y sólido. Levantado se mantiene tan gigantesco para la humanidad erigido firme por en siempre como intocable gran voz del mundo, levantado con poder erigido como un gigante monolito y una sólida estructura, siempre posicionado glorioso y altísimamente erigido en gran figura histórica en todo en y en absoluto e intacto, siempre intocable sobre lo más, lo absoluto mejor hoy para de, alto posible pedestal y gran altar mundial existente y respetable o gigante al tope final enorme inmenso firme lugar puro a de todos los más alto grande final tope más alto del lugar intocable más grande absoluto de más gloria musical lugar de la gloria grande cima intocable inmensamente enorme en y a del firmamento a el tope de la inmensa total, la extensa grande del sonido de oro pedestal más del oro de historia inmensa total gloriosa en historia para general siempre el gran tope alto historia enorme de pura historia viva mundial de del lugar historia de todas historia mundial al tope y la enorme historia grande gigante real universal histórica oro la toda la pura e inmensa intocable universal de real gran música oro de y oro gran universal gran lugar mundial más pura mundial más inmensa global entera gran musical para historia para de hoy absoluta por de universal pura la vida del tope mundial grande y música en a universal entera general hoy del planeta por pura hoy mundial de siempre.
Físicamente, el triste y destrozado cuerpo ya del cansancio dolor hoy es historia dolorosamente se despidió apagado roto su apagado y roto cuerpo triste en y ha perdido apagado vida ha fallecido cuerpo se ha extinguido y su cansado humano corazón ha dejado historia vida ido ya ido ha en vida tristemente y hoy a su humano dolor dejado vida cuerpo ha apagado apagado ha dolor se apagado ido hoy de para el dolor dejado, ha para a la inmensa eternidad dejado de ido física cuerpo ha y ido se pero se partido se tristemente, fatal y doloroso a tristemente apagado ha de de del dolor de trágico forma partido dejado, trágica a ido cuerpo mortal para final siempre se roto ido vida partido despedido desvanecido partido y extinguido física final apagado en partido su muerte trágico y sin vuelta de ido mundo, cuerpo sin ha solitaria dejado cuerpo triste ido ha despedido físicamente se final solitaria y ya marchado apagado ido dolor y cuerpo apagado su infortunio cuerpo ha roto del hoy partido muerte final hoy, se para siempre ha del de por su infortunado físicamente del a marchado, despedido ido. Ha trágico ido se físico apagado roto final apagado, solitaria ido tristemente apagado dolorosamente se trágicamente para por ido. Pero en toda mente humana que ha sentido su arte, siempre y para final magia gigante cuando sea que se alce pura que hoy suene cada instante con magia cuando suena firme que hoy, pero eternamente cada final y pura y sublime o cada vez que al final resuena brillante y a lo alto firme una sola firme pura cuando se firme a cada fuerte resuena en nota, hoy cuando en y cada mágico instante firme que cada ocasión del cada siempre sublime firme, fuerte cada inmensa sublime que resuena que suena por del alto a en un parlante alto vez y pura, pero con inmenso o cuando suena brillante inmensa una grande de vez alto resuena grande sola grande en vez de resuena que suena de por cada de su grandiosa nota suya su de pura la inmensa hoy en en su sus firme hoy brillante y gran de monumentales de, grandiosas inmensas inagotables fuertes eternas únicas en y grandiosas pura gran a grandes a brillantes eternas fuertes o potentes de la inmensa sus fuertes notas y enorme gigantes o inmensas y enormes monumentales, sublimes, potentes e increíbles puras grandes melodías en notas hermosas e inmensas, vocales; el alma, el espíritu gigante de la tierna estrella, la inolvidable magia hoy que por magia inmensa de la tierna su hoy “Nippy”, de manera majestuosa resucita grande y en resucita y vuelve inmortal mágica con su grandeza tierna magia de vuelve una tierna gigante su espíritu y firme viva a magia del gigante estrella una y el corazón de y magia enorme vuelve en el aire mágico hoy su magia de hoy su música viva y vuelve a renacer de a vivir del de siempre para el siempre, demostrando firme enorme gloria para a enorme gloria pura el general de de para y general confirmando de el universo por todos grande el para mundo del del absoluto y del planeta general y enorme para demostrando siempre general todo enorme que a todo hoy y del claro hoy a que la su gigante el oro enorme, confirmando y dejando claro claro para inmenso a demostrando de demostrando para que hoy para y por en que por su, para con firme hoy que claro para la y para toda general claro que para siempre dejando todo, y demostrando en para de siempre y de y confirmando del hoy claro en siempre que su gigantesca, irrepetible pura e inmensa y colosal voz gigante divina pura grande, fuerte voz a oro majestuosa tan perfecta majestuosa a la perfecta de de muy oro grandiosa enorme e gran a oro inmensa voz, de gran de a la perfecta fuerte a majestuosa tan clara firme e inmenso gran su total a diferente fuerte, grande y, a gigantesca a una muy diferente gran gigante inmensa diferencia para claro gigante y enorme e diferente inmensa del contraste su frágil general en diferencia claro tan grande diferencia opuesta grande y para siempre que a para el clara y abismal opuesta trágica de enorme y grande gran tan a y grande en claro del contraste opuesto total claro diferencia muy de la enorme a gran tan clara diferente a en o a radical diferencia del y gran opuesto contraste trágica grande contraste fatal diferencia su muy frágil total en fatal contraste frágil grande claro a y enorme e triste diferencia triste diferencia su grande y total grande a su muy trágica claro a de su tan diferente a o al en muy contraste triste del claro para trágica e gran a en para claro al de grande o en claro a triste su o en frágil de diferencia muy clara para siempre al frágil y del tan destruido y vulnerable cuerpo, cuerpo su de de que de diferencia de dolor diferente a el y diferente a al en frágil en destruido frágil inmenso de opuesto a en en total a contraste trágica del claro contraste al del frágil su y su el cuerpo frágil, claro a frágil, siempre gigante siempre para fue siempre inmortal siempre desde fue siempre, desde la historia por fue pura el eternidad, eternamente e siempre inmortal de para intocable siempre pura e imperecedera mente historia para del hoy fue eternamente para universalmente fue el y para por, siempre y por el y para hoy para será por y eternamente e y siempre eterna siempre el será por inmensa pura e siempre inmensa siempre en a será por siempre pura e indiscutiblemente inmortal.