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Los OSCUROS SECRETOS de CHRISTINA ONASSIS: la HEREDERA que MURIÓ SOLA entre MILLONES

La relación entre Cristina y María Callas es otro de los hilos que los análisis superficiales de esta historia simplifican en exceso. Cristina de adolescente cultivó un resentimiento activo hacia callas como la causa del divorcio de sus padres. Pero la realidad documentada es más matizada. La relación de Aristóteles y Tina ya llevaba años deteriorada antes de que Callas apareciera en el yate.

Y Tina tenía sus propias aventuras que la prensa de los años 50 registraba con la discreción que el dinero podía comprar. Callas fue la razón visible del divorcio, no necesariamente su causa. Y Cristina, que necesitaba un nombre al que atribuir la ruptura de su familia, eligió el de callas con la lógica emocional de una niña que no puede culpar a sus padres por lo que les hizo a sus hijos.

La primera gran ruptura llegó en 1960, cuando sus padres se divorciaron. Cristina tenía 9 años. El divorcio de Aristóteles y Tinaonasis no fue el divorcio ordinario de una pareja que ya no se quería. Fue el divorcio que todo el mundo de los armadores griegos observaba porque era el divorcio de dos clanes, no solo de dos personas.

Y la razón pública del divorcio era la relación de Aristóteles con María Callas, la cantante de ópera más famosa del mundo, que había estado en el Yate Cristina o con regularidad durante los tres años anteriores y cuya presencia en la vida del patriarca era un secreto que ya no era secreto. Para Cristina, que tenía la memoria de los niños que no tienen manera de procesar lo que ven, el divorcio fue también el comienzo de la narrativa que cargaría décadas, que María Cayas había destrozado su familia.

Tina Onasis rehizo su vida de manera que Cristina no podía haber imaginado aunque lo hubiera intentado. En 1961 se casó con el duque de Marlborrow, un aristócrata inglés de 11 educados y pocas reservas económicas. Y Cristina pasó parte de su adolescencia entre Blheim Palace, el palacio de los Malborow en Osfordshire y los colegios privados de Suiza y Francia, donde su padre la enviaba con la regularidad de quien administra activos, no de quien cría una hija.

Y entonces, en 1971, Tina dio el giro más perturbador posible. Se divorció del duque y se casó con Stabros ni Archos, el archienemigo de Aristóteles, el rival de décadas en las guerras del petróleo y los superpetroleros. El padrastro de Cristina era ahora el hombre que su padre más odiaba en el mundo. Ni Archos tenía un pasado que hacía ese matrimonio todavía más complicado.

Su esposa anterior, Eugenia Libanos, hermana de Tina y por tanto tía de Cristina, había muerto en 1970 en circunstancias que generaron una investigación judicial y especulaciones que nunca se resolvieron completamente. La versión oficial fue una sobredosis de barbitúricos. La versión que circulaba entre las familias involucradas incluía palabras como violencia doméstica que los ricos de entonces manejaban en susurros y que la justicia griega de la época investigó con la superficialidad que los hombres poderosos podían comprar. Que Tina

eligiera casarse con ese hombre fue para Cristina una traición que no podía articular completamente, pero que sintió de maneras que aparecen en los testimonios de sus amigos de esa época. En ese contexto de familias rotas y decisiones de adultos que ningún niño puede entender, Cristina creció. Fue a la Hwi School de Nueva York, al St.

George’s College de Lausana, al Queens College de Londres, nunca en el mismo lugar dos años seguidos, nunca con amigos permanentes, siempre el tipo de educación que el dinero compra y que raramente incluye lo que la educación también necesita dar. Continuidad, raíces, la sensación de pertenecer a un lugar.

Y a los 17 años, antes de terminar los estudios, se operó la nariz y los párpados. Era la primera intervención de una serie que continuaría durante el resto de su vida. El intento de arreglar físicamente lo que la herencia genética no había dado en el sentido que el mundo de su madre esperaba. En 1968, cuando Cristina tenía 17 años, su padre hizo lo que nadie esperaba, aunque en retrospectiva debería haberlo sido.

Se casó con Jaqueline Kennedy, la viuda del presidente asesinado, la mujer más famosa del mundo. La boda tuvo lugar en Escorpios el 20 de octubre de 1968 y el mundo reaccionó con la mezcla de incredulidad y fascinación que solo generan los eventos que ningún guionista habría podido escribir. Jackie Kennedy, convertida en Jacki Onasis, el magnate griego y la primera dama americana.

En América, los titulares preguntaban cómo había podido ella. En Grecia, los titulares preguntaban qué pretendía él. Para Cristina, la boda fue un golpe directo, no porque Jackie Kennedy fuera una madrastra cruel en el sentido clásico del término. Los testimonios de ambas sobre la otra son los de dos personas que se evaluaban con distancia y desconfianza, no los de dos personas que se odiaban activamente.

Pero Jacki era la razón definitiva de que los padres de Cristina no iban a volver juntos nunca. Era 23 años más joven que su padre y era la mujer cuya presencia convertía a su padre en un hombre diferente al que ella conocía. Aristóteles onasis con Jackie Kennedy era el hombre que quería impresionar a la primera dama de América y que miraba a su hija con los ojos del que compara.

Cristina lo recordó para siempre, la llamó la obsesión desafortunada de mi padre. lo dijo públicamente en entrevistas, sin el más mínimo intento de disimular lo que sentía. Y entonces llegaron los 29 meses, el periodo entre enero de 1973 y marzo de 1975, en que Cristina perdió a toda su familia inmediata.

En enero de 1973, su hermano Alexander tuvo el accidente de avión en el aeropuerto de Atenas, que lo dejó en coma y del que murió días después. Tenía 24 años. Para Cristina, que tenía una relación con su hermano, de la intensidad que produce la infancia compartida en las mismas circunstancias extraordinarias, la muerte de Alexander fue la primera pérdida irreparable.

la persona con quien había crecido en el yate, en la isla, en los colegios de Suiza, la única persona del mundo que entendía exactamente lo que era ser hijo de Aristóteles onis desde dentro. En octubre de 1974, su madre Tina murió en el apartamento que compartía con Niarchos en París. La causa oficial fue una sobredosis de barbitúricos calificada como accidente.

Cristina nunca aceptó completamente esa versión y la sombra de Niarchos y de la muerte de su tía Eugenia en circunstancias similares, añadió una capa de horror a un duelo que ya de por sí era brutal. Tina tenía 45 años. Le dejó a Cristina 77 millones de dólares en propiedades y el peso de ser la última mujer de la generación de los Livanos Onasis.

En marzo de 1975, Aristóteles Onasis murió en el hospital americano de París de insuficiencia respiratoria por miastia Gravis. Llevaba dos años descomponiéndose desde la muerte de Alexander, que había sido el motor de toda su construcción vital. Cuando Senry Tuno, su padre murió, Cristina tenía 24 años y lo había perdido todo. Hermano, madre, padre.

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