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¡OPERATIVO RELÁMPAGO! HARFUCH CAPTURA A “EL PONY”, SOBRINO DEL GANADERO DE TEHUITZINGO

menos de 48 horas. Eso fue todo lo que le tomó a la Fiscalía General del Estado de Puebla identificar a su primer detenido tras la masacre más brutal que ha sacudido a la mixteca poblana en más de una década. Un joven de 20 años conocido en su comunidad como El Pony, fue interceptado la noche del lunes 18 de mayo circulando en motocicleta por las calles de Teuzingo.

No llevaba armas visibles, llevaba dosis de cristal y eso fue suficiente para que los agentes de investigación lo pusieran bajo custodia mientras la maquinaria ministerial afinaba las órdenes de apreensón por los 10 homicidios cometidos la madrugada del domingo en el rancho conocido como la marihuana en la comunidad de Texcalapa.

Lo que pareció una detención rutinaria por delitos contra la salud era en realidad el primer eslabón de una captura estratégicamente diseñada. Esta es la historia de cómo cayó el pony, quién es, qué lo vincula a los hechos y por qué su detención abre más preguntas de las que cierra. Para entender por qué la fiscalía fijó su mirada en Juan Manuel Torres Vázquez antes de que se cumpliera un día entero desde el hallazgo de los cuerpos, hay que entender quién es este joven y cuál es su lugar dentro de la familia Torres

Gerbacio. Gerbacio. Juan Manuel tiene 20 años y es sobrino directo de Cecilio Torres Gerbacio, el ganadero de 55 años que era el dueño del rancho donde ocurrió la masacre. Su padre Manuel Torres era hermano de Cecilio y trabajaba como peón en la misma propiedad familiar. Eso significa que Juan Manuel creció en ese entorno.

Conocía los ritmos del rancho. Sabía cómo entraban y salían las personas. Conocía los espacios, los trabajadores, los horarios. Y según informes ministeriales filtrados a medios locales, también sabía algo más, que la familia tenía guardados entre 800,000 y 1 millón de pesos en efectivo. Dinero destinado a la compraventa de ganado, el giro principal del negocio familiar.

Ese detalle es clave. Desde las primeras horas de la investigación, los peritos de la fiscalía comenzaron a reconstruir la escena en la comunidad de Texalapa. Encontraron 18 casquillos percutidos calibre 22 y 9 mm repartidos por la vivienda principal. Las víctimas habían sido maniatadas antes de recibir los disparos.

No había señales de que un grupo del crimen organizado hubiera irrumpido desde afuera. Las armas usadas eran de armamento corto, sin fusiles de alto poder, sin las marcas operativas de una célula criminal de la región. Esos datos técnicos le permitieron a la fiscal idamis pastor Betancurt declarar desde el domingo, apenas unas horas después de que se descubrieran los cuerpos, que la línea principal de investigación era, en sus palabras, un tema familiar.

Lo que la fiscalía no dijo públicamente en ese momento era que ya tenían nombres. Tres personas vinculadas directamente con las víctimas estaban en su radar y una de ellas era el Pony. La noche del lunes 18 de mayo, mientras los cuerpos de las 10 víctimas esperaban ser trasladados a sus comunidades de origen para los servicios funerarios, agentes de la Agencia Estatal de Investigación realizaban seguimiento en las calles de Teuzingo.

eran parte de un operativo más amplio que involucraba coordinación con la Marina y el Ejército Mexicano, desplegados en la región desde el domingo como respuesta inmediata al multihomicidio. El trabajo que permitió ubicar a Juan Manuel Torres Vázquez no fue el resultado de un golpe de suerte. Según los reportes ministeriales, los investigadores utilizaron imágenes de cámaras de seguridad instaladas en zonas urbanas cercanas al rancho de la familia Torres.

Esas cámaras registraron movimientos sospechosos en las horas previas y posteriores al crimen. A partir de ese material audiovisual, los analistas de inteligencia pudieron rastrear rutas, identificar vehículos y eventualmente cruzar esa información con el nombre que ya circulaba internamente dentro de la investigación, Juan Manuel, alias el Pony.

Cuando los agentes lo localizaron esa noche, Juan Manuel circulaba en motocicleta por una de las calles de Teetzingo. La detención fue discreta, no hubo enfrentamiento. Al momento del aseguramiento se le encontraron dosis de cristal, la misma sustancia que tiene nombre protagónico en otras líneas del caso. Eso le dio a las autoridades un instrumento jurídico inmediato, ponerlo a disposición del Ministerio Público por delitos contra la salud mientras se formalizaban las órdenes de aprensión relacionadas directamente con el multihomicidio. Es

una táctica que los investigadores conocen bien. Cuando existe la certeza operativa de que un individuo está vinculado a un crimen mayor, pero los tiempos legales para formalizar las órdenes aún no están listos. Una detención por un delito flagrante menor sirve como puente. Permite retener al sujeto dentro del sistema sin violar los plazos constitucionales, mientras los ministeriales ultiman los cargos definitivos.

La fiscal y Damis, pastor Betanc, confirmó la detención ese mismo lunes durante una conferencia de prensa, aunque fue cautelosa en los detalles. Dijo que un masculino había sido puesto a disposición de las autoridades ministeriales correspondientes y que se reservaban información adicional para no comprometer el proceso.

No pronunció su nombre en ese momento. Fue a través de medios locales y fuentes ministeriales extraoficiales que el nombre de Juan Manuel Torres Vázquez, alias El Poni, comenzó a circular públicamente. ¿Qué sabe la Fiscalía sobre Juan Manuel Torres Vázquez que justifica señalarlo como presunto responsable material de 10 homicidios? Lo primero que emerge de los registros ministeriales es que este joven de 20 años no llega a esta detención sin historial.

Según reportes de fuentes policiales difundidos por medios como el Sol de Puebla, Juan Manuel cuenta con antecedentes previos en la región. habría estado implicado en el disparo contra un comerciante en el mercado de el Moralillo y en otra ocasión fue retenido en el municipio de Piaxla por presunto robo de animales, práctica conocida como abigiato.

Esos antecedentes no son menores en el contexto de una región ganadera como la mixteca poblana, donde el robo de cabezas de ganado es un delito que genera conflictos violentos con frecuencia. Lo segundo que aparece en la investigación y que coloca a Juan Manuel en un escenario más complejo es su presunta vinculación con una banda delictiva originaria del estado de Morelos, conocida como Los chetos, señalada por fuentes policiales citadas por el Sol de Puebla como una organización dedicada a la vigiato en la región mixteca. Si ese vínculo se

confirma, la hipótesis del simple conflicto familiar se vuelve más oscura. No solo habría sido un sobrino resentido actuando por cuenta propia, sino un joven con conexiones en una red criminal que operaba en los territorios donde la familia Torres tenía sus animales y su dinero.

Pero hay un tercer elemento que los investigadores consideran central, el conocimiento previo que Juan Manuel tenía del rancho y de las costumbres de la familia. Como hijo de Manuel Torres, el hermano del ganadero asesinado, Juan Manuel creció cerca de esa propiedad. Sabía cuándo se manejaban sumas grandes de efectivo.

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