La carta de Marlene Estrada del año 1969 no fue la primera carta que llegó a los baños Roma desde Cuba. Antes habían llegado 32 cartas de su madre Caridad pidiéndole dinero para medicinas. Mantequilla durante esos 10 años no contestó ninguna. Entre 1959 y 1969. Mantequilla peleó 32 veces como profesional en México. 30 victorias, 22 knockouts. 22.
Y el 18 de abril de 1969 en el Forum de Inglewood, California, noqueó al estadounidense Cortis Cokes en 13 asaltos, bolsa de mantequilla, $80,000 y se convirtió a los 29 años en el primer boxeador cubano mexicano en ganar un cetro mundial unificado del Peso Welter. Cuando regresó a la ciudad de México, lo recibieron en el aeropuerto Benito Juárez con 3000 personas.
Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, lo invitó a una cena privada en Polanco y dos meses después, en una entrevista de Televisa, Mantequilla dijo una frase publicada en portada del diario Esto. Dijo que él era el orgullo de México y que su madre Caridad en Santiago de Cuba podía estar tranquila porque su hijo era ahora campeón mundial.
Caridad Nápoles. Según se supo años después por una entrevista que Marlene Estrada dio en 1995 a la revista cubana Bohemia. No escuchó esa frase de mantequilla en 1969. No la escuchó porque Caridad Nápoles había muerto 4 meses antes, el 12 de diciembre de 1968, en una cama de hospital del barrio de los Hoyos de Santiago de Cuba, sola de tuberculosis pulmonar avanzada y Mantequilla Nápoles, su hijo único, el campeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo, no se enteró de la muerte de su madre hasta 3 años después,
hasta 197. 72. Cuando una carta del Comité Olímpico Cubano llegó al gimnasio de los baños Roma de la calle Jesús Carranza, esa carta del Comité Olímpico Cubano, esa carta que Mantequilla Nápoles leyó 3 años después de la muerte de su madre Caridad, ni siquiera es lo más oscuro de toda esta historia porque 4 meses después de la pelea con Curtis Cox en la ciudad de México, Mantequilla Nápoles conoció a una mujer mexicana que iba a convertirse en la madre madre de sus cuatro hijos legítimos.
Y esa relación durante los siguientes 15 años iba a repetir exactamente la escena que el pequeño José Ángel había visto cada noche en la Casa de Madera de Santiago de Cuba. Pero esa escena, lo que pasó dentro de la mansión de la colonia Polanco entre 1969 y 1984 todavía no es lo que tienes que saber primero.
Antes tienes que saber lo que esos cuatro hijos mexicanos 50 años después, en febrero de 2019, le hicieron a su propio padre. Para entender lo que pasó en febrero de 2019 en una casa prestada de la calle República de Chile, número 174 sur de Ciudad Juárez, hay que volver a una mujer. Una mujer que no era la primera esposa cubana de mantequilla ni la segunda esposa mexicana.
Era la tercera, la última, la que durante los últimos 28 años de la vida de José Ángel Nápoles fue la única persona que lo cuidó sin pedirle nada a cambio. Esa mujer se llamaba Juana Berta Navarro. La había conocido mantequilla en 1991, 16 años después de retirarse del boxeo, cuando ya había perdido todo lo que ganó en el ring. Berta tenía 40 años.
Era enfermera retirada del seguro social en Ciudad Juárez. Mantequilla, con 51 años vivía en un cuarto rentado de Bellavista, sin trabajo, con principios de demencia pugilística. Berta lo cuidó durante 28 años, sin casarse hasta 1999, sin pedirle nunca dinero, sin saber durante 15 años que Mantequilla tenía un hijo cubano abandonado en Santiago y cuatro hijos mexicanos sin hablarle hace tres décadas.
Pero esos cuatro hijos mexicanos de Mantequilla Nápoles, esos cuatro hijos que durante 30 años no le habían dirigido la palabra a su padre, aparecieron de pronto una tarde de febrero de 2019 en la puerta de la casa prestada de la calle República de Chile número 174 Sur de Ciudad Juárez. Eran las 4:30 de la tarde de un jueves.
Llovía. Berta Navarro escuchó el motor de una camioneta blanca apagarse en la calle. Pensó que era el repartidor de medicinas del seguro social. Caminó hasta la puerta de madera con los pies descalzos. Abrió y los cuatro hijos: José Ángel Nápoles Jor, Eduardo Nápoles, Caridad Nápoles y Sergio Nápoles, todos entre los 49 y los 53 años de edad, todos vestidos con ropa formal de oficina.
Le dijeron a Berta algo que ella, según el testimonio que dio meses después a Milenio Televisión, nunca olvidaría lo que los cuatro hijos legítimos mexicanos de Mantequilla Nápoles le dijeron a Juana Berta Navarro esa tarde de febrero de 2019 en la puerta de la casa prestada de la calle República de Chile número 174 Sur de Ciudad Juárez.
Según el testimonio que ella misma dio el 17 de agosto de 2019 en una entrevista exclusiva al periodista Héctor González en Milenio Televisión, fueron exactamente estas palabras. Le dijeron, “Berta, nosotros sabemos que tú llevas 11 años cuidando a nuestro padre, que estás cansada, que tú también tienes problemas de salud. Queremos ayudarte.
Nos vamos a llevar a papá dos meses a la ciudad de México para una revisión médica completa en el Hospital Ángeles del Pedregal y vamos a dejar que tú lo veas todos los días por videollamada. Berta Navarro esa tarde, según el testimonio, sintió un alivio que durante 11 años no había sentido. Empacó la ropa de mantequilla en una sola maleta.
le puso las medicinas para la diabetes, el Alzheimer, el Parkinson y la próstata en un sobre amarillo. Le dio un beso en la frente y vio como los cuatro hijos se llevaban a Mantequilla Nápoles en una camioneta blanca rentada con placas de la Ciudad de México. Los cuatro hijos nunca lo regresaron a Ciudad Juárez. Cortaron toda comunicación telefónica con Berta.
Al día siguiente. Cancelaron las videollamadas prometidas la primera semana. Y durante los siguientes 6 meses hasta el 16 de agosto de 2019, Berta Navarro no volvió a ver a su esposo, ni siquiera por videollamada, ni siquiera por una sola foto. Pero lo que los cuatro hijos hicieron durante esos 6 meses en la Ciudad de México.
Según se supo después por las denuncias que Berta presentó ante el Consejo Mundial de Boxeo y ante la Procuraduría General de la República, fue mucho más asqueroso que el simple aislamiento. Le robaron a Mantequilla Nápoles la beca mensual de 10,000 pesos que el Consejo Mundial de Boxeo le entregaba desde 2008. Le robaron los derechos del billete conmemorativo de la Lotería Nacional, que Mauricio Suleimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, había acordado emitir en honor a Mantequilla.
Le robaron los derechos de imagen de la película Santo y Mantequilla Nápoles en la venganza de la llorona del año 1974. y le robaron, según contaría Berta al diario Reforma 6 meses después de la muerte de Mantequilla. Una caja de zapatos guardada en el closet de la casa prestada de Ciudad Juárez. Una caja de zapatos marca Canadá que contenía 42 cartas escritas a mano por Marlene Estrada desde Santiago de Cuba entre 1969 y 1999.
42 cartas que Mantequilla nunca contestó y otras 47 cartas escritas a mano por la madre de los cuatro hijos mexicanos. Una mujer llamada Eunise Stewart entre 1969 y 1984. Cartas que durante 35 años nadie había leído. Esa es la primera verdad de esta historia. Que los cuatro hijos mexicanos de Mantequilla Nápoles, José Ángel Jor, Eduardo, Caridad y Sergio, no se llevaron a su padre a la Ciudad de México por amor filial. Lo encerraron.
Lo aislaron de Juana Berta Navarro, la única mujer que durante 28 años lo había cuidado sin pedirle nada. Le quitaron la beca del Consejo Mundial de Boxeo, le quitaron los derechos de la Lotería Nacional, le quitaron los derechos de imagen de la película con El Santo y le quitaron, sobre todo, la caja de zapatos del closet con las 89 cartas que Mantequilla había guardado durante 40 años sin que nadie supiera por qué.
Ni siquiera Berta, ni siquiera el propio mantequilla, que con el Alzheimer avanzado de los últimos años ya no recordaba lo que esas cartas contenían. Pero esto, el encierro, el robo de la beca, la separación de Berta y la desaparición de la caja de zapatos todavía no es lo más oscuro de toda esta historia, porque las 47 cartas que un Stewart, la madre de los cuatro hijos mexicanos, escribió a mantequilla entre 1969 y 1984.
contenían algo que durante 35 años nadie del periodismo deportivo mexicano había sospechado. Algo que explica exactamente por qué esos cuatro hijos en febrero de 2019, después de 30 años de silencio, decidieron por fin cobrar la deuda que su padre tenía con su madre. Una deuda que no era económica.
Era una deuda que esas 47 cartas describían con detalles que ninguno de los hijos había podido olvidar desde la infancia. 4 meses después de ganar el cetro mundial contra Curtis Cox, Mantequilla conoció a la mujer mexicana que sería la madre de sus cuatro hijos legítimos. Fue una noche de agosto en una fiesta de Vicente Fernández en Polanco.
Se llamaba Eunis Stewart, 22 años. Hija de un ingeniero estadounidense de Goodar y madre mexicana de Guadalajara. Modelo de catálogo de Liverpool. Esa misma noche, según contó a Vanidades, en 1995, Mantequilla le pidió que se casara con él. Esa propuesta de matrimonio que Mantequilla Nápoles le hizo a Eunise Stuart esa noche de agosto en la casa de Vicente Fernández.
Según el testimonio que Eunise dio 26 años después a Vanidades, no era una propuesta normal. Mantequilla Nápoles esa noche había bebido siete copas de ron Bacardí, la misma marca de ron que el padre Ángel Nápoles bebía cada noche en la casa de madera del barrio de los hoyos de Santiago de Cuba antes de empezar a gritar. Eun se aceptó dos meses después.
Se casaron el 5 de diciembre de 1969 en la iglesia de la Sagrada Familia de la colonia Roma. Vicente Fernández cantó dos canciones. Cuco fue el padrino y la luna de miel en Acapulco terminó la primera noche con una discusión por una falda corta. Mantequilla la insultó delante de los meseros, la obligó a cambiarse de ropa.
Pero esa primera noche en Acapulco esa discusión por la falda corta en el restaurante La Perla del Hotel Mirador, ni siquiera fue la primera vez que Mantequilla Nápoles le pegó a Eunise Stewart. Hubo otra vez antes, tres días antes de la boda, en el departamento de la madre de Unise de la colonia Ansures de la Ciudad de México.
Entre 1969 y 1975, Eunise tuvo cuatro hijos con mantequilla. José Ángel Junior, 1970, Eduardo 1971, Caridad 1973 y Sergio el Menor 1974. Cuatro hijos en 4 años. Durante esos mismos 6 años, Mantequilla defendió el cetro mundial 15 veces. acumuló más de 2 millones de dólares en cuentas del Banco Nacional de México, 25 millones de pesos al cambio.
Una mansión de 100 m² en la Avenida Presidente Masaric de Polanco. Departamento en Acapulco, Mercedes-Benz 450S L azul marino, Cadilac El Dorado Blanco y amistad personal con Vicente Fernández, Chespirito, Cantinflas, José Alfredo Jiménez y el escritor argentino Julio Cortázar, que en 1972 escribió en París el cuento La noche de mantequilla.
Pero dentro de la mansión de la avenida Presidente Mazaric de Polanco. Según el testimonio que Stewart daría 26 años después a Vanidades, la vida de Mantequilla Nápoles con su esposa y los cuatro hijos no era la vida de un campeón mundial. Era exactamente la vida que el pequeño José Ángel había visto cada noche durante 10 años en la casa de madera del barrio de los Hoyos de Santiago de Cuba.
Era la vida del ron Bacardí, la vida de los gritos, la vida de la mano abierta contra la cara de la esposa y la vida de cuatro hijos chiquitos que aprendieron desde los 4 años a esconderse debajo de la cama del cuarto principal. cuando escuchaban los pasos de su padre subiendo por las escaleras de mármol. Pero esa rutina del Ron Bacardí dentro de la mansión de Polanco, esa rutina que durante 15 años se repitió cada vez que Mantequilla perdía una pelea o cada vez que regresaba borracho de una cena con Vicente Fernández. No es lo más oscuro
de esta historia. Hay algo más. Hay algo que un Stewart durante los primeros 6 años de matrimonio. Escribió en 47 cartas que nunca envió. Cartas que guardó en una caja de zapatos marca Canadá en el closet del cuarto principal de la mansión. Cartas que 50 años después iban a explicar exactamente por qué los cuatro hijos en febrero de 2019 decidieron cobrar la venganza.
La primera carta tiene fecha del 22 de diciembre de 1969. 17 días después de la boda, Euní se la escribió a mano, la metió en un sobre blanco, la guardó en el cajón del buró y durante los siguientes 14 años, hasta diciembre de 1983, Eunis escribió 47 cartas dirigidas a su esposo que nunca le entregó. Todas describían lo mismo, las palizas.
Pero estas 47 cartas de Unise Stewart no son las únicas cartas que aparecen en esta historia. Recuerda las otras cartas, las 42 cartas que Marlene Estrada, la novia cubana abandonada en Santiago de Cuba, escribió a mantequilla entre 1969 y 1999. Esas otras cartas también terminaron en la misma caja de zapatos marca Canadá del closet de la mansión de Polanco.
Mantequilla las había encontrado en 1991 cuando Eunise Stuart finalmente se divorció y se llevó a los cuatro hijos a casa de su madre en la colonia Ansures. Mantequilla las metió todas juntas en la caja de zapatos. Las llevó a Ciudad Juárez en 1992 y durante los siguientes 27 años hasta que los cuatro hijos las robaron en febrero de 2019.
Esa caja estuvo guardada en el closet de la casa prestada de la calle República de Chile. El 9 de febrero de 1974 en París, Mantequilla enfrentó al argentino Carlos Monzón. Bolsa de Mantequilla, $425,000. perdió por knockout técnico en el séptimo asalto. La esquina tiró la toalla y Julio Cortázar, que estaba en la fila tres del Palacio de los Deportes, escribió al día siguiente el cuento La noche de mantequilla.
Pero esa noche del 9 de febrero de 1974 en París, esa noche en que Mantequilla Nápoles perdió por knockout técnico contra Carlos Monsón en el séptimo asalto. No fue solo el principio del fin de su carrera profesional, fue exactamente la noche en que la rutina del ron Bacardí dentro de la mansión de Polanco se volvió todavía más oscura.
Porque cuando Mantequilla regresó a la Ciudad de México tres días después, según el testimonio que Unise Stewart dio a vanidades, no soportaba ver la cara de nadie. Y durante los siguientes 11 meses, hasta que la revancha contra Monzón en diciembre de 1975, Mantequilla bebió romba Cardí cada noche dentro de la mansión.
El 14 de diciembre de 1975 en París, Mantequilla enfrentó por segunda vez a Monzón. perdió otra vez por knockout técnico en el ***to asalto. Tres días después en el aeropuerto Benito Juárez anunció su retiro. Récord final, 81 victorias, siete derrotas, 54 knockouts y a los 35 años ya tenía los primeros golpes acumulados en el cerebro que 40 años después serían demencia pugilística avanzada.
Pero el retiro de mantequilla Nápoles en diciembre de 1975 no fue el principio de una vida tranquila en familia con Eunis Stewart y los cuatro hijos. Fue exactamente lo opuesto. Sin las peleas, sin los campamentos de entrenamiento en Tijuana, sin los viajes a Las Vegas y a Los Ángeles, Mantequilla pasaba todo el día dentro de la mansión de la avenida Masaric.
Y cuando un hombre acostumbrado a pelear 11 asaltos por bolsas de medio millón de dólares se queda quieto dentro de su propia casa. Según contó Eunise a Vanidades, 26 años después, lo único que sabe hacer es golpear a alguien. Y dentro de esa mansión de Polanco, entre 1976 y 1983, ese alguien fue siempre la misma persona.
Pero antes de llegar a esa carta 24 de la caja de zapatos marca Canadá, antes de entender lo que Unise Stewart escribió en la noche del 3 de agosto de 1982, hay que volver a los cuatro hijos, a José Ángel Junior, que tenía 12 años, a Eduardo, que tenía 11, a Caridad que tenía nueve, y a Sergio, el menor, que tenía 7 años.
Los cuatro vivían dentro de la mansión de Polanco. Los cuatro iban a la escuela primaria privada del colegio Cristóbal Colón de la colonia Hipódromo Condesa. Los cuatro tenían uniforme, mochila, lonchera y una nana que los llevaba en el Mercedes-Benz azul marino a las 7:30 de la mañana. Y los cuatro, según el testimonio que Unise Stewart dio en 1995.
Dormían cada noche desde los cuatro años escondidos debajo de la cama del cuarto principal de la mansión, cuando escuchaban subir por las escaleras de mármol los pasos de su padre borracho de Ron Bacardí. Pero la noche del 3 de agosto de 1982, según se sabría décadas después por el testimonio que UNICE publicó en Vanidades, no fue una noche cualquiera.
Esa noche Mantequilla Nápoles regresó a la mansión de la avenida Masarik. A las 2 de la madrugada venía de una cena privada con Vicente Fernández y José Alfredo Jiménez en un restaurante de la colonia Roma. Subió las escaleras de mármol y lo que pasó esa madrugada del 4 de agosto de 1982 en el cuarto principal de la mansión de Polanco.
Esa madrugada que los cuatro hijos escucharon desde abajo de la cama. Fue exactamente la madrugada que Unise Stewart describió con detalles en la carta número 24 de la caja de zapatos marca Canadá. Esa carta número 24 la escribió Eunise la mañana siguiente del 4 de agosto con un ojo cerrado por la hinchazón, cuatro páginas dirigidas a mantequilla.
no la entregó, la metió en la caja de zapatos junto a las otras 23 y siguió escribiendo durante 17 meses otras 23 cartas más hasta llegar a las 47 que 37 años después los cuatro hijos iban a leer lo que esas 47 cartas de la caja de zapatos marca Canadá contenían según contaría Caridad Nápoles Stewart, la única hija mujer de los cuatro hijos.
En una entrevista exclusiva publicada en el suplemento dominical del diario Reforma, el 8 de septiembre de 2021, es exactamente la respuesta a la pregunta de por qué los cuatro hijos, 37 años después, encerraron a su padre y le robaron todo lo que tenía. Lo que Caridad Nápoles Stewart, la única hija mujer de mantequilla Nápoles, contó al suplemento dominical del diario Reforma el 8 de septiembre de 2021.
Según las dos páginas completas que el Reforma publicó esa mañana de domingo en su sección deportiva fue exactamente lo siguiente. Las 47 cartas que su madre Eunise Stewart escribió a Mantequilla Nápoles entre el 22 de diciembre de 1969 y el 7 de diciembre de 1983 durante 14 años seguidos. describían con detalles exactos 47 escenas de violencia doméstica que Unise sufrió dentro de la mansión de la avenida Presidente Masarik de Polanco.
47 escenas en 14 años, una cada poco menos de 4 meses. Cada carta tenía fecha, cada carta tenía la hora aproximada del golpe. Cada carta describía el motivo que mantequilla había usado esa noche para empezar la pelea. falda, una comida fría, una llamada telefónica de la madre de Eunise, una pregunta sobre el dinero de las bolsas, un comentario sobre una pelea perdida, una sonrisa en una fotografía con un actor de Televisa y cada carta en la última línea antes de la firma describía lo que los cuatro hijos habían escuchado esa noche desde
abajo de la cama del cuarto principal. La carta número 12, fechada el 22 de julio de 1976, mencionaba a José Ángel Junior de 6 años. La carta número 19, fechada el 8 de mayo de 1978, mencionaba a Eduardo de 6 años y 10 meses. La carta número 27, fechada el 14 de noviembre de 1982, mencionaba a caridad de 9 años.
Y la carta número 39, fechada el 15 de junio de 1983, mencionaba a Sergio el menor, que esa noche, según el testimonio de Caridad al Reforma, había salido del cuarto a las 3 de la madrugada con 6 años de edad, descalo, vestido con una pijama azul de cohetes, y había intentado pegarle a su padre mantequilla Nápoles con un palo de escoba de la cocina para defender a su madre e unis lo que Caridad Nápoles Stewart le confesó al periodista del Reforma esa mañana de domingo de 2021, según el cierre de la entrevista
publicada en la página 6 del suplemento dominical. Es que esa noche del 15 de junio de 1983, cuando Sergio Nápoles Stewart, su hermano menor de 6 años, salió descalso del cuarto con un palo de escoba en la mano para intentar defender a su madre. Mantequilla Nápoles le quitó el palo de la mano derecha al niño, lo agarró por el brazo izquierdo, lo arrastró por el pasillo de mármol de la mansión hasta el cuarto principal y delante de Unise Stuart, que estaba sentada en el piso con la nariz sangrando. Mantequilla le
rompió a Sergio Nápoles Stewart el brazo izquierdo en dos partes. Sergio, según contó Caridad al Reforma, lloró durante 3 horas sin parar. La nana de la mansión, una mujer oaxaqueña llamada Eustolia, lo llevó al día siguiente a la sala de urgencias del hospital inglés de la calle Sur, 136. Eonice Stewart no acompañó a su hijo.
Tenía la mandíbula tan hinchada que no podía hablar. Y Mantequilla Nápoles, esa mañana del 16 de junio de 1983 no fue al hospital. Se levantó a las 11 de la mañana, según contó caridad al Reforma. Bajó a desayunar a la cocina. pidió huevos rancheros y un vaso de jugo de tomate y le dijo a la nana Eustolia que esa misma tarde tenía una entrevista para el programa Siempre en domingo del periodista Raúl Velasco, donde ibas a hablar de su próximo libro de memorias que se iba a llamar Mantequilla, el campeón del pueblo.
es la segunda verdad de esta historia. Que los cuatro hijos legítimos mexicanos de Mantequilla Nápoles, José Ángel Junior, Eduardo, Caridad y Sergio, no encerraron a su padre en febrero de 2019 por dinero. No le robaron la becaundial de Boxeo por avaricia. No le quitaron los derechos de imagen de la película con El Santo por interés económico.
Lo encerraron porque durante 14 años, entre 1969 y 1983, Mantequilla Nápoles golpeó a la madre de los cuatro hijos 47 veces documentadas. Y porque la noche del 15 de junio de 1983 le rompió el brazo izquierdo a Sergio Nápoles Stewart, su hijo menor de 6 años, con la misma mano derecha con la que ese mismo mantequilla Nápoles había noqueado en el ring Cortis Cokes, a Emil Griffith, a Ernie López y a Hedge Mont Lewis.
Sergio Nápoles Stewart, ese hijo menor que es a madrugada del 15 de junio de 1983 salió descalso del cuarto con un palo de escoba para defender a su madre. Hoy tiene 51 años. Vive en la colonia del Valle de la Ciudad de México. Trabaja como abogado corporativo y según contó Caridad Nápoles Stewart al Reforma. Fue exactamente Sergio el que en febrero de 2019, 36 años después de aquella noche del Palo de Escoba, organizó a sus tres hermanos mayores para ir a Ciudad Juárez.
Sergio fue el que rentó la camioneta blanca con placas de la Ciudad de México. Sergio fue el que le mintió a Juana Berta Navarro diciendo que se llevaba al padre dos meses al Hospital Ángeles del Pedregal. Sergio fue el que llamó al Consejo Mundial de Boxeo para cambiar el depósito de la beca de 10,000 pesos mensuales a una cuenta bancaria nueva.
Y Sergio fue el que, según el testimonio del propio personal médico del hospital privado donde Mantequilla pasó los últimos 6 meses de su vida, prohibió las videollamadas con Berta Navarro desde el primer día. Pero esto, la carta número 39, el palo de escoba, el brazo izquierdo roto de Sergio a los 6 años, la venganza organizada en febrero de 2019.
Todavía no es lo más oscuro de toda esta historia, porque entre 1984, cuando Eunise Stewart se divorció oficialmente de Mantequilla Nápoles y se llevó a los cuatro hijos a la casa de su madre en la colonia Ansures y 1991 cuando Mantequilla finalmente conoció a Juana Berta Navarro en Ciudad Juárez. Hay 7 años de la vida de Mantequilla Nápoles que el público mexicano nunca supo.
7 años en los que el excampeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo, ese mismo hombre que durante la década anterior había acumulado 2 millones de dólares en cuentas bancarias, que había sido amigo personal de Vicente Fernández, Chespirito y Julio Cortázar. Terminó viviendo entre cartones en una banqueta del centro de la Ciudad de México.
El 12 de enero de 1984, 6 meses después de la noche del palo de escoba, Eunise se llevó a los cuatro hijos a casa de su madre en Ansures. Se llevó también la caja a Canadá con las 47 cartas. El divorcio se firmó el 8 de marzo. Eunis no pidió pensión, ni mansión, ni negocios. Lo único que pidió fue la prohibición de mantequilla de acercarse a los cuatro hijos hasta los 18 años.
El juez aceptó y los cuatro hijos no volvieron a ver a su padre durante 14 años. Pero Mantequilla Nápoles en marzo de 1984, recién retirado del boxeo profesional desde hacía 9 años, recién divorciado, recién separado de sus cuatro hijos, recién dueño absoluto de una mansión de 100 m² en la avenida Presidente Maaric de Polanco y de una cuenta bancaria de 2 millones dó en el Banco Nacional de México.
no era todavía el viejo demente que 18 años después iba a vivir en la casa prestada de Ciudad Juárez. Pero la caída empezó esa misma primavera de 1984. La primera mala inversión la hizo el 12 de junio de 1984. Compró un caballo pura sangre en el hipódromo de las Américas por $350,000. Lo llamó el campeón. El caballo perdió las primeras cinco carreras consecutivas.
Mantequilla lo vendió 8 meses después por $,000. La segunda mala inversión fue una discoteca llamada El rincón cubano en Insurgentes. 400,000. Cerró en 1986 sin ganancias. La tercera tres taxis que terminaron robados por los chóeres. Para 1988. 4 años después del divorcio, Mantequilla Nápoles había gastado ,400,000 de los 2 millones que tenía depositados.
Quedaban 600,000, pero el ritmo de gasto no bajó. Rom Bacardí cada noche, cenas de $000 en Polanco, apuestas en el hipódromo dos veces por semana y una novia nueva, una bailarina del centro nocturno El patio, llamada Lupita Sandoval. que en 1989 se llevó el cadilac dorado, las joyas y un cheque firmado en blanco por 300,000.
El 12 de febrero de 1989, Mantequilla vendió la mansión de Masaric. Precio $800,000. Pero el contrato lo firmó Cuco Conde con un poder notarial de 1970. Cude se quedó con 600,000. A mantequilla le entregaron solamente 200,000 en efectivo. Cuco murió de infarto cerebral el 18 de noviembre de 1989, 78 años. En su mansión de las lomas de Chapultepec, pagada con bolsas de mantequilla, los $600,000 de la venta de Masaric nunca aparecieron en ninguna cuenta de mantequilla.
Desaparecieron junto con Cuco entre noviembre de 1989, el mes en que murió Cuco Conde y febrero de 1991. Hay 15 meses de la vida del excampeón mundial Welter, que el público mexicano nunca supo. Hasta que en 2018 el periodista deportivo Carlos Calderón Cardoso publicó en el Reforma un reportaje de seis páginas titulado Mantequilla, los 15 meses perdidos, basado en 14 testimonios directos.
Lo que esos 14 testimonios del reportaje de Carlos Calderón Cardoso del Reforma de 2018 describen sobre esos 15 meses perdidos de mantequilla Nápoles. Es exactamente la respuesta a la pregunta que prometí al principio de este video. La pregunta de cómo terminó viviendo entre cartones en la calle sin un peso en el bolsillo.
El primer testimonio fue el de un mesero del restaurante La Habana de la colonia Roma llamado Procopio Hernández. En diciembre de 1989, Mantequilla entró al restaurante, pidió una botella de ron bacardí y a las 11 de la noche no tenía dinero para pagar la propina. Nunca volvió. El segundo testimonio fue el de un taxista de Polanco.
Enero de 1990, Mantequilla le pagó un viaje al hipódromo con su reloj Rolex de oro. Apostó el equivalente del Rolex en una sola carrera. Lo perdió todo en 4 minutos. Pero esos dos testimonios del Reforma, el del mesero del restaurante La Habana y el del taxista de Polanco, ni siquiera son los más oscuros de los 14 que publicó el periodista Carlos Calderón Cardoso en 2018.
Hay otro testimonio, el undécimo, un testimonio fechado el 8 de septiembre de 1990. Un testimonio que describe exactamente la escena que el hook de este video prometió desde el principio. Ese undécimo testimonio fue el de un policía municipal del barrio de Tepito llamado Rigoberto Manzano. Rigoberto le contó al Reforma de 2018 que la madrugada del 8 de septiembre de 1990 durante su ronda nocturna de las 2 de la mañana encontró a un hombre durmiendo entre tres cartones de la tienda lasoriana. En la banqueta de la calle
Allende del barrio de Tepito, el hombre llevaba puesta una camisa blanca rota, un pantalón de vestir gris con manchas de orina y dos zapatos negros sin cordones. Tenía la cara hinchada por el alcohol. Olía arrón bacardí barato. Y cuando Rigoberto se acercó para revisarlo, según contó al Reforma, reconoció la cara del hombre desde los 5 m.
Era Mantequilla Nápoles, el excampeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo, el compadre personal de Vicente Fernández y de Roberto Gómez Bolaños Chespirito. El hombre cuya pelea contra Carlos Monzón en París 16 años antes había inspirado uno de los cuentos más famosos del escritor argentino Julio Cortázar. Estaba tirado entre cartones en una banqueta del barrio de Tepito.
Lo que el policía municipal Rigoberto Manzano hizo esa madrugada del 8 de septiembre de 1990 después de reconocer la cara de mantequilla Nápoles entre los cartones de la tienda Laoriana de la calle Allende del barrio de Tepito. Según el testimonio que él mismo publicó en el reportaje del Reforma de 2018 fue exactamente lo siguiente.
despertó al excampeón con dos golpes suaves en el hombro, lo subió a la patrulla, lo llevó a una pensión barata de la colonia Doctores llamada Pensión Cuautemoc. pagó con 50 pesos de su propio sueldo de policía tres noches para que Mantequilla durmiera bajo techo. Mantequilla no salió de la habitación durante 72 horas y cuando el dueño de la pensión, un oaqueño llamado Don Eulalio, entró el cuarto día a cobrarle, lo encontró sentado en el piso llorando sin parar mientras leía una carta amarilla escrita a mano.
carta amarilla. Según el testimonio de don Eulalio al Reforma de 2018, era la única pertenencia que Mantequilla Nápoles llevaba ese día. Estaba arrugada, estaba sucia y tenía fecha del 22 de diciembre de 1969. Era la primera de las 47 cartas de Unise Stewart. Mantequilla, según con todo Neulalio, había robado la caja de zapatos marca Canadá del closet de la mansión de Polanco, la misma tarde que se vendió la propiedad en febrero de 1989.
Había leído las 47 cartas de Aunise Stewart durante los primeros 9 meses de los 15 meses perdidos y es madrugada del 8 de septiembre de 1990. Según el testimonio del policía Rigoberto Manzano, lo encontraron entre cartones en Tepito porque Mantequilla Nápoles había decidido, según las palabras textuales que él mismo le confesó al policía esa madrugada antes de subir a la patrulla, que se merecía morir en la calle como un perro por todo lo que le había hecho a sus cuatro hijos. Mantequilla vivió en pensiones de
mala muerte de doctores, Guerrero y Morelos y durmió en banquetas de Tepito, La Merced y Peralbillo durante los siguientes 6 meses. Comió de tortas frías que le regalaban los vendedores ambulantes que lo reconocían. Bebió agua de las llaves públicas y cargó la caja de zapatos marca Canadá con las 89 cartas escondidas en una bolsa de plástico negra dentro de su única mochila.
Mantequilla Nápoles. Durante esos 6 meses, según contaría a Berta Navarro 12 años después de conocerla, intentó morir en la calle, pero no se atrevió. Cada vez que veía pasar un tren de carga, se acordaba de los cuatro hijos. Cada vez que veía pasar un autobús de pasajeros, se acordaba de unise Stewart.
Y cada vez que veía pasar una mujer con bolsas del mercado regresando a su casa, se acordaba de su madre Caridad Nápoles, muerta de tuberculosis en Santiago de Cuba 22 años antes, sin que él, su único hijo varón, se enterara hasta 3 años después. El 14 de febrero de 1991, Mantequilla Nápoles tomó un autobús de la línea Estrella Blanca de la Ciudad de México con destino a Ciudad Juárez.
Lo pagó con 15 pesos que un boxeador retirado de los baños Roma llamado El indio Solís le había regalado 3 días antes. El viaje duró 22 horas. Mantequilla llegó a la central de autobuses de Ciudad Juárez el 15 de febrero a las 6 de la tarde sin equipaje, sin dinero, sin contactos. Y mientras caminaba por la avenida tecnológico buscando una banqueta para dormir esa noche, según contó él mismo a Juana Berta Navarro en 1999, escuchó la voz de una mujer detrás de él que decía su nombre completo.
Decía, “Usted es José Ángel Nápoles.” Esa mujer era Juana Berta Navarro, una enfermera retirada de 40 años que regresaba esa tarde de su turno en el Seguro Social y que reconoció a Mantequilla Nápoles porque su propio padre, el señor Eustaquio Navarro, había sido aficionado del boxeo mexicano durante toda su vida.
Berta Navarro, esa tarde del 15 de febrero de 1991, no llevó a Mantequilla Nápoles a su casa por amor. Lo llevó por respeto a la memoria de su padre Eustaquio, que había muerto 7 años antes y que durante toda su vida había hablado en la mesa familiar de las defensas del Cetro Mundial de Mantequilla, Nápoles.
le ofreció el cuarto de su difunto padre en la casa pequeña de la colonia Bellavista de Ciudad Juárez. Le ofreció una cena de frijoles con tortillas, le ofreció una ducha caliente y durante los siguientes 28 años hasta el 16 de agosto de 2019, Juana Berta Navarro cuidó a Mantequilla Nápoles sin pedirle nunca un solo peso a cambio.
Pero los últimos 6 meses de la vida de Mantequilla Nápoles, esos 6 meses entre febrero y agosto de 2019, después de que los cuatro hijos lo encerraran en el hospital privado de la Ciudad de México. Son los se meses que cierran el círculo completo de esta historia. Porque Sergio Nápoles Stewart, el menor de los cuatro hijos, ese mismo Sergio, que a los 6 años había salido descalso del cuarto principal con un palo de escoba para defender a su madre e un de los puños de mantequilla.
Según el testimonio que la enfermera principal del hospital privado, una mujer llamada María Inés Rentería, dio al Reforma en septiembre de 2021. visitaba la habitación de su padre todas las noches a las 11 de la noche. Durante esos 6 meses, Sergio no iba a despedirse de su padre, no le llevaba medicinas, ni comida, ni fotografías.
iba todas las noches a hacer una sola cosa adentro de la habitación, una cosa que la enfermera María Inés Rentería presenció siete veces y que la motivó a denunciar a Sergio anónimamente ante la Procuraduría en julio de 2019. Lo que Sergio Nápoles Stewart hacía todas las noches a las 11 dentro de la habitación de su padre Mantequilla Nápoles en el hospital privado de la Ciudad de México durante los 6 meses entre febrero y agosto de 2019.
Según contó la enfermera María Inés Rentería al Reforma, era leer en voz alta cada una de las 47 cartas de Unise Stewart de la caja de zapatos marca Canadá. una carta por noche durante 47 noches. Después empezaba otra vez desde la primera y todas las noches según la enfermera. Mientras Sergio leía las palabras exactas que su madre unice había escrito 37 años antes de escribiendo las palizas, mantequilla Nápoles con el Alzheimer avanzado.
lloraba sin reconocer la voz de su propio hijo menor, sin recordar las escenas, sin saber por qué un hombre vestido de traje le estaba leyendo cartas de hace cuatro décadas y sin entender en ningún momento que ese hombre de traje era exactamente el niño de 6 años al que 42 años antes. Él mismo le había roto el brazo izquierdo con la misma mano derecha con la que había noqueado a Curtis Cokes en el Forum de Inglewood.
Y el 16 de agosto de 2019 a las 4:20 de la madrugada después de la lectura número 94 de la primera carta de la caja de zapatos marca Canadá, Mantequilla Nápoles dejó de respirar. Sergio Nápoles Stewart, según el testimonio de la enfermera María Inés Rentería al Reforma, no llamó a Juana Berta Navarro a Ciudad Juárez, no llamó al Consejo Mundial de Boxeo, no llamó a Mauricio Suleimán.
Sergio se sentó en la silla al lado de la cama, cerró el libro de cartas y esperó 4 horas hasta que llegó el médico de guardia para certificar la muerte oficial a las 8:32 de la mañana. Berta Navarro esa misma mañana del 16 de agosto de 2019 se enteró de la muerte de su esposo Mantequilla Nápoles a las 11:47 de la mañana.
Según el testimonio que ella misma dio al día siguiente a Milenio Televisión. Se enteró por una publicación de la red social Facebook compartida por una de sus tres nietas mexicanas. Una publicación que decía que Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, había confirmado por Twitter la muerte de Mantequilla Nápoles.
Berta Navarro estaba en la cocina de la casa prestada de la calle República de Chile número 174, sur de Ciudad Juárez. Estaba preparando una taza de café de olla con canela y piloncillo. Recibió el aviso por mensaje de WhatsApp en el celular de pantalla rota que su nieta mayor le había regalado en Navidad y se quedó parada frente a la estufa de gas durante dos horas seguidas sin moverse hasta que el café se quemó.
Berta Navarro no fue al funeral de Mantequilla Nápoles en la funeraria García López de la colonia Roma. No la dejaron entrar al velorio, no la dejaron acercarse al ataú, no la dejaron despedirse de su esposo. Y cuando Mauricio Suleimán y los excampeones Carlos Cañas Sárate y Rafael Bazuca Limón llegaron al sepelio en el Panteón Civil Dolores el 17 de agosto de 2019 a las 4 de la tarde.
Según el testimonio que Berta publicó en una carta abierta en el Reforma 6 meses después, ella estaba en la casa prestada de Ciudad Juárez, sentada frente al closet del cuarto principal, mirando el lugar vacío donde durante 27 años había estado guardada la caja de zapatos marca Canadá con las 89 cartas. Esa es la última verdad de esta historia, que la mujer que durante 28 años cuidó a mantequilla Nápoles sin pedirle nunca un solo peso a cambio.
Esa mujer que lo encontró tirado entre cartones en la avenida tecnológico de Ciudad Juárez en 1991 y le ofreció el cuarto de su padre muerto. Esta mujer que durante 11 años de Alzheimer le cambió los pañales, le cocinó los frijoles con tortillas, le leyó el periódico en voz alta cuando ya no podía leer solo.
Esa mujer no pudo despedirse de él en la cama de hospital. No pudo verlo morir. No pudo cerrarle los ojos. No pudo asistir al funeral. no pudo recuperar la caja de zapatos del closet y se enteró de la muerte por una publicación de Facebook compartida por una nieta de 15 años. Berta Navarro hoy tiene 74 años.
Vive todavía en la misma casa prestada de la calle República de Chile en Juárez. sobrevive con una pensión de 2,500 pesos del seguro social y cada 15 de febrero, según contó al Reforma en agosto de 2022, Berta sale a la avenida Tecnológico, camina hasta la esquina donde encontró a Mantequilla 31 años antes, se queda parada 10 minutos y regresa a la casa prestada sin hablar con nadie.
Los cuatro hijos legítimos mexicanos de Mantequilla Nápoles, José Ángel Junior, Eduardo, Caridad y Sergio, no han vuelto a hablar públicamente del padre desde el funeral del 17 de agosto de 2019 en el Panteón Civil Dolores. Caridad Nápoles Stewart, la única hija mujer, dio la entrevista al suplemento dominical del Reforma en septiembre de 2021 por su propia iniciativa.
sin avisar a sus tres hermanos varones. Después de esa entrevista, según contó la propia caridad en una segunda conversación con el Reforma en 2022, sus tres hermanos dejaron de hablarle. Sergio Nápoles Stewart, el menor, sigue trabajando como abogado corporativo en la colonia del Valle de la Ciudad de México.
Recibió, según los registros de la herencia que se filtraron al Reforma, 2,200,000 pesos del Consejo Mundial de Boxeo por concepto de derechos de imagen de la película Santo y Mantequilla Nápoles en la venganza de la llorona. y guarda hasta el día de hoy la caja de zapatos marca Canadá con las 89 cartas en el closet de su departamento de la calle Anaxágoras de la colonia Narbarte.
Esa es la conclusión de esta historia, la historia de como un campeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo, nacido en una casa de madera del barrio de los Hoyos de Santiago de Cuba en 1940, hijo de un padre estivador alcohólico que durante 10 años le pegó cada noche a su madre caridad.
Repitió exactamente esa misma escena durante 15 años seguidos contra la madre de sus propios cuatro hijos. La historia de cómo esos cuatro hijos, 36 años después cobraron la venganza encerrando al padre de mente en un hospital privado de la Ciudad de México y leyéndole en voz alta cada noche las 47 cartas que su madre Eunise Stewart había escrito sin enviar entre 1969 y 1983.
y la historia de como una enfermera retirada de Ciudad Juárez llamada Juana Berta Navarro, que durante 28 años cuidó al excampeón sin pedirle nada a cambio, se enteró de su muerte por una publicación de Facebook compartida por una nieta de 15 años. Las cadenas familiares no se rompen con el silencio, se rompen con la pregunta correcta hecha a tiempo.
Mantequilla Nápoles durante toda su vida nunca le hizo a su padre Ángel Nápoles la pregunta de por qué le pegaba a su madre caridad cada noche con la mano derecha y porque nunca hizo esa pregunta. Cuando él mismo se convirtió en padre de cuatro hijos en 1970, repitió exactamente la misma rutina del ron Bacardí dentro de la mansión de la avenida presidente Masaric y los cuatro hijos, especialmente Sergio el Menor, que aprendió a los 6 años que un palo de escoba no servía para defender a la madre.
Esperaron 36 años para cobrar la deuda. Si esta historia te hizo pensar en alguien de tu propia familia, en un padre alcohólico que llegaba tarde a la casa cada noche, en una madre que aguantó en silencio durante años, en un hermano menor que aprendió desde chiquito a esconderse debajo de la cama cuando escuchaba subir por las escaleras a alguien borracho.
Llámalo hoy, no mañana, hoy. y pregúntale lo que durante toda tu vida no te has atrevido a preguntarle. Porque Mantequilla Nápoles durante 79 años nunca le preguntó a su madre caridad por qué su padre Ángel bebía romba cardí cada noche y cuando finalmente quiso preguntárselo en 1972, ya era demasiado tarde.
Su madre llevaba 4 años muerta de tuberculosis en una cama de hospital del barrio de los hoyos de Santiago de Cuba, sin que su único hijo varón, el campeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo, se enterara hasta 3 años después. Las cadenas familiares más oscuras no son las de los padres que se van, son las de los padres que se quedan, repitiendo cada noche la escena que ellos mismos habían visto desde la cama cuando eran niños.
Mantequilla Nápoles murió sin saber que era exactamente Sergio el niño del palo de escoba y Sergio a los 51 años sigue guardando la caja de zapatos marca Canadá en el closet de su departamento de la colonia Narbarte. Suscríbete a Estrellas Caídas para seguir descubriendo lo que ningún deporte se atrevió a contar.