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¿El gota a gota llegó a los mercados de Veracruz y nadie lo está investigando?

¿El gota a gota llegó a los mercados de Veracruz y nadie lo está investigando?

El domingo 17 de mayo de 2026, en algún punto de la geografía urbana de Cosoleacaque, Veracruz, un comando armado interceptó a dos mujeres. tenía 42 años. Llevaba más de un cuarto de siglo levantando las persianas de su local de abarrotes, cada madrugada en el mercado Rafael Hernández Ochoa, la central de abastos que articula la economía cotidiana de este municipio petrolero del sur del ismo de Tehuantepec.

La otra tenía 25 años y era su hija. Nadie vio el momento exacto de la intercepción. Lo que sí quedó registrado en loss del sistema de emergencias del [música] Estado fue una serie de llamadas al número 911 realizadas por familiares, confirmando [música] que el secuestro fue detectado en tiempo real y que la alerta formal fue activada.

 La policía municipal y la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Veracruz desplegaron unidades de búsqueda. Ana Lilia González Mateos y Yalina Cristal Lesama González no fueron rescatadas. Lo que ocurrió durante las horas siguientes en el sitio de retención al que fueron trasladadas no tiene testigos con nombre. Lo que sí tiene testigos son las consecuencias físicas.

Cuando los cuerpos aparecieron en la vía pública, presentaban [música] múltiples impactos de proyectil de arma de fuego e inconfundibles marcas de violencia física extrema. Las lesiones eran [música] anteriores a la muerte. Eso es lo que establece la evidencia forense [música] disponible. Eso es lo que vieron los vecinos del barrio Cuarto cuando cerca de la medianoche del domingo 17 al lunes 18 de mayo, una camioneta Toyota Hilux modelo 2026 color gris, placas X18628B [música] del estado de Veracruz, redujo la velocidad sobre la calle Emiliano

Zapata entre Vicente Guerrero y la carretera transísmica a la altura del segundo puente peatonal y arrojó dos cuerpos al pavimento [música] antes de continuar a alta velocidad. La camioneta era propiedad de Ana Lilia González Mateos. Sus captores la habían utilizado como vehículo de transporte para el descarte de los cadáveres y la dejaron abandonada unas cuadras más adelante con las luces encendidas a la espera de un segundo automóvil de escape que ya los aguardaba en una posición ciego para las cámaras del entorno. Cuando llegaron las

primeras corporaciones, los agresores ya no estaban. Los cuerpos sí. La escena del crimen en la calle Emiliano Zapata fue acordonada durante varias horas. Personal del Servicio Médico Forense trasladó los restos al Semefo para su identificación oficial que fue realizada por los familiares en las primeras horas del lunes 18.

Una de las víctimas [música] vestía pantalón de mezclilla y blusa beige. La otra portaba un vestido rojo. Ese detalle registrado por al menos tres medios de comunicación distintos que cubrieron la escena antes del cierre perimetral permanece en los archivos como el único fragmento de humanidad visible en un operativo cuya frialdad logística lo distingue de un crimen pasional o circunstancial.

Esto no fue un accidente ni una confrontación, fue una operación con fases identificables. Intercepción, traslado, retención, tortura, ejecución, descarte del cuerpo, abandono del vehículo, fuga coordinada. Cada etapa presupone comunicación entre varios actores, acceso a al menos dos vehículos, conocimiento previo de los movimientos de las víctimas.

 y control sobre un espacio físico donde retener personas sin que la búsqueda policial activa [música] diera con ellas en el lapso de varias horas. La Fiscalía General del Estado de Veracruz, encabezada por Verónica Hernández Shiadans, abrió una carpeta de investigación bajo el protocolo de feminicidio.

 Eso es todo lo que confirmó de manera oficial. Ningún comunicado de prensa detalló líneas de investigación. Ninguna orden de apreensón fue ejecutada ni anunciada públicamente en las horas posteriores al hallazgo. El gobierno del estado no emitió posicionamiento alguno [música] sobre el doble crimen. En el municipio, los locatarios del mercado Rafael Hernández Ochoa, cubrieron el local de Ana Lilia con lonas de luto y colocaron un altar con flores.

 La central de abastos más importante de Kosoleaque registró una caída visible en su actividad comercial el lunes 18. Eso también es un dato. La parálisis económica producida por el terror tiene métricas observables. La pregunta que el hermetismo institucional deja sin responder es la más directa.

 ¿Por qué dos comerciantes de un mercado municipal fueron secuestradas, torturadas? y ejecutadas con esta metodología. Los testimonios recogidos entre locatarios del mismo mercado por al menos dos medios de comunicación nacionales, Excelsior y Semanario Z, coinciden en señalar el mismo móvil, la extorsión. El mecanismo conocido coloquialmente como cobro de piso consiste en el pago periódico de una cuota fija a células de la delincuencia organizada a cambio de permiso para operar un negocio dentro de un territorio controlado criminalmente.

Ana Lilia González Mateos llevaba más de 25 años en el mismo local. Ese nivel de permanencia y visibilidad en un mercado formal la convertía, según la lógica de la extracción de rentas criminales en un objetivo identificado y con historial conocido. La negativa o la imposibilidad material [música] de cumplir con las exigencias monetarias es, en la gramática de estas organizaciones un acto que debe tener consecuencias visibles y pedagógicas.

Arrojar los cuerpos torturados de dos mujeres conocidas en [música] la vía pública principal de un barrio residencial a plena vista de los vecinos. A medianoche no es descuido operativo, es el mensaje. El corredor de Cosoleacaque, Minatitlán y Cuatzacalcos ha sido documentado históricamente como zona de operación prioritaria para células vinculadas al cártel Jalisco Nueva Generación.

 La secuencia de detenciones registradas en este municipio petrolero dibuja la arquitectura del control territorial. En 2020, la [música] Secretaría de Seguridad Pública detuvo a Luis Alberto, alias el [música] Moro, identificado como operador local de extorsión y secuestro. En 2022 fue capturado Armando, alias el trascabo, cabecilla de la célula dedicada al cobro de piso en el mismo corredor industrial.

Ambas detenciones fueron presentadas públicamente como golpes al crimen organizado. Ambas detenciones, sin embargo, no modificaron la estructura operativa en el territorio. La capacidad de la organización para ejecutar una operación de este nivel de complejidad en mayo de 2026 confirma que la captura de operadores intermedios no desarticuló la red.

 Las células tienen reemplazo, los mercados tienen comerciantes. La extracción de rentas continuó. El contexto institucional que rodea a este crimen específico añade una dimensión que va más allá de la violencia criminal ordinaria, si es que la expresión ordinaria [música] puede aplicarse a alguna forma de esta violencia. Cosoleque es gobernada por Cirilo Vázquez Parisi, militante del Partido Revolucionario Institucional, en un estado administrado por la gobernadora de Morena, Rocío Nale, la familia Vázquez Parisi, en la que Cirilo y su hermano Ponciano han alternado la

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