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El OSCURO SECRETO de JORGE NEGRETE que SILVIA PINAL OCULTÓ durante más de 70 AÑOS

El OSCURO SECRETO de JORGE NEGRETE que SILVIA PINAL OCULTÓ durante más de 70 AÑOS

Hay una fotografía que muy poca gente ha visto. La tomaron en 1952 en una fiesta privada en la casa de un productor del centro de la Ciudad de México. No era una fiesta de gala ni un evento de los que cubrían las revistas de espectáculos. Era una reunión pequeña de las que hacían los productores cuando querían juntar a las figuras del medio en un ambiente sin fotógrafos y sin la presión de tener que comportarse de determinada manera.

 En la fotografía aparecen Jorge Negrete y Silvia Pinal de pie, separados por otros dos invitados que están entre ellos, cada uno mirando hacia un lado diferente, sin contacto visual, sin ninguna señal de que se estuvieran prestando atención el uno al otro. Pero el fotógrafo que tomó esa imagen, un hombre que Harfush localizó en 2024 después de meses de búsqueda, dijo algo que no olvidó nunca de esa noche.

 dijo que esa fotografía la tomó exactamente 2 minutos después de que Jorge Negrete y Silvia Pinal habían tenido una conversación en el pasillo de esa casa, una conversación de la que él no escuchó el contenido, pero que duró más de 20 minutos y que terminó con Silvia saliendo del pasillo primero con la cara que tienen las personas cuando acaban de decidir algo que les costó decidir.

 Y con Jorge saliendo después, con la cara que tienen las personas cuando saben que lo que acaba de decidirse no va a cambiar aunque a los dos les pese. 2 minutos después la fotografía, los dos en la misma habitación sin mirarse. Eso fue en 1952. Jorge Negrete murió en diciembre de 1953. Y lo que pasó entre esos dos años, entre esa conversación en el pasillo y el día en que Negrete murió, es lo que Harfuch encontró en los archivos.

 Y lo que encontró hace que la historia oficial de Jorge Negrete y Silvia Pinal, la que dice que se conocían, que se respetaban, que habían tenido algunos roces profesionales sin mayor importancia, sea una historia que está incompleta, de una manera que ningún biógrafo de ninguno de los dos había señalado antes.

 Para entender lo que pasó entre Negrete y Silvia Pinal, usted tiene que entender primero quiénes eran los dos en el México de principios de los años 50 y no las versiones de los carteles, las versiones reales. Jorge Negrete era el charro cantor, el hombre cuya voz llenaba los teatros más grandes de México y de toda América Latina.

 Había nacido en Guanajuato en 1911, hijo de un militar, y había crecido con esa combinación específica de disciplina y orgullo que dan los padres militares cuando las cosas salen bien. Era un hombre que sabía exactamente quién era y que no tenía ninguna necesidad de que nadie se lo confirmara. Era también el fundador y presidente del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana.

 Ese cargo lo había asumido con la misma seriedad con que asumía todo lo que hacía. Había peleado contra los estudios por los derechos de los actores. Había negociado contratos colectivos que cambiaron las condiciones de trabajo de toda la industria. Había construido un poder dentro del mundo del espectáculo mexicano que iba mucho más allá de su fama como cantante y actor.

Jorge Negrete tenía 42 años en 1953. estaba en el momento cumbre de todo lo que había construido y tenía algo más, un secreto que Harfush encontró en los archivos del sindicato, en los registros notariales de la Ciudad de México y en los testimonios de tres personas que conocían la historia desde adentro y que nunca la habían contado públicamente porque nadie les había hecho las preguntas correctas.

 Silvia Pinal tenía 23 años en 1952. Llevaba 4 años trabajando en el cine desde que debutó en 1948. Había hecho ya una docena de películas. Tenía una presencia ante la cámara que los directores de la época describían con dos palabras que usaban siempre juntas: belleza e inteligencia. No era la belleza de la vedet ni la inteligencia de la actriz de carácter.

Era una combinación específica que producía algo que en las pantallas de los años 50 resultaba difícil de ignorar. Era también una mujer que en 1952 ya había aprendido algo fundamental sobre el mundo en el que vivía, que el talento no era suficiente, que el talento era el boleto de entrada. Lo que pasaba después dependía de otras cosas, de las relaciones, de los productores a los que usted le caía bien o mal, de los directores que tenían proyectos y que pensaban en usted cuando los pensaban, de los poderes dentro de la industria

que podían abrirle puertas o cerrarlas sin que usted pudiera hacer gran cosa al respecto. Jorge Negrete tenía el poder de abrir o cerrar puertas en esa industria y en 1952 le cerró una a Silvia Pinal. Eso es lo que Harfuch encontró en los archivos del sindicato y eso es lo que nadie había contado antes.

 En el verano de 1952, Silvia Pinal estaba en negociaciones para un proyecto cinematográfico que habría sido el mayor de su carrera hasta ese momento. Una producción de presupuesto alto con un director de primer nivel con una distribución garantizada en toda América Latina. El tipo de proyecto que en esa época podía cambiar la trayectoria de una actriz de manera definitiva.

 El proyecto tenía el respaldo de los estudios y tenía que pasar por el sindicato. Todos los proyectos de cierta escala tenían que pasar por el sindicato. Era parte de los acuerdos que Negrete había negociado con los estudios. El sindicato tenía que aprobar las condiciones de trabajo, los contratos, la composición del equipo técnico.

 Era un proceso de revisión que en la mayoría de los casos era un trámite. En el caso de Silvia Pinal, en ese proyecto específico, en el verano de 1952, el trámite no fue un trámite. El proyecto fue devuelto con observaciones. Las observaciones eran técnicas sobre los contratos del equipo técnico, sobre las condiciones de trabajo en los días de rodaje exterior, el tipo de observaciones que se podían resolver con ajustes menores y que en proyectos similares se resolvían en días.

 Esas observaciones no se resolvieron en días. siguieron llegando, una revisión después de otra, un requisito adicional después del anterior. El proceso se extendió semanas, luego meses. Los estudios empezaron a perder la paciencia. El director empezó a explorar otras opciones para el papel principal y eventualmente el proyecto se reorganizó con otra actriz en el papel que habría sido de Silvia.

 Silvia Pinal perdió ese proyecto porque el sindicato no lo aprobó a tiempo y el presidente del sindicato era Jorge Negrete. Harfuch encontró la documentación de ese proceso en los archivos del sindicato, los expedientes de revisión, las cartas de observaciones, los registros de las reuniones donde el proyecto fue discutido y encontró algo más.

 En los márgenes de varios documentos de ese expediente, hay anotaciones manuscritas con una letra que los peritos caligráficos identificaron como la de Jorge Negrete. Anotaciones que pedían revisiones adicionales, que señalaban aspectos del proyecto que requerían más tiempo de análisis, que extendían el proceso cada vez que estaba a punto de resolverse.

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