Una supuesta influencer de Marbella vacía la cuenta bancaria de su prometido junto a su “primo secreto” que resultó ser su amante
ACTO I: La casa perfecta
(Terraza de un exclusivo ático en Marbella. Vistas al mar. Valeria está buscando la luz perfecta para un selfi. Carlos entra con dos copas de vino).
Carlos: (Sonriendo) ¿Otra vez trabajando, mi amor? Venga, descansa un poco. Tenemos que brindar.
Valeria: (Sin mirarlo, ajustando el filtro) Espera, Carlos. Si no publico ahora, el algoritmo me castiga. Además, esta terraza vende una barbaridad. Mis seguidoras se mueren por ver el anillo otra vez.
Carlos: (Le deja la copa al lado) El anillo ya lo han visto tres veces esta semana. Pensaba que hoy hablaríamos de la fecha de la boda.
Valeria: (Guarda el móvil y le sonríe con ternura forzada) Todo a su tiempo, cariño. La boda tiene que ser un evento espectacular. No podemos casarnos de cualquier manera. Marbella entera va a estar mirando.
Carlos: Bueno, mientras nos miremos nosotros… Por cierto, ¿has hablado con tu primo Santi? Me dijo que se le complicaba el alquiler de su piso en Málaga.
Valeria: (Se tensa un milisegundo, luego disimula) Ah, sí… Justo de eso quería hablarte. Lo está pasando fatal, pobrecito. Ya sabes cómo es el mercado inmobiliario aquí.
Carlos: Pues dile que se venga unos días aquí. Tenemos la habitación de invitados vacía.
Valeria: (Con los ojos iluminados) ¿De verdad harías eso por él? Ay, Carlos, por eso te quiero. Eres el hombre más generoso del mundo.
Carlos: Es tu familia, Valeria. Si es importante para ti, lo es para mí.
ACTO II: Tres son multitud
(Seis meses después. Salón del mismo ático. Hay maletas por el medio, ropa de marca y un ambiente caótico. Mateo y Carlos revisan unos planos en la mesa).
Mateo: Carlos, no me dan los números. El proyecto de la villa de Benahavís va retrasado porque el segundo pago no se ha liberado.
Carlos: Lo sé, Mateo. Tuve que retrasarlo un par de semanas. He tenido algunos gastos imprevistos con la reforma del ático y… bueno, cosas de la boda.
Mateo: (Bajando la voz) ¿Cosas de la boda o cosas de tu cuñado? Bueno, de tu “primo político”.
Carlos: No empieces, Mateo. Santi es un buen tío. Nos ayuda mucho con los vídeos de Valeria, la acompaña a los eventos cuando yo no puedo…
Mateo: Ese es el problema, Carlos. Está metido en tu casa, come de tu nevera, viaja en tu coche y tú pagas las facturas. ¿Desde cuándo un primo segundo acompaña a una tía a París a un fin de semana de “marcas”?
Carlos: Era un viaje de trabajo para sus redes. Valeria necesitaba un fotógrafo de confianza.
Mateo: A mí hay algo que no me cuadra. Llámame loco, pero… ¿has visto alguna foto de ellos de pequeños? ¿Alguna tía abuela común? Nada.
(Entran Valeria y Santi por la puerta principal. Vienen riéndose, cargados de bolsas de tiendas de lujo).
Santi: ¡Hombre, Carlos! ¡Mateo! No sabéis el ambientazo que había hoy en el Puerto Banús.
Valeria: (Besando a Carlos en la mejilla) ¡Hola, mi vida! Mira qué chaqueta hemos encontrado para Santi. Le queda espectacular para la gala de mañana.
Carlos: (Mirando las bolsas) Hola… Veo que la tarde ha sido productiva. Valeria, ¿no dijimos que este mes íbamos a recortar un poco para el fondo común de la constructora?
Valeria: (Poniendo cara triste) Ay, ya estamos con los reproches. Carlos, esto es inversión. Si Santi va bien vestido, da mejor imagen cuando negociamos mis patrocinios. Todo vuelve, de verdad.
Santi: Claro que sí, primo. Además, yo mismo me encargo de devolverte lo de la chaqueta en cuanto me salga el contrato de la agencia de Madrid. Cuenta con ello.
Mateo: (Irónico) Sí, ese contrato que lleva seis meses “a punto de salir”.
Santi: (Manteniendo la sonrisa, pero con mirada fría) Las cosas de palacio van despacio, Mateo. No todos tenemos la suerte de tener la vida resuelta.
Carlos: Bueno, haya paz. Santi, ¿puedes ayudarme luego a revisar el correo de la empresa? Es que me sale un error de acceso en la banca online.
Santi: (Rápido) Ah, sí, claro. Seguro que es el token de seguridad. Luego lo miramos juntos, no te preocupes.
ACTO III: Las dudas del socio
(Cafetería cerca del estudio de arquitectura. Al día siguiente. Mateo y Carlos toman café).
Mateo: Carlos, no te enfodes conmigo, pero anoche me quedé pensando. He pedido un informe cruzado de las cuentas conjuntas de la empresa.
Carlos: (Suspirando) Mateo, te estás pasando de la raya. Valeria es mi prometida.
Mateo: No es por Valeria, es por los accesos. ¿Tú le has dado tus claves bancarias a alguien?
Carlos: No… Bueno, a ver. Santi me ayudó la semana pasada a configurar la nueva aplicación en el móvil. A veces, si estoy conduciendo, le pido que haga alguna transferencia pequeña para los proveedores. Es de total confianza.
Mateo: Escúchame bien: se han retirado sesenta mil euros de la cuenta de reserva en los últimos tres meses. Transferencias pequeñas, de dos mil en dos mil, a una cuenta puente.
Carlos: (Palideciendo) ¿Qué? Eso es imposible. Yo no he autorizado eso.
Mateo: Las órdenes se han hecho desde tu IP, Carlos. Desde tu casa. O desde tu móvil.
Carlos: Tiene que ser un error del banco. Valeria no sabe nada de finanzas y Santi… Santi no haría algo así.
Mateo: Hazme un favor. Ve a casa ahora mismo. No avises. Entra, coge el ordenador principal y saca el extracto completo. Si estoy equivocado, te pido perdón de rodillas.
ACTO IV: La máscara se cae
(Interior del ático. Está todo en silencio. Carlos entra sin hacer ruido. Deja las llaves sobre la mesa. Escucha risas que vienen del vestidor principal. Se acerca despacio. La puerta está entornada).
Valeria (V.O.): (Entre risas) ¡Que no, Santi! Quita eso, que como se raye el reloj nos dan la mitad.
Santi (V.O.): Que no se raya, boba. Además, con lo que queda en la cuenta de la constructora nos da para el billete de primera clase y el depósito del apartamento en Miami.
Carlos: (Se queda congelado en el pasillo, con el corazón a mil por hora).
Valeria (V.O.): Menos mal que el pobrecito es tan cuadriculado con sus planos que ni mira los mensajes del banco. Oye… ¿seguro que no sospecha nada de lo tuyo y lo mío? A veces me da pena, es tan bueno…
Santi (V.O.): ¿Pena? Pena da trabajar diez horas al día para que otro se lleve el mérito. Ha sido el negocio perfecto, mi amor. Un año haciendo de “primo adorable” ha valido la pena. Anda, ven aquí…
(Carlos empuja la puerta de golpe. Valeria y Santi están abrazados, rodeados de maletas medio hechas y joyas sobre la cama).
Carlos: (Con la voz rota, temblando) ¿El… el negocio perfecto?
Valeria: (Dando un salto, asustada, tapándose la boca) ¡Carlos! ¿Qué… qué haces aquí tan pronto?
Santi: (Se coloca delante de Valeria, intentando mantener la compostura) Carlos, tranquilo. Escucha… no es lo que parece. Estábamos… estábamos gastándote una broma para un vídeo. Un reto para el canal.
Carlos: (Mirando a Santi, con una mezcla de desprecio y dolor profundo) ¿Una broma? ¿Durante un año entero? Te metí en mi casa. Te traté como a un hermano, Santi. ¡Te pagué las deudas!
Valeria: (Llorando, acercándose) Carlos, de verdad, escúchame. Lo de Miami es por un proyecto de redes… Santi me estaba ayudando a organizar las cuentas porque tú estás muy estresado…
Carlos: ¡Cállate, Valeria! ¡Cállate! No digas ni una palabra más. He hablado con Mateo. Sé lo del dinero. Sé lo de las transferencias.
Santi: (Cambiando el tono, ahora más frío y desafiante) A ver, Carlos, vamos a ser adultos. El dinero técnicamente salió con tus claves. Tú nos diste los accesos. No hay nada ilegal ahí, era para “gastos de representación” de tu futura esposa.
Carlos: (Dando un paso atrás, asqueado) Sois unos monstruos. Los dos. Todo este tiempo… cada cena, cada viaje… os estabais riendo de mí en mi propia cara.
Valeria: (Desesperada, intentando cogerle de la mano) ¡Carlos, yo te quiero! Lo de Santi… lo de Santi fue un error, una debilidad. Pero el dinero lo podemos devolver, de verdad, hacemos un plan…
Carlos: (Se aparta como si le quemara) No me toques. No quiero volver a veros en mi vida.
Santi: (Cogiendo su chaqueta de marca) Vámonos, Valeria. Ya no hay nada que rascar aquí. Total, el pescado ya está vendido. Elige tú: o nos dejas salir con las maletas tranquilos, o esto se vuelve muy desagradable para tu reputación y la de tu empresa. Piensa en tus clientes.
Carlos: (Mirando al suelo, asimilando la humillación más grande de su vida) Fuera. Fuera de mi casa. Ahora mismo.
ACTO V: El último directo
(Dos semanas después. El estudio de arquitectura de Carlos. El ambiente es sobrio. Mateo entra con una tableta en la mano y se la enseña a Carlos, que está visiblemente más delgado, trabajando en un plano).
Mateo: ¿Has visto esto?
Carlos: (Sin levantar la vista) Te dije que no quería saber nada de sus redes sociales, Mateo. Ya cambié las cerraduras y los abogados están con la denuncia por fraude informático.
Mateo: Ya, pero esto tienes que verlo. Es su última publicación. Desde un hotel en el Caribe.
Carlos: (Mira la pantalla de reojo. Se ve una foto de Valeria sonriendo a la cámara, con el mar de fondo. El texto dice: “A veces hay que soltar lo viejo para dejar que el universo te traiga lo que de verdad mereces. Empezando de cero, con mi fotógrafo favorito y manager @Santi_Travel. #NuevosComienzos #Libertad”).
Carlos: (Suelta un suspiro amargo, dibuja una línea en el plano y mira a Mateo) ¿Sabes qué es lo más curioso?
Mateo: ¿El qué?
Carlos: Que por primera vez en dos años, no siento envidia de los que le dan “me gusta” a esa foto. Siento lástima.
Mateo: (Le da una palmada en el hombro) Ese es el espíritu, socio. Vamos a recuperar ese dinero. Y ahora, a trabajar. Tenemos una villa que construir.
Carlos: (Sonríe de lado, por primera vez de forma genuina) Sí. Una villa de verdad. Sin filtros.
ACTO VI: La resaca del éxito
(Habitación de un hotel boutique en Riviera Maya, México. El desorden es evidente: ropa de playa tirada, botellas vacías. Valeria está sentada en el borde de la cama, mirando fijamente la pantalla de su portátil. Santi entra con un bañador de marca y dos cócteles).
Santi: ¡Vaya cara, mi amor! Pero si el día está espectacular. Venga, tómate esto y nos vamos a la playa privada, que hay un grupo de americanos con los que tenemos que hacer contactos.
Valeria: (Sin mirarlo, con tono apagado) Santi… la marca de cosméticos de Barcelona ha cancelado el contrato de la campaña de verano.
Santi: (Se frena en seco, deja los cócteles en la mesa) ¿Cómo que lo han cancelado? Pero si ya estaba todo hablado. Solo faltaba firmar el acuerdo del segundo pago.
Valeria: Han visto los comentarios en mi última foto. Alguien… no sé quién, abrió diez cuentas anónimas y empezó a publicar capturas de pantalla de las deudas de la constructora de Carlos en Marbella, acusándome de haberle robado.
Santi: (Resopla, restándole importancia) Bah, cuatro “haters” muertos de hambre. Eso se borra, se bloquea y ya está. El algoritmo olvida rápido.
Valeria: (Se levanta, nerviosa) ¡No, Santi, esta vez no! Las marcas grandes tienen departamentos de reputación digital. Me han dicho que hasta que no se aclare la “situación legal” con mi expareja, prefieren dejar la colaboración en pausa. ¡En pausa significa cero ingresos!
Santi: Bueno, tranquila. Aún nos queda lo que sacamos de la cuenta puente antes de salir de España. Con eso tiramos seis meses aquí como reyes.
Valeria: ¿Seis meses? Santi, el hotel de esta semana ha costado tres mil euros. El coche de alquiler, otros mil. Y tú te compraste ayer ese reloj en la quinta avenida de Playa del Carmen. El dinero vuela si no entra nada nuevo.
Santi: (La abraza por la espalda, con un tono manipulador) Confía en mí, Valeria. ¿Quién te montó la estrategia para subir cincuenta mil seguidores en un año? Yo. ¿Quién te consiguió el piso en Marbella? Yo. Carlos solo era el banco. Ahora que tenemos el capital, el negocio somos nosotros.
Valeria: (Mirando su reflejo en el espejo, con una sombra de duda) Ya… pero Carlos nunca me gritaba cuando las cosas salían mal.
Santi: (Cambiando el tono a uno más frío, soltándola) Carlos era un aburrido que te quería para lucirte en las cenas de su empresa. No me compares con él, Valeria. No te conviene.
ACTO VII: El despacho de la inspectora
(Comisaría de Policía Nacional en Marbella. Un despacho inundado de carpetas y pantallas con gráficos financieros. Carlos y Mateo están sentados frente a la inspectora Sofía, que revisa unos extractos bancarios mientras toma un café recalentado).
Sofía: A ver, Carlos. He estado revisando la denuncia que pusisteis a través de vuestro abogado. El tema de las transferencias es complejo. Como bien os dijo vuestro… “amigo” Santi, las claves se introdujeron desde vuestros dispositivos autorizados.
Carlos: Lo sé, inspectora. Me engañó. Me decía que el sistema pedía una doble verificación para unos pagos de la gestoría y yo le daba el código que me llegaba al móvil sin mirar. Estaba trabajando, confiaba en él.
Sofía: Ya, el clásico timo de la confianza familiar. Pero aquí hay un detalle que a ese chico se le escapó. (Gira la pantalla hacia ellos). Mirad esto.
Mateo: ¿El desglose de la cuenta puente?
Sofía: Exacto. La cuenta donde se recibía el dinero no estaba a nombre de Santi, ni de Valeria. Está a nombre de una sociedad limitada fantasma llamada “Marbella Dream Marketing”. ¿Sabe quién es el administrador único de esa sociedad?
Carlos: ¿Santi?
Sofía: No. Una señora de setenta y cuatro años que vive en un barrio humilde de Málaga. Su abuela. Una mujer que cobra una pensión mínima y que no sabe lo que es un bitcóin ni una transferencia internacional.
Mateo: (Golpeando la mesa con suavidad) ¡Ajá! Ahí lo tienes. Eso ya no es un “gasto de representación” consentido por la prometida. Eso es un desvío de fondos usando un testaferro.
Sofía: Efectivamente. Además, hemos rastreado la IP desde donde se creó esa sociedad. Se hizo desde el ordenador del estudio de Carlos, un sábado por la tarde cuando el estudio estaba cerrado… pero las cámaras de seguridad del edificio muestran a Santiago entrando con una tarjeta de visitante que tú le prestaste, Carlos.
Carlos: (Se lleva las manos a la cabeza, asqueado) Dios mío… Lo tenía todo pensado desde el primer día que pisó la casa.
Sofía: El amor es ciego, Carlos, pero el fraude deja huellas muy claras. Ya hemos emitido una orden de personación judicial. En cuanto pisen territorio europeo, o si intentan mover fondos desde cuentas extranjeras asociadas a bancos españoles, saltará la alerta.
Carlos: ¿Y el dinero? ¿Se puede congelar?
Sofía: Hemos bloqueado lo que quedaba en la cuenta puente: unos doce mil euros. El resto se lo han llevado en tarjetas de débito internacionales. Se lo están gastando en directo en sus redes sociales, lo cual, por cierto, nos facilita mucho saber dónde están exactamente.
Mateo: Hay que ser torpe para robar un banco y subirlos a Instagram.
Sofía: La vanidad, Mateo. La vanidad ha metido en la cárcel a más gente que la codicia.
ACTO VIII: La grieta se ensancha
(Dos semanas más tarde. Un restaurante de gama media en la zona turística de Cancún. Ya no están en el hotel de lujo; se han mudado a un apartamento de alquiler vacacional más modesto. Valeria mira su plato de comida sin apetito. Santi habla por teléfono en tono alterado, apartándose de la mesa).
Santi: (Al teléfono, susurrando con rabia) ¡Me da igual, mamá! Dile al abogado que diga que tú no sabes nada de esa empresa. ¿Cómo que ha ido la policía a tu casa?… Vale, vale. Escúchame, no firmes nada. No digas dónde estoy. (Cuelga, respira hondo y vuelve a la mesa intentando sonreír).
Valeria: ¿Qué pasa con tu madre, Santi? Te he oído gritar.
Santi: Nada, cosas de sus médicos. Ya sabes cómo es la sanidad en España, todo va lento.
Valeria: No me mientas. He intentado pagar la peluquería de esta mañana con la tarjeta de la empresa y me ha salido “denegada”. He tenido que usar mi tarjeta personal, la que tiene los pocos ahorros que me quedaban de mis colaboraciones antiguas.
Santi: Habrá sido un problema del datáfono, Valeria. No te pongas neurótica.
Valeria: ¡No soy neurótica! (Baja la voz, consciente de las mesas de al lado). Santi, ayer vi un mensaje en tu móvil de un número de Málaga. Decía algo de una citación judicial. ¿Qué nos está pasando?
Santi: (Su mirada se vuelve dura, pierde toda la simpatía) Lo que pasa es que tu exnovio está resentido porque lo dejaste por un hombre de verdad, y está usando a sus amigos influyentes para hacernos la vida imposible. Eso es lo que pasa.
Valeria: Carlos no es así. Carlos es orgulloso, pero no es vengativo. Si la policía está metida en esto, es porque lo de las cuentas no era tan “limpio” como me dijiste.
Santi: Ah, ¿ahora me vas a echar la culpa a mí? ¿Quién quería los bolsos de Chanel para ir a la gala de Puerto Banús? ¿Quién quería los billetes en primera? Tú te lo gastabas encantada, bonita. No me vengas ahora con el traje de santa.
Valeria: (Con lágrimas en los ojos) Yo pensaba que era tu dinero, tu comisión por los vídeos. Tú me dijiste que tenías un fondo de inversión propio.
Santi: (Se ríe, una risa seca y desagradable) ¿Inversión? Valeria, el único fondo de inversión que existía era el trabajo de tu prometido. Así que si caigo yo, caes tú. Estás en todas las fotos, en todos los viajes y disfrutando de cada euro. Así que límpiate las lágrimas, pon tu mejor sonrisa para la foto que vamos a subir ahora y ayúdame a pensar cómo salir de esta.
Valeria: (Mirándolo como si viera a un extraño por primera vez) Eres un monstruo…
Santi: Soy el que te dio la vida que querías mostrar al mundo. No lo olvides.
ACTO IX: La llamada de la desesperación
(Estudio de arquitectura en Marbella. Es tarde, ya ha anochecido. Carlos está solo en su mesa, revisando unos presupuestos. Su móvil empieza a vibrar en la mesa. Es un número oculto internacional. Carlos duda, pero finalmente descuelga).
Carlos: ¿Sí? ¿Dígame?
Valeria: (Al otro lado de la línea, se escucha su voz temblorosa, de fondo hay ruido de coches) ¿Carlos?… Por favor, no cuelgues. Te lo suplico.
Carlos: (Se queda rígido. Su rostro se endurece). Valeria. No deberías llamarme. Mis abogados tienen instrucciones muy claras.
Valeria: Carlos, por favor… Estoy asustada. Santi no es la persona que yo creía. Me ha quitado el acceso a las cuentas, se ha quedado con mi documentación en el apartamento de México y no me deja volver a España.
Carlos: (Con tono frío, sin rastro de la antigua debilidad) Valeria, ya no me importan vuestras peleas de pareja. Habladlo con la policía cuando volváis.
Valeria: ¡No entiendes, Carlos! Él me engañó también a mí. Me dijo que todo el dinero que usábamos era legal, que tú estabas de acuerdo en financiar mi marca personal como parte de nuestro futuro matrimonio… Yo no sabía lo de su abuela, no sabía lo de la empresa fantasma.
Carlos: (Se levanta de la silla, paseando por el despacho) ¿De verdad pretendes que me crea eso? Estuviste un año entero durmiendo en mi cama mientras planeabas con él cómo vaciar mis cuentas de la empresa. Viste cómo me costaba pagar las nóminas de mis empleados el mes pasado y no dijiste nada. Me miraste a los ojos y me diste un beso antes de subirte al avión con él.
Valeria: (Llorando amargamente) Cometí un error, fui estúpida, me dejé cegar por las luces, por la vida falsa de las redes… Pero yo te quería, Carlos. De verdad. Santi me manipuló, me amenazó con contar cosas mías si no le ayudaba…
Carlos: Mira, Valeria. Guarda ese discurso para el juez. A mí ya no me hace efecto. Me dolió, no te lo voy a negar. Pasé dos semanas pensando qué había hecho mal para que me tratarais como a un trapo. Pero ya he entendido que el problema no era yo. El problema es vuestro vacío. Necesitáis llenar vuestra vida con “likes” y apariencias porque por dentro no tenéis nada.
Valeria: Carlos, por favor, ayúdame a volver. No tengo dinero para el billete, me ha dejado retenida en este sitio…
Carlos: Llama al consulado español, Valeria. Ellos te ayudarán. Yo ya he pagado suficiente por ti. Adiós.
(Carlos cuelga el teléfono. Respira hondo. Le tiembla la mano, pero su mirada ya no es de dolor, sino de liberación. Bloquea el número).
ACTO X: Cierre de cuentas
(Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol. Tres semanas después. El flujo de turistas es constante. Valeria y Santi caminan hacia la salida de pasajeros. Vienen con ropa normal, cansados, cargando maletas desgastadas. Ya no hay rastro del glamur de Marbella. Santi mira a todas partes, paranoico).
Santi: Venga, rápido. He quedado con un amigo de Málaga para que nos recoja en el parking tres. Nos quedaremos en su campo unos días hasta que hable con el abogado.
Valeria: (Caminando con la cabeza baja) Ya te lo dije, Santi. Esto se ha acabado. En cuanto lleguemos a casa de mi madre, voy a ir a comisaría.
Santi: Tú no vas a ir a ningún sitio si no quiero yo…
(De repente, tres agentes de paisano, entre ellos la inspectora Sofía, les cortan el paso con tranquilidad pero firmeza).
Sofía: Santiago García? Valeria Núñez?
Santi: (Dando un paso atrás) Sí… ¿quiénes son ustedes?
Sofía: (Mostrando su placa) Policía Nacional. Quedan detenidos por un presunto delito de estafa agravada, falsedad documental y apropiación indebida. Por favor, acompañen a los agentes sin armar escándalo.
Santi: (Inmediatamente se le demuda el rostro, la soberbia desaparece) ¡Oiga, que esto es un error! ¡Es un problema civil con el exnovio de ella! Ella es la que gestionaba todo, yo solo soy su fotógrafo…
Valeria: (Mirando a Santi con un desprecio infinito) Qué valiente eres, Santi. Qué gran manager.
Sofía: Ahorren las explicaciones para el juzgado, por favor. Los derechos ya se los saben, supongo, por las películas. Andando.
(Mientras los agentes se los llevan hacia las oficinas de seguridad del aeropuerto, entre la multitud de la terminal, Mateo y Carlos observan la escena desde lejos, junto a una cristalera).
Mateo: (Mirando a Carlos) ¿Cómo te sientes?
Carlos: (Se queda mirando cómo se llevan a la pareja. Ve a Valeria mirar atrás por última vez, con los ojos llenos de miedo. Carlos no siente alegría, pero sí una paz profunda). Siento que por fin se ha terminado el ruido, Mateo.
Mateo: Han sido meses duros, amigo. Pero la constructora está a salvo. El juez ya ha retenido los bienes de la sociedad fantasma. Recuperaremos la mayor parte.
Carlos: El dinero va y viene, Mateo. Lo importante es que he recuperado el control de mi vida.
Mateo: (Sonriendo, ofreciéndole una taza de café para llevar) ¿Te apetece que vayamos al estudio? Tenemos que cerrar los detalles de la nueva fase del proyecto de Benahavís. Los clientes reales nos esperan.
Carlos: (Coge el café, sonríe de forma limpia y decidida) Vamos. Tenemos planos que dibujar. Y esta vez, los cimientos son de verdad.